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miércoles, 8 de abril de 2015

Redescubrir el rol de la mujer en la Iglesia a partir de la Iglesia Doméstica.



Ya se cumplieron dos años de que el Papa Francisco está conduciendo este tiempo de la Iglesia. Recuerdo que Juan Pablo II decía que el siglo veintiuno sería espiritual o no sería y me puse a pensar cuántas acciones renovadoras está realizando el actual Papa en ese sentido, resaltando el valor de una espiritualidad encarnada en la vida diaria, especialmente en lo concerniente al matrimonio y la familia, asunto sobre el cual esperamos ávidamente el resultado del próximo Sínodo a realizarse en Roma del 5 al 19 del próximo mes de octubre de 2015.

Entre los asuntos pastorales que preocupan al Papa Francisco, ocupa un lugar importante el rol y la participación de la mujer en la Iglesia . Circulan numerosas teorías de cómo debería ser esa participación pero, la más preocupante a mi entender, es la que procura establecer una igualdad de roles entre hombres y mujeres que, al menos en principio, iría en una dirección errónea.

¿Por qué errónea se preguntarán algunos? ¿Acaso no es saludable buscar la igualdad entre hombres y mujeres? ¿Acaso la Iglesia no debería admitir que la participación en la pastoral fuera igual tanto para hombres como para mujeres?

Es algo que da para pensar y mucho porque hoy, todo lo que sea la búsqueda de igualdad, el asunto de la ideología de género, el tema de los derechos humanos, ha dejado lugar a la pura especulación y, cuando quienes se ocupan de dilucidar nuevas situaciones como serían los teólogos por ejemplo, a veces en lugar de aclarar, confunden.

Lo primero que tenemos que entender los cristianos es que Dios creó a la humanidad, creó al hombre y creó a la mujer y les asignó una misión, reproducirse para reproducir la humanidad. No pensó al hombre solo ni a la mujer sola, pensó en una pareja humana tal como en la naturaleza hay parejas de animales ¿para qué? para que las especies no se extingan.


Dios pensó la humanidad y puso en el centro a la familia porque ésta es una comunidad de vida, sin familia no hay generación de vida ni individuos de reemplazo de generación en generación. Y para plasmarlo se necesita tanto al hombre como a la mujer. Simplemente una referencia para ubicar el rol de la mujer en la Iglesia que no es otro que el mismo que desarrolla en la vida familiar y social, ser un canal que aporta lo que el hombre no posee. Ambos somos necesarios, tanto el hombre como la mujer. Luego se resolverán las cuestiones de modo de participación en la Iglesia pero, como mujer que participó y participa de la vida eclesial, no me parece justo que se esté tildando desde ciertos sectores parroquiales al Papa Francisco como "machista" porque quienes tildan de "machistas" son las mujeres "feministas" y las oposiciones no son buenas, los "ismos" como machismo o feminismo no deberían ser categorías con las cuales evaluar ciertas cuestiones; de hecho solamente lo hacen quienes se sienten afectados por situaciones pasadas o presentes en las que se los ha discriminado, rebajado, ignorado. Pero no es el caso del Papa Francisco que, cuando era el Arzobispo de Buenos Aires y Cardenal Jorge Mario Bergoglio, tenía un tratamiento equitativo que iba mucho más allá del sexo masculino o femenino.

Lo que sucede hoy es que la ideología de género ha invadido toda actividad humana pero consiste en un concepto puramente político que no debería alcanzar ni a la familia ni a la Iglesia porque se limita a un sector de la población femenina y/o masculina que valora mucho más la individualidad de la persona que la complementariedad pensada por Dios para el ser humano. No rebaja a la mujer realizar de manera diferentes tareas que los hombres realizan de otro modo, no tiene que igualarse la mujer y dejar su femineidad de lado para hacerse valer porque tanto el hombre como la mujer tienen una distinción propia que los caracteriza, una delicadeza femenina que no anula la firmeza de carácter que imprime a sus actos y en el caso del varón,  una fortaleza masculina que nos hace sentir protegidas y amparadas. La verdad que sería muy aburrido que nos igualáramos tanto y en todo que no pudiéramos tener la oportunidad de descubrir uno en el otro lo que nos complementa.

Por más que se apele a buscar igualarnos, nunca lo lograremos porque estaríamos anulando lo que Dios dispuso, lo demás son cuestiones menores, no me hace más servidora de la Iglesia estar arriba de un altar exhibiendo un pedacito de poder, me hace más servidora de Jesús y de mi prójimo, estar en el lugar que me necesite la comunidad pero el primer lugar, la primera iglesia que necesita de mi colaboración es la Iglesia doméstica, mi familia. No tengo por qué pelear para subir a los codazos desplazando a otros, tengo que tener la humilad de María que no se hizo grande por el reconocimiento de sus pares sino por ser Madre y actuar como tal, con amor y paciencia y sobre todo reconociendo su ser MUJER .

Como mujer quiero tener la posibilidad de integrar una Iglesia comunidad de discípulos misioneros que se comprometa a dar a cada uno el lugar que le corresponde sin que nadie se sienta discriminado por sexo, edad o formación porque hay un lugar para todos en esa gran familia creada por Dios mismo.

María Inés Maceratesi

Preguntas para la reflexión:

¿Por qué la familia es la Iglesia Doméstica?
¿Qué entendemos por Iglesia? ¿Es el lugar a dónde vamos a rezar o a realizar una acción pastoral?; ¿Tenemos que preguntar qué es la Iglesia o quién es Iglesia?
¿Es necesario que la mujer luche por un lugar en la Iglesia que supuestamente no le otorgan los clérigos?
La Iglesia es una comunidad y la familia es una comunidad. ¿Qué es lo que une ambas comunidades?



domingo, 4 de agosto de 2013

Día del Párroco 4 de Agosto de 2013



Hoy se celebra en toda la Argentina el Día del Párroco en honor al Santo Patrono de los sacerdotes: San Juan María Vianney que dijo:

"Hay muchos cristianos que no saben por qué están en el mundo.-¿Por qué Dios mío, me has puesto en el mundo?-Para salvarte.-y ¿por qué quieres salvarme?-Porque te amo.
iQue bello y grande es conocer, amar y servir a Dios! Es lo único que tenemos que hacer en el mundo. Todo lo demás es tiempo perdido


Los que misionamos en la Iglesia puertas adentro y puertas afuera, necesitamos mucho de ellos porque son la luz que nos guía en el camino, son los que nos animan a salir y dar razones de la fe que profesamos. Un párroco es el que está al servicio de toda la Iglesia en una Parroquia, una porción de la Diócesis confiada a su cuidado y tiene que ser testimonio de la luz de Cristo en el barrio, en la ciudad y en todo ambiente que le toque frecuentar.

Es muy importante darse cuenta de la calidad de Iglesia que tenemos a través de la obra que realizan los distintos párrocos en sus parroquias y es muy fácil advertir que cuando una Parroquia tiene una nutrida actividad pastoral es porque hay un párroco que la conduce y anima a los diferentes grupos o asociaciones parroquiales, a realizar una misión pastoral que se traduce en actividades puntuales: catequesis, acción social, espiritualidad, atención a personas en situaciones especiales y muchas otras que cada parroquia deberá crear atendiendo a las necesidades de las personas que la frecuentan.

Un ejemplo de conducción nos está hoy dando nuestro Papa Francisco, algo que sostuvo insistente y perseverantemente durante los años que lo tuvimos en nuestro país como sacerdote, obispo y cardenal primado de la Argentina. Quizá solamente los que sabían de su labor pastoral porque estaban cerca o porque él mismo se presentaba en las parroquias a visitarlas y ver cómo estaban funcionando, eran conscientes de que siempre llamó a la humildad a los sacerdotes y más aún a los que tenían una misión especial como por ejemplo ser párrocos. Hoy lo sigue haciendo, sigue llamando a salir de la parroquia, a ir a la periferia, a ocuparse y acompañar a los más necesitados pero no todos están abiertos a esa llamada, son muchos los que se abroquelan y se quedan encerrados encerrando así al Espíritu Santo, poniéndole un cerrojo y dando a entender que los únicos que están haciendo lo correcto son los que se cobijan dentro de las cuatro paredes de un templo.

¡Cuánto tenemos que agradecer a esos párrocos que salen de su parroquia y confían el cuidado y atención de la misma a alguna otra persona para ellos dedicarse a lo importante!. ¡Cuántas son las ocasiones en las que personas se acercan a la parroquia en busca de una ayuda desesperada y deben esperar a que sea la hora de atención de secretaría!. Qué diferencia hay entonces con el trabajo de un encargado de edificio o portero que cumple su horario y si se rompe un caño en horario de descanso habrá que esperar su vuelta al trabajo o acudir al administrador.

En realidad hoy necesitamos párrocos dispuestos a estar presentes y abiertos a los cambios, y considerar que pueden tener personas encargadas de reemplazarlo o ayudarlo cuando no pueda encargarse personalmente de algunas cuestiones. Los cristianos debemos aprender que la tarea principal de un párroco es ser pastor, ser sacerdote, ser cura y un cura se dedica principalmente a curar el alma de quienes le piden una ayuda espiritual porque atraviesan momentos de crisis, no es ocuparse del edificio parroquial para que esté impecable sino proveer de los recursos humanos y materiales para que la porción de pueblo de Dios que le ha sido confiada, pueda ser atendida en sus necesidades espirituales y materiales si fuera necesario pero por sobre todas las cosas es una persona llamada por Dios a ser "el Buen Pastor" entre sus ovejas, conociéndolas y yendo a buscar siempre a la que se ha perdido. Un párroco que no conoce a sus ovejas o que las expulsa del corral debería al menos llamarse a meditar si está realizando su misión como el Señor se la encarga, si está haciendo discípulos misioneros o simplemente obedientes ejecutores de órdenes por él dadas.

Gracias a Dios hoy vemos muchos párrocos con "olor a oveja"como pidió el Santo Padre y cada vez serán más porque ese estilo de vida es el que nos propone el Evangelio, pastores saliendo al encuentro de las ovejas en las orillas de los caminos y buscando a los más alejados para anunciarles que Jesús los ama y quiere compartir su vida.

Gracias por todos aquéllos pastores que conocí, conozco y conoceré que responden a este modo de relacionarse con la gente, que caminan los barrios y se meten en todos los lugares para averiguar personalmente qué está sucediendo especialmente con los niños y los ancianos, los dos extremos de la vida que necesitan más atención. 

Y por último una anécdota personal: hace unos diez años, una amiga mía tenía un geriátrico que yo nunca había visitado pero un sábado me llamó muy emocionada diciéndome que me acercara porque iba a ir Mons. Bergoglio (hoy el Papa Francisco) a recorrer los geriátricos de la Vicaría Flores. Allá fui y los ancianos lo esperaron con su mejor sonrisa y su mejor indumentaria. Qué alegría demostraron cuando se hizo presente y los saludó uno por uno con enorme humildad y con mucho cariño! pero a la vez noté que miraba todo el entorno con mucha atención, el estado de la casa, quienes eran los encargados, en fin...la casa era bastante humilde y quizá no contaba con todo el confort pero el corazón de sus encargados era muy grande y atendían a cada anciano con mucho amor. Seguramente, nunca lo supe, habrá hecho su evaluación pero sí se que cuando se retiró, a pesar de ser muy breve la visita, los ancianos destilaban alegría por la visita de su pastor. 

Que Dios bendiga hoy a cada párroco que es testigo del Evangelio en su situación particular y se entrega por completo al servicio del mismo ayudándonos a correr el velo que nubla nuestra conciencia para que podamos ver y oir la voz de Dios. Ojalá a la hora de tratar con quienes acudan a él recuerde que muchos no leerán otro Evangelio más que lo que les muestre con su propia vida.

María Inés Maceratesi
Catequista-Agente de Pastoral Familiar y Social-Comunicadora

lunes, 18 de marzo de 2013

Un cielo nuevo y una tierra nueva gracias a S.S.Francisco



Estamos a pocas horas de asistir a un hecho no sólo histórico sino también teológico, la asunción de un nuevo Papa, un Papa del Siglo 21 que nos dará grandes sorpresas. A mi entender comienza una etapa signada por el testimonio más que por las palabras, comienza lo que Juan Pablo II ya nos había anunciado: "el siglo 21 será espiritual o no será"

¿Pero quién es este hombre que se atreve a romper con el protocolo, que usa zapatos gastados y se despoja de oropeles usados durante siglos?

Quienes vivimos en Argentina y más puntualmente en la Arquidiócesis de Buenos Aires no nos asombramos de los gestos que realiza porque llevamos años escuchándolo decir que tenemos que ser testigos, que nuestras palabras serán creíbles si se acompañan con los gestos adecuados. No nos asombra el despojo ni la alegría que emana porque su prédica siempre se basó en la alegría y en la fiesta.

Jorge Mario Bergoglio sj nació en Buenos Aires el 17 de diciembre de 1936. Estudió y se diplomó como técnico químico, pero al decidirse por el sacerdocio ingresó en el seminario de Villa Devoto. El 11 de marzo de 1958 pasó al noviciado de la Compañía de Jesús, estudió humanidades en Chile, y en 1960, de regreso en Buenos Aires, obtuvo la licenciatura en Filosofía en el Colegio Máximo "San José", de San Miguel.

Entre 1964 y 1965 fue profesor de Literatura y Psicolog{ia en el Colegio de la Inmaculada de Santa Fe, y en 1966 dictó iguales materias en el Colegio del Salvador de Buenos Aires.

De 1967 a 1970 cursó Teología en el Colegio Máximo "San José", de San Miguel, cuya licenciatura obtuvo. El 13 de diciembre de 1969 fue ordenado sacerdote.

En 1971 hizo la tercera probación en Alcalá de Henares (España), y el 22 de abril de 1973 su profesión perpetua.

Fue maestro de novicios en Villa Barilari, de San Miguel (años 1972/73), profesor en la Facultad de Teología y Consultor de la Provincia y rector del Colegio Máximo. El 31 de julio de 1973 fue elegido provincial de la Argentina, cargo que ejerció durante seis años. Estuvo en Alemania, y al volver la superioridad lo destinó al Colegio del Salvador, de donde pasó a la Iglesia de la Compañía, de la ciudad de Córdoba, como director espiritual y confesor.

Entre 1980 y 1986 fue rector del Colegio Máximo y de las Facultades de Filosofía y Teología de la misma Casa.

El 20 de mayo de 1992, Juan Pablo II lo designó obispo titular de Auca y auxiliar de Buenos Aires a cargo de la Vicaría Flores. El 27 de junio del mismo año recibió en la Catedral la ordenación episcopal de manos del cardenal Antonio Quarracino, del Nuncio Apostólico Ubaldo Calabresi y del obispo de Mercedes-Luján, monseñor Emilio Ogñénovich.

En junio de 1997, el Papa lo designó Arzobispo Coadjutor de Buenos Aires. Asume como Arzobispo de Buenos Aires el 28 de febrero de 1998 tras el fallecimiento de Antonio Quarracino.
Es creado Cardenal Primado de la Argentina por el Papa Juan Pablo II en el Consistorio del 21 de febrero de 2001 con el título de San Roberto Belarmino.

En la actualidad se desempeñaba como:

Miembro de la Congregación para el Culto Divino y  la Disciplina de los Sacramentos
Miembro de la Congregación para el Clero.
Miembro de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.
Miembro del Comité de la Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia.
Miembro del Consejo Post Sinodal.
Consejero de la Pontificia Comisión para América Latina.
Presidente de la Comisión Episcopal para la Pontificia Universidad Católica Argentina.
Gran Canciller de la Universidad Católica Argentina.
Moderador del Tribunal Eclesiástico Nacional de segunda instancia.
Moderador del Tribunal Interdiocesano Bonaerense.

Le queda por delante una gran tarea, la de los nombramientos de sus sucesores en la Arquidiócesis de Buenos Aires; que el Espíritu Santo lo ilumine para que quienes lo sucedan sean capaces de llevar adelante una Diócesis tan extensa y difícil por su heterogeneidad que está dividida en cuatro Vicarías Zonales: Centro, Flores, Belgrano y Devoto, cada una a su vez cuenta con cinco Decanatos, lo cual requiere de un gran trabajo para lograr una acción pastoral que responda a los desafíos y realidad de cada zona.

Más allá de todo, Argentina está feliz por su nombramiento como Santo Padre pero se nos mezcla es sentimiento de tristeza porque vamos a extrañar su estilo campechano, su agudeza intelectual, su manera de decir y la humildad que lo caracteriza. El mundo ganó un Santo Padre que tendrá ante todo coraje porque su tarea está iluminada por el Evangelio y acompañada por el Espíritu Santo.

María Inés Maceratesi

Nota: parte de su biografía fue extraida del libro "Diálogos entre Juan Pablo II y Fidel Castro" realizado por el Grupo de Reflexión "Centesimus Annus" del cual era Coordinador.


jueves, 10 de septiembre de 2009

Los catequistas y la retribución económica.

Cuestión de justicia y no de libre contribución




Cuestión de justicia y no de libre contribución

Estamos transitando tiempos de reacomodación económica, donde los distintos grupos de trabajadores tratan de ajustar cada vez más su situación a los nuevos indicadores económicos. La crisis internacional (y sus efectos en nuestro país sumados a los problemas locales) hace imprescindible activar los mecanismos que permitan a todos vivir dignamente este momento de la historia. En los medios de comunicación y en la conciencia social, se va instalando como uno de los temas prioritarios la cuestión salarial: en Argentina el costo de vida va cambiando y llegar a fin de mes es cada vez más complicado.

En un primer vistazo, puede parecer que esta situación tiene poca relación con la catequesis y con los catequistas, tal vez porque no se ha considerado seriamente el tema de la retribución económica. Nos parece que es tiempo de hacer planteos más serios sobre el asunto...

Aproximándonos al tema

No se trata de una problemática exclusivamente “económica”, sino que se relaciona, por un lado, con una perspectiva pastoral (ya que se pone en juego la calidad del trabajo catequístico), y, por otro, con una cuestión de justicia (en lo referente a la responsabilidad de la comunidad sobre el catequista, ya sea parroquial o escolar).

La remuneración de los catequistas parece ser un tema tapado por algunos supuestos; o, peor, por el olvido de la condición laical de la mayoría de las personas que llevan adelante esta tarea de educar en la fe. Al parecer, no existen muchos documentos que aborden la cuestión específicamente, y los que se refieren a ella de manera indirecta no parecen muy difundidos. Hemos encontrado algunos que mencionan el tema. De ellos utilizaremos, para estas reflexiones, los criterios que nos pueden ofrecer algunas pistas sobre el asunto.

Es importante enmarcar estos planteos en el nuevo contexto social y pastoral. Podemos destacar: un proceso de cambio de época, con grandes transformaciones culturales (Marcelo González), la crisis del sistema catequístico (Emilio Alberich) y la apremiante nueva evangelización (Juan Pablo II, Benedicto XVI) que se propone la comunidad eclesial. Se pueden vislumbrar las nuevas exigencias que la tarea de la catequesis presenta a los varones y a las mujeres que le dedican su tiempo. Algunas exigencias que resultan de ésta: la necesidad de formación continua y de actualización, la permanente reflexión sobre la cultura de los destinatarios, la exigencia de mejor preparación de las propuestas, una espiritualidad más profunda y encarnada, más trabajo de planificación en equipo... En síntesis, mayor eficacia y calidad en la tarea de educar en la fe.

La mayoría de los catequistas son laicos. Y, en este punto, es necesario recordar lo específico de la vocación laical: su presencia en el mundo. Por la mayor toma de conciencia de la importancia de esta vocación (y por la crisis de agentes pastorales consagrados), afloran los movimientos apostólicos laicales y su compromiso eclesial en diversos ministerios y servicios dentro de la Iglesia. “Pero es en el mundo donde el laico encuentra su campo específico de acción. Por el testimonio de su vida, por su palabra oportuna y por su acción concreta, el laico tiene la responsabilidad de ordenar las realidades temporales para ponerlas al servicio de la instauración del Reino de Dios. En el vasto y complicado mundo de las realidades temporales, algunas exigen especial atención de los laicos: la familia, la educación, las comunicaciones sociales. Entre estas realidades temporales no se puede dejar de subrayar con especial énfasis la actividad política...” (Documento de Puebla, 789-791).

Es necesario recordar que los laicos encuentran el sustento económico en la tarea que realizan por su oficio o profesión, y que las actuales condiciones de “flexibilización y precarización laboral”, que el sistema neoliberal ha generado de manera estructural, hacen este propósito (sostenerse materialmente) cada vez más difícil. En este contexto es que creemos más urgente plantear una reflexión acerca de la retribución económica de los catequistas que dedican gran parte de su tiempo (o su tiempo completo) a la catequesis... Pensamos también en aquellos que llevan adelante esa tarea vocacional y profesionalmente: nos referimos también a los docentes catequistas escolares.

La Congregación para la Evangelización de los Pueblos afirmaba en 1993, en la Guía para los Catequistas –haciendo referencia a los catequistas remunerados por la Iglesia, en particular los que tienen una familia a su cargo–, que la cuestión crucial es la proporción entre lo que reciben y las exigencias de la vida. Podríamos plantearlo de otra manera diciendo que hay una desproporción entre lo que se recibe (si es que se recibe algo) y las exigencias de la vida. Esto tiene algunas consecuencias.

A muchos catequistas se les hace imprescindible desempeñar otros trabajos para completar los ingresos y sostener los gastos mínimos de la vida cotidiana, por lo cual destinan poco tiempo a la catequesis, dejándola como actividad secundaria: de esta manera, la tarea suele realizarse con poca preparación, apuro y, a veces, con improvisación. En síntesis, se abandona el objetivo primero de responder a las nuevas exigencias de la situación de crisis catequística y se enfrentan ineficazmente sus desafíos.

Dos imaginarios

Existen muchos imaginarios y exageraciones, entre los cuales señalaremos dos que terminan siendo contraproducentes para la finalidad de la catequesis y no permiten pensar adecuadamente la cuestión económica:


- “La catequesis es un apostolado”. Si bien es cierto que debe haber una motivación vocacional y un impulso apostólico, puede que esta consideración pese como un “deber” que clericalice al laico y pierda de vista las demás exigencias de su vida. No es difícil encontrar personas que, después de sobrellevar mucho tiempo una situación de agotamiento pastoral y por las demandas naturales de las tareas personales, terminen por abandonar la catequesis y “desentenderse” de todo compromiso evangelizador.

- “La catequesis es cuestión de buena voluntad”. Detrás de esta absolutización, puede esconderse cierto espiritualismo que desconoce el carácter educativo de la catequesis y olvida la necesidad de la formación permanente de los catequistas (en las tres dimensiones del ser, el saber y el saber-hacer del catequista). Para este tipo de pensamiento, no es prioritaria la capacitación ni la actualización permanente, de lo cual se sigue la poca importancia dada a la búsqueda de los medios económicos necesarios para llevarlas a cabo. Una posible consecuencia es la de sostener procesos técnicamente inadecuados e ineficaces, que ayudan poco a crear comunidades de fe más maduras y adultas. Con respecto a la necesidad de formación, se afirma en el decreto Ad Gentes que “hay que tener reuniones o cursos en tiempos determinados, en los que los catequistas se renueven en la ciencia y en las artes convenientes para su ministerio y se nutra y robustezca su vida espiritual. Además, hay que procurar a quienes se entregan por entero a esta obra una condición de vida decente y la seguridad social por medio de una justa remuneración” (CONCILIO VATICANO II, Ad gentes, 17). Si bien se expresa principalmente para las “tierras de misión”, es válido considerar esos criterios para otras situaciones. O, mejor, podríamos considerar a toda la Iglesia en estado de misión.

Algunas consecuencias

La catequesis se ve afectada por, entre otras cuestiones, no atender adecuadamente la cuestión económica. Podemos mencionar que:

- Queda comprometido el número y la calidad de los catequistas, ya que no todas las personas que quieren y sienten el llamado a realizar esta tarea pueden abandonar sus trabajos para dedicarse a ella; y las personas más capacitadas prefieren trabajos mejor remunerados.

- Es difícil garantizar el compromiso y la estabilidad de los catequistas, porque resulta necesario desempeñar otros oficios para completar los ingresos. Resulta muy triste ver cómo muchos alumnos de seminarios o profesorados deben dejar sus estudios, debido a las dificultades para costearse los viáticos o responder a otras exigencias personales.

- Hay pocos avances en la formación permanente, porque muchos catequistas no disponen del tiempo o del dinero para participar de seminarios o cursos.

- Se nota una desvalorización del catequista en algunos ámbitos (como el escolar), ya que la consideración del trabajo se aprecia por lo que retribuye y se corre el riesgo de considerar a los catequistas trabajadores de inferior categoría, generando malestar en la tarea y desconociendo el carácter educativo que tiene.

¿Y en la escuela qué?

Es posible distinguir entre la situación de los catequistas parroquiales y los escolares. Algunos piensan que en la escuela está resuelta la cuestión económica de los catequistas, ya que suponen que las regulaciones legales garantizan condiciones laborales justas. Un ejemplo de lo antedicho lo encontramos en un párrafo de la citada Guía para los Catequistas: “Se reconoce unánimemente que la cuestión económica es uno de los obstáculos más serios para poder contar con un número suficiente de catequistas. Ese problema no se plantea, desde luego, con los maestros de religión en las escuelas oficiales, ya que estos reciben el sueldo del Estado” (CONGREGACIÓN PARA LA EVANGELIZACIÓN DE LOS PUEBLOS, Guía para los Catequistas, Roma 1993, 31; el subrayado es nuestro). Podríamos decir que esta afirmación es demasiado general o desconoce las particularidades de algunos países, como es el caso de Argentina. No siempre la legalidad ha garantizado la equidad... En nuestro país, no está generalizada la incorporación de la enseñanza religiosa como espacio programático escolar, por lo cual (en ciertas regiones) la propuesta es extraprogramática, llamándose catequesis. Los docentes extraprogramáticos (catequistas en nuestro caso) han quedado desfasados salarialmente respecto de los profesores de otras materias, ya que se rigen por leyes distintas a sus compañeros y no tienen organizado un frente gremial propio que impulse mejoras y actualizaciones que se correspondan con la actual situación económica y con la tarea que se les confía. Remitimos, por ejemplo, a la Ley 13.047 que rige a los docentes extraprogramáticos en la provincia de Buenos Aires, con una clara desigualdad con el resto de los docentes, aún con los últimos aumentos.

Por otra parte, no faltan casos en que la práctica catequística se confunde o se superpone con tareas pastorales, sin distinguirlas o tenerlas en cuenta al momento de evaluar con justicia la remuneración. Podríamos decir, jugando con las palabras, que se da una parroquialización de la catequesis escolar, ya que se considera no tanto profesional, sino apostólicamente la tarea, con consecuencias en la retribución y en la expectativa que se genera sobre ella.

Además, destacamos el desgaste y el cansancio de los catequistas, la poca disponibilidad de tiempo y de recursos para la actualización/formación, y el peligro de caer en contradicciones entre “el mensaje proclamado” y el “mensaje vivido” en la comunidad educativa: en algunas parecería más preocupante la ortodoxia que la ortopraxis.

¿Y quién se encarga del tema?

En principio, podríamos decir que toda la comunidad, ya que es la que requiere de la catequesis para educar en la fe a sus miembros; y, dentro de ella, las personas a las cuales se les encomienda la misión y la tarea de organizarla, animarla y fortalecerla (obispos, sacerdotes, religiosos, coordinadores laicos, etc.).

En la exhortación apostólica Catechesi tradendae, Juan Pablo II se dirige a los obispos diciéndoles: “Vuestro cometido principal consistirá en suscitar y mantener en vuestras Iglesias una verdadera mística de la catequesis, pero una mística que se encarne en una organización adecuada y eficaz, haciendo uso de las personas, de los medios e instrumentos, así como de los recursos necesarios. Tened la seguridad de que, si funciona bien la catequesis en las Iglesias locales, todo el resto resulta más fácil” (JUAN PABLO II, Catechesi tradendae, 63). Y la Guía para los Catequistas afirma, en relación con los sacerdotes, que “especialmente los párrocos, como educadores en la fe y colaboradores inmediatos del Obispo, tienen un cometido inmediato e insustituible en la promoción del catequista. Si como pastores deben reconocer, promover y coordinar los distintos carismas en el interior de la comunidad, de manera especial deberán seguir a los catequistas que comparten su trabajo de anunciar la Buena Nueva. Han de considerarlos y aceptarlos como personas responsables del ministerio que se les ha confiado y no como meros ejecutores de programas preestablecidos. Promuevan su dinamismo y creatividad y eduquen a las comunidades para que asuman su responsabilidad en la catequesis y acojan a los catequistas, colaboren con ellos y los sostengan económicamente, teniendo en cuenta si tienen a su cargo una familia” (CONGREGACIÓN PARA LA EVANGELIZACIÓN DE LOS PUEBLOS, Guía para los Catequistas, 35). Los planteos son claros.

No conocemos textos que definan con precisión las responsabilidades en las comunidades educativas. El sentido común indica que quienes están a cargo de animar y gestionar la escuela tienen el desafío de dar respuesta a este tema y encontrar caminos de diálogo y reflexión creativa para llegar a propuestas de solución justas.

Unas palabras para terminar (o para empezar a ocuparnos del tema)

Para terminar y a modo de síntesis (pero sin intención de cerrar el tema), nos hacemos eco de algunas propuestas –criterios o acciones concretas– para avanzar juntos.

- La retribución del catequista es una cuestión de justicia y no de libre contribución. Los catequistas, de dedicación plena o parcial, deben ser retribuidos según normas precisas, establecidas a nivel de la diócesis y de la parroquia, teniendo en cuenta los recursos económicos de la Iglesia particular, de la situación personal y familiar del catequista, en el contexto económico general, reservando especial atención a los catequistas enfermos, inválidos y ancianos.

- En el caso de los catequistas escolares, puede ser interesante la creación de espacios de diálogo y reflexión con los responsables de la administración de las instituciones, para encontrar mecanismos de ajuste y equiparación, de acuerdo al contexto económico, en una actitud superadora del marco legal, si es que el caso lo demandara.

- Los presupuestos de las diócesis y de las parroquias deberían destinar a la acción catequística una cuota proporcionada de los ingresos, siguiendo el criterio de dar la prioridad a los gastos de la formación. Es importante que los fieles tomen conciencia y se hagan cargo del mantenimiento de los catequistas, sobre todo cuando se trata del animador de su comunidad local (en el caso de comunidades que no son atendidas regularmente por un sacerdote).

- Sería también interesante remarcar la necesidad de la adecuada formación y actualización de los catequistas, como una cuestión prioritaria, ya que la calidad de las personas que desempeñan tareas pastorales y catequísticas tiene prioridad respecto de las estructuras. Dicho de otra manera, que los presupuestos destinados a la catequesis no se destinen a otros fines ni se reduzcan.

- Se deberían buscar modos de colaboración económica y sostenimiento para los centros de catequistas, favoreciendo el acceso a becas para aquellos catequistas que lo necesiten.

- Al mismo tiempo, será importante promover y multiplicar los catequistas voluntarios, que se comprometan a una cooperación a tiempo limitado (y establecido claramente), con regularidad, pero sin una verdadera remuneración porque tienen ya otro empleo fijo. En este sentido, es necesario educar a la comunidad para considerar la vocación del catequista como un servicio a la Palabra, más que como un empleo de vida, aunque corresponda retribuir a algunos por las razones mencionadas en el artículo.

Terminamos citando al texto inspirador de estas reflexiones, cuando dice: “En resumen, el problema económico exige una solución a partir de la Iglesia local. Todas las otras iniciativas son una buena contribución y han de potenciarse, pero la solución radical hay que buscarla localmente, especialmente con una acertada administración, que respete las prioridades apostólicas, y educando a la comunidad a dar la debida contribución económica.” (CONGREGACIÓN PARA LA EVANGELIZACIÓN DE LOS PUEBLOS, Guía para los catequistas, 31-32).

El tema recién está planteado. Ojalá se pueda profundizar y actuar en consecuencia.

por: Juan Pablo Gasme

Nota:

Los interesados en continuar profundizando sobre este tema pueden ponerse en contacto con el autor de este artículo escribiendo un mail a juanpablogasme@yahoo.com.ar

miércoles, 26 de agosto de 2009

Comunicado sobre la despenalización - Sacerdotes para las villas de emergencia

Ante el fallo de la Corte Suprema de Justicia del día de hoy, quienes integramos el Equipo de Sacerdotes para las Villas expresamos a continuación nuestra humilde opinión, que ratifica plenamente aquellas reflexiones que se hicieran públicas .

1. Nosotros somos respetuosos de los fallos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Valoramos su autoridad. Además creemos en el valor de las instituciones para el crecimiento de nuestra Nación.

2. Por otro lado nuestra palabra sobre la despenalización no pretende ocupar el lugar que tiene la palabra de la Conferencia Episcopal Argentina sobre este tema.

3. Con espíritu de aportar al diálogo –ofreciendo el propio pensamiento y buscando integrar el pensamiento diferente- y no de confrontar, hicimos público nuestro documento: “La droga en las Villas: despenalizada de hecho”.

4. Queríamos defender a nuestros vecinos villeros -estigmatizados por tantas cosas-, afirmando que una cosa es la Villa y otra el narcotráfico. Y señalar que los primeros que sufren las consecuencias del narcotráfico son los habitantes de estos barrios humildes.

5. El Evangelio de Jesús nos invita a pararnos en las periferias geográficas y existenciales y desde allí mirar. Nos invita a entrar en comunión con los más pobres, y desde los pobres llegar a todos. Este camino desde los pobres a todos nos parece un programa más que valido a la hora de trazar políticas de Estado, a la hora de legislar y a la hora de juzgar.

6. Muchos de los niños, adolescentes y jóvenes de nuestros barrios no viven sino que sobreviven y muchas veces la oferta de la droga les llega antes que un ambiente dichoso y sano para jugar, llega antes que la escuela, o llega antes que un lugar para aprender un oficio y poder tener un trabajo digno. Se acortan así las posibilidades de darle un sentido positivo a la vida. “Hoy, fundamentalmente, en nuestra cultura la dignidad de la vida se juega en el eje inclusión-exclusión; comunión-aislamiento” (Carta pastoral de la CEA, del 20 de agosto del 2009. Nº 22)

7. No pretendemos que la responsabilidad frente a esta situación de desigualdad de oportunidades quede sólo en manos del Estado. La solidaridad es en primer lugar que todos nos sintamos responsables de todos. (Cf. CIV 38)

8. Nos preguntamos: ¿cómo decodifican los chicos de nuestros barrios la afirmación de que es legal la tenencia y el consumo personal? Nos parece que al no haber una política de educación y prevención de adicciones intensa, reiterativa y operativa se aumenta la posibilidad de inducir al consumo de sustancias que dañan el organismo. La experiencia de acompañar a jóvenes en el camino de recuperación y reinserción social nos ha permitido escuchar el testimonio de muchos que han empezado consumiendo pequeña cantidad de marihuana y de pronto se encontraron consumiendo drogas más dañinas aun como el paco. La vida se les volvió ingobernable. Por eso desde nuestro punto de vista las drogas no dan libertad sino que esclavizan. La despenalización a nuestro parecer influiría en el imaginario social instalando la idea de que las drogas no hacen tanto daño.

9. Vemos la buena intención de los que buscan no criminalizar al adicto, es una locura criminalizar la enfermedad. Pero intentemos pararnos nuevamente desde la perspectiva de las familias más vulnerables. Sin un buen sistema de salud, sin políticas fuertes de prevención, sin un sistema educativo realmente inclusivo y eficiente, el único encuentro del adicto y su familia – que pide ayuda- con el Estado es la justicia. Despenalizar en estas condiciones, es dejar abandonado al adicto, no hacerse cargo de su derecho a la salud. La dinámica misma de la adicción, lleva muchas veces a hacer cualquier cosa para satisfacer el deseo de consumo. El próximo encuentro entre el Estado y el adicto ya no será en la enfermedad, sino en el delito que a veces nace de ella.

10. Usando una imagen podríamos decir entonces que la discusión sobre la despenalización corresponde a los últimos capítulos del libro y no a los primeros. Pedimos a la Virgen de Luján, Madre del Pueblo, que cuide y proteja a sus hijos que padecen el flagelo de la droga, de fuerzas a sus familias y luz a nuestra sociedad para generar vínculos de promoción y solidaridad.

Equipo de Sacerdotes para las Villas de emergencia de la Ciudad de Buenos Aires.Buenos Aires, 25 de Agosto de 2009

Comentario Editorial

Una valiente y clara síntesis de la gran problemática que flagela a nuestros jóvenes y niños principalmente. Quienes nos declaramos cristianos, muchas veces tenemos opiniones y posturas que no condicen con lo que creemos y consideramos que despenalizar la droga, por ejemplo, es algo sin importancia porque afecta a la vida privada de las personas, sin darnos cuenta que de esta manera, con la mala calidad de la educación, la falta de prevención y sobre todo la falta de interés y preocupación por el otro, esta medida puede interpretarse como un "permiso" que se da desde el estado para el vale todo.

Así estamos luego de años en que los temporales gobernantes han desconocido las reales necesidades de la sociedad en su conjunto. Pero lo peor es que muchos ciudadanos opinan justificando medidas que atentan contra la vida y con la tibieza que justifican ciertas resoluciones están convalidando la cultura de la muerte.

Agradezco a Dios que la Iglesia todavía cuente con sacerdotes que se juegan por la vida y se ubican en la realidad. Desde este sencillo blog los acompaño en su reflexión

jueves, 20 de agosto de 2009

Catequistas: llamados a decir palabras de Dios


El 21 de Agosto se celebra el día del Catequista y como tal, me preguntaba qué publicar para contribuir de algún modo a la reflexión en un tiempo tan difícil como el que transitamos, en el cual muchas de nuestras palabras ya no expresan algo que nos ayude a crecer como personas y como sociedad.

Por todos los medios de comunicación estamos viendo y escuchando noticieros, programas, entrevistas, que nos desconciertan y nos llenan de incertidumbre y desesperanza.

Ante tanta mentira, simulación, incoherencia, me pregunto como catequista ¿en qué estoy contribuyendo para construir un mundo donde reine la paz, la justicia, la dignidad, el amor y la esperanza?; y llego a la conclusión que más que mis palabras, que nuestras palabras, queridos catequistas, tenemos que ayudar a quienes acuden a nosotros, a interpretar los signos de los tiempos a la luz de la Palabra de Dios.

Encontré esta reflexión del Obispo de Tánger que me pareció adecuada para este día, con ella les deseo...

¡Feliz día del Catequista!

Has sido llamado a decir palabras de Dios

Sabes que Dios te ha hablado en el hijo despreciado de un carpintero, en un rey de burlas crucificado; y has aprendido a reconocer la voz del Señor en los despreciados y escarnecidos.Pero también sabes que has sido llamado a decir palabras de Dios. Eso no es un privilegio para ti sino una responsabilidad, no es una prebenda sino una crucifixión más que cierta.

Porque eres profeta, eres un desarraigado: “Soy pastor y cultivador de higos. El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: Ve y profetiza a mi pueblo de Israel”.

Porque eres profeta, vives a la escucha de Dios: “Voy a escuchar lo que dice el Señor”. Alguien escribió: “Las ideologías no son mutables; pueden imponerse con vigor, pueden conquistar países e idiomas, pero carecen de oído”1.

Me asalta la sospecha de que los llamados a ser profetas del Altísimo nos reducimos una y otra vez al papel de ideólogos de Dios y de la religión, ideólogos carentes de oído, mera apariencia de profetas.

Si escuchas como profeta, como orante, como hijo, descubrirás que “Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos”; que la salvación, la que sólo él puede ofrecer, “está ya cerca de sus fieles”; que “la misericordia y la fidelidad” se han encontrado, y “la justicia y la paz” se han besado.

Si escuchas como profeta, tendrás que hablar de lluvia que baja del cielo y de cosechas que nacen de la tierra. Hablarás de bendiciones recibidas, de elección para el amor, de redención y de perdón, de tesoros de gracia y sabiduría y prudencia, de una herencia con Cristo que sabes iniciada en el amor con que vives, y que verás cumplida en la comunión perfecta que esperas alcanzar.

Si escuchas como profeta, saldrás a los caminos de los hombres sin pan, ni alforja, ni dinero en la faja; saldrás con la palabra del que te envía, con el pan de su vida para repartir, con su autoridad para liberar, con el aceite de su misericordia para curar.

“Dichosos los que viven en tu casa, Señor de los ejércitos, rey y Dios mío”, gorriones y golondrinas que han encontrado un nido al abrigo de tu presencia. Dichosos, Señor, los hombres y mujeres que viven a la escucha de tu palabra. Dichosos, Señor, tus profetas.

Santiago Agrelo, arzobispo de Tánger
Fuente: Periodista Digital/Religión Digital

miércoles, 15 de julio de 2009

II Jornadas de Familia y Bioética

“Cuando lo académico se hace pastoral”

Bajo este lema se desarrollarán las II Jornadas de Familia y Bioética organizadas por la Vicaría Centro de la Arquidiócesis de Buenos Aires. Tendrán lugar en la parroquia Nuestra Señora del Carmen y sus destinatarios son: sacerdotes, comunidades religiosas, docentes, profesionales de la salud y toda persona que quiera comprometerse con una pastoral para la vida.

Se realizarán los viernes de 17:00 a 19:00 hs durante diez encuentros, dándose comienzo a las mismas el viernes 7 de agosto.

Programa

Palabras de bienvenida a cargo del Pbro Ricardo Larken párroco de Nuestra Señora del Carmen,

Apertura a cargo de Mons. Oscar Vicente Ojea, obispo auxiliar de Buenos Aires y Vicario de la zona Centro.

Presentación del programa y documentos de la Iglesia por la coordinadora de las Jornadas, Dra. Raquel Bolton de Mercado

Temas a desarrollar durante los encuentros:

-"Bebé de diseño y células madre": Lic. Diana Radakoff
-"Familia y síndrome postaborto": Lic. Iris Moreira
-"Familia y homosexualidad": Pbro Andrés Tello Cornejo
-"Familia y enfermo terminal": Dr. Armando Méndez
-"Familia: comunicadora de valores": Dra. Elena Passo
-"Familia y medios de comunicación": Lic. Olga Muñoz
-"Familia y vida consagrada": Pbro Luis Delgado
-"Compromiso de la familia en la relación médico-paciente": Dra. Isabel Colecchia
-"Familia discípula y misionera de Jesucristo": Pbro Néstor de Gregorio
-"Conclusiones del 2º Encuentro Nacional de Pastoral de Adicciones Córdoba 2009", Lic. Horacio Reyser.
-"Preparándonos para el Primer Congreso Latinoamericano del Equipo de Salud 2009": Dr. Alejandro Nolazco.

Como cierre, se desarrollará un Taller de Reflexión coordinado por el presbítero Andrés Tello Cornejo, capellán del Hospital T. Álvarez y secretario de la Comisión Episcopal de Pastoral de la Salud.

En cada encuentro, se trabajará con un texto bíblico y con los documentos del Magisterio de la Iglesia: Donum Vitae, Aparecida y Dignitas Personae.

Informes e inscripción: (011) 4812-2748 y 4684-1291 de Lunes a viernes de 17:00 a 20:00 hs. y los sábados de 9:00 a 12:00 hs.


Actividad No arancelada con inscripción previa.

Se otorgarán certificados de asistencia

martes, 7 de julio de 2009

El bautismo de los niños. Luces y sombras


Alocución televisiva de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata en el programa “Claves para un mundo mejor”(Sábado 3 de julio de 2009)

“Hoy quiero hacer un comentario acerca del Sacramento del Bautismo que, como sabemos, es la puerta de todos los sacramentos porque en él recibimos el perdón de los pecados, somos engendrados a la vida divina al recibir la Gracia de ser hijos de Dios y, así nos incorporamos a la gran familia de los hijos de Dios que es la Iglesia”.

“En los orígenes de la Iglesia el Bautismo de adultos era la práctica común, pero sin embargo ya en el Nuevo Testamento, por ejemplo en el Libro de los Hechos de los Apóstoles, se hace mención de la conversión de familias enteras. Se habla de familias enteras que son bautizadas incluyendo seguramente, también a los niños. Ya en el siglo II tenemos testimonios de que la comunidad cristiana bautizaba a los niños; luego ésta se ha ido haciendo la práctica general”.

“El Bautismo de los niños es algo bellísimo porque, en realidad, en ese caso es cuando se manifiesta con mayor plenitud la pura gratuidad de la gracia de la salvación, que nos hace hijos de Dios. El niño recibe esa gracia como un regalo total”.

“En nuestro pueblo se conserva felizmente el sentido del valor del Bautismo; esto es algo espontáneo en la mayor parte de la población argentina. Sin embargo, tendríamos que tomar en cuenta algunas dificultades”.

“Por ejemplo, se da el caso, muy frecuente hoy día, de padres que aún apreciando el Bautismo no tienen una conciencia clara del compromiso que ellos mismos están asumiendo. Porque al trasmitirles a sus hijos la vida de la fe están comprometiéndose a educarlos en esa misma fe. De hecho, en la celebración se pide expresamente que los padres. De hecho, en la celebración se pide expresamente que los padres manifiesten ese propósito. Además, en nombre de su hijo deben pronunciar la renuncia al demonio, al pecado y a todo lo malo y profesar la fe de la Iglesia”.

“Hay que llamar la atención para que el Bautismo no se solicite simplemente como efecto de una especie de arrastre cultural, sino que sea una convicción cierta de que es un regalo de Dios que implica el compromiso de conciencia de los padres para educar cristianamente a sus hijos”.

“Hay otro aspecto que puede ser considerado secundario pero que manifiesta una cierta ambigüedad en este campo: es el de la elección del nombre. Aparece cada vez con mayor frecuencia el caso de chicos a los que sus padres ponen nombres no cristianos. Se han puesto de moda nombres paganos, nombres aborígenes y no entro en el caso de las modas extravagantes. Me refiero sólo a lo religioso: están privando al niño de un patrono celestial y de la posibilidad de celebrar su onomástico”.

“Un remedio parcial de este olvido del valor del nombre consiste en que al inscribir al niño para el bautismo, se invite a los padres a que añaden un nombre cristiano, que sea verdaderamente “su nombre de pila”, como se decía antes. No figurará en el documento de identidad pero sí en su registro de bautismo y será el nombre por el cual ellos se refieran también a un patrono celestial la Santísima Virgen en sus muchas advocaciones o uno de los innumerables santos”.

“Pero hay un problema que considero más grave todavía. Empieza a notarse ahora que algunos padres católicos no sólo difieren el Bautismo de sus hijos sino que lo eluden con el falso argumento de que cuando ellos sean grandes deben decidir si quieren ser cristianos”

“Aquí hay un error muy serio, porque si esos padres son realmente católicos y viven su fe, ¿qué mejor pueden desear para sus hijos que el don inestimable de la gracia divina? Este error, que se registra incluso entre personas cultas, bien formadas, es totalmente contrario a la enseñanza y a la disciplina de la Iglesia. El argumento (que los hijos decidan por su cuenta cuando sean grandes) es muy curioso. Porque esos mismos padres, aparentemente tan respetuosos de la libertad de sus hijos, les imponen toda clase de condicionamientos y determinaciones en otros campos de la educación: eligen para ellos costumbres, gustos, estilos; los hacen simpatizantes de un club de fútbol para que comparta el fanatismo del padre y deciden si debe estudiar alemán o inglés, flauta o patín o dibujo. Les imponen montones de cosas, pero los privan del don de la fe y de la gracia de Dios durante los años decisivos en los que se configura la personalidad”.

“¡Aquí hay una verdadera contradicción! Y esto no es sólo un error sino que me atrevo a decir que es también un pecado, una falta de piedad y de amor para con el hijo al cual dedican tantos cuidados y privan del mayor de los dones: lo privan de Dios”.

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata
Fuente: Aica

martes, 20 de enero de 2009

Redescubrir la parroquia como casa de todos

La parroquia es la casa de las familias

Intervención del padre Saúl Ragoitia Vega, presidente de la Comisión de la diócesis de Querétaro de Pastoral de la Comunicación , durante la mesa redonda celebrada el 14 de enero sobre "Organismos que ayudan a la familia en la formación de valores".
Ciudad de México, 14 enero 2009.

Introducción
Partamos del hecho, de que "la familia constituye el lugar natural y el instrumento más eficaz de humanización y de personalización de la sociedad".
En este sentido, hay que considerar a la Iglesia en su doble dimensión: universal y particular,

La Parroquia, familia de Dios

Precisar lo que entendemos por parroquia; consideremos en primer lugar lo que el Código de Derecho Canónico nos dice al respecto: "La parroquia es una determinada comunidad de fieles constituida de modo estable en la Iglesia particular, cuya cura pastoral, bajo la autoridad del Obispo diocesano, se encomienda a un párroco, como su pastor propio"

La parroquia, más que un territorio, estructura o edificio, es una comunidad de fieles, es decir, una comunidad en donde se descubre el rostro familiar y cercano de la Iglesia.

La parroquia comunidad de comunidades

La Parroquia "es, la "fuente de la aldea donde todos acuden a clamar su sed",
La parroquia, comunidad formadora en valores.
En la parroquia se vive de manera intensa un acompañamiento a las familias en cada una de las etapas de su desarrollo, a través de la celebración de los sacramentos, y tiene un contacto inmediato en cada uno de los principales acontecimientos familiares.

La parroquia, organismo que ayuda a la familia en la formación de valores.

Las parroquias deben ser lugares de formación permanente.
Es necesario:

Anunciar con valentía, celebrar con gozo y vivir con esperanza la Buena nueva de la Familia, del matrimonio y de la vida.

Dar razón de nuestra fe, por eso hay que formar discípulos misioneros.

Que cada parroquia procure la implementación de un equipo, impulsado y promovido por su párroco como responsable, junto con el Obispo, de la Pastoral Familiar.

Que la parroquia sea un lugar de encuentro en donde confluyan los diversos organismos y movimientos que trabajan a favor de las familias.

La parroquia debe procurar la preparación y la formación adecuada a los novios, especialmente de los que están próximos a casarse, de los matrimonios jóvenes, de los matrimonios de edad madura, la orientación y consejería de los matrimonios que viven alguna situación de conflicto, de las familias que viven en situación especial e irregular, de las viudas, de los niños de la calle, de las madres solas, de la formación de adolescentes y jóvenes, de la educación en la sexualidad, de la promoción y defensa de la vida en todas sus etapas y de promover en todos los ámbitos la cultura de la vida.
Conclusión

Si la parroquia es la Iglesia que se encuentra entre las casas de los hombres, sus puertas deben estar siempre abiertas para brindar acogida a todas las familias,

Creer en la familia es construir el futuro.
Fuente: Fluvium
Comentario:
El padre Ragoitia Vega describe y enumera en el último párrafo antes de la Conclusión, lo que es la Pastoral Familiar, las áreas que la componen y las tareas a emprender con los diferentes miembros de una familia en cada etapa de la vida. La Parroquia es un eslabón imprescindible para conseguir llevar adelante esta Pastoral. Si nos fijamos bien y tenemos la oportunidad de descubrir que solo se trata de poner la Parroquia en clave de familia, que solo se trata de coordinar y enlazar esfuerzos y tareas, veremos que no es un objetivo tan difícil de cumplir pero hace falta voluntad y abandonar lo conocido hasta hoy, abandonar las "quintitas" o "parcelas" y pasar a conformar un campo en el que todos tienen cabida, los niños, los jóvenes, los adultos y los ancianos, los padres y madres, los gobernantes y los clérigos. Porque como muy bien concluye su reflexión el sacerdote, "creer en la familia es construir el futuro"
María Inés Maceratesi

La familia es el corazón de la sociedad

Buscando material interesante para publicar, que resumiera el espíritu del VI Encuentro Mundial de Familias realizado en México, me encontré con esta breve síntesis. Se trata de un trozo de la exposición del Señor Presidente de México y del Arzobispo de la Ciudad de México que recuerda el verdadero objetivo planteado en su momento por Juan Pablo II. Leer nota y ver Video

lunes, 10 de noviembre de 2008

Qué creemos los católicos

Por todo ésto es que creo en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo, doy las gracias por haber recibido la fe y por verme impulsada a acrecentarla para que, siendo discípula, pueda ser misionera.

viernes, 3 de octubre de 2008

La fe de la Iglesia

Señor, mira la fe de tu Iglesia
Religioso Salesiano. Lic. en Comunicación Social

Fiesta del Milagro en Salta, 2008 Fotografía: Federico Herreros (Heva Imágenes)

Hay algo que la Iglesia no puede planificar, ni proyectar, ni organizar, ni siquiera fomentar: la fe del pueblo. La gente suele concurrir a misa por costumbre, por relaciones sociales, imposición, por cuestiones familiares o de tradición. Algunas veces, por miedo: al castigo, a la enfermedad, a la tragedia, a la mala suerte. Hay otro tanto de veces en que la gente asiste a misa, porque siente algo especial, porque le hablaron de una virgencita, de un santo, de una aparición, de un mensaje… de un sacerdote que sana o que ayuda a sanar.

No se puede controlar la fe del pueblo, el entusiasmo de los fieles, el avance de un movimiento de jóvenes, la devoción a un santo determinado, la mayor o menor participación en una procesión… Podemos acompañar, guiar, ayudar, seguir…pero nunca controlar. Las manifestaciones de fe no tienen que ver con el gran trabajo o empeño que ponga o demuestre un sacerdote, un coordinador pastoral. No salen de las reuniones de obispos, no se ajustan a documentos, a proyecciones, ya que son contagio, búsqueda, seguimiento, iniciativa, impulso, contacto, intuición, gracia, obra de Dios.

El periodismo argentino tan atento al “árbol que cae” en la Iglesia, sin atender jamás “al bosque que crece”, casual o causalmente, se ocupa de las manifestaciones de fe. Se persigue la noticia de masas, más que la noticia en sí. No podemos desatender el espacio importante que los medios dedican a Itatí, San Nicolás, Salta, Lujan y tantos otros santuarios que para sorpresa de los televidentes matizan con robos, hurtos, asaltos, violaciones. Pero el periodismo no siempre se enfoca en el fenómeno en sí, sino sólo en el impacto, el chorro de sangre, o una lagrima, una trompada. Siempre mucho impacto. Las manifestaciones de fe condimentan altamente la preferencia masiva: agregan magia, liquidez religiosa, suponen algo misterioso, gente que camina de rodillas, que acampa varias noches antes de saludar al santo, multitudes, cierto efecto milagroso.

La fe del periodismo se vende como las marchas de piqueteros o el crecimiento de la zona roja, o las revueltas del abasto entre “floggers” y “emos”. No evangelizan, difunden es cierto, pero no se transmite el valor, se muestra el hecho raro, que impacta, que es extraño, vistoso.

Del lado que nos miran, es suficiente la curiosidad, el detalle sobresaliente. Pero, en el lado que no nos miran, yace la fuerza de la fe, ese sentimiento que no cree, porque entiende todo lo que ve o le dicen, sino porque siente una verdad interior que lo llena de alegría, que lo estimula para seguir viviendo o hasta para morir, que lo impulsa a trabajar, a sufrir, a caminar.

Una fe sin sentimiento, tal vez, no es completa o no es fe. La fe no exige comprensión exacta, metódica, cerrada o completa, pide apertura al misterio, a la falta de lógica. Creer tiene que ver con amar, con los ojos cerrados, aun cuando las “papas queman” o con los ojos abiertos, cuando la vida se muestra como un milagro patente.

La fe no se revela en unos meses, necesita tiempo, recuperación de lo vivido, recuerdo. Ayuda a comprender el presente, el porqué del hoy, de cómo llegamos a “ser”, de esa compañía de Dios que fue imperceptible en el presente, pero que es incomprensible no verla en el pasado. Fe es asombrarse de la presencia oportuna de Dios en los momentos más difíciles, fe es ese temblor que corre por uno dando fuerza, ánimo en las peores ocasiones. La gente de fe dice: “Si no hubiera sido por Dios”.

El paso de Dios se percibe con el correr del tiempo, descubriendo lo vivido como milagro, proeza, hecho heroico. La fe se advierte desde la vida y desde el relato propio o de los otros cercanos. El mayor, el anciano recrea, recuerda, reanima la vida en el relato de lo pasado, en su paso y el paso de Dios, todo lo atribuye al Supremo. El hombre de fe no puede entender que haya vida sin Dios, no es ateo porque no puede comprender la vida sin él. Algunos desesperan y descubren que no fue suficiente la propia entrega y entienden que la vida transcurrió sin Dios y se arrepienten, hasta que entienden que Dios definitivamente siempre estuvo.

El amor a Dios no tiene que ser adquirido en clases de Teología. Se lo encuentra en la vida, en ese aprovisionamiento selectivo de miles de hechos que, si no fueran por Dios, causarían dolor, pérdida, vacío. La vida, muchas veces, es una buena catequista.

La fe del niño, de los pobres, de los ignorantes, de los ancianos termina siendo irracional, pretender hallarle un sentido lógico a la fe puede resultar destructivo. El estudio, el análisis de la fe puede enfriar el amor. No se estudia para amar a los hijos o a la madre. La fe es igual, no se estudia para alcanzarla. El sentimiento nace de un hombre o una mujer humilde de corazón que busca al ser supremo, que lo necesita, que requiere su presencia y compañía. Cuando uno tiene todo claro y todo seguro en la vida, difícilmente recurra a Dios.

Hoy asistimos con sorpresa a un retroceso de fe. Podríamos decir que existe una fe en los muertos o de los difuntos. Como Dios ya no cuenta para muchas personas, entonces se busca la fe en lo primero y ineludiblemente trascendente y misterioso: la muerte. Nuestra cultura se empeña en razonar y entenderla, ante ella, no hay respuestas, sólo preguntas.

Algunos se encuentran con Dios a partir de este camino; otros se enojan con él y establecen la trascendencia en la muerte, allí donde no hay nada más que dudas, en el cuerpo inerte, en las fotos, los recuerdos, la ropa, los zapatos. No pueden trascender, se afierran a lo que está, a lo que quedó sin comprender o insisten en comprender una realidad más allá de lo inmanente. Hoy también asistimos a una religión de los muertos, la tumba de Gilda o de Rodrigo. El hecho de haber muerto les da un lugar en un “Hades”, un cielo inventado, fantaseado. No digamos cielo para no recrear una tira cómica, con la caricaturesca visión de la otra vida, con nubes espesas, arpas y paquetísimas alas con plumas de finísimo vestuario teatral, vida eterna de corte holliwoodense. La fe de la muerte dura, tal vez, el tiempo que lleva el duelo. Pero la fe no se sostiene de esta manera. Así, se olvida, se tapa, se la usa de tranquilizante, como terapia. Luego ya no se la necesita, eso no fue fe.

La fe es libre. No muere, crece, no sirve para un rato, es para siempre. Si bien nuestras proyecciones, planes y diseños pastorales aporten algo a la fe de la gente, no es nuestro el poder de hacer creer o no dejar que crean. Los escándalos, las difamaciones entristecen, sin embargo, no fagocitan a la gente de fe. La fe sigue intacta, si se corta, nunca fue verdadera, siempre pendió de un hilo. La fe se convierte en amor, eterno, gigante que mueve montañas. La fe del que no tiene más nada que esperar es un diminuto granito de mostaza que produce al ciento por ciento. “Señor no mires nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia”.
Fuente: San Pablo On line www.san-pablo.com.ar

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Redescubrir por qué y para qué somos cristianos


Por María Inés Maceratesi


Luego de un paréntesis, retomo las evaluaciones de los encuentros prebautismales y, debo reconocer que el tiempo tomado para reflexionar, me ha servido para comparar las respuestas que los padres y padrinos daban hace un tiempo y las que dan hoy.

Creo que ya dije en otro artículo que los encuentros prebautismales con padres y padrinos en la Parroquia, están a mi cargo desde el año 2000. Hoy, año 2008 ¿qué cambió?, ¿qué se modificó?

La dinámica puesta en práctica es la misma, no hubo necesidad de cambiarla porque, a mi entender, no ha caducado su eficacia para los fines para los cuales fue elaborada.

Y aquí considero conveniente recordar que un encuentro prebautismal con padres y padrinos, adultos pero muy jóvenes algunos, tiene que ser un momento de replanteo y redescubrimiento del propio Bautismo y de la fe que sigue sembrada en cada uno y a la espera de ser renovada.

De ahí que las preguntas por el sentido de la vida, de la fe, del Bautismo...son las de siempre: ¿por qué?; ¿para qué? ¿qué preguntas nos interpelan y nos desvelan? ¿qué enseñar a nuestros hijos?; ¿por qué celebramos con una fiesta? ¿qué significa ser discípulos?, etc.

Lo que sí ha cambiado bastante es el tenor de las respuestas y lo que noto, es que la situación social y política imperantes en este país, el cambio cultural en lo referente a la familia principalmente, y el nivel de educación alcanzado o no, inciden notablemente en la concepción que de la fe y la espiritualidad tienen las personas.

Unas preguntas que surgieron últimamente de un grupo: ¿para qué sirve ser cristiano? ¿para qué sirve la Iglesia?, lo cual revela un bache muy significativo en la vida de quienes han sido bautizados y hoy se cuestionan para que sirve ser cristiano.

Indudablemente, hasta hace un tiempo, la Iglesia era la encargada de brindar, a partir de la catequesis sistemática, los elementos adecuados para el crecimiento en la fe de los bautizados e indudablemente también, hoy ya no es así. ¿Cuántos bautizados se acercan a la Iglesia si no es para algo especial que no pueden encontrar en otro lugar?. De ahí que lo que muchos acuden a la misma es en busca de algo y no de alguien.

¿Qué buscan?, recibir algún sacramento o solicitarlo para sus hijos, bendiciones para casos de necesidad o "por las dudas", agua bendita para rociar las casas y librarlas de "malos espíritus”. También están los que se acercan por miedo ante situaciones de enfermedad, o en búsqueda de consuelo para sus aflicciones y, también están los que han comprendido de verdad lo que significa haber recibido un bautismo que es un llamado y un compromiso hacia una misión.

Y decía que se acercan a buscar algo y no a alguien porque de lo contrario, no preguntarían para qué sirve ser cristianos o qué significa ser cristianos. Estimo que la Iglesia se ha desplazado en ciertos momentos o en ciertas ocasiones, de su centro. El centro de la Iglesia no es algo sino alguien: JESUCRISTO. Jesús el Cristo, de ahí el nombre de CRISTIANOS. Y Cristo es el modelo a imitar por las personas y por la Iglesia; Él es el que fundó su Iglesia y le dio el mandato de hacer discípulos en su nombre.

Quisiera poder afirmar que hoy la Iglesia está trabajando para hacer discípulos a los bautizados pero, mientras no se ocupe de la familia como una célula fundante de la misma, será un poco difícil.

Hoy muchos bautizados tenemos que reconocer nuestra ignorancia para transmitir la fe a las futuras generaciones. El mundo cambió y también cambiaron algunas cuestiones que se pensaban inamovibles; la situación cultural y sociopolítica reinante hace que nuestras respuestas a las preguntas de siempre deban ser diferentes y adecuadas a la realidad, sin dejar por eso de estar apoyadas en la verdad.

La participación es clave, los bautizados tenemos que tener muy claro que el Evangelio es la buena noticia que debemos anunciar a tiempo y a destiempo para que ser cristianos no se transforme en algo sin sentido sino que sea una condición que revele a tantos que aún no conocen a Jesús, que un encuentro con su Palabra y su Vida toda es lo que nos hace capaces de darle sentido a la vida.

Por supuesto, volviendo al principio de esta reflexión, que las preguntas serán siempre bienvenidas porque nos ayudan a crecer y madurar en la fe, de ahí que los encuentros prebautismales como tales, tienen que convertirse en verdaderos disparadores para que los adultos sigamos reflexionando, creciendo y, el día de mañana poder acompañar a nuestros hijos y ahijados en la búsqueda de sus propias respuestas de fe ante un mundo que necesita tanto de discípulos misioneros testigos de Aquél que dio la vida por cada uno de nosotros y espera que nosotros seamos capaces de hacer lo mismo.

¿Para qué sirve ser cristiano?

La Carta a Diognetto nos puede servir de referencia.

De la Carta a Diogneto (apología de autor desconocido, II-III siglo).

Son hombres como los demás


"Los cristianos no se diferencian ni por el país donde habitan, ni por la lengua que hablan, ni por el modo de vestir. No se aíslan en sus ciudades, ni emplean lenguajes particulares: la misma vida que llevan no tiene nada de extraño.

Su doctrina no nace de disquisiciones de intelectuales ni tampoco siguen, como hacen tantos, un sistema filosófico, fruto del pensamiento humano. Viven en ciudades griegas o extranjeras, según los casos, y se adaptan a las tradiciones locales lo mismo en el vestir que en el comer, y dan testimonio en las cosas de cada día de una forma de vivir que, según el parecer de todos, tiene algo de extraordinario".

Habitan en la tierra, pero son ciudadanos del cielo

"Habitan en la propia patria como extranjeros. Cumplen con lealtad sus deberes ciudadanos, pero son tratados como forasteros. Cualquier tierra extranjera es para ellos su patria y toda patria es tierra extranjera.
Se casan como todos, tienen hijos, pero no abandonan a sus recién nacidos. Tienen en común la mesa, pero no la cama. Están en la carne, pero no viven según la carne. Habitan en la tierra, pero son ciudadanos del cielo.

Obedecen a las leyes del Estado, pero, con su vida, van más allá de la ley. Aman a todos y son perseguidos por todos. No son conocidos, pero todos los condenan. Son matados, pero siguen viviendo. Son pobres, pero hacen ricos a muchos. No tienen nada, pero abundan en todo. Son despreciados, pero en el desprecio encuentran gloria ante Dios. Se ultraja su honor, pero se da testimonio de su justicia.

Están cubiertos de injurias y ellos bendicen. Son maltratados y ellos tratan a todos con amor. Hacen el bien y son castigados como malhechores. Aunque se los castigue, están serenos, como si, en vez de la muerte, recibieran la vida. Son atacados por los judíos como una raza extranjera. Los persiguen los paganos, pero ninguno de los que los odian sabe decir el porqué ".

Están en el mundo como el alma en el cuerpo

"Por tanto, los cristianos están en el mundo lo mismo que el alma en el cuerpo. Como el alma se difunde por todas las partes del cuerpo, así los cristianos se esparcen por las distintas ciudades de la tierra. El alma habita en el cuerpo, pero no es del cuerpo; los cristianos habitan en el mundo, pero no son del mundo. Como el alma invisible es prisionera del cuerpo visible, así los cristianos son una realidad bien visible en el mundo, mientras es invisible el culto espiritual que rinden a Dios.

Como la carne odia al alma y le hace guerra, sin haber recibido ofensa alguna, solo porque se opone al deleite y gozo de los placeres que hacen daño, así el mundo odia a los cristianos, que no le han causado algún mal, sino porque solamente se han opuesto a una manera de vida cuya esencia es el placer.

Como el alma ama a la carne y a los miembros que la odian, así los cristianos aman a quien los odia. El alma, aun cuando sostiene al cuerpo, está encerrada en él; así los cristianos aun cuando son el sostén del mundo, viven presos en él como en una cárcel. El alma inmortal habita en una tienda mortal: así los cristianos viven como extranjeros en medio de las cosas que se corrompen, en espera de la incorruptibilidad del cielo.

Con la mortificación en el comer y en el beber, se afina el alma y se hace mejor; así también los cristianos, maltratados y perseguidos, aumentan cada día en número. Dios les ha asignado un puesto tan sublime, que no deben abandonarlo de ningún modo" (Sources Chrétiennes, 33 bis, 62-67).