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lunes, 23 de noviembre de 2009

Relación entre deporte y fe


Se realizó en Roma el simposio “Deporte, educación y fe, una nueva estación del movimiento deportivo católico”
Allí el Cardenal Stanislaw Rylko planteó en una ponencia, la relación entre Deporte, fe y Evangelización.

Señaló que el deporte cobra mayor riqueza cuando es iluminado por la fe: “tiene una intención educativa, dedica energías y recursos a la formación de los educadores, tiene en cuenta los valores agregados del deporte y orienta a la persona hacia Dios”.

Señaló también que algunos textos del Concilio Vaticano II, así como el magisterio de los últimos pontífices se han referido en diversas ocasiones a la importancia de esta práctica para cultivar las virtudes humanas, fortificar el ánimo y el cuerpo, vivir la exigencia física y establecer relaciones fraternas en medio del deporte y del trabajo en equipo.

Indicó el que estas líneas de orientación “son fundamentales para una práctica deportiva que apunte a la formación de la persona, bien sea bajo el perfil de corporeidad o bajo el perfil de la inteligencia y de la conciencia moral y religiosa”.

Para que estos aspectos no queden en letra muerta, destacó la importancia del papel de las asociaciones deportivas católicas y la promoción de un pacto educativo entre éstas y la familia.

Formación

El cardenal exhortó a los dirigentes y educadores deportivos quienes, según él deben “elaborar proyectos pedagógicos con miras a desarrollar los componentes culturales, sociales y morales del deporte”, así como cultivar “la pasión, el espíritu de gratuidad y la dedicación necesaria para realizarlos”.

Indicó también cómo el deporte puede convertirse así en una herramienta que ayude a orientar la vida de los jóvenes: “replantear objetivos y motivaciones a tantos jóvenes que en nuestros días viven en situación de soledad, desorientación, sobretodo a causa de la desintegración de las familias”.

La dimensión comunitaria, la colaboración, la amistad y la solidaridad son valores pueden cultivarse dentro de una práctica deportiva: “a ejemplo del juego de equipo que puede construir una especie de aprendizaje a “ser Iglesia”, también en el deporte”, lo que representa “un antídoto para el individualismo que marca el mundo contemporáneo”.

Valores que quiere olvidar el hombre, quien es un ser creado para el encuentro. “Su primera relación es con Dios y sólo gracias al reconocimiento de que Dios existe él puede relacionarse con los otros”, dijo el purpurado.

También expresó que aunque no se puede hablar de un “deporte católico”, tampoco se puede decir que el cristianismo no tiene nada que decir al deporte.

“Las asociaciones deportivas católicas, las parroquias, los oratorios, los entes que trabajan en este ámbito y son animados por principios cristianos deben trabajar para elaborar una pastoral apta a las inquietudes de los deportistas, para promover un deporte que cree las condiciones de una vida rica de esperanza”, subrayó el cardenal Rylko.

Fuente: Zenit

lunes, 4 de mayo de 2009

La Catequesis y las enseñanzas de Jesús


"Vayan y encuéntrenme en Galilea"

Hace muchos años que estudié que la única forma de enseñar, es decir, de que el otro aprenda, es hacer que lo que se transmite sea de su interés.

En numerosas oportunidades observo que hay muchas cosas que, en la escuela, nadie enseña y, sin embargo, son de verdadero interés para los niños y los jóvenes.

La catequesis debe hablar de esos temas. En la semana de Pascua, en la parroquia Santa Juana de Arco, de Ciudadela (Buenos Aires), el sacerdote explicó que cuando Jesús dijo a las mujeres que lo buscaran resucitado en Galilea, quiso decir que debían buscarlo en la vida cotidiana.

Hallar a Jesús en la Iglesia es relativamente fácil, lo necesario es encontrarlo en los otros, en los que nos molestan, en las situaciones cotidianas, buenas o malas, en los signos de Dios.

Hace muchos años, en la programación del colegio secundario había una materia que se llamaba higiene en la cual nos enseñaban el cuidado del cuerpo y las diferentes enfermedades.

Hoy, a pesar de que se habla mucho de la comida sana, cada vez se comen más cosas que no benefician el buen desarrollo.

¿Por qué, si desde la catequesis hablamos de esto sin sentir que perdemos el tiempo o que estamos yéndonos del tema?

Porque todo el que quiera seguir a Jesús se debe hacer responsable de sí mismo y de los demás. Y esto comienza por el plano físico. Si, teniendo la posibilidad, no me alimento correctamente, no hago deporte, vivo una vida sedentaria, no estaré cuidando lo que Dios me encomendó. Si no respeto al otro y lo utiliza sólo para mi propio placer, tampoco estaré viviendo en el amor.

Ir a Galilea sería partir de la vida de los chicos, de sus cosas más concretas, que sientan que allí está Jesús, que su mensaje se dirige a la vida de todos los días.

Lo cotidiano también son los medios de comunicación, casi el único lugar de donde los chicos extraen la información y, lamentablemente, en muchas oportunidades, la recuerdan.
Lo que se dice en los medios es casi palabra santa, incuestionable.

Ir a Galilea sería enseñarles a descubrir lo que nos están transmitiendo, quién lo dice, por qué, qué intereses persigue.

Hace pocos días, cuando un chico de 14 años mató a un camionero, los medios escribieron largas notas acerca de este suceso, y de la violencia cotidiana. Poco dijeron de la vida del chico, de la educación que había recibido, de cómo era su vivienda y de las oportunidades que había tenido.
Poco contaron acerca de los que se habían ocupado por educar a ese chico, de los trabajadores sociales que averiguaron por qué no iba más a la escuela. A pocos les interesó contar la verdad, no dijeron que el hombre había bajado armado y había disparado tres tiros que dieron en casa vecinas sin herir a nadie, pero podría haber matado a alguien que pasaba por la calle. Esto no justifica, pero muestra cómo los medios cuentan una sola parte de la realidad llegando en numerosas ocasiones a desvirtuarla.

La catequesis debe ofrecer una visión de la realidad desde las enseñanzas de Jesús.

Hay un viejo cuento de Menapace, Los anteojos de Dios, que termina diciendo que si uno quiere tener la mirada de Dios y juzgar como él, debe tener el corazón de Dios. Podremos entonces, educar el corazón para que primero comprenda y luego juzgue, para que desee el bien, en lugar de buscar venganza.

Muchas cosas se pueden decir desde la catequesis para descubrir a Jesús resucitado en Galilea, en lo cotidiano. Es hora de abrir el corazón para descubrir qué necesita nuestra sociedad para no destruirse y, para que las nuevas generaciones no se encuentren desde la cuna, una contra otra.
Es un desafío en el cual Dios está dispuesto a darnos una gran mano siempre que nosotros pongamos la otra.
María Inés Casalá
Fuente: Periódico "Diálogo"

sábado, 28 de marzo de 2009

Redescubrir la energía pascual transformante


VOLVERSE A JESÚS

Cercana la festividad litúrgica de Pascua urge peguntarnos cuáles son nuestras expectativas para celebrarla con honestidad y coherencia.-

Por eso, nos venimos preguntando en estos días de cuaresma si somos honestos con nosotros mismos y coherentes con la fe en Jesucristo y su Evangelio.
Honestos… lo somos si al llamarnos cristianos encaramos nuestro cotidiano acontecer con la mentalidad del mismo Jesús reflejada en cada página de su Evangelio.

Coherentes… lo somos si la participación en la Misa dominical es punto de referencia de que, domingo tras domingo, los que nos rodean perciben que algo pasa en nuestra existencia personal. Si nuestro ser cristiano nos hace distintos pero no distantes.

Si quedamos satisfechos con un fiel cumplimiento al precepto dominical y no evaluamos nuestro cambio de mentalidad y nuestra transformación de actitudes como discípulas/os de Jesucristo, somos sencillamente deshonestos e incoherentes.

La festividad de Pascua nos trae una gran tarea, la que durante la Cuaresma hemos venido recordando para sincerarnos y responder al nombre cristiano. Urge que en estos días cercanos a la Pascua repensemos qué significó para Jesús su Pascua y qué repercusión tiene en nosotros… para la historia de la sociedad humana.

Lo sabemos, es nuestra Fe Cristiana, la Pascua de Jesús significó su muerte y resurrección. Pascua: paso de la muerte a la vida que en su última cena con sus primeros discípulos, encuentra la forma de salvar al mundo entero. Yo soy… para la vida del Mundo. Y este anuncio… de su propia vida para que nosotros la vivamos lo hace realidad la Misa… llamada también Eucaristía… la Cena del Señor…

Si queremos ser honestos y coherentes, preguntémonos que repercusión tiene la Misa dominical para el resto de nuestra existencia ciudadana. ¿Acaso Jesús no es nuestra Pascua y la Misa es el alimento pascual para nosotros tal cual nos lo revelan las enseñanzas del mismísimo Jesús y lo viven las primeras comunidades de sus discípulas y discípulos? Jn 6. Mc.14, 22 - Mt.26, 26-29 - Lc.22, 17-20 -1 Cor.11, 21-23

Es un hecho que lo que hoy llamamos Misa (Eucaristía) arranca de la última Cena de Jesús con sus discípulos. A tal punto que las primeras comunidades cristianas la llamaron, en forma sencilla y muy expresiva: la Cena del Señor. Y como comentábamos en homilías pasadas, en intención profunda e íntima de Jesús, la última Cena tal cual la celebró, en gestos y palabras, es el compendio de su mensaje que nos es trasmitido línea tras línea en su Evangelio, que Jesús lo sintetiza: el Reino de Dios.

En consecuencia, la Mesa de la Eucaristía, debidamente preparada por la Mesa de la Palabra, va creando, en la sociedad humana, comunidades testigos del Reino, testigos de un mundo nuevo, cuyo perfil es la acogida fraterna y la amistad social en un equitativo compartir la vida… es decir bienes y personas. Cuando esto va aconteciendo, el Reino de Dios va surgiendo. Dios reina como Padre cuando las personas se relacionan como hermanas y hermanos. El compartir la Cena del Señor (Misa-Eucaristía) crea y capacita la comensabilidad fraternal en un compartir familiar. La Iglesia en su rostro de pueblo de Dios, de familia de hijas e hijos de Dios, se va creando en cada misa para proyectarse como levadura de sociabilidad equitativa y justa en la ciudadanía en general. Es lo que los obispos llamamos “amistad social” que beneficia a gobernantes y gobernados, buscando el interés de todos y cada uno de los ciudadanos.

Es la médula de la misión cristiana.

En la Argentina de hoy, necesitada de comunidades de testigos de la muerte y resurrección de Jesús… testigos de la Pascua, testigos del Reino, testigos de una sociedad argentina nueva, urge redescubrir la energía pascual transformante, encerrada en la Misa. Y que se la encuentra cuando se participa con la intención del Señor Jesús en la última Cena, en vísperas de su muerte en Cruz Salvadora.

Miguel Esteban Hesayne
mehm@speedy.com.ar

jueves, 27 de noviembre de 2008

Redescubrir la familia como matriz espiritual de la existencia humana


El Huésped, con la "H" mayúscula
Por: Pascual Chávez Villanueva
Rector Mayor Salesiano

La familia es la matriz de todos los significados espirituales de la existencia. Allí se aprenden los contenidos y los "sabores" de conceptos y actitudes espirituales como acogida, escucha, perdón, comunión, bendición, gratitud, don, sacrificio...

Los padres no se preguntan si hace falta enseñar a los hijos a comer o a portarse correctamente. Lo mismo vale con respecto a Dios. La fe es un componente inevitable de los individuos de nuestra especie, como lo es el pensamiento. De esta dimensión nadie en realidad puede prescindir. Quien no cree en Dios cree en alguna otra cosa: en el Amor, en la Justicia, en la Libertad. Los menos evolucionados creen en sí mismos, en el poder o en el dinero. Clases de "fe" también éstas, pero de ínfimo nivel. ¿En qué cosa cree quien no cree? es la pregunta para hacerse.

Los niños y Dios

Los niños, más que cualquier otra cosa, necesitan de cuentos que les expliquen de donde viene el mundo, por qué viven y dónde está ahora el abuelo que falleció hace poco. Quieren saber la razón por la cual llegamos al mundo y cuándo, lamentablemente, debemos dejarlo. Preguntan si Dios es hombre o mujer...Los niños con sus preguntas pueden empujar a los padres más allá de la capacidad de la imaginación, y es irresponsable dejarlos expuestos a cualquier influjo, ya que se los estaría engañando. A Dios se lo debe "respirar", como si fuera alguien de la casa, acogiéndolo como al Huésped con la "H" mayúscula. Su presencia se descubre en la importancia concedida a la interioridad, en los acontecimientos memorables, en el amor mutuo, en la esperanza. Dios no es un "sentimiento religioso vago", sino una Persona presente. Nadie puede llevar a otro donde él no ha estado: los padres no pueden limitarse a "mandar" a los hijos al catecismo. La Iglesia no es una "estación de servicios". Y como el don de la vida viene de Dios a través de los padres, así la fe viene de Dios a través de los padres y la Iglesia. La frase "Mi hijo debe poder decidir más tarde por su cuenta qué religión escoger", está completamente equivocada desde el punto de vista psicológico evolutivo.

El aprendizaje

El aprendizaje religioso se realiza en tres etapas. La primera pasa a través de la observación y la imitación: los niños "escuchan" con los ojos. Un niño que no ve rezar a papá y mamá, no rezará nunca. La religiosidad es adquirida también a través de la enseñanza y el acompañamiento: es la segunda etapa. Los niños tienen el derecho de conocer y comprender la historia de Jesús, sus palabras, la reflexión y la tradición de la comunidad de los creyentes; luego, de ser "iniciados" a una vida "con Dios adentro". La tercera etapa para aprender la religiosidad, pasa a través del robustecimiento, que viene de la aprobación de los demás y de la ratificación social. Este es el papel de la comunidad parroquial. La ratificación social que viene de la oración y de la celebración comunitaria en la Iglesia o también en los grupos, en el oratorio, hace aparecer loable y digno de ser vivido lo que es transmitido por padres y catequistas.

Los ritos

Los niños tienen necesidad de una relación con Dios, no de una "ideología" acerca de Dios. Muchas veces reciben imágenes deformadas, que mueven a la neurosis con respecto a Dios, como por ejemplo el juez que condena, o el policía que castiga, etc. Los verdaderos iconos son diferentes: Creador que hizo a los hombres a su imagen, Padre que se preocupa por sus hijos, Amigo que sufre con el hombre y da significado a la muerte. Pero una fe viva tiene necesidad también de gestos y tradiciones, porque los niños quieren "ver y tocar". He aquí entonces la bendición de los niños. Los padres tienen muchas posibilidades de bendecir a su hijo: cuando sale de casa, antes de que se duerma por la noche, en ocasión del cumpleaños, del onomástico o del aniversario del bautismo. Felices los padres que tienen la costumbre de rezar junto a la cama de su niño, dejando que exprese preocupaciones, sentimientos y deseos. He aquí la lectura de la Biblia: la palabra de la Biblia se refiere al presente y no al pasado, infunde significado a la existencia. He aquí la oración en familia: enseñar a rezar es el don más grande que los padres pueden hacer a los hijos.

Fuente: Boletín Salesiano