lunes, 23 de julio de 2007

Divorciados en nueva unión (I)




Se casa la hija de una amiga, hasta aquí ninguna novedad, también me entero que ya tiene el vestido blanco y de cómo será el modelo elegido.

Con la candidez de una paloma pregunté: ¿En que iglesia se casa?

La respuesta me dejó perplejo, atónico, asombrado, estupefacto: en ninguna.

No salía de mi asombro, pasar los juzgados (léase Registro Civil) disfrazada de novia, algo surrealista, al menos en mi pensamiento.

Sólo creía que eso se daba en Las Vegas y con atuendos de Elvis Presley, válgame Dios, ¡qué inocente!

Fui a otra boda, una alegre parejita que convivía desde hacía tiempo, la cual supongo (?) que antes de presentarse ante el altar, debe haber pasado previamente por el confesionario luego de un profundo análisis de conciencia y deben haberse arrepentido de su vida en común hasta ese momento, durante la cual habrán realizado actos propios de los esposos y no viviendo en estado de continencia, como hermanos.

También supongo que ningún matrimonio, para no decir pareja y ser acusado de hereje o de inculto, que sostenga con vehemencia en diferentes foros las condiciones previas que habilitan a la Comunión Sacramental, utilice métodos de anticoncepción que no sean naturales.

Debo reconocer, además, que las misas que más me gustan, son aquellas en las que hay coros, guitarras y jóvenes que llenan de alegría los templos, que son la savia nueva, la esperanza, quienes los domingos comulgan dejando sus instrumentos en los bancos o caminan abrazándose a ellos y que son defensores compulsivos de la virginidad y la vida, aunque en muchos casos esto se restrinja exclusivamente a su hermana, ya que con el resto, a veces las cosas son diferentes.

Luego de esta meditada y extensa introducción, dejaré paso a mi indignación de católico divorciado en nueva unión o mejor dicho de católico divorciado que ha formado una nueva familia (ensamblada) sin pasar por los juzgados, que asiste a misa cada domingo y fiesta de guardar (como corresponde) aunque no vive como hermano con su nueva pareja (por no decir concubina, que suena un poco desagradable) que trata de vivir y hacer vivir a su familia “lo fundamental cristiano” aunque no las acompañe a recibir a Jesús Sacramentado, que comulga (espiritualmente, obvio) junto con otros en la misma condición sin escuchar jamás una recomendación respecto de quienes deberían abstenerse de hacerlo de otro modo y así podría enumerar un sin fin de razones que solo potencian nuestra fe en Dios.

Hasta a veces pienso (producto de mi exacerbada ignorancia) que la dicotomía entre sexualidad y sacramentalidad es algo a revisar, pero obviamente a mi no me corresponderá nunca hacerlo ni siquiera solicitarlo.

Si mal no he entendido, si me casara por civil y viviera como hermano con mi nueva pareja, mi acceso a la fila previa al altar sería válido, con lo cual a pesar que acepto las reglas del juego, realmente no lo entiendo.

No entiendo a quienes se disfrazan de novias para casarse por civil, no entiendo a quienes se casan por Iglesia luego de la convivencia plena sin arrepentimiento, no entiendo a quienes se casan por la Iglesia porque el vestido blanco les hace ilusión, no entiendo a quienes suponen que hay dos tipos de normas para cumplir (una para cada uno de ellos y otra para el resto) no entiendo a quienes se rasgan las vestiduras con lo ajeno sin mirar, demasiado o un al menos un poco lo propio.

Pero aún conservo una esperanza, como la pregunta 92 de mi catecismo de la primera comunión, donde se hablaba de las virtudes teologales y es que algún día, la rigurosidad del mensaje sea pareja (con perdón de la palabra) ya que parecería ser que cuanto más se intenta cumplir con las imposiciones de la lglesia, por otro lado más se permeabiliza la evaluación de la superficialidad y la apariencia.

Ante esta situación no es extraño que aparezcan libres pensadores, libres interpretadores de las palabras ajenas, consejeros de la importancia del “convencimiento en conciencia” como alternativa al Fuero Externo y un sinfín de soluciones inmediatistas del tipo “llame ya” que confunden y distorsionan la Doctrina.

Hasta que algunas cosas no cambien, seguiremos viendo novias de blanco en los Juzgados, templos confundidos con la antesala del salón donde será la fiesta y un sinfín de situaciones que en homenaje a la brevedad, omitiré deliberadamente.

La decisión de acercarse a comulgar es personal y está probado que en la práctica no se le niega a casi nadie esa posibilidad pero esto no es todo, quizás no estaría enteramente mal que se informara y se insistiera sobre los beneficios de la comunión espiritual para los que no están del todo reconciliados con Dios, ya que parece esto más sencillo que cambiar normas que en la realidad, habría que ver cuantos acatan y qué efecto real sobre el cumplimiento del mensaje de hace 2000 años, tienen.

La Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, define con iluminada maestría varias situaciones “irregulares” y cual debe ser el tratamiento que se le debe dar a cada caso, de todos modos el tema de los divorciados en nueva unión y su posibilidad de acceder a la Comunión continúa subyaciendo en todo el mundo y aunque aparece como muy poco probable que se modifique la actual situación, el mantener el tema en debate es un signo inequívoco de la preocupación y vigencia que tiene.


EF desde España
naon825@hotmail.com

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