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domingo, 25 de julio de 2010

Enseñar buenos modales a los hijos



Los niños deben aprender cuáles son los comportamientos adecuados en diferentes ámbitos y situaciones

Para cualquier padre es una gran satisfacción escuchar que su hijo está bien educado. Es el reconocimiento a una ardua tarea que los progenitores deben iniciar desde muy temprana edad. Inculcar a un niño buenos modales y normas de comportamiento le ayudará en el futuro en su proceso de socialización y le permitirá adquirir valores y actitudes imprescindibles para relacionarse con los demás. La paciencia y el buen ejemplo son las principales herramientas para conseguirlo.

Por Marta Vázquez Reina

Conseguir que un niño pida siempre las cosas "por favor" o que dé las "gracias" cuando recibe algo no es fruto del azar. Detrás de este logro persiste un importante trabajo educador por parte de las familias. Pero los buenos modales no se fundamentan sólo en estos dos términos. Engloban un conjunto de modelos de comportamiento que, aplicados de forma usual en la vida diaria, reportarán a los hijos una base óptima para relacionarse con los demás miembros de la sociedad e integrarse de modo efectivo en ella.

Los buenos modales pueden parecer algo tan sencillo como un conjunto de reglas sobre la conducta, pero estas pautas están muy ligadas a la educación en valores. Actitudes como el agradecimiento, el reconocimiento, el respeto, la consideración, la amabilidad o la cortesía se reflejan en una buena educación. Como afirma el sociólogo Salvador Cardús en su obra 'El desconcierto de la educación', "no se trata de enseñar normas estrictas, los modelos de comportamiento se aprenden como estilos de vida". La principal herramienta con la que cuentan los padres es el ejemplo.

Ejemplo y reconocimiento

Los modales deben estar presentes en todo momento, tanto en el hogar como fuera de él. De nada sirve mostrar a los hijos un comportamiento idóneo en ambientes externos si en casa, con los demás miembros de la familia, no se repiten. Deben entenderse como un proceso paulatino y cotidiano que los niños observen en las personas más cercanas desde muy pequeños y que apliquen ellos mismos a medida que adquieren la madurez necesaria. No consiste sólo en decirles qué no deben hacer, sino también lo contrario: qué deben hacer.

Además de "predicar con el ejemplo", los padres deben mostrar a los hijos los beneficios que se obtienen cuando se hace uso de las normas esenciales de respeto y cortesía. José Fernando Calderero, Decano de la Facultad de Educación de la Universidad Internacional de la Rioja y autor de 'Los buenos modales de tus hijos pequeños', apunta en este manual que nada ayuda más a un niño "que el reconocimiento, por parte de padres y educadores, de lo que le está saliendo bien".

Si el pequeño tan sólo recibe reprimendas o amonestaciones por no comportarse de forma adecuada y no se le felicita por sus buenas actitudes, no aprenderá a valorar la eficacia social de éstas. Tal como reconoce Calderero, "nada se consigue sin esfuerzo y dedicación".

Principales pautas

"Por favor" y "gracias": la repetición es la clave para que los niños incorporen estas dos palabras a su vocabulario de forma habitual. Desde muy pequeños, hay que utilizarlas al dirigirse a ellos e insistir en que las usen para que las entiendan como una fórmula mágica para obtener sus necesidades y para agradecerlo.

Saludar: un "hola" basta en las edades más tempranas, más adelante se les puede enseñar a incluir detrás de esta fórmula el nombre de la persona que se saluda. Decir "buenos días", "buenas tardes", etc. cuando se llega a un lugar, son costumbres que se deben inculcar de manera progresiva.

Interrupciones: llamar a la puerta antes de entrar, esperar el turno para hablar y no interrumpir las conversaciones de los demás son pautas fundamentales de buenos modales. Ya sea en casa o en actos públicos, los niños deben entender que cualquier momento no es bueno para hablar y que, si es imprescindible, deben pedir permiso para hacerlo.

Cuando estén capacitados, hay que enseñarles a asearse antes de salir de casa

Orden e higiene: el aspecto externo de un niño refleja su modo de actuar. Cuando estén capacitados, hay que enseñarles a asearse antes de salir de casa y mantener la pulcritud en la medida de lo posible, no hay que olvidar que son niños. Es fundamental inculcarles la importancia del orden, tanto con sus cosas como con las pertenencias de los demás y, en este último caso, que aprendan a respetar los objetos ajenos y a no tomar nunca nada que no sea de ellos sin permiso.

En la mesa

La comida es uno de los momentos del día en el que los padres deben utilizar sus mejores armas para proporcionar un buen modelo de comportamiento a los hijos. Es imprescindible que, al menos, en una de las comidas del día estén acompañados de los progenitores.

Hay que facilitarles esta tarea. No se puede pedir a un niño que se siente de forma correcta en la mesa si no cuenta con un asiento adaptado a su altura, o insistirle en que tome bien los cubiertos si éstos son demasiado grandes para él. Del mismo modo, es necesario evitar durante la comida distracciones (libros, televisión) que le impidan concentrarse.

Para que los buenos modales se reflejen en la mesa, es fundamental enseñar a los niños distintas pautas:

•Lavarse las manos antes de comer.
•Ayudar a poner y quitar la mesa.
•No empezar hasta que todos los platos se hayan servido y no levantarse de la mesa durante la comida.
•Colocarse la servilleta en el regazo y utilizarla siempre antes y después de beber.
•Colocar ambos brazos a los lados sin apoyar los codos.
•No chupar los cubiertos ni jugar con ellos.
•Mantener la boca cerrada mientras come.
•Cortar la comida en pequeños trozos.
•No hacer ruido al sorber los líquidos ni jugar con el pan.

Consumer.es

domingo, 21 de junio de 2009

Aprendiendo a participar


Si buscamos en el Diccionario la definición de la palabra "participar" encontramos que participar es entrar junto con otros en un asunto o negocio. Compartir la opinión, sentimientos o cualidades de otra persona o cosa...pero también es: "formar parte"

En estos tiempos difíciles en cuanto a lo que se ve en la sociedad, tantas veces mencionado, tantas veces reiterado como es : la ausencia de valores, la desconfianza, el individualismo y otras cosas, me pregunto: ¿por qué en lugar de seguir mencionando estas cuestiones y aumentando así su influencia, no se implementa un proyecto preventivo desde todos los ámbitos de la sociedad que permita revertir la situación?

Me pregunto si la solución está cerca o lejos, me pregunto si seguir machaconamente refiriéndose a estos temas no aumenta su dimensión negativa en los habitantes de una ciudad, pueblo, barrio, consorcio, familia.Me pregunto si hemos perdido la capacidad de participar, de accionar sin confrontar, de decir sin ofender, de tener una visión de águila y no de ave presa en una jaula.

Lo que sí se, es que en mí el discurso y el palabrerío que no se traduce en hechos concretos, limita mis ganas de participar y me paraliza al punto tal de querer encerrarme en mi mundo personal y familiar, el único universo que me contiene y me da esperanza.Alguien podría decirme que esta forma de actuar se condice con el individualismo pero no es así.
Psicológicamente todos necesitamos seguridad, es una de nuestras necesidades básicas pero generalmente, la seguridad a la que se refieren quienes la reclaman a un gobierno o a los candidatos políticos, es aquélla que nos protege contra el delito y la impunidad y contra los ataques a la vida y la propiedad.

No me refiero aquí a este tipo de reclamo sino que me refiero a la seguridad de la persona que necesita sentirse importante para otro, para un grupo o comunidad, que le permite la personalización en medio de otros y con otros; en definitiva me refiero a la necesidad de pertenencia a través de los vínculos. La necesidad de formar parte de...

La seguridad que nace de la confianza y del afecto mutuo, de los valores compartidos y de la necesidad mutua de aceptación en la diferencia. Esa dimensión de la seguridad es la que estimo falta.¿Y quién o quiénes nos permiten experimentarla, nos enseñan e insertan en ese campo de la seguridad?, en primer lugar nuestros referentes en la niñez, padre, madre, hermanos, la familia en su conjunto, como así también los maestros y otros.

Pero el tema es muy complejo porque los referentes de nuestra niñez eran los adultos que nos rodeaban y hoy no es así. porque se ha perdido el respeto por todo y todos y, la gradualidad que nos mostraba la etapa de maduración y credibilidad de las personas en quienes poníamos nuestra confianza y respeto, ha desaparecido.

Hoy la familia humana en general, pasa por una etapa de degradación de las personas; ya no es referente quien sabe más, porque está plagado de opiniones sin fundamentos claros. La traición, la mentira, la calumnia, el lobby, están de moda. Nadie sabe quien es su amigo o enemigo. No sabemos en quién poner nuestro resto de confianza que no queremos ni perder ni desperdiciar.
La desilusión y el desencanto invaden nuestra alma y en medio de todo, allá muy en el fondo de nuestro corazón y conciencia, atisba sin embargo, la luz de la fe en lo que no queremos relegar, perder o bastardear.

Y así seguimos cayendo y levantándonos una y otra vez, creyendo y apoyando causas y personas que nos introducen en nuevos caminos e iniciativas que terminan, la mayoría de las veces, siendo sólo muy buenas intenciones en el mejor de los casos.

Muchas veces oí decir que se necesitan personas que sepan incluir, trabajar en equipo, unirse a lo que ya funciona antes que intentar ser fundadores de nuevas estructuras o instancias de actuación pero, no veo que las palabras coincidan con los hechos porque se siguen despreciando o ignorando instituciones fundadas para fundar otras, a veces con el mismo nombre o denominación, apoyadas por miembros relevantes de la comunidad pero, que se cierran sobre sí mismas sin dar cabida a personas que aporten trabajo e ideas por lo cual terminan, siendo elites privadas.

Hace muchos años que recorro estos caminos, siempre estoy donde se está comenzando a gestar algo y luego se derrumba mi esperanza al encontrarme con más de lo mismo. Lo compruebo en diferentes ámbitos siendo la consecuencia la tentación de huir y abandonar toda participación y toda militancia cívica, política y aún religiosa.

Muchas personas compartimos este sentir y peregrinamos por Asociaciones, Fundaciones, Comisiones y otras muchas "ones" buscando donde aportar lo propio y el resultado es lo que mencionaba anteriormente, la tentación de fundar el propio lugar desde donde irradiar lo que somos, queremos y creemos, desde donde perseguir la utopía y recrear la civilidad.

El ámbito del pensamiento debería expresarse en instituciones transparentes desterrando maniqueísmos, oscurantismos, desconfianzas y recelos para poder caminar hacia un sueño con esperanza en un mundo ya no simplemente humano, sino humanizado, en el cual los valores ciudadanos y, al decir de grandes pensadores, de virtudes ciudadanas basadas en el respeto de la Constitución Nacional y en las creencias que que da persona tenga se puedan expresar.(cfr. libro "Manifiesto ciudadano" del Rabino Sergio Bergman)

No es fácil comprometerse y participar porque a veces, ya vislumbramos que ese compromiso y participación puede llevarnos al martirio. Todo ésto tiene relación la la verdad. ¿Y qué es la verdad?, ¿existe la verdad? ¿o hay verdades varias? ¿o hay tantas verdades como personas?Las preguntas y los ámbitos para trabajarlas y encontrar las posibles respuestas, conforman una metodología de discernimiento personal, familiar, social irreemplazable porque, en la sana discusión sobre la verdad, puede y debe gestarse un estilo de vida, un sentido que nos permita crecer y desarrollarnos como Nación, como comunidad nacional.

Una pregunta que me interpela es: ¿la seguridad se basa simplemente en el control externo?; ¿se basa en el control policial? o por el contrario tiene que darse en un contexto propicio y una decisión personal de aceptar normas y principios válidos universalmente?

Aquí dejo mi reflexión para que sean un aporte a la reflexión compartida.
Texto: María Inés Maceratesi

lunes, 4 de mayo de 2009

La Catequesis y las enseñanzas de Jesús


"Vayan y encuéntrenme en Galilea"

Hace muchos años que estudié que la única forma de enseñar, es decir, de que el otro aprenda, es hacer que lo que se transmite sea de su interés.

En numerosas oportunidades observo que hay muchas cosas que, en la escuela, nadie enseña y, sin embargo, son de verdadero interés para los niños y los jóvenes.

La catequesis debe hablar de esos temas. En la semana de Pascua, en la parroquia Santa Juana de Arco, de Ciudadela (Buenos Aires), el sacerdote explicó que cuando Jesús dijo a las mujeres que lo buscaran resucitado en Galilea, quiso decir que debían buscarlo en la vida cotidiana.

Hallar a Jesús en la Iglesia es relativamente fácil, lo necesario es encontrarlo en los otros, en los que nos molestan, en las situaciones cotidianas, buenas o malas, en los signos de Dios.

Hace muchos años, en la programación del colegio secundario había una materia que se llamaba higiene en la cual nos enseñaban el cuidado del cuerpo y las diferentes enfermedades.

Hoy, a pesar de que se habla mucho de la comida sana, cada vez se comen más cosas que no benefician el buen desarrollo.

¿Por qué, si desde la catequesis hablamos de esto sin sentir que perdemos el tiempo o que estamos yéndonos del tema?

Porque todo el que quiera seguir a Jesús se debe hacer responsable de sí mismo y de los demás. Y esto comienza por el plano físico. Si, teniendo la posibilidad, no me alimento correctamente, no hago deporte, vivo una vida sedentaria, no estaré cuidando lo que Dios me encomendó. Si no respeto al otro y lo utiliza sólo para mi propio placer, tampoco estaré viviendo en el amor.

Ir a Galilea sería partir de la vida de los chicos, de sus cosas más concretas, que sientan que allí está Jesús, que su mensaje se dirige a la vida de todos los días.

Lo cotidiano también son los medios de comunicación, casi el único lugar de donde los chicos extraen la información y, lamentablemente, en muchas oportunidades, la recuerdan.
Lo que se dice en los medios es casi palabra santa, incuestionable.

Ir a Galilea sería enseñarles a descubrir lo que nos están transmitiendo, quién lo dice, por qué, qué intereses persigue.

Hace pocos días, cuando un chico de 14 años mató a un camionero, los medios escribieron largas notas acerca de este suceso, y de la violencia cotidiana. Poco dijeron de la vida del chico, de la educación que había recibido, de cómo era su vivienda y de las oportunidades que había tenido.
Poco contaron acerca de los que se habían ocupado por educar a ese chico, de los trabajadores sociales que averiguaron por qué no iba más a la escuela. A pocos les interesó contar la verdad, no dijeron que el hombre había bajado armado y había disparado tres tiros que dieron en casa vecinas sin herir a nadie, pero podría haber matado a alguien que pasaba por la calle. Esto no justifica, pero muestra cómo los medios cuentan una sola parte de la realidad llegando en numerosas ocasiones a desvirtuarla.

La catequesis debe ofrecer una visión de la realidad desde las enseñanzas de Jesús.

Hay un viejo cuento de Menapace, Los anteojos de Dios, que termina diciendo que si uno quiere tener la mirada de Dios y juzgar como él, debe tener el corazón de Dios. Podremos entonces, educar el corazón para que primero comprenda y luego juzgue, para que desee el bien, en lugar de buscar venganza.

Muchas cosas se pueden decir desde la catequesis para descubrir a Jesús resucitado en Galilea, en lo cotidiano. Es hora de abrir el corazón para descubrir qué necesita nuestra sociedad para no destruirse y, para que las nuevas generaciones no se encuentren desde la cuna, una contra otra.
Es un desafío en el cual Dios está dispuesto a darnos una gran mano siempre que nosotros pongamos la otra.
María Inés Casalá
Fuente: Periódico "Diálogo"

martes, 17 de marzo de 2009

La confianza es amor

Es imposible hablar de confianza sin mencionar la responsabilidad. Esta invoca la capacidad de responder por las propias acciones, actitudes y palabras. La responsabilidad se demuestra con actos, no con declaraciones ni juramentos. Y se expresa siempre ante otro ser humano.
Cuando en un vínculo, o en una trama de vínculos, las personas actúan responsablemente (no culpan a otros por los efectos de sus acciones, no delegan las consecuencias, no niegan haber hecho lo que hicieron ni haber generado lo que generaron), se construye entre ellas un entramado de confianza. Las personas responsables (por lo que hacen y no por lo que dicen) son confiables.

La confianza nunca es fruto de la teoría, porque nace de la experiencia y de la actuación", recuerdan con claridad Jaume oler y María Mercé Conangla en La ecología emocional. Nadie es confiable porque jure o prometa serlo. La confianza como el amor, es una construcción, se edifica ladrillo a ladrillo, acto tras acto. No está en los vínculos como unto de partida, más allá de que tengamos el deseo o la intuición de confiar. Se trata,mejor, de un punto de llegada. Y es un punto de llegada convergente, que deviene real cuando arribamos juntos a él.

Igual que el amor, o que el compromiso, la confianza no se construye con el deseo o la voluntad de una sola persona. Necesita de dos o de todos los que estén involucrados en un vínculo (de pareja, de familia, de fraternidad, de trabajo, social, político, etc) No siempre lo que alguien traiciona es la confianza real.

Muchas veces la defraudada es la ilusión de quien creía que el otro era confiable o deseaba que lo fuera, aunque dicha expectativa no resultara "fruto de la experiencia y la actuación". También hay quienes destruyen un verdadero lazo de confianza. Eso no siempre es explicable: la psiquis y el corazón humano son universos infinitos que contienen zonas misteriosas, y con ese misterio, con el propio y con el del otro, hay que vivir y convivir.

Quien confía, con confianza certera, suele ser una persona que cree en sus propios recursos, que ha aprendido, a través de las experiencias vividas, a hacerse responsable de su vida, a generar los que Fritz Perls, el padre de la terapia gestáltica (de quien se puede leer, entre otras obras, Sueños y existencia) denominó la capacidad de autoapoyo. Y quien malversa la confianza, acaso lo hace porque no confía en su propia capacidad para afrontar ante otro na situación difícil. Ese ser no es confiable para sí mismo.

Confianza proviene del latín, confido, que significa "esperanza en la buena fe de alguien". Su traición denuncia mala fe, y ésta nace de mentirse a uno mismo, porque quien actúa de mala fe sabe siempre lo que hace.

En El camino a la Meca, obra del dramaturgo sudafricano Athold Fugard Albee (heredero de Arthur Miller, Tennessee Williams y Edward Albee), un personaje dice que la confianza es más importante que el amor. En realidad, no puede haber amor sin confianza y, a su vez, la confianza es esencial en la construcción del amor. La confianza es una forma del amor.

Nuestro amigo Santiago se pregunta si una vez traicionada puede ser reconstruida, si hay segunda oportunidad. No existen dos seres humanos iguales; cada vínculo es diferente. ¿Cómo aplicar una respuesta única en un universo tan misterioso?. Si hay una segunda oportunidad, pienso, dependerá, igual que la primera, de que las acciones cimenten y construyan el sentimiento.

Las acciones, los gestos, las actitudes la responsabilidad. La confianza se construye o se repara de cuerpo presente, con un yo y un tú que se sumerjan juntos en la experiencia. Cuando la confianza es defraudada, aunque el traicionado sufre, quien se empobrece definitivamente es el fraudulento, porque él vivirá siempre consigo mismo. Es decir, con alguien inconfiable. Que al traicionar, se traiciona.

Sergio Sinay sergiosinay@gmail.com
Fuente: La Nación

miércoles, 4 de junio de 2008

La amistad en tiempos posmodernos

Con demasiada facilidad, decimos de alguien que es nuestro amigo o calificamos una relación de amistad, cuando, de facto, sólo se funda en intereses de orden muy distinto, que constituyen el núcleo de tal vinculación. A veces, lo decimos por ingenuidad, otras veces, porque deseamos persistir en el engaño y creer que, de veras, tenemos amigos, cuando, la verdad, es que estamos enteramente solos.

De hecho, la amistad responde a la necesidad, al profundo deseo de comunicación y de vida compartida que siente el ser humano desde lo más hondo de su ser.

Somos seres vulnerables, necesitamos la comprensión y el afecto de los otros. Sólo el dios de Aristóteles o el Uno plotiniano se pueden permitir el lujo de no tener amigos, pero el ser humano requiere del vínculo de la amistad, para vivir, para desarrollarse plenamente.

A nadie se le escapa, que necesitamos amigos para aspirar a una cierta felicidad. Necesitamos confidentes, personas cercanas a quiénes poder revelar nuestros secretos más íntimos, nuestras angustias y temores. Necesitamos ser escuchados, ser amados, ser aceptados incondicionalmente, más allá del cálculo de rendimientos.

La amistad es la culminación de vida interpersonal, el más preciado de los vínculos. Más allá de la amistad útil y de la que se funda en el placer, está la amistad pura, la que se construye sobre el bien y cuya finalidad es el bienestar del amigo, su eudaimonia.

La amistad solamente adquiere pleno valor si supera la prueba del tiempo, si el lazo que une a los dos amigos supera las contrariedades y los avatares de la historia.

Este vínculo se ha descrito de múltiples maneras y ha adquirido formas muy variadas a lo largo de la historia, pero la amistad constituye uno de esos lazos universalmente compartidos en todas las culturas. Es virtud, vínculo y sentimiento, una extraña mezcla de fenómenos que dota de valor y sentido de la vida humana.

Se trata de una relación de mutua benevolencia, fundada en la complicidad y en la confidencialidad, que exige un pacto tácito de obligaciones y de deberes. Lazo profundo que se cuece a lo largo de los años y que salva a los hombres de la soledad.

¿Puede haber algo así como una amistad líquida? ¿No se trata de un contrasentido? La amistad requiere de solidez, de confianza. Uno sabe que cuenta con un amigo, cuando puede acudir a él a cualquier hora, cuando es aceptado por ser quién es y no por el papel que representa en la sociedad.

En tiempos de modernidad líquida, la amistad se presenta como un lazo excesivo, como algo desmesurado para la mentalidad de la debilidad. Da miedo afianzar un vínculo de tales dimensiones, ir más allá de la cháchara y la juerga de los viernes, estar dispuesto a sacrificarse por el bien del amigo. Es evidente que se requieren amigos, pero no se concibe este vínculo con la seriedad que tradicionalmente se le ha atribuido.

Chateamos y tenemos compinches con quienes chatear. Necesitamos comunicarnos, establecer redes y tener la sensación que somos socialmente relevantes. Los compinches o colegas on line, como bien lo sabe cualquier adicto, van y vienen, aparecen y desaparecen, pero siempre hay alguno en línea para ahogar el silencio con “mensajes”. En la relación de “colegas”, el ir y venir de los mensajes, la circulación de mensajes, es el mensaje, sin que importe el contenido. Esta relación de colega nada tiene que ver con la seriedad de la amistad, ni con las exigencias que acarrea tal vínculo.

Francesc Torralba Roselló
Fuente: www.misionjoven.org

lunes, 2 de junio de 2008

Ciberbullying, nueva forma de acoso


El fenómeno del ciberbullying no es sólo una extensión a las NTICs (Internet, telefonía móvil...) del bullying tradicional o acoso escolar. Coincide en ciertos aspectos, pero son muchas también las diferencias y los matices y van más allá de la mera forma en la que se materializa la amenaza o el maltrato psicológico.(leer más)

jueves, 6 de marzo de 2008

Aprender a ser virtuosos

Nota editorial: luego de ver y oir lo presentado en este video, los comentarios están de más. Simplemente me gustaría expresar que no es tan diferente la situación en España que en Argentina u otros países; todos o muchos estamos padeciendo una crisis de valores humanos que redunda en falta de valores ciudadanos.

miércoles, 13 de febrero de 2008

Primera infancia y valores

Los niños en sus primeros años de vida no son capaces de razonar al modo de los adultos pero, internalizan cuanto les llega desde afuera. A partir de los dos años, hasta cumplir los siete aproximadamente,según Erik Erikson (1), los niños incorporan todos aquellos valores que luego pondrán en práctica durante su vida adulta. de ahí que la primera educación pasa por intentar hacerles vivir los valores.

¿Cuál es el ámbito de adquisición de esos valores?, ni más ni menos que el hogar, a través de su familia. La primera infancia no es la edad del razonamiento y no se puede esperar ninguna respuesta de orden moral porque, su esquema de razonamiento es aún muy rudimentario. Ellos miran, observan lo que sucede a su alrededor pero sin comprender demasiado.

Seguirán un camino equivocado los padres que pretendan enseñarles como si comprendieran lógicamente.
De todos modos, la mente infantil no espera la edad de la razón para empezar a formarse.
Los niños que atraviesan la primera infancia aprenden de lo que ven para, más adelante, unir imagen y razonamiento; al principio viven y hacen lo que ven, son grandes imitadores y actores que copian actitudes y conductas de los adultos.

Les gusta explorar y descubrir cosas siguiendo un camino de estructuración y de integración de su yo en el cual los padres son simplemente guías .Los padres que se muestran atentos, descubrirán también que el niño aprende muy rápido lo que está bien y lo que no, y entiende perfectamente lo que vive y ve: si hay dulzura, orden, paciencia, serenidad en los adultos irá copiando esos valores y adquiriendo hábitos.

Es bueno en esa etapa, estimularlos y expresar mediante gestos, todo cuanto van logrando, felicitándolos cuando hacen algo bien.

Si en nuestras mascotas podemos observar que, cuando hacen algo bien esperan una caricia y cuando hacen algo mal se esconden y miran de soslayo, cuánto más los niños. Ellos tienen inteligencia y reconocen desde muy pequeños lo que está bien o mal pero, hay una condición que no debemos obviar: los padres, los abuelos, los hermanos mayores, deben ser ejemplo de aquéllas actitudes que quieran transmitir.

El niño en sus primeros años necesita ver y oir cosas buenas y bellas para estimular su imaginación y su fantasía. Los cuentos que puedan leerle la abuela o el abuelo, o sus padres, mostrándoles imágenes bonitas, los ayudarán a incorporar lo bueno y lo bello.

Y si un niño va adquiriendo noción de lo bueno y lo bello, difícilmente llegue a ser un adulto que no lo refleje en toda su persona porque, si recibió lo bueno,
dará de lo bueno que fue anidando en su ser, cuando aún era muy pequeño y no razonaba del todo lo que veía y oía a su alrededor.


(1) Psicoanalista nacido en Frankfurt, Alemania, el 15 de mayo de 1902. Murió en 1994-

martes, 29 de enero de 2008

Video sobre educación en valores

Está todo dicho, las imágenes hablan por sí mismas. ¿Qué semejanzas encontramos entre lo que nos muestra este video y la conducta de muchos argentinos?. La "viveza criolla" como la llamamos aquí, es patrimonio de quienes se ufanan de ser más despiertos que los demás porque simplemente son transgresores de las normas y van transmitiendo a sus hijos un estilo de vida que no enriquece a nadie, ni a ellos mismos ni a la sociedad.