viernes, 29 de febrero de 2008

Ser y saber

¿Cómo tengo que hacer en la catequesis?
Por: ÁLVARO GINEL, Director de la revista Catequistas.
El catequista es la persona que en la acción evangelizadora no sólo sabe cosas sobre Dios y tiene experiencia de Dios; añade a todo esto el saber hacer. El catequista tiene una exigencia fundamental que consiste en saber transmitir. El catequista es pedagogo y se diferencia así del teólogo que a lo mejor le basta con saber mucho o con investigar mucho. Un catequista no será buen catequista si no sabe comunicar la fe. “La formación (de los catequistas) trata de capacitar a los catequistas para transmitir el Evangelio a los que desean seguir a Jesucristo. La finalidad de la formación busca, por tanto, que el catequista sea lo más apto posible para realizar un acto de comunicación” (DGC 235). “El catequista, dotado del carisma de maestro, aparece como el educador básico de la fe” (CF 31).


Los catequistas intuyen muy bien esta necesidad de comunicación y están preocupados por el saber hacer. Muchas preguntas de los catequistas se resumen así: ¿Cómo tengo que hacer? ¿Cómo harías tú para...? Dime qué se te ocurre a ti hacer para que los niños... Algunos, se puede decir que centran toda la acción catequética en el saber hacer y olvidan el ser y el saber. Cuando un catequista se sitúa en esta óptica, y deja a un lado el ser y el saber, corre el peligro de caer en el vacío, es decir, en un hacer que no comunica nada, un hacer que no tiene contenido.

1. Tres clases de actividades

Comencemos por definir la palabra actividad. Entendemos por actividad el ejercicio que sigue (o inicia) a un tema de la catequesis. La actividad es, en muchos casos, sinónimo de ejercicio. Ejercicio es acción de ocuparse o ejercitarse en una cosa para que ésta quede mejor interiorizada o asimilada. La palabra ejercicio como tal no suele emplearse en catequesis; está más relacionada con la vida académica de la escuela. Pero, aunque no se emplee literalmente, muchas actividades son ejercicios como los de las materias escolares.

Aclarada la palabra actividad, vamos a describir tres actividades más corrientes en la catequesis.

a) Organización y modo de animar o llevar la catequesis y el grupo. La primera actividad, que muchas veces no se tiene en cuenta, es la estructura de funcionamiento de la catequesis en la comunidad cristiana, tanto la global (donde hay muchos grupos y niveles de catequesis) como la del grupo singular. La organización y funcionamiento externo es lo que primero perciben los catequizandos aunque no lo sepan verbalizar: horario, acogida, locales, disciplina, puntualidad, atención a los destinatarios, a los padres... Todo esto es una serie de acciones que se repiten semanalmente y que “hablan por sí mismas”; reflejan una manera de entender la catequesis y de actualizarla.

b) Actividades que se realizan en el grupo con ocasión de un tema determinado. Para explicar un tema (antes o durante la explicación) o después de explicar un tema, se suelen realizar actividades. Su finalidad es “reforzar, completar, explicitar” el tema ya sea para que se asimile mejor, para que se interiorice, para saber si se ha comprendido lo esencial, para ensayarse en “llevarlo a la práctica y a lo concreto”. Las actividades pueden ser muy variadas: de comprensión de las ideas principales, de correlación con otros temas, de interiorización de tema, de aplicación del tema a comportamientos, de ampliación o profundización de tema, de iniciación en la oración o en la Escritura Santa, de proyección personal, de síntesis, de panorámica de opinión sobre un tema, etc. Las actividades para conseguir los objetivos precisos son múltiples: la pregunta, el crucigrama, el juego, análisis de documentos, completar frases, verdadero o falso, interrogar, imaginar, evocar hechos de vida, analizar hechos o textos o documentos (gráficos y audiovisuales)...

c)
Actividades realizadas por toda la comunidad de catequesis con ocasión de tiempos litúrgicos fuertes o de acontecimientos especiales. En este caso el grupo singular se abre y se une a una realidad más amplia y eclesial para promover acciones que van más allá del pequeño universo del grupo y de su particular ritmo de vida. Estas actividades son importantes, abren horizontes más amplios y eclesiales y ayudan a relativizar o a conjugar la vida del grupo con la realidad de la vida eclesial, ciudadana, nacional, internacional. Estas actividades no deben faltar y el catequista pondrá todo su esfuerzo en que el grupo se comprometa y participe en ellas: campaña de Navidad, de Cáritas, etc; días internacionales, jornadas mundiales, acontecimientos especiales que surgen al cabo del año...



2. Tener en cuenta en las actividades

Una actividad no es un adorno para hacer más atrayente un tema o para que se lo traguen los catequizandos mejor. Una actividad es una acción educativa y tiene una finalidad educativa, es decir, que la persona que la realiza madure mejor, adquiera conocimientos, comportamientos y habilidades adecuadas.

Con una determinada actividad el catequista tiene que tener claro lo que quiere conseguir. Es posible que, en ocasiones, el catequista persiga unos objetivos y proponga una actividad que no lleva a ellos. En ese caso no puede responsabilizar al grupo de no hacer bien las cosas... Es él quien tiene que saber lo que quiere y poner las actividades oportunas.

Una actividad es algo concreto que llega de manera concreta a la persona y puede provocar reacciones inesperadas. Un ejemplo explicará mejor lo que quiero decir. Una catequista me comentaba un día que se quedó palizada ante la intervención de un niño de 9 años. La catequista les había mandado dibujar su propia familia. Un niños intervino diciendo: “Yo me niego. Yo no dibujo a mi familia. Mi padre se ha marchado de casa y nos ha dejado plantados. Me niego a dibujar a mi padre”. La catequista no se esperaba esta intervención. Fue junto al niño, estuvo hablando con él, le dejó libertad... Pero este hecho, que fue público y del que todo el grupo se enteró, exigió una palabra del catequista. Este ejemplo refleja muy bien que las actividades no son irrelevantes.

No todas las actividades ejercitan las mismas dimensiones de la persona. En este sentido, el catequista tiene que saber conjugar diversos tipos de actividades. Es posible hacer muchas actividades, pero que todas vayan encaminadas a lo mismo: a hacer síntesis, a dejar claros los conocimientos. Convendrá que no sólo haya diversidad de actividades, sino que las actividades “toquen” la memoria, la afectividad, el comportamiento, etc. de la persona.




3. Una palabra sobre las “dinámicas”

Separar las dinámicas de las actividades es ya una opción personal. El concepto de “dinámica” en la catequesis es un poco distinto de la actividad o ejercicio más arriba analizados. La palabra dinámica entra en la catequesis a partir de la Psicología. Por dinámica se suele entender una actividad de grupo que pretende hacer salir ante los ojos de los miembros del grupo dimensiones del comportamiento y del funcionamiento personal y grupal para una mejor comprensión, valoración y análisis en grupo, con la ayuda del orientador psicológico. La dinámica crea o provoca una situación particular en un espacio y tiempo determinados en el grupo para que se produzca un fenómeno relacional grupal que ayude a los miembros a descubrir los funcionamientos ordinarios en la vida real. Los miembros del grupo participan como protagonistas en algo que no viene a reforzar un tema, sino que en lo que realizan, dicen, acontece en la dinámica realizada se encierra el contenido mismo del tema, convenientemente analizado todo.

Es muy fácil encontrar en los materiales catequéticos ejercicios de dinámica de grupos que han sido sacados de manuales de Psicología y aplicados a la catequesis, por ejemplo, para formar el grupo, para conocerse, para relacionarse, para analizar la realidad.... En ocasiones, se ponen en manos de catequistas sin nociones básicas de Psicología ejercicios que de ordinario dirigen profesionales de la Psicología. Hay aquí un riesgo de banalización de las dinámicas, o de creación de situaciones grupales que superan la capacidad de ser conducidas por el catequista.

Personalmente he escrito libros de dinámicas en catequesis. Para mí difieren de una simple actividad en el sentido que he explicado más arriba. Me he basado siempre en el profesor y amigo Jean Pierre Bagot (NATHANAËL, Seréis un pueblo libre, Marova, Madrid 1980.). Tengo dificultad en hablar de dinámica. La palabra que mejor describe lo que yo realizo en la catequesis es la palabra gesto. Pero no es una palabra “admitida” en el vocabulario corriente del mundo de la catequesis. Gesto lleva a pensar en una acción corporal y no en una acción simbólica que nos conduce a una realidad importante. Por eso me vi siempre en la necesidad de usar la palabra dinámica que se entendía mejor.

No tenemos dificultad en hablar de los gestos y de los signos de Jesús en su acción de anuncio del Reino. Nos es más difícil hablar de una catequesis de gestos y de signos. Y sin embargo, me parece absolutamente importante hacerlo. En definitiva, no podemos entender los sacramentos de la Iglesia sin una iniciación en los gestos simbólicos que realizamos en la celebración de los siete sacramentos.

4. Definición de gesto o dinámica

En la catequesis, cuando hablo de gesto o de dinámica entiendo una acción intencionada provocada por el catequista en el grupo para abrir a éste a la aproximación intelectual, contemplación sorpresiva y vivencia personal y grupal de una realidad religiosa y bíblica. Hablo de acción intencional porque el catequista la crea o la elige con una intencionalidad pedagógica y catequética: para “decir algo ” del mensaje evangélico, “para aproximar y situar a la persona ante el anuncio de un aspecto de la buena nueva”, “para despertar zonas religiosas que pueden estar ahogadas o adormecidas o sepultadas en el espesor de la vida”, “para crear interrogantes que hagan avanzar a la persona hacia el misterio, como lo hizo la zarza ardiendo” (Ex 3,1-3).

El gesto o dinámica está orientado al anuncio del evangelio y, de alguna manera, lo contiene. La misma realización del gesto o dinámica, lo que pasa y se dice mientras se realiza es de suma importancia; es en la acción misma donde se juega el contenido de aquello que se quiere transmitir. No se hace algo para después hablar de otra cosa. Sino que en lo ocurre y se dice mientras se hace la dinámica está lo esencial para anunciar aquello que queremos proponer catequéticamente.

5. Un ejemplo

Un ejemplo nos ayudará a entender mejor lo que quiero decir. Es el día de la entrega del Nuevo Testamento a los niños y niñas que harán la primera comunión. Me presento ante ellos con una Biblia en la boca, intentando comer la Biblia, comerla, masticarla. Hago el gesto con serenidad, despacio, a pesar de que veo que el grupo se ríe. Eso ya lo doy por supuesto. Pero creo más en el contenido que quiero dar a la acción realizada y que ahora los niños no entienden. No pasa nada. Todo tiene su proceso.

En un momento, saco la Biblia de la boca y digo:

? Ya veo que os reís. Y sin embargo, lo que estoy haciendo tiene mucho sentido para mí. Seguro que os reís porque no entendéis todavía lo que estoy haciendo... ¡Si entendierais lo que quiero decir...! Sigo tranquilamente “comiendo” la Biblia.

En el grupo comienza la sospecha (¿será verdad o no? ¿por qué sigue haciendo esto?), un poco de interrogación, aunque siguen las risas. Por segunda vez hago y digo lo mismo que dije la primera vez. El ambiente es más tranquilo. El grupo queda desconcertado e intuye que sí, que algo puede ser diferente de la simple risa o hacer por hacer... Es posible que sí, que sea verdad que la acción tenga sentido. Sólo los más inquietos siguen riéndose. No importa. Transmite mucho la serenidad del animador. No les digo que se callen. Yo estoy convencido de lo que estoy haciendo y lo que ellos hacen no me saca de lo mío. Más bien sospechan que les “traigo” a lo mío, pero sin presiones ni órdenes. Por tercera vez:

? Veo que la mayoría os habéis callado sin deciros que os calléis. Hay cosas muy importantes que parecen una tontería... pero no lo son. Comer la Biblia no es una tontería. Yo no estoy aquí para hacer tonterías. Estoy aquí para deciros algo muy importante para muchos cristianos, y desde luego, para mí. Me han dicho que vais a hacer la comunión... Y que hoy os dan el libro del Nuevo Testamento... Yo no quiero que lo coloquéis en un armario o en la biblioteca. No. ¿Alguno quiere saber qué estoy haciendo cuando me como la Biblia?

Si aparece alguno, se le hace leer Ezequiel 1,1-4.

Breve silencio y mirada de complicidad, como diciendo: ¿Veis? Lo hacía por algo... Después sigo hablando.

? ¿Qué me decís ahora? ¡Verdad que tiene sentido “comerme” la Biblia!

Es una obligación de los cristianos “comernos” el libro, “alimentarnos” de este libro, la Biblia.

Se puede seguir de muchas maneras: si se hicieron gestos de dificultad para comer el libro se puede hablar de las dificultades de páginas de la Biblia... Si se hicieron gestos de por dónde morder la Biblia podremos hablar de los lugares y momentos en los que abrimos la Biblia y la “comemos”...

6. Acción y palabra íntimamente unidas

Como se ve, en la acción y en lo que ocurre en la acción es donde va concentrado el contenido de lo que queremos transmitir, suscitar, evocar, proclamar... La dinámica, a diferencia de las actividades, casi siempre inicia un proceso de reflexión, de profundización, de silencio, de contemplación, de oración, de interrogación personal que habrá que continuar después con trabajo personal y grupal, según los casos.

En los gestos y dinámicas como aquí se explican hay que tener muy en cuenta que la acción inicial (comer el libro de la Biblia) se convierte, en el proceso mismo del desarrollo y por la palabra intencionada del catequista, en acción simbólica, es decir, en acción que nos lleva a pensar, a hablar, a referirnos a otra realidad de naturaleza diferente. El “comer físicamente la Biblia” se convierte en “comer y alimentarnos de la Biblia” por la lectura, hasta que lo que salga de nosotros sea “el alimento de la Biblia que hemos tomado y asimilado”.

SUGERENCIAS

Compara las actividades del libro de catequesis que sigues y la actividades que a esos mismos niños encuentran en los libros de las materias escolares. Analiza las convergencias y las divergencias.

Antes de proponer una actividad asegúrate de que sabes bien qué objetivo te propones.

Inicia progresivamente a los miembros del grupo en algún gesto o dinámica para que se abran al lenguaje de los signos y de los símbolos.

Un buen catequista nunca comienza diciendo: “qué actividad o dinámica hacemos hoy”. El principio es siempre: “Qué quiero transmitir hoy a mi grupo”. Cuando se tiene muy claro lo que se quiere transmitir (es decir, cuando se es capaz de sintetizar en una frase breve el contenido a transmitir) entonces se puede plantear la pregunta: cómo hacerlo.

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