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jueves, 10 de septiembre de 2009

Los catequistas y la retribución económica.

Cuestión de justicia y no de libre contribución




Cuestión de justicia y no de libre contribución

Estamos transitando tiempos de reacomodación económica, donde los distintos grupos de trabajadores tratan de ajustar cada vez más su situación a los nuevos indicadores económicos. La crisis internacional (y sus efectos en nuestro país sumados a los problemas locales) hace imprescindible activar los mecanismos que permitan a todos vivir dignamente este momento de la historia. En los medios de comunicación y en la conciencia social, se va instalando como uno de los temas prioritarios la cuestión salarial: en Argentina el costo de vida va cambiando y llegar a fin de mes es cada vez más complicado.

En un primer vistazo, puede parecer que esta situación tiene poca relación con la catequesis y con los catequistas, tal vez porque no se ha considerado seriamente el tema de la retribución económica. Nos parece que es tiempo de hacer planteos más serios sobre el asunto...

Aproximándonos al tema

No se trata de una problemática exclusivamente “económica”, sino que se relaciona, por un lado, con una perspectiva pastoral (ya que se pone en juego la calidad del trabajo catequístico), y, por otro, con una cuestión de justicia (en lo referente a la responsabilidad de la comunidad sobre el catequista, ya sea parroquial o escolar).

La remuneración de los catequistas parece ser un tema tapado por algunos supuestos; o, peor, por el olvido de la condición laical de la mayoría de las personas que llevan adelante esta tarea de educar en la fe. Al parecer, no existen muchos documentos que aborden la cuestión específicamente, y los que se refieren a ella de manera indirecta no parecen muy difundidos. Hemos encontrado algunos que mencionan el tema. De ellos utilizaremos, para estas reflexiones, los criterios que nos pueden ofrecer algunas pistas sobre el asunto.

Es importante enmarcar estos planteos en el nuevo contexto social y pastoral. Podemos destacar: un proceso de cambio de época, con grandes transformaciones culturales (Marcelo González), la crisis del sistema catequístico (Emilio Alberich) y la apremiante nueva evangelización (Juan Pablo II, Benedicto XVI) que se propone la comunidad eclesial. Se pueden vislumbrar las nuevas exigencias que la tarea de la catequesis presenta a los varones y a las mujeres que le dedican su tiempo. Algunas exigencias que resultan de ésta: la necesidad de formación continua y de actualización, la permanente reflexión sobre la cultura de los destinatarios, la exigencia de mejor preparación de las propuestas, una espiritualidad más profunda y encarnada, más trabajo de planificación en equipo... En síntesis, mayor eficacia y calidad en la tarea de educar en la fe.

La mayoría de los catequistas son laicos. Y, en este punto, es necesario recordar lo específico de la vocación laical: su presencia en el mundo. Por la mayor toma de conciencia de la importancia de esta vocación (y por la crisis de agentes pastorales consagrados), afloran los movimientos apostólicos laicales y su compromiso eclesial en diversos ministerios y servicios dentro de la Iglesia. “Pero es en el mundo donde el laico encuentra su campo específico de acción. Por el testimonio de su vida, por su palabra oportuna y por su acción concreta, el laico tiene la responsabilidad de ordenar las realidades temporales para ponerlas al servicio de la instauración del Reino de Dios. En el vasto y complicado mundo de las realidades temporales, algunas exigen especial atención de los laicos: la familia, la educación, las comunicaciones sociales. Entre estas realidades temporales no se puede dejar de subrayar con especial énfasis la actividad política...” (Documento de Puebla, 789-791).

Es necesario recordar que los laicos encuentran el sustento económico en la tarea que realizan por su oficio o profesión, y que las actuales condiciones de “flexibilización y precarización laboral”, que el sistema neoliberal ha generado de manera estructural, hacen este propósito (sostenerse materialmente) cada vez más difícil. En este contexto es que creemos más urgente plantear una reflexión acerca de la retribución económica de los catequistas que dedican gran parte de su tiempo (o su tiempo completo) a la catequesis... Pensamos también en aquellos que llevan adelante esa tarea vocacional y profesionalmente: nos referimos también a los docentes catequistas escolares.

La Congregación para la Evangelización de los Pueblos afirmaba en 1993, en la Guía para los Catequistas –haciendo referencia a los catequistas remunerados por la Iglesia, en particular los que tienen una familia a su cargo–, que la cuestión crucial es la proporción entre lo que reciben y las exigencias de la vida. Podríamos plantearlo de otra manera diciendo que hay una desproporción entre lo que se recibe (si es que se recibe algo) y las exigencias de la vida. Esto tiene algunas consecuencias.

A muchos catequistas se les hace imprescindible desempeñar otros trabajos para completar los ingresos y sostener los gastos mínimos de la vida cotidiana, por lo cual destinan poco tiempo a la catequesis, dejándola como actividad secundaria: de esta manera, la tarea suele realizarse con poca preparación, apuro y, a veces, con improvisación. En síntesis, se abandona el objetivo primero de responder a las nuevas exigencias de la situación de crisis catequística y se enfrentan ineficazmente sus desafíos.

Dos imaginarios

Existen muchos imaginarios y exageraciones, entre los cuales señalaremos dos que terminan siendo contraproducentes para la finalidad de la catequesis y no permiten pensar adecuadamente la cuestión económica:


- “La catequesis es un apostolado”. Si bien es cierto que debe haber una motivación vocacional y un impulso apostólico, puede que esta consideración pese como un “deber” que clericalice al laico y pierda de vista las demás exigencias de su vida. No es difícil encontrar personas que, después de sobrellevar mucho tiempo una situación de agotamiento pastoral y por las demandas naturales de las tareas personales, terminen por abandonar la catequesis y “desentenderse” de todo compromiso evangelizador.

- “La catequesis es cuestión de buena voluntad”. Detrás de esta absolutización, puede esconderse cierto espiritualismo que desconoce el carácter educativo de la catequesis y olvida la necesidad de la formación permanente de los catequistas (en las tres dimensiones del ser, el saber y el saber-hacer del catequista). Para este tipo de pensamiento, no es prioritaria la capacitación ni la actualización permanente, de lo cual se sigue la poca importancia dada a la búsqueda de los medios económicos necesarios para llevarlas a cabo. Una posible consecuencia es la de sostener procesos técnicamente inadecuados e ineficaces, que ayudan poco a crear comunidades de fe más maduras y adultas. Con respecto a la necesidad de formación, se afirma en el decreto Ad Gentes que “hay que tener reuniones o cursos en tiempos determinados, en los que los catequistas se renueven en la ciencia y en las artes convenientes para su ministerio y se nutra y robustezca su vida espiritual. Además, hay que procurar a quienes se entregan por entero a esta obra una condición de vida decente y la seguridad social por medio de una justa remuneración” (CONCILIO VATICANO II, Ad gentes, 17). Si bien se expresa principalmente para las “tierras de misión”, es válido considerar esos criterios para otras situaciones. O, mejor, podríamos considerar a toda la Iglesia en estado de misión.

Algunas consecuencias

La catequesis se ve afectada por, entre otras cuestiones, no atender adecuadamente la cuestión económica. Podemos mencionar que:

- Queda comprometido el número y la calidad de los catequistas, ya que no todas las personas que quieren y sienten el llamado a realizar esta tarea pueden abandonar sus trabajos para dedicarse a ella; y las personas más capacitadas prefieren trabajos mejor remunerados.

- Es difícil garantizar el compromiso y la estabilidad de los catequistas, porque resulta necesario desempeñar otros oficios para completar los ingresos. Resulta muy triste ver cómo muchos alumnos de seminarios o profesorados deben dejar sus estudios, debido a las dificultades para costearse los viáticos o responder a otras exigencias personales.

- Hay pocos avances en la formación permanente, porque muchos catequistas no disponen del tiempo o del dinero para participar de seminarios o cursos.

- Se nota una desvalorización del catequista en algunos ámbitos (como el escolar), ya que la consideración del trabajo se aprecia por lo que retribuye y se corre el riesgo de considerar a los catequistas trabajadores de inferior categoría, generando malestar en la tarea y desconociendo el carácter educativo que tiene.

¿Y en la escuela qué?

Es posible distinguir entre la situación de los catequistas parroquiales y los escolares. Algunos piensan que en la escuela está resuelta la cuestión económica de los catequistas, ya que suponen que las regulaciones legales garantizan condiciones laborales justas. Un ejemplo de lo antedicho lo encontramos en un párrafo de la citada Guía para los Catequistas: “Se reconoce unánimemente que la cuestión económica es uno de los obstáculos más serios para poder contar con un número suficiente de catequistas. Ese problema no se plantea, desde luego, con los maestros de religión en las escuelas oficiales, ya que estos reciben el sueldo del Estado” (CONGREGACIÓN PARA LA EVANGELIZACIÓN DE LOS PUEBLOS, Guía para los Catequistas, Roma 1993, 31; el subrayado es nuestro). Podríamos decir que esta afirmación es demasiado general o desconoce las particularidades de algunos países, como es el caso de Argentina. No siempre la legalidad ha garantizado la equidad... En nuestro país, no está generalizada la incorporación de la enseñanza religiosa como espacio programático escolar, por lo cual (en ciertas regiones) la propuesta es extraprogramática, llamándose catequesis. Los docentes extraprogramáticos (catequistas en nuestro caso) han quedado desfasados salarialmente respecto de los profesores de otras materias, ya que se rigen por leyes distintas a sus compañeros y no tienen organizado un frente gremial propio que impulse mejoras y actualizaciones que se correspondan con la actual situación económica y con la tarea que se les confía. Remitimos, por ejemplo, a la Ley 13.047 que rige a los docentes extraprogramáticos en la provincia de Buenos Aires, con una clara desigualdad con el resto de los docentes, aún con los últimos aumentos.

Por otra parte, no faltan casos en que la práctica catequística se confunde o se superpone con tareas pastorales, sin distinguirlas o tenerlas en cuenta al momento de evaluar con justicia la remuneración. Podríamos decir, jugando con las palabras, que se da una parroquialización de la catequesis escolar, ya que se considera no tanto profesional, sino apostólicamente la tarea, con consecuencias en la retribución y en la expectativa que se genera sobre ella.

Además, destacamos el desgaste y el cansancio de los catequistas, la poca disponibilidad de tiempo y de recursos para la actualización/formación, y el peligro de caer en contradicciones entre “el mensaje proclamado” y el “mensaje vivido” en la comunidad educativa: en algunas parecería más preocupante la ortodoxia que la ortopraxis.

¿Y quién se encarga del tema?

En principio, podríamos decir que toda la comunidad, ya que es la que requiere de la catequesis para educar en la fe a sus miembros; y, dentro de ella, las personas a las cuales se les encomienda la misión y la tarea de organizarla, animarla y fortalecerla (obispos, sacerdotes, religiosos, coordinadores laicos, etc.).

En la exhortación apostólica Catechesi tradendae, Juan Pablo II se dirige a los obispos diciéndoles: “Vuestro cometido principal consistirá en suscitar y mantener en vuestras Iglesias una verdadera mística de la catequesis, pero una mística que se encarne en una organización adecuada y eficaz, haciendo uso de las personas, de los medios e instrumentos, así como de los recursos necesarios. Tened la seguridad de que, si funciona bien la catequesis en las Iglesias locales, todo el resto resulta más fácil” (JUAN PABLO II, Catechesi tradendae, 63). Y la Guía para los Catequistas afirma, en relación con los sacerdotes, que “especialmente los párrocos, como educadores en la fe y colaboradores inmediatos del Obispo, tienen un cometido inmediato e insustituible en la promoción del catequista. Si como pastores deben reconocer, promover y coordinar los distintos carismas en el interior de la comunidad, de manera especial deberán seguir a los catequistas que comparten su trabajo de anunciar la Buena Nueva. Han de considerarlos y aceptarlos como personas responsables del ministerio que se les ha confiado y no como meros ejecutores de programas preestablecidos. Promuevan su dinamismo y creatividad y eduquen a las comunidades para que asuman su responsabilidad en la catequesis y acojan a los catequistas, colaboren con ellos y los sostengan económicamente, teniendo en cuenta si tienen a su cargo una familia” (CONGREGACIÓN PARA LA EVANGELIZACIÓN DE LOS PUEBLOS, Guía para los Catequistas, 35). Los planteos son claros.

No conocemos textos que definan con precisión las responsabilidades en las comunidades educativas. El sentido común indica que quienes están a cargo de animar y gestionar la escuela tienen el desafío de dar respuesta a este tema y encontrar caminos de diálogo y reflexión creativa para llegar a propuestas de solución justas.

Unas palabras para terminar (o para empezar a ocuparnos del tema)

Para terminar y a modo de síntesis (pero sin intención de cerrar el tema), nos hacemos eco de algunas propuestas –criterios o acciones concretas– para avanzar juntos.

- La retribución del catequista es una cuestión de justicia y no de libre contribución. Los catequistas, de dedicación plena o parcial, deben ser retribuidos según normas precisas, establecidas a nivel de la diócesis y de la parroquia, teniendo en cuenta los recursos económicos de la Iglesia particular, de la situación personal y familiar del catequista, en el contexto económico general, reservando especial atención a los catequistas enfermos, inválidos y ancianos.

- En el caso de los catequistas escolares, puede ser interesante la creación de espacios de diálogo y reflexión con los responsables de la administración de las instituciones, para encontrar mecanismos de ajuste y equiparación, de acuerdo al contexto económico, en una actitud superadora del marco legal, si es que el caso lo demandara.

- Los presupuestos de las diócesis y de las parroquias deberían destinar a la acción catequística una cuota proporcionada de los ingresos, siguiendo el criterio de dar la prioridad a los gastos de la formación. Es importante que los fieles tomen conciencia y se hagan cargo del mantenimiento de los catequistas, sobre todo cuando se trata del animador de su comunidad local (en el caso de comunidades que no son atendidas regularmente por un sacerdote).

- Sería también interesante remarcar la necesidad de la adecuada formación y actualización de los catequistas, como una cuestión prioritaria, ya que la calidad de las personas que desempeñan tareas pastorales y catequísticas tiene prioridad respecto de las estructuras. Dicho de otra manera, que los presupuestos destinados a la catequesis no se destinen a otros fines ni se reduzcan.

- Se deberían buscar modos de colaboración económica y sostenimiento para los centros de catequistas, favoreciendo el acceso a becas para aquellos catequistas que lo necesiten.

- Al mismo tiempo, será importante promover y multiplicar los catequistas voluntarios, que se comprometan a una cooperación a tiempo limitado (y establecido claramente), con regularidad, pero sin una verdadera remuneración porque tienen ya otro empleo fijo. En este sentido, es necesario educar a la comunidad para considerar la vocación del catequista como un servicio a la Palabra, más que como un empleo de vida, aunque corresponda retribuir a algunos por las razones mencionadas en el artículo.

Terminamos citando al texto inspirador de estas reflexiones, cuando dice: “En resumen, el problema económico exige una solución a partir de la Iglesia local. Todas las otras iniciativas son una buena contribución y han de potenciarse, pero la solución radical hay que buscarla localmente, especialmente con una acertada administración, que respete las prioridades apostólicas, y educando a la comunidad a dar la debida contribución económica.” (CONGREGACIÓN PARA LA EVANGELIZACIÓN DE LOS PUEBLOS, Guía para los catequistas, 31-32).

El tema recién está planteado. Ojalá se pueda profundizar y actuar en consecuencia.

por: Juan Pablo Gasme

Nota:

Los interesados en continuar profundizando sobre este tema pueden ponerse en contacto con el autor de este artículo escribiendo un mail a juanpablogasme@yahoo.com.ar

lunes, 31 de agosto de 2009

El dilema antropológico



Autor: Javier Úbeda Ibáñez

La cuestión antropológica, siempre presente en la historia del pensamiento, constituye hoy un tema de creciente actualidad. ¿Quién es el hombre?, ¿qué es el hombre?: estas preguntas tantas veces formuladas a lo largo de los tiempos siguen siendo interrogantes abiertos y apasionantes, a las cuales se han dado y siguen dándose las respuestas más dispares. No sólo el pensador sino hasta el hombre de la calle siente a menudo la comezón de dar también su propia respuesta, impulsado por sus experiencias personales y el espectáculo que le ofrece la humanidad que le rodea.

¿Quién es el hombre?, ¿qué es el hombre? La respuesta a estos dos grandes interrogantes dista mucho de ser unánime. De ella dependen dos concepciones de la persona humana, que son la resultante a su vez de estas dos primeras y decisivas cuestiones previas: ¿es el hombre un ser espiritual y trascendente o tan sólo temporalidad y materia?; ¿es el hombre un ser creado -criatura- o tan sólo una partícula trivial y anónima del Cosmos?

Las consecuencias de la respuesta son inmensas. Un hombre que sea criatura se hallará necesariamente inserto en la obra de un Creador y en el orden de una Creación. En el origen del hombre-criatura se encontrará una inteligencia y una voluntad. Se trata de un ser que ha sido pensado y querido: pensado por la mente y querido por la voluntad de un Creador. Su existencia, obra del Autor de la vida, tendrá razón y sentido y se dirigirá hacia un fin. El hombre creado sabe, en definitiva, de dónde proviene y hacia dónde va.

Un hombre no creado sería fruto exclusivo del azar. Su existencia constituiría el resultado final de un interminable encadenamiento de casualidades, del cual habría que excluir a priori cualquier ordenación inteligente y voluntaria. Un hombre no creado sería un ser proyectado a la existencia por el antojo caprichoso de un destino ciego. La vida de este hombre carecería de razón y sentido: no sería hijo de nadie, pues nadie le habría concebido ni querido darle vida; procedería de la nada y a la nada se encaminaría, carente de fin. Su muerte -según la desoladora definición de Marx- no será sino una dura victoria de la especie sobre el individuo. Esta es la condición a la que ha de resignarse el hombre que rechaza la condición de criatura.

lunes, 17 de agosto de 2009

Población mundial, cada vez más envejecida

16 causas y 7 consecuencias del envejecimiento de la población mundial


La población envejece debido a una serie de cuestiones negativas para la fecundidad y a otras que proporcionan una esperanza de vida creciente

La población mundial envejece a un ritmo creciente que ya hace prever que en 2040 habrá más ancianos que niños.

Ante esta perspectiva, cabe preguntarse por las causas y posibles consecuencias del preocupante escenario que nos espera dentro de tres décadas.Tal como señala Ángel Luis Toledano Toledano, licenciado en Teología por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid y Master en Doctrina Social de la Iglesia por el Instituto Social ‘León XII’ de la Universidad Pontificia de Salamanca, las dos principales causas del envejecimiento demográfico son “el descenso de la fecundidad y el crecimiento de la esperanza de vida”.

En su libro Hacia el equilibrio de la población mundial, Toledano detalla además hasta 11 factores que “influyen negativamente en el descenso de la fecundidad” en el mundo, al mismo tiempo que, entre otras, hay cinco “causas positivas que contribuyen al aumento de la esperanza de vida al nacer”.

Asimismo, este experto plantea que “de las causas principales del envejecimiento, la baja fecundidad y la esperanza de vida creciente”, derivan siete “consecuencias importantes a tener en cuenta”.Causas negativas del descenso de la fecundidad“

Aunque las causas de la disminución de la fecundidad en el mundo son complejas algunas ya están identificadas para muchos demógrafos y varias de ellas son de orden cultural, psicológico y moral”, asegura Toledano.

Según relaciona en su libro, las causas más importantes que “influyen negativamente en el descenso de la fecundidad” son las siguientes:

1. “La existencia de una mentalidad general desfavorable a la nupcialidad y el retraso en la edad del matrimonio, junto a la difusión de nuevas formas de relación de hecho fuera del matrimonio y el fuerte aumento de los divorcios.

2. La incorporación numerosa de la mujer al trabajo, sin la implementación de medidas que concilien armoniosamente la vida familiar y laboral.

3. La ausencia o el retraso de los gobiernos en implantar verdaderas políticas familiares correctoras de los desequilibrios demográficos que desde hace décadas se constatan en varias regiones del planeta.

4. La propagación difusa de un pesimismo antropológico en la sociedad industrial. El individualismo y la competitividad generan de suyo un ambiente pesimista.

5. El cambio de mentalidad en cuanto a la reproducción humana provocado por los nuevos valores de la sociedad postindustrial que ponen otras aspiraciones por encima de la procreación y de la formación de familias.

6. La irresponsable difusión y el recurso sistemático a las modernas técnicas anticonceptivas, la esterilización y el aborto provocado.

7. El ambiente cultural materialista que favorece casi en exclusiva el progreso económico, técnico y científico-material desconociendo, en contraposición, la dimensión espiritual de las personas y su progreso moral.

8. La desvalorización secularista de la propuesta humanizadora y trascendente de las religiones del mundo.

9. La implantación de procesos sociales individualistas que no tienen en cuenta la dimensión comunitaria y social de las personas.

10. Parece también que el descenso de la fecundidad está ligado a un determinado concepto de desarrollo con factores como los muchos años de formación educativa, la incorporación de las mujeres al mundo laboral, el cambio de la estructura de autoridad en la familia, los modos de vida urbanos y otras aspiraciones legítimas al margen de la formación de familias.

11. Finalmente, los avatares de la economía y la sociedad influyen de forma directa o indirecta en la tasa de fecundidad. En momentos de crisis e incertidumbres económicas o sociales se resiente en primer lugar la nupcialidad y ello repercute a su vez en la fecundidad”.

Causas positivas del aumento de la esperanza de vida
En Hacia el equilibrio de la población mundial, Toledano expone también cinco causas positivas que favorecen el aumento de la esperanza de vida, pero que se suman al mismo tiempo a las anteriores en cuanto al envejecimiento de la población.

12. El drástico descenso de mortalidad generalizado en todas las regiones del mundo en las distintas etapas de la vida.

13. Las mejoras sanitarias y de higiene humana.

14. El aumento del nivel de vida general en muchas regiones.

15. Una mejor producción alimentaria y progresos en su distribución.16. La implementación de políticas de desarrollo más eficaces.

Algunas consecuencias

Por otra parte, Toledano añade en su libro que de las anteriores causas se “derivan algunas consecuencias importantes a tener en cuenta”, concretamente siete:

1. El desequilibrio de las estructuras demográficas por edad, es decir, la inversión o quiebra de la pirámide de edades, con la disminución de las generaciones de niños y jóvenes en estas sociedades. Por esto la población de adultos jóvenes tendrá que asegurar la producción del país y sostener unas amplias cohortes de poblaciones ancianas.

2. La crisis de los sistemas educativos por la tentación de realizar recortes en los presupuestos económicos dedicados en etapas anteriores a la formación de las nuevas generaciones.

3. La pérdida o debilitamiento de la memoria colectiva y problemas a la hora de transmitir las propias conquistas culturales, científicas, técnicas, artísticas, morales y religiosas de las comunidades. La falta de población pone en peligro la transmisión del patrimonio común de la humanidad.

4. Algunos afirman también el agravamiento del desempleo y la base productiva y económica de la sociedad. Las sociedades opulentas, pero envejecidas, corren el riesgo de hundirse en un egoísmo creciente. Se vislumbra una posible degradación de la solidaridad entre generaciones, que llevaría a auténticos conflictos en el reparto de los recursos económicos.

5. La influencia negativa en el perfil psicológico del conjunto de la población. El aumento del carácter sombrío, la falta de dinamismo intelectual, económico, científico y social o carencias en la creatividad social parecen ser notas distintivas de las naciones ‘viejas’.

6. La tentación de la eutanasia puede sobrevenir como un método potencial para aligerar el peso de los sistemas de seguridad social (mutualidades, pensiones, reembolso de prestaciones, etc.).7. Los desequilibrios violentos producidos entre países y regiones del planeta cuyas poblaciones presentan estructuras por edad muy diversas que acarrean problemas sociales tales como la inmigración ilegal.

Por: Victor Ruiz
Fuente: Forumlibertas

jueves, 21 de mayo de 2009

La familia hoy: ¿crisis o diversidad? Tipos de familia (2a. Parte)



Como he comentado en el artículo anterior, en la actualidad, la familia es un sistema dinámico sujeto a múltiples transformaciones. Nuevas técnicas de reproducción asistida, avances científicos en esta especialidad, alquiler de vientres determinan nuevos principios/fundamentos que difieren del modelo familiar tradicional. Los casados en nueva unión y las uniones de hecho generan nuevas formas de convivencia.

En su libro La familia del anciano 1, el doctor Claudio C. García Pintos clasifica a la familia en dos grandes sistemas: maduros e inmaduros. Esta diferenciación parte de la armonía o no de los vínculos que se entretejen en su seno. Algunos autores las denominan familias funcionales y disfuncionales.Para el Dr. Pintos, los sistemas familiares maduros son aquéllos que reconocen una cierta estabilidad emocional como para asumir conflictos y crisis, y buscan una solución, apelando a sus propios recursos. La armonía es la resultante de una integración funcional y afectiva, de sus miembros, que implica estabilidad.

La familia normal representa este sistema. “En este caso, señalo como ‘normal’ la cualidad de aquel sistema en el cual los miembros son independientes, pero interdependientes autónomos en lo personal, pero comprometidos en las circunstancias de los otros. Están vinculados a través de lazos de reciprocidad.”

En la otra punta del péndulo, se encuentran los sistemas familiares inmaduros donde cada miembro piensa y actúa en función de sus propios deseos y necesidades, en menoscabo de los intereses del grupo. Esto acarrea como secuela escasas posibilidades de resolución de conflictos adecuadamente, relaciones de rivalidad y egoísmo. Una crisis no se vive como “crisis del grupo familiar”, sino como crisis del integrante que la padece. Siempre aparece “un alguien” emergente del conflicto.

El Dr. García Pintos concibe esta subclasificación desde el abordaje que realiza la familia con respecto a sus miembros más ancianos. De cualquier manera, nos resulta útil para apreciar diferentes dinamismos que ocurren en las familias. Es así que se manifiestan las de tipo clan, abandónicas, sobreprotectoras y distantes.

En las primeras, de tipo clan, se organizan alrededor, generalmente, de una de las figuras parentales. Ya sea el padre o la madre. Actúan rígidamente sin la posibilidad de independencia entre sus miembros, los cuales son fagocitados por el propio clan. Nunca logran hallar soluciones positivas a sus conflictos, porque se preocupan más de la subsistencia del clan que del bienestar de sus miembros.
En las abandónicas, sus integrantes “viven intensamente sumergidos en sus intereses y actividades dejando de lado al grupo familiar, el cual, podría decirse, queda emocionalmente estéril”. No existen lazos de pertenencia, y lo paradójico es que, sin depender de nadie, son “demandantes insatisfechos”. No cuentan con recursos afectivos y emocionales para responder a estas demandas entre sí.

La diferencia entre las distantes y las abandónicas se basa en la fachada. Las primeras reflejan serenidad, producto de una actitud de intelectualización e inhibición de lo afectivo. La racionalización es el camino para resolver su conflictiva interna o explicar sus vínculos.

Por último, las sobreprotectoras son las más comunes en nuestras sociedades. Lo interesante de estos grupos es que, a pesar de demostrar excesivo interés y preocupación hacia sus miembros, los moviliza el rechazo. Este rechazo les genera culpa, entonces, elaboran una actitud sobreprotectora como reparación o compensación. Esta posición es asfixiante para sus miembros. Los padres retardan la madurez de sus hijos, no permitiéndoles desarrollarse ni alcanzar su independencia.

Para completar las familias disfuncionales, citaremos a la familia permisiva. En este tipo de familia, los padres son incapaces de proporcionar a sus hijos una educación basada en la no realización inmediata de los deseos y de impartirles reglas de sana convivencia. Con la excusa de no ser autoritarios, de querer razonarlo todo y no provocar conductas que los frustren, dan libertad, a los hijos, para hacer todo lo que quieran. No fijan límites. Los roles padre e hijo no son cumplidos ni delimitados, creándose, así, una suerte de intercambio confuso. Los hijos suelen ser más padres que los propios padres. Normalmente, las familias disfuncionales son inestables, lo cual origina, en los hijos, sentimientos de inseguridad, desconfianza con gran dificultad para dar y recibir afecto. Se vuelven adultos pasivos-dependientes, incapaces de expresar sus necesidades y, por lo tanto, frustrados y llenos de culpa. Al no lograr expresar sus sentimientos hostiles, guardan siempre una actitud de rencor frente al mundo.

Algunos autores clasifican a las familias según su organización familiar y parentesco. En primer lugar, mencionan a la familia nuclear o elemental, como la unidad familiar básica que se compone de esposo (padre), esposa (madre) e hijos (de descendencia biológica o adoptados). La familia nuclear es el paradigma de las clases medias en las grandes ciudades.

La extensa o consanguínea constituida por más de una unidad nuclear, asentada en los vínculos de sangre de una gran cantidad de personas, incluyendo a los padres, niños, abuelos, tíos, tías, sobrinos, primos y demás. La monoparental, compuesta por uno de los padres y sus hijos. Ésta puede presentar diversos orígenes: ya sea porque los padres se han divorciado, y los hijos viven con uno de ellos, por lo general, la madre; por un embarazo precoz donde se configura otro tipo de familia dentro de la mencionada: la familia de madre soltera; o por el fallecimiento de uno de los cónyuges.

La familia de padres separados: donde los padres ya no son pareja, pero deben seguir cumpliendo su rol ante los hijos, por muy lejos que éstos se encuentren. “En cuanto a los hijos, como la unión entre los padres les otorga seguridad y confianza, muchas veces, rechazan la ruptura, y ésta les causa un hondo y prolongado sufrimiento. Pero si con la separación se disipa el clima de tensión o de abierta pelea, los padres tienen la posibilidad de entablar con sus hijos una relación más íntima y afectuosa, de guiarlos con mano más firme y segura y de fijarles límites más claros. Los padres podrán dejar de vivir juntos, pero siguen siendo padres para siempre” (Dr. Eduardo José‚ Cárdenas, ex juez de familia).

Para terminar, hago mías estas palabras: “Creo que para todos es claro, o debería serlo, que el amor es un valor fundamental para la familia. La familia es la escuela del amor, donde primero aprendemos a amar de pequeños; y de este aprendizaje primario del amor, muchas veces, dependerá de que, más adelante en nuestra vida, nuestro amor sea completo, íntegro, y enriquecedor. Si no hay amor en la familia, ¿en dónde lo habrá?”(1)

(1) http://www.churchforum.org/amor-como-valor-familia.htm

por Joaquín Rocha Psicólogo especialista en Educación para la Comunicación
Fuente: San Pablo on Line

miércoles, 29 de abril de 2009

Redescubrir el matrimonio como proyecto de vida


El 26 de abril se celebró el día del matrimonio. En diálogo con San Pablo, Beatriz Balian de Tagtachian, socióloga y directora del departamento de Sociología de la Universidad Católica Argentina, nos da su opinión sobre la unión en matrimonio, la familia y los cambios que afronta en los últimos tiempos.

¿ Cómo definiría el concepto del matrimonio?

La institución de matrimonio como institución social, en su gran mayoría, está reconocida como la unión entre un varón y una mujer, que viven juntos en un hogar y legitiman sus hijos. En los últimos tiempos, se producen uniones de hecho que, muchas veces, no coinciden con lo legal, parejas que conviven sin estar casados. Nosotros hemos hecho estudios sobre la base de encuestas, en las que se concluye que, para este tipo de uniones, hay tres finales posibles, o la pareja sigue conviviendo in eternum; o se casan, generalmente, esto sucede, cuando tienen un hijo; o se separan y forman nuevas parejas.Otro dato importante que se recolectó, a raíz de las encuestas, es que, a menor edad, hay más uniones de hecho, y a mayor edad, más matrimonios.

Estos datos muestran un poco cómo es la situación hoy en día…¿Por qué cree que es importante el matrimonio?


El matrimonio es importante para la familia, para la sociedad y para las personas. Es una red de confianza donde uno se siente respaldado y apoyado por otros. Cuando hay apoyo personal, la gente está mejor, más contenida. La familia te da idea de cuál es tu propio espacio, te da pertenencia y una identidad. De alguna forma, la familia es la que se ocupa de hacer el link entre la persona y la sociedad en general, es la que prepara a la persona para vivir en sociedad. Cuando la estructura familiar está limitada, también se resiente la sociedad, y aparecen los problemas, las disfunciones. Un ejemplo de esto son esos chicos que matan y roban; en estos casos, es probable que haya algún tipo de carencia familiar detrás.

¿Cómo ve la institución del matrimonio hoy? Y ¿cómo cree que cambió en las últimas décadas?

Como muchas otras actividades, en el matrimonio, como institución social, también cambiaron sus diversas formas de manifestación. Por ejemplo, en cuanto a la división de tareas, podría decirse que se pasó a una división estricta, según diferentes áreas: del trabajo doméstico a cargo de la mujer y trabajo extrahogareño a cargo del varón, a una división compartida de las tareas. La participación de la mujer en el trabajo extrahogareño, como consecuencia de su mayor educación, generó cambios en la forma de distribución de las tareas en el hogar. Entre los más jóvenes, los dos salen a trabajar y ambos se encargan de las tareas del hogar. Cuando son padres, también las tareas se comparten, es mucho más frecuente que el hombre cambie los pañales (ahora es más fácil, porque existen los pañales descartables), prepare la mamadera o la comida y se ocupe del baño de los niños.Estos cambios no son fáciles de realizar o comprender, especialmente para el varón, quien posiblemente se crió con otro modelo masculino y, por tanto, quizá lo que hace es más por obligación que por convicción. Además, la jefatura del hogar le correspondía principalmente a él, hoy, puede decirse que es compartida o, a veces, si se mira desde el punto de vista económico, le corresponde a la mujer. Estos aspectos suelen manifestarse en componentes afectivos disfuncionales que terminan en conflictos frecuentes e, incluso, en divorcio. Sobre todo, si no se ha creado un marco de valores profundos que contribuya a asumir la vida con compromiso, con sus alegrías y tristezas, soluciones y dificultades, etc.

¿Junto con los cambios en el matrimonio cambia el modelo de familia?

Si se comparan las ideas acerca del matrimonio de la década del 50 con las deahora, sin duda, se registran cambios. En un trabajo reciente de investigación, se pudo constatar que las familias valoran actualmente las mayores posibilidades de comunicación, con expresiones tales como: “hay más diálogo”, “se pueden comunicar más abiertamente con los hijos”, “todos están involucrados”, pero también les preocupan cuestiones como las siguientes: “que “los padres no pueden poner límites a los hijos”, “muchas horas de trabajo y menos tiempo con los hijos”. Estos temas confirman que el matrimonio no puede estar basado únicamente en una pauta de amor romántico, sino que es un proyecto de vida que necesita dedicación.

¿Qué consejo le puede dar, desde su posición, a una pareja que está por casarse?

Yo le diría que tienen que prepararse para los distintos componentes de la vida matrimonial: los económicos, la sexualidad, la afectividad, los hijos, las familias extensas, la comunidad de la que se forma parte, los amigos, los hobbies, los momentos de éxito y los momentos de dificultad...Yo creo que algo que debería hacerse es que, así como se imparten cursos prematrimoniales, debería haber uno que ayude a guiar a la pareja en los primeros años del matrimonio, un apoyo que logre fortalecer el vínculo.

Fuente: San Pablo On line

viernes, 30 de enero de 2009

Los pobres chicos ricos


El furor por las series adolescentesLos pobres chicos ricos del cable

Dueños de una situación económica privilegiada y una vida personal turbulenta

lanacion.com Espectáculos Jueves 29 de enero de 2009


Un grupo de adolescentes imposiblemente millonarios y atractivos. Alcohol, drogas y complicadas relaciones amorosas. Estos son los ingredientes básicos para preparar una de las pociones favoritas de la televisión norteamericana: el drama adolescente.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Navidad: ternura y asombro


En los orígenes cristianos, para introducir la presencia de Jesús en el mundo pagano se comenzó a celebrar su nacimiento, en Belén, el día de la gran fiesta pagana del Sol. Siglos después, cuando el afán de ganancias comerciales oscureció la vida servicial y de alegre austeridad de la comunidad cristiana, el inspirado trovador de Asís –SanFrancisco- populariza la narraciones evangélicas del nacimiento de Jesús, en atrayentes pesebres que cautivaron a chicos y grandes durante siglos…

Hoy –en tiempos de “un cristianismo sin Cristo”, nos toca recuperar la Navidad
del infantilismo del pesebre, al reducir a Jesús a la imagen de un niño recién nacido; del consumismo, al reducirla a intercambios de tarjetas y regalos, viajes de turismo y mesas con exquisiteces y derroche de dinero; del familiarismo, al reducirla a la simple reunión de familiares y amigos… en una fiesta familiar…

Recuperemos la Navidad. Más allá del simpático Pesebre lleguemos, lo más posible, a la hondura de la misteriosa realidad que oculta el pesebre de Belén : Dios se hizo hombre…para entrar en nuestra historia…para hacer historia con nosotros…Con hondura de reflexión, animados por el Espíritu de Dios intuyamos la maravilla de la vida humana con Dios con nosotros, el Enmanuel…Volvamos al origen de la Navidad…Celebremos la Navidad con la gozosa ternura de María y José acunando a Jesús en la pobreza de un establo; con la incontenible alegría y grande admiración (asombro) de los Pastores y con la Fe que busca, adora y entrega personal de los Reyes Magos. En esta Navidad busquemos el encuentro personal con Jesús.

“En la “Noche Buena” volvamos a escuchar: “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres amados por Él”.Es un canto a la vida que nos despierta y lanza a ser misioneros, testigos y portadores de vida, de la vida plena, de la vida de los hijos de Dios. Por eso, en este camino a la Navidad, quisiéramos juntos volver a descubrir nuestra responsabilidad frente a la paz y a la vida plena para todos, como frutos de ser amados por Él” (Obispos patagónicos en Mensaje de Navidad 2008)

Hoy, hay vecinos y parientes que cierran puertas a la vida: son los ricos que no comparten generando hambre –exclusión y muerte prematuras, Hoy, también, existen el Herodes que matan la vida humana con engañosas artimañas del “derecho al propio cuerpo de la mujer” que engendra la vida humana presente desde el primer instante de la concepción. Hoy, ante la locura de la búsqueda del placer en comilonas y bailes, borracheras y drogas, volvamos a la sensatez de la fiesta familiar que tras el pesebre hogareño descubre la realidad del Enmanuel, el Dios- con- nosotros.

Si no hacemos un rato de silencio y no nos ponemos las “pilas” de la Fe Cristiana, seguiremos muy lejos de lo que es la Navidad. “En esta Navidad al descubrir cuánto nos ama Dios, no podemos sino comprender que hemos sido llamados a ser signos y portadores de ese amor de Dios frente a cada vida humana. Será entonces verdaderamente una Navidad cristiana, si ese niño o niña que pasa hambre y que a veces es sometido a tantos atropellos encuentra una familia que se interesa y se preocupa por él. Será también Navidad, si ese o esa adolescente o joven heridos por la violencia, las adicciones, la explotación sexual o la marginación, encuentra una comunidad que le ofrece una alternativa de cambio. En fin será Navidad si todo hermano o hermana, cuya vida es amenazada, encuentra “un prójimo” que con signos concretos le hace descubrir el valor de su vida” (Mensaje de Obispos patagónicos)

Contemplando el Pesebre histórico de Belén- ¡¡¡la primera Navidad!!! comprenderemos que no hay Navidad sin Jesús-María y José y al mismo tiempo con la buena noticia a los pobres (Pastores) de una convocatoria a los ricos (Reyes magos) para que compartan sus bienes con los carenciados Y como en la primera Navidad pobres y ricos al encontrarse con el Salvador han de regresar a sus respectivos ambientes para anunciar la ternura del amor de Dios para con toda mujer u hombre que viene a este mundo. ( Cfr. Juan 3,16)

¡Que la Navidad 2008 proyecte sobre tu vida la felicidad de la Fe en Jesús, tu Salvador!

Miguel Esteban Hesayne- Obispo

jueves, 9 de octubre de 2008

Participar es construir la cultura del encuentro

Por: María Inés Maceratesi

Si buscamos en el Diccionario la definición de la palabra "participar" encontramos que participar es entrar junto con otros en un asunto o negocio. Compartir la opinión, sentimientos o cualidades de otra persona o cosa...pero también es: "formar parte"

En estos tiempos difíciles en cuanto a lo que se ve en la sociedad, tantas veces mencionado, tantas veces reiterado como es : la ausencia de valores, la desconfianza, el individualismo y otras cosas, me pregunto: ¿por qué en lugar de seguir mencionando estas cuestiones y aumentando así su influencia, no participamos todos mucho más para revertir la situación?

Me pregunto si la solución está cerca o lejos, me pregunto si seguir machaconamente refiriéndose a estos temas no aumenta su dimensión negativa en los habitantes de una ciudad, pueblo, barrio, consorcio, familia.Me pregunto si hemos perdido completamente esa capacidad de participar, de accionar sin confrontar, de decir sin ofender, de tener una visión de águila y no de ave presa en una jaula.

Lo que sí se, es que en mí el discurso y el palabrerío que no se traduce en hechos concretos, limita mis ganas de participar y me paraliza al punto tal de querer encerrarme en mi mundo personal y familiar, el único universo que me contiene y me da esperanza.

Alguien podría decirme que esta forma de actuar se condice con el individualismo pero no es así. Psicológicamente todos necesitamos seguridad, es una de nuestras necesidades básicas pero generalmente, la seguridad a la que se refieren quienes la reclaman a un gobierno o a los candidatos políticos, es aquélla que nos protege contra el delito y la impunidad y contra los ataques a la vida y la propiedad.

Yo no me refiero aquí a este tipo de reclamo sino que me refiero a la seguridad de la persona que necesita sentirse importante para otro, para un grupo o comunidad, que le permite la personalización en medio de otros y con otros; en definitiva me refiero a la necesidad de pertenencia a través de los vínculos. La necesidad de formar parte de...

La seguridad que nace de la confianza y del afecto mutuo, de los valores compartidos y de la necesidad mutua de aceptación en la diferencia. Esa dimensión de la seguridad es la que estimo falta.

¿Y quién o quienes nos permiten experimentarla, nos enseñan e insertan en ese campo de la seguridad?, en primer lugar nuestros referentes en la niñez, padre, madre, hermanos, la familia en su conjunto, como así también los maestros y otros referentes.Pero el tema es muy complejo porque los referentes de nuestra niñez eran los adultos que nos rodeaban y hoy no es así. porque se ha perdido el respeto por todo y todos y, la gradualidad que nos mostraba la etapa de maduración y credibilidad de las personas en quienes poníamos nuestra confianza y respeto, ha desaparecido.

Hoy la familia humana en general, pasa por una etapa de degradación de las personas; ya no es referente quien sabe más, porque está plagado de opiniones sin fundamentos claros.

La traición, la mentira, la calumnia, el lobby, están de moda. Nadie sabe quien es su amigo o enemigo. No sabemos en quien poner nuestro resto de confianza que no queremos ni perder ni desperdiciar.

La desilusión y el desencanto invaden nuestra alma y en medio de todo, allá muy en el fondo de nuestro corazón y conciencia, atisba sin embargo, la luz de la fe en lo que no queremos relegar, perder o bastardear.

Y así seguimos cayendo y levantándonos una y otra vez, creyendo y apoyando causas y personas que nos introducen en nuevos caminos e iniciativas que terminan, la mayoría de las veces, siendo sólo muy buenas intenciones en el mejor de los casos.

Muchas veces oi decir que se necesitan personas que sepan incluir, trabajar en equipo, unirse a lo que ya funciona antes que intentar ser fundadores de nuevas estructuras o instancias de actuación pero, no veo que las palabras coincidan con los hechos porque se siguen despreciando o ignorando instituciones fundadas para fundar otras, a veces con el mismo nombre o denominación, apoyadas por miembros relevantes de la comunidad pero, que se cierran sobre sí mismas sin dar cabida a personas que aporten trabajo e ideas por lo cual terminan, siendo elites privadas.

Hace muchos años que recorro estos caminos, siempre estoy donde se está comenzando a gestar algo y luego se derrumba mi esperanza al encontrarme con más de lo mismo. Lo compruebo en diferentes ámbitos siendo la consecuencia la tentación de huir y abandonar toda participación y toda militancia cívica, política y aún religiosa

Muchas personas compartimos este sentir y peregrinamos por Asociaciones, Fundaciones, Comisiones y otras muchas "ones" buscando donde aportar lo propio y el resultado es lo que mencionaba anteriormente, la tentación de fundar el propio lugar desde donde irradiar lo que somos, queremos y creemos, desde donde perseguir la utopía y recrear la civilidad.

El ámbito del pensamiento debería poder expresarse en instituciones transparentes desterrando maniqueísmos, oscurantismos, desconfianzas y recelos para poder caminar hacia un sueño con esperanza en un mundo ya no simplemente humano, sino humanizado, en el cual los valores ciudadanos y, al decir de grandes pensadores, de virtudes ciudadanas basadas en el respeto de la Constitución Nacional y en las creencias que que cada persona tenga, se puedan expresar.(cfr. libro "Manifiesto ciudadano" del Rabino Sergio Bergman)

No es fácil comprometerse y participar porque a veces, ya vislumbramos que ese compromiso y participación puede llevarnos al martirio. Todo ésto tiene relación la verdad. ¿Y qué es la verdad?, ¿existe la verdad? ¿o hay verdades varias? ¿o hay tantas verdades como personas?
Las preguntas y los ámbitos para trabajarlas y encontrar las posibles respuestas, conforman una metodología de discernimiento personal, familiar, social irreemplazable porque, en la sana discusión sobre la verdad, puede y debe gestarse un estilo de vida, un sentido que nos permita crecer y desarrollarnos como Nación, como comunidad nacional.

Algunas preguntas que hoy me hago: ¿la seguridad se basa simplemente en el control externo?; ¿se basa en el control policial? o por el contrario tiene que darse en un contexto propicio y una decisión personal de aceptar normas y principios válidos universalmente?. ¿Ésta es la única seguridad que nos interesa como ciudadanos? ¿Y qué hay de la seguridad interior que brota de un corazón y una mente que quieren hacer lo mejor posible los actos de cada día en un ambiente social de paz y concordia?

Aquí dejo mis reflexiones como aporte a la reflexión compartida.
Textos: María Inés Maceratesi

viernes, 3 de octubre de 2008

La fe de la Iglesia

Señor, mira la fe de tu Iglesia
Religioso Salesiano. Lic. en Comunicación Social

Fiesta del Milagro en Salta, 2008 Fotografía: Federico Herreros (Heva Imágenes)

Hay algo que la Iglesia no puede planificar, ni proyectar, ni organizar, ni siquiera fomentar: la fe del pueblo. La gente suele concurrir a misa por costumbre, por relaciones sociales, imposición, por cuestiones familiares o de tradición. Algunas veces, por miedo: al castigo, a la enfermedad, a la tragedia, a la mala suerte. Hay otro tanto de veces en que la gente asiste a misa, porque siente algo especial, porque le hablaron de una virgencita, de un santo, de una aparición, de un mensaje… de un sacerdote que sana o que ayuda a sanar.

No se puede controlar la fe del pueblo, el entusiasmo de los fieles, el avance de un movimiento de jóvenes, la devoción a un santo determinado, la mayor o menor participación en una procesión… Podemos acompañar, guiar, ayudar, seguir…pero nunca controlar. Las manifestaciones de fe no tienen que ver con el gran trabajo o empeño que ponga o demuestre un sacerdote, un coordinador pastoral. No salen de las reuniones de obispos, no se ajustan a documentos, a proyecciones, ya que son contagio, búsqueda, seguimiento, iniciativa, impulso, contacto, intuición, gracia, obra de Dios.

El periodismo argentino tan atento al “árbol que cae” en la Iglesia, sin atender jamás “al bosque que crece”, casual o causalmente, se ocupa de las manifestaciones de fe. Se persigue la noticia de masas, más que la noticia en sí. No podemos desatender el espacio importante que los medios dedican a Itatí, San Nicolás, Salta, Lujan y tantos otros santuarios que para sorpresa de los televidentes matizan con robos, hurtos, asaltos, violaciones. Pero el periodismo no siempre se enfoca en el fenómeno en sí, sino sólo en el impacto, el chorro de sangre, o una lagrima, una trompada. Siempre mucho impacto. Las manifestaciones de fe condimentan altamente la preferencia masiva: agregan magia, liquidez religiosa, suponen algo misterioso, gente que camina de rodillas, que acampa varias noches antes de saludar al santo, multitudes, cierto efecto milagroso.

La fe del periodismo se vende como las marchas de piqueteros o el crecimiento de la zona roja, o las revueltas del abasto entre “floggers” y “emos”. No evangelizan, difunden es cierto, pero no se transmite el valor, se muestra el hecho raro, que impacta, que es extraño, vistoso.

Del lado que nos miran, es suficiente la curiosidad, el detalle sobresaliente. Pero, en el lado que no nos miran, yace la fuerza de la fe, ese sentimiento que no cree, porque entiende todo lo que ve o le dicen, sino porque siente una verdad interior que lo llena de alegría, que lo estimula para seguir viviendo o hasta para morir, que lo impulsa a trabajar, a sufrir, a caminar.

Una fe sin sentimiento, tal vez, no es completa o no es fe. La fe no exige comprensión exacta, metódica, cerrada o completa, pide apertura al misterio, a la falta de lógica. Creer tiene que ver con amar, con los ojos cerrados, aun cuando las “papas queman” o con los ojos abiertos, cuando la vida se muestra como un milagro patente.

La fe no se revela en unos meses, necesita tiempo, recuperación de lo vivido, recuerdo. Ayuda a comprender el presente, el porqué del hoy, de cómo llegamos a “ser”, de esa compañía de Dios que fue imperceptible en el presente, pero que es incomprensible no verla en el pasado. Fe es asombrarse de la presencia oportuna de Dios en los momentos más difíciles, fe es ese temblor que corre por uno dando fuerza, ánimo en las peores ocasiones. La gente de fe dice: “Si no hubiera sido por Dios”.

El paso de Dios se percibe con el correr del tiempo, descubriendo lo vivido como milagro, proeza, hecho heroico. La fe se advierte desde la vida y desde el relato propio o de los otros cercanos. El mayor, el anciano recrea, recuerda, reanima la vida en el relato de lo pasado, en su paso y el paso de Dios, todo lo atribuye al Supremo. El hombre de fe no puede entender que haya vida sin Dios, no es ateo porque no puede comprender la vida sin él. Algunos desesperan y descubren que no fue suficiente la propia entrega y entienden que la vida transcurrió sin Dios y se arrepienten, hasta que entienden que Dios definitivamente siempre estuvo.

El amor a Dios no tiene que ser adquirido en clases de Teología. Se lo encuentra en la vida, en ese aprovisionamiento selectivo de miles de hechos que, si no fueran por Dios, causarían dolor, pérdida, vacío. La vida, muchas veces, es una buena catequista.

La fe del niño, de los pobres, de los ignorantes, de los ancianos termina siendo irracional, pretender hallarle un sentido lógico a la fe puede resultar destructivo. El estudio, el análisis de la fe puede enfriar el amor. No se estudia para amar a los hijos o a la madre. La fe es igual, no se estudia para alcanzarla. El sentimiento nace de un hombre o una mujer humilde de corazón que busca al ser supremo, que lo necesita, que requiere su presencia y compañía. Cuando uno tiene todo claro y todo seguro en la vida, difícilmente recurra a Dios.

Hoy asistimos con sorpresa a un retroceso de fe. Podríamos decir que existe una fe en los muertos o de los difuntos. Como Dios ya no cuenta para muchas personas, entonces se busca la fe en lo primero y ineludiblemente trascendente y misterioso: la muerte. Nuestra cultura se empeña en razonar y entenderla, ante ella, no hay respuestas, sólo preguntas.

Algunos se encuentran con Dios a partir de este camino; otros se enojan con él y establecen la trascendencia en la muerte, allí donde no hay nada más que dudas, en el cuerpo inerte, en las fotos, los recuerdos, la ropa, los zapatos. No pueden trascender, se afierran a lo que está, a lo que quedó sin comprender o insisten en comprender una realidad más allá de lo inmanente. Hoy también asistimos a una religión de los muertos, la tumba de Gilda o de Rodrigo. El hecho de haber muerto les da un lugar en un “Hades”, un cielo inventado, fantaseado. No digamos cielo para no recrear una tira cómica, con la caricaturesca visión de la otra vida, con nubes espesas, arpas y paquetísimas alas con plumas de finísimo vestuario teatral, vida eterna de corte holliwoodense. La fe de la muerte dura, tal vez, el tiempo que lleva el duelo. Pero la fe no se sostiene de esta manera. Así, se olvida, se tapa, se la usa de tranquilizante, como terapia. Luego ya no se la necesita, eso no fue fe.

La fe es libre. No muere, crece, no sirve para un rato, es para siempre. Si bien nuestras proyecciones, planes y diseños pastorales aporten algo a la fe de la gente, no es nuestro el poder de hacer creer o no dejar que crean. Los escándalos, las difamaciones entristecen, sin embargo, no fagocitan a la gente de fe. La fe sigue intacta, si se corta, nunca fue verdadera, siempre pendió de un hilo. La fe se convierte en amor, eterno, gigante que mueve montañas. La fe del que no tiene más nada que esperar es un diminuto granito de mostaza que produce al ciento por ciento. “Señor no mires nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia”.
Fuente: San Pablo On line www.san-pablo.com.ar

lunes, 29 de septiembre de 2008

El Cardenal Jorge M. Bergoglio sj cerró la XI Jornada de Pastoral Social de la Arquidiócesis de Buenos Aires


"Se puede afirmar que la unidad del pueblo se fundamenta en tres pilares que hacen a su relación con el tiempo y que están en tensión dialéctica entre ellos.

Primero, la memoria de sus raíces. Un pueblo que no tiene memoria de sus raíces y que vive importando programas de supervivencia, de acción, de crecimiento desde otro lado, está perdiendo uno de los pilares más importantes de su identidad como pueblo

Segundo, el coraje frente al futuro. Un pueblo sin coraje es un pueblo fácilmente dominable, sumiso en el mal sentido de la palabra. cuando un pueblo no tiene coraje se hace sumiso de los poderes de turno, de los imperios de turno, o de las modas de turno, imperios culturales, políticos, económicos, cualquier cosa que hegemoniza e impide crecer en la pluriformidad.

Tercero, la captación de la realidad del presente. Un pueblo que no sabe hacer un análisis de la realidad que está viviendo, se atomiza, se fragmenta. Los intereses particulares priman sobre el interés común, el bien común. Entonces queda atomizado en los diversos intereses particulares que nacen de un mal análisis de la realidad que estaba viviendo.

El análisis de la realidad no tiene que ser un análisis de tipo ideológico donde yo proyecto una postura previa sobre la realidad, sino ver la realidad tal cual es y de ahí sacarla. Decía alguien que la realidad se capta mejor desde la periferia que desde el centro, y es verdad,. O sea, no vamos a entender la realidad de lo que nos pasa como pueblos, y por lo tanto no vamos a poder construir en el presente el coraje para el futuro con la memoria de nuestras raíces, si no salimos del estado de "instalación en el centro", de quietud, de tranquilidad, y no nos metemos en lo periférico y lo marginal".

(Card. Jorge M. Bergoglio sj. "La Nación por construir. Utopía, pensamiento, compromiso". Editorial Claretiana bs. As. pp 30-31)

Estos párrafos sirvieron para dar forma a la XI Jornada de Pastoral Social llevada a cabo en la Arquidiócesis de Buenos Aires, jornada que tuvo como título "Hacia el Bicentenario 2010-2016" y se realizó en el Colegio San Cayetano del barrio porteño de Liniers el sábado 27 de septiembre.

El Cardenal Bergoglio fue el encargado de concluir dicha jornada tomando como base esos párrafos de su autoría citados precedentemente y recreándolos de esta manera:

"La cita que está en el reverso del programa que dice que: "se puede afirmar que la unidad del pueblo se fundamenta en tres pilares que hacen a su relación con el tiempo y que están en tensión dialéctica, en tres lugares: en la memoria de sus raíces, en el coraje frente al futuro y tercero la captación de la realidad del presente". Y en la captación de la realidad del presente cita: "no vamos a entender la realidad de lo que nos pasa como pueblo y por lo tanto no vamos a poder construir en el presente el coraje para el futuro con la memoria de nuestras raíces; si no salimos del estado de instalación en el centro, de quietud, de tranquilidad y si no nos metemos en lo periférico y lo marginal".

La captación de la realidad del presente. Salir del estado de "la instalación en el centro" para meternos en la periferia y en la marginalidad.

En otra ocasión dije que las categorías van progresando, las categorías de análisis de la realidad. Hablamos de opresores y oprimidos pero no nos basta… Hoy tenemos que agregar otro matiz, los que caen y los que sobran, los que caen del sistema, los echan y sobran, y son material de descarte. Son de alguna manera los que dan la materia prima para la industria humana del descarte. Esa industria que se llama esclavitud. Hoy en nuestro suelo tenemos esclavos.

Tenemos esclavos, sometidos. Sometidos a la organización, por ejemplo, de los cartoneros, sometidos a la mafia de la droga, sometidos a la mafia de los arrebatadores, sometidos a los talleres clandestinos que pululan en nuestra ciudad, a las cadenas de prostitución que por más que se denuncien, que salgan, nadie se atreve a enfrentar.

Esta esclavitud que vivimos hoy no puede quedar fuera del análisis de la realidad, a la misma gente que vive en la periferia, a nuestros esclavos.
Yo les dije, un poco en broma, que nos habían enseñado que la Asamblea del año XIII había decretado la libertad de vientres y abolido la esclavitud. ¿Cuántos chicos siguen siendo esclavos?

La reflexión social y política tiene que hacerse sobre la realidad entera, realidad no distorsionada, en la que aparezcan lo cabe y lo que sobra, y ahí las pautas que nos ofrece el sistema.

Para hacer un análisis de la realidad tenemos que apartarnos de los esquemas, de las ideas e ir a la carne. A la carne de nuestro pueblo, a la carne periférica que sufre, a la carne que tiene hambre, a la carne ciega, a la carne que se la tira afuera porque sobra…

El centro de nuestra reflexión es la persona. Y de ahí la bronca que produce, por lo tanto, la búsqueda en esta realidad de la justicia social. Se prefiere hablar de justicia pero no de justicia social.

Hoy quiero llamar la atención sobre esto, por favor, no miremos la realidad con un intelecto frío y con una visión solamente eticista. Estamos cansados de intelectuales sin talento y de eticistas sin bondad. Miremos la realidad con corazón de hermanos que saben amar".
Fuente: Prensa Pastoral Social