Mostrando las entradas con la etiqueta Iglesia. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Iglesia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 8 de abril de 2015

Redescubrir el rol de la mujer en la Iglesia a partir de la Iglesia Doméstica.



Ya se cumplieron dos años de que el Papa Francisco está conduciendo este tiempo de la Iglesia. Recuerdo que Juan Pablo II decía que el siglo veintiuno sería espiritual o no sería y me puse a pensar cuántas acciones renovadoras está realizando el actual Papa en ese sentido, resaltando el valor de una espiritualidad encarnada en la vida diaria, especialmente en lo concerniente al matrimonio y la familia, asunto sobre el cual esperamos ávidamente el resultado del próximo Sínodo a realizarse en Roma del 5 al 19 del próximo mes de octubre de 2015.

Entre los asuntos pastorales que preocupan al Papa Francisco, ocupa un lugar importante el rol y la participación de la mujer en la Iglesia . Circulan numerosas teorías de cómo debería ser esa participación pero, la más preocupante a mi entender, es la que procura establecer una igualdad de roles entre hombres y mujeres que, al menos en principio, iría en una dirección errónea.

¿Por qué errónea se preguntarán algunos? ¿Acaso no es saludable buscar la igualdad entre hombres y mujeres? ¿Acaso la Iglesia no debería admitir que la participación en la pastoral fuera igual tanto para hombres como para mujeres?

Es algo que da para pensar y mucho porque hoy, todo lo que sea la búsqueda de igualdad, el asunto de la ideología de género, el tema de los derechos humanos, ha dejado lugar a la pura especulación y, cuando quienes se ocupan de dilucidar nuevas situaciones como serían los teólogos por ejemplo, a veces en lugar de aclarar, confunden.

Lo primero que tenemos que entender los cristianos es que Dios creó a la humanidad, creó al hombre y creó a la mujer y les asignó una misión, reproducirse para reproducir la humanidad. No pensó al hombre solo ni a la mujer sola, pensó en una pareja humana tal como en la naturaleza hay parejas de animales ¿para qué? para que las especies no se extingan.


Dios pensó la humanidad y puso en el centro a la familia porque ésta es una comunidad de vida, sin familia no hay generación de vida ni individuos de reemplazo de generación en generación. Y para plasmarlo se necesita tanto al hombre como a la mujer. Simplemente una referencia para ubicar el rol de la mujer en la Iglesia que no es otro que el mismo que desarrolla en la vida familiar y social, ser un canal que aporta lo que el hombre no posee. Ambos somos necesarios, tanto el hombre como la mujer. Luego se resolverán las cuestiones de modo de participación en la Iglesia pero, como mujer que participó y participa de la vida eclesial, no me parece justo que se esté tildando desde ciertos sectores parroquiales al Papa Francisco como "machista" porque quienes tildan de "machistas" son las mujeres "feministas" y las oposiciones no son buenas, los "ismos" como machismo o feminismo no deberían ser categorías con las cuales evaluar ciertas cuestiones; de hecho solamente lo hacen quienes se sienten afectados por situaciones pasadas o presentes en las que se los ha discriminado, rebajado, ignorado. Pero no es el caso del Papa Francisco que, cuando era el Arzobispo de Buenos Aires y Cardenal Jorge Mario Bergoglio, tenía un tratamiento equitativo que iba mucho más allá del sexo masculino o femenino.

Lo que sucede hoy es que la ideología de género ha invadido toda actividad humana pero consiste en un concepto puramente político que no debería alcanzar ni a la familia ni a la Iglesia porque se limita a un sector de la población femenina y/o masculina que valora mucho más la individualidad de la persona que la complementariedad pensada por Dios para el ser humano. No rebaja a la mujer realizar de manera diferentes tareas que los hombres realizan de otro modo, no tiene que igualarse la mujer y dejar su femineidad de lado para hacerse valer porque tanto el hombre como la mujer tienen una distinción propia que los caracteriza, una delicadeza femenina que no anula la firmeza de carácter que imprime a sus actos y en el caso del varón,  una fortaleza masculina que nos hace sentir protegidas y amparadas. La verdad que sería muy aburrido que nos igualáramos tanto y en todo que no pudiéramos tener la oportunidad de descubrir uno en el otro lo que nos complementa.

Por más que se apele a buscar igualarnos, nunca lo lograremos porque estaríamos anulando lo que Dios dispuso, lo demás son cuestiones menores, no me hace más servidora de la Iglesia estar arriba de un altar exhibiendo un pedacito de poder, me hace más servidora de Jesús y de mi prójimo, estar en el lugar que me necesite la comunidad pero el primer lugar, la primera iglesia que necesita de mi colaboración es la Iglesia doméstica, mi familia. No tengo por qué pelear para subir a los codazos desplazando a otros, tengo que tener la humilad de María que no se hizo grande por el reconocimiento de sus pares sino por ser Madre y actuar como tal, con amor y paciencia y sobre todo reconociendo su ser MUJER .

Como mujer quiero tener la posibilidad de integrar una Iglesia comunidad de discípulos misioneros que se comprometa a dar a cada uno el lugar que le corresponde sin que nadie se sienta discriminado por sexo, edad o formación porque hay un lugar para todos en esa gran familia creada por Dios mismo.

María Inés Maceratesi

Preguntas para la reflexión:

¿Por qué la familia es la Iglesia Doméstica?
¿Qué entendemos por Iglesia? ¿Es el lugar a dónde vamos a rezar o a realizar una acción pastoral?; ¿Tenemos que preguntar qué es la Iglesia o quién es Iglesia?
¿Es necesario que la mujer luche por un lugar en la Iglesia que supuestamente no le otorgan los clérigos?
La Iglesia es una comunidad y la familia es una comunidad. ¿Qué es lo que une ambas comunidades?



viernes, 9 de mayo de 2014

Declaración "Felices los que trabajan por la paz" (Conferencia Episcopal Argentina)




1.Como pastores del pueblo de Dios -del que provenimos y al que queremos servir- nos dirigimos a todos los miembros de la Iglesia y a los hombres y mujeres de buena voluntad, para compartir nuestra mirada sobre un aspecto inquietante de la realidad nacional. Constatamos con dolor y preocupación que la Argentina está enferma de violencia. Algunos de los síntomas son evidentes, otros más sutiles, pero de una forma o de otra todos nos sentimos afectados. Queremos detenernos a reflexionar sobre este drama porque creemos que el amor vence al odio y que nuestro pueblo anhela la paz.

2.Son numerosas las formas de violencia que la sociedad padece a diario. Muchos viven con miedo al entrar o salir de casa, o temen dejarla sola, o están intranquilos esperando el regreso de los hijos de estudiar o trabajar. Los hechos delictivos no solamente han aumentado en cantidad sino también en agresividad. Una violencia cada vez más feroz y despiadada provoca lesiones graves y llega en muchos casos al homicidio. Es evidente la incidencia de la droga en algunas conductas violentas y en el descontrol de los que delinquen, en quienes se percibe escasa y casi nula valoración de la vida propia y ajena. La reiteración de estas situaciones alimenta en la población el enojo y la indignación, que de ninguna manera justifican respuestas de venganza o de la mal llamada “justicia por mano propia”. La creciente ola de delitos ha ganado espacio en los diversos medios de comunicación, que no siempre informan con objetividad y respeto a la privacidad y al dolor. Con frecuencia en nuestro país se promueve una dialéctica que alienta las divisiones y la agresividad.

3. No se puede responsabilizar y estigmatizar a los pobres por ser tales. Ellos sufren de manera particular la violencia y son víctimas de robos y asesinatos, aunque no aparezcan de modo destacado en las noticias. Conviene ampliar la mirada y reconocer que también son violencia las situaciones de exclusión social, de privación de oportunidades, de hambre y de marginación, de precariedad laboral, de empobrecimiento estructural de muchos, que contrasta con la insultante ostentación de riqueza de parte de otros. A estos escenarios violentos corremos el riesgo de habituarnos sin que nos duela el sufrimiento de los hermanos. Todo lo que atenta contra la dignidad de la vida humana es violación al proyecto de amor de Dios: la desnutrición infantil, gente durmiendo en la calle, hacinamiento y abuso, violencia doméstica, abandono del sistema educativo, peleas entre “barrabravas” a veces ligadas a dirigentes políticos y sociales, niños limpiando parabrisas de los autos, migrantes no acogidos e, incluso, la destrucción de la naturaleza. Hemos endurecido el corazón incorporando estas desgracias como parte de la normalidad de la vida social, acostumbrándonos a la injusticia y relativizando el bien y el mal. Es creciente la tendencia al individualismo y egoísmo, de los cuales despertamos sobresaltados cuando el delito nos afecta o toca cerca. El Papa Francisco señala que “se ha desarrollado una globalización de la indiferencia...” (Evangelii Gaudium 54).

4. Pero no nos ayuda culpar a los demás. Para lograr una sociedad en paz cada uno está llamado a sanar sus propias violencias. Es necesario reconocer las diversas crisis por las que atraviesa la familia, que es la primera escuela de paz. En ella aprendemos la buena noticia del amor humano y la alegría de convivir. Muchos niños y adolescentes crecen solos y en la calle provocando el debilitamiento de los vínculos sociales. Esto también repercute en la escuela. Episodios de violencia escolar se desarrollan ante la mirada pasiva de algunos hasta que es demasiado tarde. Muchos jóvenes ni estudian ni trabajan, quedando expuestos a diversas formas de violencia.

5. La corrupción, tanto pública como privada, es un verdadero “cáncer social” (EG 60), causante de injusticia y muerte. Desviar dineros que deberían destinarse al bien del pueblo provoca ineficiencia en servicios elementales de salud, educación, transporte. Estos delitos habitualmente prescriben o su persecución penal es abandonada, garantizando y afianzando la impunidad. Son estafas económicas y morales que corroen la confianza del pueblo en las instituciones de la República, y sientan las bases de un estilo de vida caracterizado por la falta de respeto a la ley. A ello se agregan mafias del crimen organizado sin freno dedicadas a la trata de personas para la esclavitud laboral o sexual, el tráfico de drogas y armas, los desarmaderos de autos robados, etc.

6. Para construir una sociedad saludable es imprescindible un compromiso de todos en el respeto de la ley. Desde las reglas más importantes establecidas en la Constitución Nacional, hasta las leyes de tránsito y las normas que rigen los aspectos más cotidianos de la vida. Sólo si las leyes justas son respetadas, y quienes las violan son sancionados, podremos reconstruir los lazos sociales dañados por el delito, la impunidad y la falta de ejemplaridad de quienes tenemos alguna autoridad. La obediencia a la ley es algo virtuoso y deseable, que ennoblece y dignifica a la persona. Esto vale también para los reclamos por nuestros derechos, que deben ser firmes pero pacíficos, sin amenazas ni restricciones injustas a los derechos de los demás. Frente al delito, deseamos ver jueces y fiscales que actúen con diligencia, que tengan los medios para cumplir su función, y que gocen de la independencia, la estabilidad y la tranquilidad necesarias. La lentitud de la Justicia deteriora la confianza de los ciudadanos en su eficacia. Algunos profesionales suelen utilizar de modo inescrupuloso artilugios legales para burlar o esquivar la justicia: también esto es inmoral.

7. La cárcel genera en la sociedad la falsa ilusión de encerrar el mal, pero ofrece pocos resultados. El sistema carcelario debe cumplir su función sin violar los derechos fundamentales de todos los presos, cuidando su salud, promoviendo su reeducación y recuperación. Nos duele y preocupa que casi la mitad de los presos no tenga sentencia. La mayoría de ellos son jóvenes pobres y sin posibilidades para contratar abogados que defiendan sus causas. Ningún delito justifica el maltrato o la falta de respeto a la dignidad de los detenidos. Gracias a Dios algunos cumplen la palabra de Jesús: “Estuve preso y me visitaron” (Mt 25,36).

8. Nos estamos acostumbrando a la violencia verbal, a las calumnias y a la mentira, que “socava la confianza entre los hombres y rompe el tejido de las relaciones sociales” (Catecismo de la Iglesia Católica, 2486). Urge en la Argentina recuperar el compromiso con la verdad, en todas sus dimensiones. Sin ese paso estamos condenados al desencuentro y a una falsa apariencia de diálogo.

9. Estos síntomas son graves. Sin embargo, en el cuerpo de nuestra sociedad se encuentran también los recursos para afrontar el paciente camino de la recuperación. Todos estamos involucrados en primera persona. Destacamos, ante todo, el profundo anhelo de paz que sigue animando el compromiso de tantos ciudadanos. No hay aquí distinción entre creyentes y quienes no lo son. Todos estamos llamados a la tarea de educarnos para la paz.

10. Nosotros creemos que Dios es “fuente de toda razón y justicia” y que los peores males brotan del propio corazón humano. El vínculo de amor con Jesús vivo cura nuestra violencia más profunda y es el camino para avanzar en la amistad social y en la cultura del encuentro. A esto se refiere el Papa Francisco cuando nos invita a “cuidarnos unos a otros”. Jesús nos enseñó que “Dios hace salir el sol sobre buenos y malos y hace llover sobre justos e injustos” (Mt 5, 45). No hay persona que esté fuera de su corazón. En su proyecto de amor la humanidad entera está llamada a la plenitud. No hay una vida que valga más y otras menos: la del niño y el adulto, varón o mujer, trabajador o empresario, rico o pobre. Toda vida debe ser cuidada y ayudada en su desarrollo desde la concepción hasta la muerte natural, en todas sus etapas y dimensiones. Jesús es nuestra Paz, en él encontramos Vida y Vida abundante. A Él volvemos nuestra mirada y en Él ponemos nuestra esperanza para renovar nuestro compromiso en favor de la vida, la paz y la salud integral de nuestra querida Patria. Jesús nos dice: “Felices los que trabajan por la paz…” (Mt 5,9). Muchos ya lo están haciendo. Hay destacables iniciativas en escuelas, parroquias, clubes, talleres artísticos y otras organizaciones de la sociedad. Los alentamos a seguir siendo instrumentos de paz. Exhortamos particularmente a la dirigencia a desarrollar un diálogo que genere consensos y políticas de estado para superar la situación actual.

11. La Virgen de Luján, presente en el corazón creyente de tantos argentinos y argentinas, nos anima y acompaña en nuestro empeño “…porque cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes…” (EG 288)

Los obispos argentinos
Pilar - 107 Asamblea plenaria
8 de mayo de 2014, Solemnidad de Nuestra Señora de Luján



martes, 6 de mayo de 2014

La fe no es exclusivamente dogma pero tampoco es opinión




Hoy escuché en un programa de radio que, en una entrevista al vocero de la Conferencia Episcopal Argentina,  una periodista le decía si era cierto que la Conferencia Episcopal que actualmente se encuentra reunida, trataría el tema de los divorciados vueltos a unir. El P. Oesterheld le respondió que tratarían una encuesta sobre familia propuesta por el Papa Francisco que expondría la Comisión de Pastoral Familiar. Cuando concluyó la comunicación telefónica siguieron comentando el tema y concluyeron que había cuestiones que la Iglesia tenía que cambiar porque no eran dogma y que si no, se quedaría reducida a la categoría de secta; se referían al celibato sacerdotal, a las nuevas uniones familiares, a los divorciados vueltos a unir...

Quiero aclarar algo: la Iglesia tiene dogmas de fe que son los fundamentos en los cuales los cristianos católicos creemos, luego existen aquellas cuestiones que se resuelven desde la pastoral pero que no anulan las verdades de la fe, que son los pilares sobre los que se edificó y se sigue edificando la Iglesia. Los dogmas no son ataduras sino todo lo contrario porque todos están orientados a comprender desde la razón y desde la fe aquéllo que creemos pero no entendemos. Puede cambiar el modo de interpretarlos pero no su contenido que es siempre para el bien de la persona. En definitiva es la Iglesia toda con el Papa a la cabeza, quien nos va dando los elementos para una mejor comprensión y para eso tenemos abundante información, toda cimentada en la Palabra de Dios.

Sería muy bueno que los periodistas, antes de hablar de lo que no conocen en profundidad, en lugr de "opinar" de lo que no conocen bien, llamaran a gente que sepa del tema o leyeran por ejemplo los Documentos del Concilio Vaticano II que, hasta ahora, son ejemplificadores y también la multiplicidad de Cartas Apostólicas, Encíclicas y Ehortaciones pastorales elaboradas por los distintos Papas y comisones pastorales que luego bajan a las diócesis, vicarías y parroquias. En el caso de cuestiones familiares, la Familiaris Consortio escrita por Juan Pablo II trata todos los temas que incumben a la familia. La Humanae Vitae, la Fides et Ratio, etc. etc. nos instruyen sobre aquello que no logramos entender. Hay documentos sobre los Medios de Comunicación y mucho más. El Documento de Puebla: adaptación del Concilio Vat. II a la realidad latinoamericana, las Encíclicas sobre el trabajo, la economía, la política...que no hacen más que mostrarnos una visión sobre la realidad que vivimos.

Soy una de esas personas que pudo tomar la decisión de querer entender lo que creia para poder dar razones de mi fe comenzando a estudiar y profundizar, escalando en la comprensión de a poco, gracias al Seminario Catequístico, gracias a la especialización en Pastoral Familiar y Pastoral de la Comunicación, gracias a la multiplicidad de jornadas, congresos, grupos de reflexión...y sigo profundizando porque en esta materia no se agota nunca el aprendizaje, siempre seremos discípulos misioneros por el Bautismo pero no nos podemos aislar, creemos como Pueblo de Dios y no como personas aisladas que dan su parecer u opinión. Dios mismo prepara nuestro camino y pone a nuestro alcance los medios para la misión, es cuestión de elegir hablar por hablar o hablar con intención de aclarar lo que está oscurecido. La Iglesia es Madre y Maestra y los contenidos de la fe son para todos y no para unos cuantos "expertos" o "especialistas"

Pero no se trata de creer ciegamente, ni de opinar por opinar ya que en el camino encontraremos personas que nos pedirán cuentas de por qué creemos lo que creemos. También nos dirán lo primero que se les presenta en su pensamiento a los que se creen muy progresistas pero que, si escuchamos con atención, descubrimos su mirada fundamentalista que expresan de esta manera: "la iglesia es opresora porque está atada al dogma y los cristianos no son libres" ¡Cuánta equivocación! es todo lo contrario y lo respondo desde la Palabra de Dios contenida en la Biblia y una de las declaraciones más conocidas de Jesús : "y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres." (Jn 8:32).


Lectura recomendada:

Carta Encíclica Lumen Fidei del Papa Francisco http://www.aciprensa.com/Docum/documento.php?id=520

Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium:  http://www.aciprensa.com/Docum/evangeliigaudium.pdf 

María Inés Maceratesi
 

jueves, 31 de octubre de 2013

Redescubrir la Comunión de los Santos como fruto del Bautismo



LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS : VERDAD CONSOLADORA DE NUESTRA FE
Ciudad del Vaticano, 30 octubre 2013 (VIS).-La "comunión de los santos", una de las realidades más bellas de nuestra fe, como la ha definido el Papa Francisco, ha sido el tema de la catequesis de la audiencia general de los miércoles, que ha tenido lugar en la Plaza de San Pedro y en la que han participado más de 80.000 personas.

La comunión de los santos tiene dos significados relacionados: comunión en las cosas santas y comunión entre las personas santas y el Santo Padre se ha centrado en el segundo, “ una de las verdades más consoladoras de nuestra fe”, porque “nos recuerda que no estamos solos, sino que hay una comunión de vida entre todos los que pertenecen a Cristo. Una comunión que nace de la fe. De hecho, el término "santos" se refiere a aquellos que creen en el Señor Jesús y por él se incorporan a la Iglesia a través del bautismo”.

La relación entre Jesús y el Padre es “la matriz de la unión entre los cristianos: si estamos radicados en esta "matriz”, en este fuego ardiente de amor, podemos llegar a poseer un único corazón y una única alma, porque el amor de Dios abrasa nuestro egoísmo, nuestros prejuicios, nuestras divisiones internas y externas. Si estamos enraizados en la fuente del Amor, que es Dios, se produce un movimiento recíproco : de los hermanos a Dios, la experiencia de la comunión fraterna me lleva a la comunión con Dios. El amor de Dios abrasa también nuestros pecados”.

Francisco ha pasado a tratar este segundo aspecto de la comunión de los santos: La fe necesita el apoyo de los demás, especialmente en tiempos difíciles, preguntándose: “¿Quién de nosotros no ha experimentado la inseguridad, el abatimiento e incluso las dudas en el camino de la fe ?” .Todos las hemos experimentado; yo también, forma parte del camino de la fe, del camino de nuestra vida..”Todo esto -ha explicado- no debe sorprendernos, porque somos seres humanos , marcados por la fragilidad y las limitaciones. Sin embargo, en esos tiempos difíciles hay que confiar en Dios, a través de la oración filial, y al mismo tiempo, es importante encontrar el coraje y la humildad para estar abierto a los demás. En esta comunión -porque comunión significa común unión- somos una gran familia, donde todos los miembros se ayudan y se apoyan mutuamente”.

El tercer aspecto de la comunión de los santos es que “va más allá de la vida terrena, va más allá de la muerte y dura para siempre. Es una unión espiritual que nace en el bautismo y no se rompe con la muerte: gracias a Cristo resucitado, está destinada a encontrar su plenitud en la vida eterna. Hay un vínculo profundo e indisoluble entre los que todavía peregrinan en este mundo, entre nosotros, y los que han cruzado el umbral de la muerte a la eternidad . Todos los bautizados aquí, en la tierra, las almas del Purgatorio y los beatos que ya están en el paraíso forman una grande y única familia. Esta comunión entre el cielo y la tierra se realiza sobre todo en la oración de intercesión... Es una realidad nuestra, de todos, que nos hace hermanos, nos acompaña en el camino de la vida y hace que nos volvamos a encontrar en el cielo. !Adelante por este camino, con confianza y alegría!”.

jueves, 3 de octubre de 2013

El Papa dialoga con Scalfari sobre la fe


El fundador del periódico "Repubblica" había publicado dos cartas sobre la encíclica "Lumen Fidei". Bergoglio le ha respondido
Andrea Tornielli
Ciudad del Vaticano

«Estimadísimo Doctor Scalfari...». Así empieza la inédita y excepcional carta que el Pontífice ha enviado al fundador del periódico italiano "Repubblica"

Este último en dos ocasiones se había dirigido directamente a Francisco para plantearle algunas preguntas sobre la fe, sobre Jesús, sobre el perdón de los pecados de los que no creen, sobre las diferencias entre el cristianismo y las demás religiones, a partir de la encíclica "Lumen Fidei". Bergoglio decidió responderle con una larga carta personal, hoy publicada por el periódico en primera plana.

El Papa recuerda que el diálogo «sincero y riguroso» con los que no creen es uno de los objetivos de la encíclica comenzada por Ratzinger y acabada por su sucesor. Un diálogo «necesario y precioso» que, explica el Papa, no es «un accesorio secundario de la existencia del creyente: es, en cambio, una expresión íntima e indispensable».

Justamente en la encíclica se lee que «la verdad de un amor no se impone con la violencia, no aplasta a la persona. Naciendo del amor puede llegar al corazón, al centro personal de cada hombre. Se ve claro así que la fe no es intransigente, sino que crece en la convivencia que respeta al otro. El creyente no es arrogante; al contrario, la verdad le hace humilde, sabiendo que, más que poseerla él, es ella la que le abraza y le posee. En lugar de hacernos intolerantes, la seguridad de la fe nos pone en camino y hace posible el testimonio y el diálogo con todos».

Francisco explicó a Scalfari que «sin la Iglesia, "créame", no habría podido encontrar a Jesús, aún con la consciencia de aquel inmenso don que "la fe ha custodiado en los frágiles vasos de arcilla de nuestra humanidad"». Y es justamente a partir de esta «personal experiencia de fe vivida en la Iglesia que me encuentro a gusto escuchando sus preguntas y tratando, junto a usted, las vías a lo largo de las que tal vez podamos comenzar a caminar juntos por un trecho».

El Papa insistió en la importancia de la historicidad de los Evangelios y de la divinidad de Jesús, que se manifiesta en el Calvario. Justamente sobre la Cruz, explica el Papa «¡Jesús se muestra, paradójicamente, como el Hijo de Dios! Hijo de un Dios que es  amor y que quiere, con todo su ser, que el hombre, cada hombre, se descubra y viva también como su verdadero hijo. Esto, para la fe cristiana, certifica el hecho de que Jesús resucitó: no para traer el triunfo sobre quien le ha rechazado, sino para demostrar que el amor de Dios es más fuerte que la muerte, el perdón de Dios es más fuerte que cualquier pecado y que vale la pena dar la propia vida, hasta el fondo, para testimoniar este inmenso don».

«La fe cristiana cree esto: que Jesús es el Hijo de Dios que ha venido a dar su vida para abrir a todos», y la encarnación «es el eje de la salvación. Porque la encarnación, es decir el hecho de que el Hijo de Dios haya venido a nuestra carne y haya compartido alegrías y dolores, victorias y derrotas de nuestra existencia, hasta el grito en la cruz, viviendo cada cosa en el amor y en la fidelidad al "Abba", es el testimonio del increíble amor que Dios tiene por cada hombre, el valor inestimable que le reconoce. Cada uno de nosotros, por elllo, ha sido llamado a hacer suya la mirada y la elección de amor de Jesús, a entrar en su forma de ser, de pensar y de actuar».

Un pasaje de la carta está dedicado a los judíos: «Lo  que puedo decir, con el apóstol Pablo, es que nunca ha disminuido la fidelidad de Dios hacia la alianza estrechada con Israel y que, a través de las terribles pruebas de estos siglos, los judíos han conservado su fe en Dios. Y nunca estaremos suficientemente agracedidos para con ellos, como Iglesia, pero también como humanidad».

Con respecto a la pregunta de Scalfari sobre si el Dios de los cristianos perdona a los que no creen y a los que no buscan la fe, el Papa dice: «la cuestión para los que no creen en Dios radica en el obedecer la propia consciencia. El pecado, incluso para los que no tienen fe, existe cuando se va en contra de la consciencia. Escuchar y obedecerla significa, de hecho, decidir frente a lo que se percibe como bien o como mal. Y sobre esta decisión se juega la bondad o la maldad de nuestras acciones».

Y sobre la idea de que «no existe nada absoluto y por lo tanto tampoco ninguna verdad absoluta, sino una serie de verdades relativas y subjetivas», Francisco responde: «Para empezar, yo no hablaría, ni siquiera para los que creen, de verdad absoluta, en el sentido de que lo absoluto es lo que no está vinculado, es decir lo que es anterior a cualquier relación. Entonces, la verdad según la fe cristiana es el amor de Dios por nosotros en Jesús. Cristo. Así pues, ¡la verdad es una relación! Tan es así que cada uno de nosotros acoge la verdad y la expresa a partir de sí, de su historia y cultura, de la situación en la que vive, etc. Esto no significa que la verdad sea variable y subjetiva, todo lo contrario. Significa que la verdad se da a nosotros siempre y solamente como un camino y una vida».

«En otras palabras -continúa el Papa-, la verdad, al ser en definitiva un todo con el amor, exige la humildad y la apertura para ser buscada, acogida y expresada. Por lo que hay que entender bien los términos y, tal vez, para salir de los callejones de una contraposición… absoluta, replantear profundamente la cuestión».

Para concluir, Francisco, después de haber definido sus palabras como una «respuesta tentativa y provisional, pero sincera y con confianza», en la que invitó a «recorrer un trecho del camino juntos», concluyó garantizando a Scalfari que «la Iglesia, créame, a pesar de todas las lentitudes, las infidelidades, los errores y los pecados que puede haber cometido y puede todavía cometer en los que la componen, no tiene otro sentido ni fin si no el de vivir y ofrecer testimoniar a Jesús».

domingo, 28 de julio de 2013

Discurso del Santo Padre en el encuentro con el Comité de Coordinación del Celam (Río de Janeiro, 28 de Julio 2013)



1. Introducción


Agradezco al Señor esta oportunidad de poder hablar con ustedes, hermanos Obispos, responsables del CELAM en el cuatrienio 2011-2015. Hace 57 años que el CELAM sirve a las 22 Conferencias Episcopales de América Latina y El Caribe, colaborando solidaria y subsidiariamente para promover, impulsar y dinamizar la colegialidad episcopal y la comunión entre las Iglesias de esta Región y sus Pastores.

Como Ustedes, también yo soy testigo del fuerte impulso del Espíritu en la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y El Caribe en Aparecida, en mayo de 2007, que sigue animando los trabajos del CELAM para la anhelada renovación de las iglesias particulares. Esta renovación, en buena parte de ellas, se encuentra ya en marcha. Quisiera centrar esta conversación en el patrimonio heredado de aquel encuentro fraterno y que todos hemos bautizado como Misión Continental.

2. Características peculiares de Aparecida

Existen cuatro características que son propias de la V Conferencia. Son como cuatro columnas del desarrollo de Aparecida y que le dan su originalidad.

1) Inicio sin documento

Medellín, Puebla y Santo Domingo comenzaron sus trabajos con un camino recorrido de preparación que culminó en una especie de Instrumentum laboris, con el cual se desarrolló la discusión, reflexión y aprobación del documento final. En cambio, Aparecida promovió la participación de las Iglesias particulares como camino de preparación que culminó en un documento de síntesis. Este documento, si bien fue referencia durante la Quinta Conferencia General, no se asumió como documento de partida. El trabajo inicial consistió en poner en común las preocupaciones de los Pastores ante el cambio de época y la necesidad de recuperar la vida discipular y misionera con la que Cristo fundó la Iglesia.

2) Ambiente de oración con el Pueblo de Dios

Es importante recordar el ambiente de oración generado por el diario compartir la Eucaristía y otros momentos litúrgicos, donde siempre fuimos acompañados por el Pueblo de Dios. Por otro lado, puesto que los trabajos tenían lugar en el subsuelo del Santuario, la "música funcional" que los acompañaba fueron los cánticos y oraciones de los fieles.

3) Documento que se prolonga en compromiso, con la Misión Continental

En este contexto de oración y vivencia de fe surgió el deseo de un nuevo Pentecostés para la Iglesia y el compromiso de la Misión Continental. Aparecida no termina con un Documento sino que se prolonga en la Misión Continental.

4) La presencia de Nuestra Señora, Madre de América

Es la primera Conferencia del Episcopado Latinoamericano y El Caribe que se realiza en un Santuario mariano.

3. Dimensiones de la Misión Continental

La Misión Continental se proyecta en dos dimensiones: programática y paradigmática. La misión programática, como su nombre lo indica, consiste en la realización de actos de índole misionera. La misión paradigmática, en cambio, implica poner en clave misionera la actividad habitual de las Iglesias particulares. Evidentemente aquí se da, como consecuencia, toda una dinámica de reforma de las estructuras eclesiales. El "cambio de estructuras" (de caducas a nuevas) no es fruto de un estudio de organización de la planta funcional eclesiástica, de lo cual resultaría una reorganización estática, sino que es consecuencia de la dinámica de la misión. Lo que hace caer las estructuras caducas, lo que lleva a cambiar los corazones de los cristianos, es precisamente la misionariedad. De aquí la importancia de la misión paradigmática.

La Misión Continental, sea programática, sea paradigmática, exige generar la conciencia de una Iglesia que se organiza para servir a todos los bautizados y hombres de buena voluntad. El discípulo de Cristo no es una persona aislada en una espiritualidad intimista, sino una persona en comunidad, para darse a los demás. Misión Continental, por tanto, implica pertenencia eclesial.

Un planteo como éste, que comienza por el discipulado misionero e implica comprender la identidad del cristiano como pertenencia eclesial, pide que nos explicitemos cuáles son los desafíos vigentes de la misionariedad discipular. Señalaré solamente dos: la renovación interna de la Iglesia y el diálogo con el mundo actual.


Renovación interna de la Iglesia


Aparecida ha propuesto como necesaria la Conversión Pastoral. Esta conversión implica creer en la Buena Nueva, creer en Jesucristo portador del Reino de Dios, en su irrupción en el mundo, en su presencia victoriosa sobre el mal; creer en la asistencia y conducción del Espíritu Santo; creer en la Iglesia, Cuerpo de Cristo y prolongadora del dinamismo de la Encarnación.

En este sentido, es necesario que, como Pastores, nos planteemos interrogantes que hacen a la marcha de las Iglesias que presidimos. Estas preguntas sirven de guía para examinar el estado de las diócesis en la asunción del espíritu de Aparecida y son preguntas que conviene nos hagamos frecuentemente como examen de conciencia.

    1. ¿Procuramos que nuestro trabajo y el de nuestros Presbíteros sea más pastoral que administrativo? ¿Quién es el principal beneficiario de la labor eclesial, la Iglesia como organización o el Pueblo de Dios en su totalidad?

    2. ¿Superamos la tentación de atender de manera reactiva los complejos problemas que surgen? ¿Creamos un hábito pro-activo? ¿Promovemos espacios y ocasiones para manifestar la misericordia de Dios? ¿Somos conscientes de la responsabilidad de replantear las actitudes pastorales y el funcionamiento de las estructuras eclesiales, buscando el bien de los fieles y de la sociedad?

    3. En la práctica, ¿hacemos partícipes de la Misión a los fieles laicos? ¿Ofrecemos la Palabra de Dios y los Sacramentos con la clara conciencia y convicción de que el Espíritu se manifiesta en ellos?

    4. ¿Es un criterio habitual el discernimiento pastoral, sirviéndonos de los Consejos Diocesanos? Estos Consejos y los Parroquiales de Pastoral y de Asuntos Económicos ¿son espacios reales para la participación laical en la consulta, organización y planificación pastoral? El buen funcionamiento de los Consejos es determinante. Creo que estamos muy atrasados en esto.

    5. Los Pastores, Obispos y Presbíteros, ¿tenemos conciencia y convicción de la misión de los fieles y les damos la libertad para que vayan discerniendo, conforme a su proceso de discípulos, la misión que el Señor les confía? ¿Los apoyamos y acompañamos, superando cualquier tentación de manipulación o sometimiento indebido? ¿Estamos siempre abiertos para dejarnos interpelar en la búsqueda del bien de la Iglesia y su Misión en el mundo?

    6. Los agentes de pastoral y los fieles en general ¿se sienten parte de la Iglesia, se identifican con ella y la acercan a los bautizados distantes y alejados?

Como se puede apreciar aquí están en juego actitudes. La Conversión Pastoral atañe principalmente a las actitudes y a una reforma de vida. Un cambio de actitudes necesariamente es dinámico: "entra en proceso" y sólo se lo puede contener acompañándolo y discerniendo. Es importante tener siempre presente que la brújula, para no perderse en este camino, es la de la identidad católica concebida como pertenencia eclesial.

Diálogo con el mundo actual


Hace bien recordar las palabras del Concilio Vaticano II: Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo (cf. GS, 1). Aquí reside el fundamento del diálogo con el mundo actual.

La respuesta a las preguntas existenciales del hombre de hoy, especialmente de las nuevas generaciones, atendiendo a su lenguaje, entraña un cambio fecundo que hay que recorrer con la ayuda del Evangelio, del Magisterio, y de la Doctrina Social de la Iglesia. Los escenarios y areópagos son de lo más variado. Por ejemplo, en una misma ciudad, existen varios imaginarios colectivos que conforman "diversas ciudades". Si nos mantenemos solamente en los parámetros de "la cultura de siempre", en el fondo una cultura de base rural, el resultado terminará anulando la fuerza del Espíritu Santo. Dios está en todas partes: hay que saber descubrirlo para poder anunciarlo en el idioma de esa cultura; y cada realidad, cada idioma, tiene un ritmo diverso.

4. Algunas tentaciones contra el discipulado misionero


La opción por la misionariedad del discípulo será tentada. Es importante saber por dónde va el mal espíritu para ayudarnos en el discernimiento. No se trata de salir a cazar demonios, sino simplemente de lucidez y astucia evangélica. Menciono sólo algunas actitudes que configuran una Iglesia "tentada". Se trata de conocer ciertas propuestas actuales que pueden mimetizarse en la dinámica del discipulado misionero y detener, hasta hacer fracasar, el proceso de Conversión Pastoral.

1. La ideologización del mensaje evangélico. Es una tentación que se dio en la Iglesia desde el principio: buscar una hermenéutica de interpretación evangélica fuera del mismo mensaje del Evangelio y fuera de la Iglesia. Un ejemplo: Aparecida, en un momento, sufrió esta tentación bajo la forma de asepsia. Se utilizó, y está bien, el método de "ver, juzgar, actuar" (cf. n. 19). La tentación estaría en optar por un "ver" totalmente aséptico, un "ver" neutro, lo cual es inviable. Siempre el ver está afectado por la mirada. No existe una hermenéutica aséptica. La pregunta era, entonces: ¿con qué mirada vamos a ver la realidad? Aparecida respondió: Con mirada de discípulo. Así se entienden los números 20 al 32. Hay otras maneras de ideologización del mensaje y, actualmente, aparecen en Latinoamérica y El Caribe propuestas de esta índole. Menciono sólo algunas:

        a) El reduccionismo socializante. Es la ideologización más fácil de descubrir. En algunos momentos fue muy fuerte. Se trata de una pretensión interpretativa en base a una hermenéutica según las ciencias sociales. Abarca los campos más variados, desde el liberalismo de mercado hasta la categorización marxista.

        b) La ideologización psicológica. Se trata de una hermenéutica elitista que, en definitiva, reduce el "encuentro con Jesucristo" y su ulterior desarrollo a una dinámica de autoconocimiento. Suele darse principalmente en cursos de espiritualidad, retiros espirituales, etc. Termina por resultar una postura inmanente autorreferencial. No sabe de trascendencia y, por tanto, de misionariedad.

        c) La propuesta gnóstica. Bastante ligada a la tentación anterior. Suele darse en grupos de élites con una propuesta de espiritualidad superior, bastante desencarnada, que termina por desembarcar en posturas pastorales de "quaestiones disputatae". Fue la primera desviación de la comunidad primitiva y reaparece, a lo largo de la historia de la Iglesia, en ediciones corregidas y renovadas. Vulgarmente se los denomina "católicos ilustrados" (por ser actualmente herederos de la Ilustración).

        d) La propuesta pelagiana. Aparece fundamentalmente bajo la forma de restauracionismo. Ante los males de la Iglesia se busca una solución sólo en la disciplina, en la restauración de conductas y formas superadas que, incluso culturalmente, no tienen capacidad significativa. En América Latina suele darse en pequeños grupos, en algunas nuevas Congregaciones Religiosas, en tendencias a la "seguridad" doctrinal o disciplinaria. Fundamentalmente es estática, si bien puede prometerse una dinámica hacia adentro: involuciona. Busca "recuperar" el pasado perdido.

2. El funcionalismo. Su acción en la Iglesia es paralizante. Más que con la ruta se entusiasma con la "hoja de ruta". La concepción funcionalista no tolera el misterio, va a la eficacia. Reduce la realidad de la Iglesia a la estructura de una ONG. Lo que vale es el resultado constatable y las estadísticas. De aquí se va a todas las modalidades empresariales de Iglesia. Constituye una suerte de "teología de la prosperidad" en lo organizativo de la pastoral.

3. El clericalismo es también una tentación muy actual en Latinoamérica. Curiosamente, en la mayoría de los casos, se trata de una complicidad pecadora: el cura clericaliza y el laico le pide por favor que lo clericalice, porque en el fondo le resulta más cómodo. El fenómeno del clericalismo explica, en gran parte, la falta de adultez y de cristiana libertad en buena parte del laicado latinoamericano. O no crece (la mayoría), o se acurruca en cobertizos de ideologizaciones como las ya vistas, o en pertenencias parciales y limitadas. Existe en nuestras tierras una forma de libertad laical a través de experiencias de pueblo: el católico como pueblo. Aquí se ve una mayor autonomía, sana en general, y que se expresa fundamentalmente en la piedad popular. El capítulo de Aparecida sobre piedad popular describe con profundidad esta dimensión. La propuesta de los grupos bíblicos, de las comunidades eclesiales de base y de los Consejos pastorales va en la línea de superación del clericalismo y de un crecimiento de la responsabilidad laical.

Podríamos seguir describiendo algunas otras tentaciones contra el discipulado misionero, pero creo que éstas son las más importantes y de más fuerza en este momento de América Latina y El Caribe.

5. Algunas pautas eclesiológicas


1. El discipulado-misionero que Aparecida propuso a las Iglesias de América Latina y El Caribe es el camino que Dios quiere para este "hoy". Toda proyección utópica (hacia el futuro) o restauracionista (hacia el pasado) no es del buen espíritu. Dios es real y se manifiesta en el "hoy". Hacia el pasado su presencia se nos da como "memoria" de la gesta de salvación sea en su pueblo sea en cada uno de nosotros; hacia el futuro se nos da como "promesa" y esperanza. En el pasado Dios estuvo y dejó su huella: la memoria nos ayuda a encontrarlo; en el futuro sólo es promesa… y no está en los mil y un "futuribles". El "hoy" es lo más parecido a la eternidad; más aún: el "hoy" es chispa de eternidad. En el "hoy" se juega la vida eterna.

El discipulado misionero es vocación: llamado e invitación. Se da en un "hoy" pero "en tensión". No existe el discipulado misionero estático. El discípulo misionero no puede poseerse a sí mismo, su inmanencia está en tensión hacia la trascendencia del discipulado y hacia la trascendencia de la misión. No admite la autorreferencialidad: o se refiere a Jesucristo o se refiere al pueblo a quien se debe anunciar. Sujeto que se trasciende. Sujeto proyectado hacia el encuentro: el encuentro con el Maestro (que nos unge discípulos) y el encuentro con los hombres que esperan el anuncio.

Por eso, me gusta decir que la posición del discípulo misionero no es una posición de centro sino de periferias: vive tensionado hacia las periferias… incluso las de la eternidad en el encuentro con Jesucristo. En el anuncio evangélico, hablar de "periferias existenciales" des-centra, y habitualmente tenemos miedo a salir del centro. El discípulo-misionero es un des-centrado: el centro es Jesucristo, que convoca y envía. El discípulo es enviado a las periferias existenciales.

2. La Iglesia es institución pero cuando se erige en "centro" se funcionaliza y poco a poco se transforma en una ONG. Entonces, la Iglesia pretende tener luz propia y deja de ser ese "misterium lunae" del que nos hablaban los Santos Padres. Se vuelve cada vez más autorreferencial y se debilita su necesidad de ser misionera. De "Institución" se transforma en "Obra". Deja de ser Esposa para terminar siendo Administradora; de Servidora se transforma en "Controladora". Aparecida quiere una Iglesia Esposa, Madre, Servidora, facilitadora de la fe y no controladora de la fe.

3. En Aparecida se dan de manera relevante dos categorías pastorales que surgen de la misma originalidad del Evangelio y también pueden servirnos de pauta para evaluar el modo como vivimos eclesialmente el discipulado misionero: la cercanía y el encuentro. Ninguna de las dos es nueva, sino que conforman la manera cómo se reveló Dios en la historia. Es el "Dios cercano" a su pueblo, cercanía que llega al máximo al encarnarse. Es el Dios que sale al encuentro de su pueblo. Existen en América Latina y El Caribe pastorales "lejanas", pastorales disciplinarias que privilegian los principios, las conductas, los procedimientos organizativos… por supuesto sin cercanía, sin ternura, sin caricia. Se ignora la "revolución de la ternura" que provocó la encarnación del Verbo. Hay pastorales planteadas con tal dosis de distancia que son incapaces de lograr el encuentro: encuentro con Jesucristo, encuentro con los hermanos. Este tipo de pastorales a lo más pueden prometer una dimensión de proselitismo pero nunca llegan a lograr ni inserción eclesial ni pertenencia eclesial. La cercanía crea comunión y pertenencia, da lugar al encuentro. La cercanía toma forma de diálogo y crea una cultura del encuentro. Una piedra de toque para calibrar la cercanía y la capacidad de encuentro de una pastoral es la homilía. ¿Qué tal son nuestras homilías? ¿Nos acercan al ejemplo de nuestro Señor, que "hablaba como quien tiene autoridad" o son meramente preceptivas, lejanas, abstractas?

4. Quien conduce la pastoral, la Misión Continental (sea programática como paradigmática), es el Obispo. El Obispo debe conducir, que no es lo mismo que mandonear. Además de señalar las grandes figuras del episcopado latinoamericano que todos conocemos quisiera añadir aquí algunas líneas sobre el perfil del Obispo que ya dije a los Nuncios en la reunión que tuvimos en Roma. Los Obispos han de ser Pastores, cercanos a la gente, padres y hermanos, con mucha mansedumbre; pacientes y misericordiosos. Hombres que amen la pobreza, sea la pobreza interior como libertad ante el Señor, sea la pobreza exterior como simplicidad y austeridad de vida. Hombres que no tengan "psicología de príncipes". Hombres que no sean ambiciosos y que sean esposos de una Iglesia sin estar a la expectativa de otra. Hombres capaces de estar velando sobre el rebaño que les ha sido confiado y cuidando todo aquello que lo mantiene unido: vigilar sobre su pueblo con atención sobre los eventuales peligros que lo amenacen, pero sobre todo para cuidar la esperanza: que haya sol y luz en los corazones. Hombres capaces de sostener con amor y paciencia los pasos de Dios en su pueblo. Y el sitio del Obispo para estar con su pueblo es triple: o delante para indicar el camino, o en medio para mantenerlo unido y neutralizar los desbandes, o detrás para evitar que alguno se quede rezagado, pero también, y fundamentalmente, porque el rebaño mismo también tiene su olfato para encontrar nuevos caminos.

No quisiera abundar en más detalles sobre la persona del Obispo, sino simplemente añadir, incluyéndome en esta afirmación, que estamos un poquito retrasados en lo que a Conversión Pastoral se refiere. Conviene que nos ayudemos un poco más a dar los pasos que el Señor quiere para nosotros en este "hoy" de América Latina y El Caribe. Y sería bueno comenzar por aquí.

Les agradezco la paciencia de escucharme. Perdonen el desorden de la charla y, por favor, les pido que tomemos en serio nuestra vocación de servidores del santo pueblo fiel de Dios, porque en esto se ejercita y se muestra la autoridad: en la capacidad de servicio. Muchas gracias.


Fuente: Oficina de Prensa del Vaticano



lunes, 18 de marzo de 2013

Un cielo nuevo y una tierra nueva gracias a S.S.Francisco



Estamos a pocas horas de asistir a un hecho no sólo histórico sino también teológico, la asunción de un nuevo Papa, un Papa del Siglo 21 que nos dará grandes sorpresas. A mi entender comienza una etapa signada por el testimonio más que por las palabras, comienza lo que Juan Pablo II ya nos había anunciado: "el siglo 21 será espiritual o no será"

¿Pero quién es este hombre que se atreve a romper con el protocolo, que usa zapatos gastados y se despoja de oropeles usados durante siglos?

Quienes vivimos en Argentina y más puntualmente en la Arquidiócesis de Buenos Aires no nos asombramos de los gestos que realiza porque llevamos años escuchándolo decir que tenemos que ser testigos, que nuestras palabras serán creíbles si se acompañan con los gestos adecuados. No nos asombra el despojo ni la alegría que emana porque su prédica siempre se basó en la alegría y en la fiesta.

Jorge Mario Bergoglio sj nació en Buenos Aires el 17 de diciembre de 1936. Estudió y se diplomó como técnico químico, pero al decidirse por el sacerdocio ingresó en el seminario de Villa Devoto. El 11 de marzo de 1958 pasó al noviciado de la Compañía de Jesús, estudió humanidades en Chile, y en 1960, de regreso en Buenos Aires, obtuvo la licenciatura en Filosofía en el Colegio Máximo "San José", de San Miguel.

Entre 1964 y 1965 fue profesor de Literatura y Psicolog{ia en el Colegio de la Inmaculada de Santa Fe, y en 1966 dictó iguales materias en el Colegio del Salvador de Buenos Aires.

De 1967 a 1970 cursó Teología en el Colegio Máximo "San José", de San Miguel, cuya licenciatura obtuvo. El 13 de diciembre de 1969 fue ordenado sacerdote.

En 1971 hizo la tercera probación en Alcalá de Henares (España), y el 22 de abril de 1973 su profesión perpetua.

Fue maestro de novicios en Villa Barilari, de San Miguel (años 1972/73), profesor en la Facultad de Teología y Consultor de la Provincia y rector del Colegio Máximo. El 31 de julio de 1973 fue elegido provincial de la Argentina, cargo que ejerció durante seis años. Estuvo en Alemania, y al volver la superioridad lo destinó al Colegio del Salvador, de donde pasó a la Iglesia de la Compañía, de la ciudad de Córdoba, como director espiritual y confesor.

Entre 1980 y 1986 fue rector del Colegio Máximo y de las Facultades de Filosofía y Teología de la misma Casa.

El 20 de mayo de 1992, Juan Pablo II lo designó obispo titular de Auca y auxiliar de Buenos Aires a cargo de la Vicaría Flores. El 27 de junio del mismo año recibió en la Catedral la ordenación episcopal de manos del cardenal Antonio Quarracino, del Nuncio Apostólico Ubaldo Calabresi y del obispo de Mercedes-Luján, monseñor Emilio Ogñénovich.

En junio de 1997, el Papa lo designó Arzobispo Coadjutor de Buenos Aires. Asume como Arzobispo de Buenos Aires el 28 de febrero de 1998 tras el fallecimiento de Antonio Quarracino.
Es creado Cardenal Primado de la Argentina por el Papa Juan Pablo II en el Consistorio del 21 de febrero de 2001 con el título de San Roberto Belarmino.

En la actualidad se desempeñaba como:

Miembro de la Congregación para el Culto Divino y  la Disciplina de los Sacramentos
Miembro de la Congregación para el Clero.
Miembro de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.
Miembro del Comité de la Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia.
Miembro del Consejo Post Sinodal.
Consejero de la Pontificia Comisión para América Latina.
Presidente de la Comisión Episcopal para la Pontificia Universidad Católica Argentina.
Gran Canciller de la Universidad Católica Argentina.
Moderador del Tribunal Eclesiástico Nacional de segunda instancia.
Moderador del Tribunal Interdiocesano Bonaerense.

Le queda por delante una gran tarea, la de los nombramientos de sus sucesores en la Arquidiócesis de Buenos Aires; que el Espíritu Santo lo ilumine para que quienes lo sucedan sean capaces de llevar adelante una Diócesis tan extensa y difícil por su heterogeneidad que está dividida en cuatro Vicarías Zonales: Centro, Flores, Belgrano y Devoto, cada una a su vez cuenta con cinco Decanatos, lo cual requiere de un gran trabajo para lograr una acción pastoral que responda a los desafíos y realidad de cada zona.

Más allá de todo, Argentina está feliz por su nombramiento como Santo Padre pero se nos mezcla es sentimiento de tristeza porque vamos a extrañar su estilo campechano, su agudeza intelectual, su manera de decir y la humildad que lo caracteriza. El mundo ganó un Santo Padre que tendrá ante todo coraje porque su tarea está iluminada por el Evangelio y acompañada por el Espíritu Santo.

María Inés Maceratesi

Nota: parte de su biografía fue extraida del libro "Diálogos entre Juan Pablo II y Fidel Castro" realizado por el Grupo de Reflexión "Centesimus Annus" del cual era Coordinador.


miércoles, 22 de agosto de 2012

El Código Civil y nuestro estilo de vida




"Que se hagan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres, por los soberanos y por todas las autoridades, para que podamos disfrutar de paz y de tranquilidad, yllevar una vida piadosa y digna" (1Tim. 2, 1-3).

1. El compromiso ciudadano

“Queremos ser Nación”, es lo que venimos rezando juntos, porque somos conscientes de que el Señor nos ha regalado un inmenso don: nuestra Patria; y nos ha dejado una tarea: laconstrucción de nuestra Nación. Hoy los obispos deseamos hacer un llamado a renovar nuestro compromiso ciudadano colaborando en el debate por la reforma del Código Civil. Queremos contribuir a tener una mejor legislación para todos.

2. Importancia de la Reforma

Ésta, como otras reformas legislativas recientes o en curso, afecta nuestra cultura y nuestra vida cotidiana; proyecta cambios que nos tocan de cerca. Según el Código Civil que resulte sancionado se contestarán preguntas como: ¿Cuándo comienza un ser humano a tener el derecho de llamarse persona? ¿Cuál es el sentido de constituir legalmente una familia? ¿Con qué respeto hemos de considerar a las mujeres, especialmente a las más vulnerables? ¿Qué pueden dejar los padres a sus hijos al morir? ¿Tendrán derecho a la identidad los hijos concebidos en laboratorios? ¿Podrán ser concebidos hijos de personas muertas?

3. Función y efectos del Código Civil

En el Código Civil se regulan derechos vinculados a la vida personal, matrimonial, familiar, social, económica, de todos nosotros. En él se expresa de alguna manera la forma y el estilo de vida que como sociedad queremos promover. Tiene, por eso, una función pedagógica y efectos de muy largo plazo. Podríamos afirmar: dime cómo legislas y te diré qué sociedad deseas. La sanción de un nuevo Código Civil y Comercial es seguramente la reforma legislativa más importante de las últimas décadas por la variedad de cuestiones implicadas y por la entidad de algunos de los cambios propuestos. Por eso coincidimos con el reclamo de academias, colegios profesionales, universidades, iglesias y otras personas e instituciones que con toda razón vienen pidiendo que a la discusión en el Congreso se le otorgue todo el tiempo que sea necesario. Sería conveniente, además, la realización de audiencias públicas en cada provincia.

4. Principales cuestiones en juego

La reforma propuesta contiene aspectos positivos; sin embargo necesitamos reiterar la preocupación acerca de algunas cuestiones de fundamental importancia.

El modelo de familia proyectado por estas normas expresa una tendencia individualista y se opone a los criterios evangélicos y también a valores sociales fundamentales, como la estabilidad, el compromiso por el otro, el don sincero de sí, la fidelidad, el respeto a la vida propia y ajena, los deberes de los padres y los derechos de los niños.

Si se aprueba sin modificaciones este proyecto, algunos seres humanos en gestación no tendrán derecho a ser llamados “personas”. La maternidad y la paternidad quedarán desfiguradas con la denominada “voluntad procreacional”; se legitimará, por un lado, la promoción del “alquilerde vientres” que cosifica a la mujer y por otro, el congelar embriones humanos por tiempo indeterminado, pudiendo ser éstos descartados o utilizados con fines comerciales y de investigación. Se discriminará, en su derecho a la identidad, a quienes sean concebidos por fecundación artificial, porque no podrán conocer quién es su madre o su padre biológico. Los cónyuges que se unan en matrimonio, no tendrán obligación jurídica de fidelidad ni tampoco de convivir bajo un mismo techo; los lazos afectivos matrimoniales quedarán debilitados y desvalorizados.

Queremos una sociedad en la cual se fomenten los vínculos estables y en donde se dé prioridad a la protección de los niños y de los más indefensos. Los deseos de los adultos, aunque parezcan legítimos, no pueden imponerse a los derechos esenciales de los niños. Como adultos, tenemos más obligaciones que derechos. Es necesario que reconozcamos y demos protección jurídica a toda vida humana desde la concepción, y que recordemos que no todo lo científicamente posible es éticamente aceptable.

5. El papel de la fe religiosa en el debate político

Benedicto XVI ha enseñado repetidas veces que la justicia de las leyes y de las acciones de gobierno tiene su fundamento en valores objetivos, que el hombre puede conocer guiado por su razón. El papel de la fe religiosa es ayudar a la razón para que descubra con claridad esos principios morales y los aplique rectamente. Es por ello que los católicos tenemos no sólo el derecho, como todo ciudadano, sino también la obligación de hacer nuestro aporte al debate público. Queremos proponer y ser escuchados.

6. Una oportunidad para actuar todos en bien de la Nación

Por eso, la hora nos reclama a los cristianos el testimonio personal y comunitario de Jesucristo para que resplandezca en medio de los hombres el amor de Dios, que es el verdadero fundamento y modelo de las relaciones humanas. Las reformas propuestas, junto con otras y producidas o en curso de tratamiento legislativo, interpelan fuertemente a la Iglesia. A nosotros
como pastores. A las madres y los padres de familia, a quienes corresponderá vivir su matrimonio aún más comprometidamente y formar a sus hijos en los valores evangélicos y en la verdad sobre la persona, con mirada lúcidamente crítica sobre lo que nos rodea. A los sacerdotes, diáconos, consagrados y catequistas, que deben comunicar estos contenidos y compromisos vitales con su palabra y testimonio. A las escuelas y docentes, llamados a acompañar y apoyar a los padres en esta difícil tarea con coherencia y valentía. A los profesionales de la salud, quienes pueden verse enfrentados a situaciones en que tengan que decidir en conciencia. A los abogados y jueces, llamados a defender la justicia y el bien de la persona en todas las situaciones que se les presenten.

7. Exhortación particular a los legisladores

Hacemos un particular llamado a los legisladores para que asuman en plenitud sus responsabilidades, estudien a fondo las reformas propuestas, sean fieles a la herencia y a las tradiciones patrias y estén abiertos a escuchar todas las voces que tienen algo que decir al respecto. Y finalmente, que no dejen de escuchar a la voz de su conciencia, evitando que las legítimas pertenencias partidarias los lleven a votar en contra o al margen de aquella.

8. Convocatoria a la oración y la reflexión

Invitamos a las comunidades parroquiales, educativas, instituciones y movimientos a organizar en las próximas semanas alguna jornada de oración y reflexión. En comunidad podremos orar a Dios, Padre de todo bien, a Jesucristo el Señor, y al Espíritu Santo, Señor y dador de vida. Pidamos que bendiga a nuestra Patria e ilumine a nuestros legisladores y gobernantes, concediéndoles la sabiduría necesaria para trabajar por la paz, la amistad social y la defensa de todas las personas, privilegiando a los más pobres y débiles. Hagámoslo a semejanza de la primera comunidad cristiana, íntimamente unidos, dedicados a la oración y la reflexión, en compañía de María, la madre de Jesús y madre nuestra de Luján.

Los Obispos de la 162º Comisión Permanente
de la Conferencia Episcopal Argentina
Buenos Aires, 22 de agosto de 2012

lunes, 16 de julio de 2012

La providencia educativa de la familia



Exposición de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en la XII Sesión Plenaria de la Pontificia Academia de Santo Tomás de Aquino (Roma, 1º de julio de 2012)


El beato Juan Pablo II ha dejado a la Iglesia un amplísimo magisterio sobre la realidad humana y cristiana de la familia, y ha ofrecido al mundo con sus enseñanzas sobre el particular un testimonio verdaderamente profético. En esta comunicación quiero dedicar mi atención a un capítulo del corpus doctrinal sobre la familia: la educación de los hijos, que el pontífice presenta, en diversos documentos, como un derecho, un deber, una tarea, una misión que tiene sus raíces en la vocación primordial de los esposos a participar en la obra creadora de Dios.

Al caso específico de la educación de los hijos por parte de sus padres se aplica la concepción cristiana de la educación, que reconoce valiosos antecedentes en el humanismo clásico. Por educación se entiende la formación integral del ser humano, varón o mujer, el desarrollo pleno de su personalidad que, de acuerdo a la vocación del hombre a vivir en la verdad y en el amor, implica la realización personal en el orden moral y religioso.

El derecho-deber educativo de los padres se sigue naturalmente de la función generativa. Es ésta una afirmación constante de la tradición eclesial, formulada con toda exactitud por Santo Tomás desde sus escritos de juventud hasta la elaboración definitiva de la Suma Teológica. Hablando, por ejemplo, en el comentario a las Sentencias del carácter natural del matrimonio, afirma que la naturaleza tiende no sólo a la generación de los hijos, sino también a su crianza y educación hasta la madurez perfecta que corresponde al ser humano, que es la formación en la virtud [1] . Indica también el Aquinate que la tarea de la educación de los hijos, que es una exigencia de la ley natural, requiere la vida común de los esposos, la permanencia de la unión matrimonial y una colaboración total del padre y la madre para cumplir ese empeño: tota communicatio operum[2] . Asimismo, se destaca la duración del proceso educativo, que se extiende per longum tempus[3] .

En la Suma Teológica la afirmación de que el padre es principio de la generación y el ser de los hijos, como también de su educación y enseñanza[4], es un punto de referencia para valorar el servicio que prestan aquellas personas que han sido revestidas de dignidad para enseñar o gobernar, y a quienes se les debe el reconocimiento que rinde la virtud de la observancia. Por otra parte, al padre carnal se le atribuye la razón de principio; a él le cabe particulariter, por participación, mientras que universaliter se encuentra en Dios[5]. Una distinción es digna de ser notada: Santo Tomás apropia la crianza del hijo al cuidado de la madre; al padre le cabe especialmente la instrucción, la defensa y la promoción integral del niño en el bien. Pero ambas funciones, la del padre y la de la madre, son requeridas como complementarias para asegurar la educación[6]. Distinción que se apoya, obviamente, en la naturaleza, y que puede ser actualizada y propuesta en otros contextos culturales, psicológicos y pedagógicos.

En la exhortación apostólica Familiaris consortio, Juan Pablo II reconoce como un verdadero ministerio la misión educativa que los padres de familia reciben con el sacramento del matrimonio. En los parágrafos 38 y 39 utiliza el término por lo menos cinco veces, calificándolo como ministerio educativo y también ministerio de la Iglesia al servicio de la edificación de sus miembros. A este propósito, el pontífice cita un bello texto de la Suma contra los Gentiles en el que el Aquinate compara esa misión de los padres cristianos con el ministerio sacerdotal. Esta cita es muy significativa y puede verse como signo de la inspiración tomasiana del tema en el magisterio papal. El texto dice: Algunos propagan y conservan la vida espiritual mediante un ministerio exclusivamente espiritual; a esta función corresponde el sacramento del orden. Otros lo hacen mediante un ministerio que es a la vez corporal y espiritual, y esto se realiza por el sacramento del matrimonio, en el que el varón y la mujer se unen para engendrar la prole y educarla en el culto de Dios[7].

Existe una continuidad entre generación y educación, siempre por referencia a la naturaleza del matrimonio y la familia como obra de Dios. Esta continuidad revela el carácter singular del proceso educativo, en el cual se verifica en profundidad la recíproca comunión de las personas. En la Carta a las familias Gratissimam sane, Juan Pablo II enseña: el educador es una persona que “engendra” en sentido espiritual. En esta perspectiva la educación puede ser considerada un apostolado verdadero y propio; es una comunicación vital, que no sólo establece una relación profunda entre educador y educando, sino que les hace participar a ambos en la verdad y el amor, meta final a la que el hombre es llamado por Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. En ese mismo contexto se dice que la educación es una elargitio, una extensión de humanidad del padre y la madre al hijo[8]. Los padres participan del poder creador de Dios y lo imitan al engendrar a los hijos; son propagadores de la vida, como dice Santo Tomás. Conservan la vida que han engendrado y la continúan engendrando ulteriormente en sentido espiritual mediante la educación, tarea que participa de la providencia divina que gobierna al mundo: el hijo necesita por mucho tiempo del gobierno del padre, observa el Aquinate[9]. Son educadores porque son padres; en la raíz de este deber que es también un derecho, se encuentra el amor paterno y materno, por cuyo ejercicio los esposos hacen pleno y perfecto su servicio a la vida, colaboran en la obra de la creación y en la edificación de la Iglesia. El amor de los padres, recuerda Juan Pablo II, es la fuente y el alma de la acción educativa, y por consiguiente, la norma que la inspira[10]; este amor paterno y materno debe tratar de asemejarse en algo al amor de Dios, que infunde y crea la bondad en las cosas[11]. Si al dar la vida –enseña también el pontífice– los padres participan en la obra creadora de Dios, mediante la educación ellos se asocian a su pedagogía, que es a la vez paternal y materna; así, por medio de Cristo esa tarea educativa se inserta en la dimensión salvífica de la pedagogía divina[12].

Detengámonos ahora en el aspecto jurídico de la misión educativa de la familia; jurídico en el sentido del derecho natural. Juan Pablo II lo presenta inseparablemente como derecho y deber, y lo califica de esencial, original y primario, insustituible e inalienable. Es esencial por su relación con la transmisión de la vida; original y primario respecto al de otros agentes de la educación; insustituible e inalienable porque no puede ser delegado totalmente o usurpado por otros[13]. El pontífice reivindicó en numerosas intervenciones suyas este derecho, y lo hizo especialmente con ocasión de sus viajes apostólicos y en sus discursos ante las autoridades culturales y políticas, lo defendió frente a los regímenes de corte totalitario y recordó su carácter de derecho democrático en el caso de sociedades en las que el relativismo y el laicismo podía hacer peligrar el efectivo ejercicio del mismo. En la mayor parte de sus mensajes sobre el particular, se trata del derecho que asiste a las familias católicas de asegurar para sus hijos una formación escolar conforme a la fe y a la visión cristiana del mundo. Así lo hizo, por ejemplo, en el discurso a la UNESCO el 2 de junio de 1980: Permítaseme reivindicar en este lugar –decía en esa ocasión– para las familias católicas el derecho que toda familia tiene de educar a sus hijos en las escuelas que correspondan a su propia visión del mundo, y en particular el estricto derecho de los padres creyentes a no ver en sus hijos en las escuelas sometidas a programas inspirados por el ateísmo. Ese es, en efecto, uno de los derechos fundamentales del hombre y de la familia. Hacía entonces referencia, como lo hizo en otras oportunidades, al artículo 26 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

En la articulación del derecho de los padres con la competencia de otras instancias educativas corresponde aplicar el principio de subsidiariedad. Hay que decir que, en general, la escuela tiene una función subsidiaria; su función es cooperar situándose en el espíritu mismo que anima a los padres. El principio vale especialmente para algunos aspectos más delicados de una formación integral, como es la educación sexual[14].La ayuda –se afirma– deberá ser proporcionada a las insuficiencias de las familias. La subsidiariedad implica que cualquier otro colaborador en el proceso educativo debe actuar en nombre de los padres, con su consentimiento y, en cierto modo, por encargo suyo[15]. Las insuficiencias posibles de las familias pueden detectarse, en algunos contextos culturales y religiosos, como incapacidad más o menos relativa, de ejercer con lucidez y libertad el derecho que les asiste por falta de la madurez humana y cristiana que requiere su altísima misión. En esos casos, el papel subsidiario que a la Iglesia le corresponde desempeñar es extender a los padres de los alumnos la acción educativa de la escuela católica o de las diversas estructuras pastorales, que pueden desarrollar durante los años curriculares un servicio de carácter misional; se asocian de este modo la pastoral educativa y la pastoral familiar.

En el magisterio de Juan Pablo II se registra la insistencia en la libertad de elección de los padres respecto a la orientación de la enseñanza que reciben sus hijos. Este derecho es enunciado en términos amplios: es el derecho de transmitir a sus hijos los valores en que creen, especialmente la religión, en escuelas apropiadas para ello, pero el pontífice se refiere, en concreto, a las familias católicas. Una nota de particular relieve es puesta en varias intervenciones de los años 1984 a 1988: que esa posibilidad de escoger no pese económicamente sobre los hogares. Las fórmulas adoptadas en estos pronunciamientos son prácticamente idénticas: no debe comportar esfuerzos económicos demasiado costosos[16], sin soportar por ello cargas económicas adicionales[17], sin indebidos pesos económicos[18], sin tener que soportar cargas inaceptables[19] . Esta reiterada afirmación contiene un mensaje dirigido a las autoridades públicas. El Estado puede favorecer de diversas maneras el ejercicio de ese derecho de los padres de familia: creando escuelas destinadas especialmente a alumnos católicos, brindando aportes financieros para sostener las escuelas de propiedad y gestión eclesial, ofreciendo enseñanza religiosa curricular en las escuelas estatales. En muchos países, la organización monopólica estatal de la instrucción pública y la tradición laicista han tornado problemático y accidentado este servicio de subsidiariedad, que desaparece totalmente en las regiones y períodos en los que se ha impuesto el ateísmo de Estado, o cuando se niega la libertad religiosa.

Juan Pablo II expone una enseñanza tradicional de la Iglesia cuando reivindica el derecho de los padres católicos de transmitir a sus hijos los valores en que creen sirviéndose de las estructuras educativas puestas a disposición por el Estado[20]. La escuela pública –precisamente por estar abierta a todos– debe ofrecer la garantía de que no se pondrá en peligro la fe de los hijos de las familias católicas, y de que la formación integral de los mismos estará asegurada mediante una adecuada enseñanza religiosa[21]. El derecho de los padres resultaría violado en medida notable si faltase, en el contexto del itinerario formativo, la enseñanza de la religión y, con ello, el conocimiento de las respuestas que da la fe a las preguntas de fondo que el hombre, especialmente en la juventud, inevitablemente se plantea[22].

La escuela pública –entiéndase: la estatal– no debe poner en peligro la fe de los alumnos católicos. Esa garantía es violada sistemáticamente por el Estado cuando impone contenidos curriculares contrarios a la fe y a la visión cristiana del hombre y del mundo. Se trata de un desliz frecuente, que se verifica de manera más o menos manifiesta según los casos, en un contexto cultural en el que impera el escepticismo acerca de la verdad y el relativismo moral. Es ésta una característica de las sociedades liberales posmodernas que tiene sus raíces en una teoría constructivista del conocimiento. De hecho, el constructivismo se ha extendido, desde la gnoseología, a la psicología y a la pedagogía, e impregna en general las ciencias sociales. De acuerdo a este planteo, el conocimiento es un proceso de elaboración de esquemas sobre la realidad, modelos de aproximación a ella variados y cambiantes, todos igualmente válidos; no hay verdades objetivas sino interpretaciones provisorias y en pugna; tampoco existe una naturaleza de la persona y de sus actos, todo es producción del hombre, que se construye a sí mismo. Si no hay creación, no hay Creador. No es necesaria una profesión o proclamación oficial de ateísmo. Al relativismo gnoseológico le sigue un relativismo ético; se niega que existan valores objetivos y universales fundados en el ser y en la naturaleza humana.

Esta ideología, que se introduce en las aulas de las escuelas estatales a través de los diseños curriculares, suele ser justificada en nombre del pluralismo y la tolerancia propios de un régimen democrático. Al respecto, vale la advertencia de Juan Pablo II: una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto[23] ; en nombre de la democracia se impone un pensamiento único contrario a la verdad del hombre y a la fe cristiana. Lo peor ocurre cuando el Estado, que hace un aporte económico al sostenimiento de la escuela católica, pretende imponer en ella contenidos y orientaciones de enseñanza que contradicen las convicciones de los padres de familia y ponen en riesgo la libertad de la Iglesia en la transmisión de la verdad.

Las enseñanzas de Juan Pablo II reivindicando el derecho de los padres católicos a proporcionar a sus hijos una educación integral iluminada por la fe mantienen una permanente actualidad; son tan oportunas en los años que corren como cuando fueron impartidas a la Iglesia y a la sociedad entonces contemporánea y sus instituciones. Esas enseñanzas hunden sus raíces en la gran tradición de la Iglesia, de la cual constituyen un autorizado desarrollo y una necesaria aplicación; a inspirarlas contribuye también la fuente tomasiana.

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata

Notas
[1] IV Sent. d. 26 a 1 c.
[2] IV Sent. d. 31 q. 1 a. 2 ad 1um
[3] IV Sent. d. 33 q. 1 a 3 a. 1c.
[4] I-II q. 100 a. 5 ad 4um
[5] II-II, q. 102, a. 1c.
[6] II-II, q. 154, a. 2c.
[7] C G IV, 58: Sunt enim quidam propagatores et conservatores spiritualis vitae secundum spirituale ministerium tantum, ad quod pertinet ordinis sacramentum; et secundum corporalem et spiritualem simul, quod fit per sacramentum matrimonii, quo vir et mulier conveniunt ad prolem generandam et educandam ad cultum divinum.
[8] Carta Gratissimam sane, 16. Enchiridion Vaticanum 14, pág. 157-167.
[9] CG. III, 123: … filius diuturna patris gubernatione indiget.
[10] Cf. Exhortación apostólica Familiaris consortio, 36. Enchiridion Vaticanum 7, pág. 1477.
[11] Suma Teológica I q. 20, a. 2c.
[12] Gratissimam sane, 16. Ed. cit. pág. 161.
[13] Cf. Familiaris consortio, 36, ib.
[14] Cf. íd. n. 37. También: Discurso al Pontificio Consejo para la Familia, 27 de mayo de 1983.
[15] Discurso a la Confederación italiana de ex–alumnos de la escuela católica, 26 de febrero de 1994.
[16] Discurso a los colegios católicos de Roma y el Lacio, 8 de marzo de 1986.
[17] Homilía pronunciada en Puerto Rico, 12 de octubre de 1984.
[18] Discurso a los educadores en Terranova (Canadá), 12 de septiembre de 1984.
[19] Discurso en la Universidad de Montevideo, 7 de mayo de 1988.
[20] Discurso a la Conferencia Episcopal Italiana, 26 de febrero de 1986.
[21] Cf. discurso a la Curia Romana, 28 de junio de 1984. Cf. también Homilía en Puerto Rico, 12 de octubre del mismo año.
[22] Discurso a la Conferencia Episcopal Italiana, 26 de febrero de 1986.
[23] Enc. Centesimus annus, 46. Enchiridion Vaticanum 13, pág. 149.

martes, 7 de febrero de 2012

Misión de la mujer en la Iglesia como animadora de espiritualidad


Autor: Juan Carlos Meinvielle

El mundo de la espiritualidad y la mujer:

Ya hace mucho tiempo, el escritor francés André Malraux, decía que el siglo XXI sería el siglo de la mística y Karl Ranher decía que el cristiano del siglo XXI, sería un místico o no sería cristiano, porque el mundo tendría hoy tantas ocasiones de vivir como ateo, que sólo un místico puede superarlas. Pero ¿Qué es ser místico? No son visiones, ni estados crepusculares, ni falsos misticismos de meditaciones o estados de trance que nos aparten de la realidad y sean una evasión de los verdaderos problemas. Sobre todo de la familia. La espiritualidad verdadera es vivir una profunda experiencia de Dios. El cristiano espiritual, es el que cultiva el diálogo con Dios y con los hombres, y sus problemas y se compromete con su testimonio. ¿Y cómo podemos vivir el diálogo cristiano en familia y la espiritualidad familiar?

No hay duda, que la espiritualidad es una tarea que se adapta bien al espíritu femenino. Sin entrar en el tema de las comparaciones entre mujeres y hombres, ni decir quién es más o quien es menos, hay que admitir que por su sensibilidad y percepción propia de la realidad, la mujer está muy bien dotada para esta misión. Su ubicación en lo cotidiano, en el mundo y la historia, en lo corpóreo y al mismo tiempo en la interioridad, en lo afectivo, en el arte, en la creatividad y la inteligencia emocional, la dotan de grandes cualidades para vivir y testimoniar la vida espiritual. Por ejemplo, una teóloga de la UCA, que comenta la obra del famoso Von Balthasar, dice que “el ser de lo femenino ocupa un lugar eminente en la configuración del diálogo interdisciplinario entre teología y vida”.

Carismas de estilo laical:

Por otra parte, es muy interesante darse cuenta de que este ámbito, no atañe exclusivamente al ministerio ordenado, sino que puede ser un “estilo laical” plenamente eclesial y femenino. Los pastores, no son los únicos que pueden hablar de todos los temas en la iglesia. A ellos les compete gobernar y discernir y vigilar los carismas particulares, pero hoy una verdadera teología de los carismas como enseña San Pablo, que en la medida que se profundice, va a ser de gran provecho para el desarrollo de la vida eclesial y seguramente nos revelará aspectos muy importantes de la misión y el papel de la mujer como animadora de espiritualidad en las comunidades eclesiales. Hoy la voz de la mujer debe oírse cada vez con más fuerza en la Iglesia. Es cierto que hoy, ya hay mujeres teólogas, que son formadoras de pensamiento cristiano. Hay catequistas, o trasmisoras de fe. La mujer es madre, trasmisora de vida y humanismo. Es maestra o formadora de cultura y de valores. Pero seguramente, sin ser profetas, podemos decir que cada vez más, será animadora de espiritualidad, no sólo para las mujeres sino para toda la Iglesia.

Misión de la mujer en la espiritualidad, mirada historia:

Si miramos la historia, nos encontramos enseguida con una mujer, María, que recibió el primer anuncio del Emmanuel, el Dios con nosotros y lo hizo carne en sí misma. Así entró ella en la historia de la salvación. Encontramos después a otra mujer, María Magdalena, que fue la primera enviada a anunciar a Jesús resucitado a toda la Iglesia, incluidos los Apóstoles. Más aun, recordemos entre otras a Santa Catalina de Siena, cuyos pasos fueron seguidos por Papas y Cardenales. Teresa de Ávila, dirigió una reforma impresionante en la Iglesia. Teresita abrió caminos de espiritualidad para todos. En la edad media y durante la conquista española de América, mientras los misioneros y las universidades expandían la evangelización en Europa y el nuevo mundo, las mujeres madres, plasmaban el humanismo cristiano en la familia y la inculturación de la fe en la España mora y judía, y en los pueblos originarios de Latinoamérica.

Nuevos movimientos de espiritualidad:

Si miramos la sociedad de hoy vemos muchas mujeres que participan en los nuevos movimientos de espiritualidad. Por cierto estos movimientos tienen cosas valiosas y otras que deben ser evangelizadas y discernidas. Recordamos las palabras del Papa cuando era prefecto de la Doctrina de la fe, sobre “los métodos orientales en la oración cristiana”. También hay aspectos de la nueva era, que son incompatibles con nuestra fe. Es importante estudiar cual el atractivo que ejerce esta espiritualidad y las causas del rechazo a la Iglesia y lo institucional. Hay mujeres cristianas que son instructoras de yoga o de zen y hay quienes dirigen grupos de oración cristiana con estos métodos. Son experiencias que pueden ser apreciadas y valoradas después de discernirlas convenientemente, no tienen por qué ser esfuerzos aislados y pueden ser integradas a la Comunidad. Aquí se puede descubrir el papel de la mujer laica, instaurando un diálogo de confianza y aprecio dentro de la comunidad.

Afinidad de la mujer con ciertos aspectos de la espiritualidad actual

La interioridad es una de las mayores búsquedas de los movimientos espiritualistas contemporáneos. Se utilizan para lograr la paz y armonía interior, la respiración, la concentración, la relajación y el silencio. Se busca lograr un nuevo concepto de salud y de armonía ecológica. Sin menospreciar esas prácticas, como ya dijimos, la espiritualidad cristiana no puede dejar de ser interior y espiritualidad, pero también religiosa y comunitaria. La espiritualidad actual es fuertemente individualista y evita lo religioso, lo trascendente y la tradición y magisterio eclesial.

Rasgos de una espiritualidad cristiana actual:

Tiene que ser una espiritualidad del corazón, que integre en la unidad de la persona, el cuerpo y el alma y el espíritu. Que cuide las emociones y busque liberarse de sentimientos de culpabilidad, de obsesiones y escrúpulos, de miedos y, sobre todo el miedo a Dios, al juicio y lo trascedente. La espiritualidad cristiana da verdadera importancia a la libertad de la persona como sujeto moral, a la formación de la conciencia y del juicio y la toma de decisiones morales, no tiene una concepción deformada del pecado y la conversión. Entiende lo que es la reconciliación y el perdón. Se funda plenamente en el amor a Dios y al prójimo, sin legalismos y moralismos rígidos e intransigentes y discriminatorios. Busca la justicia social y la reciprocidad de las conciencias, preocupándose por el bien del prójimo y la paz y la no-violencia en todo aspecto, social, doméstica, familiar, juvenil y política y la sanación del perdón de las ofensas y heridas de la vida. Una espiritualidad cristiana actual auténtica, deberá ser la espiritualidad de la acción y de la vida cotidiana. Juntamente con ella corre el tema de la liturgia de la vida diaria. El culto de la vida cotidiana y el sacerdocio bautismal del laico. Los actos del culto son el sacrificio y la ofrenda. Ofrecer todo lo que hago en mi vida cotidiana, y hacerlo lo mejor que pueda para gloria de Dios, es el acto de culto de mi Misa personal. La adoración de Dios en mi vida diaria es la ofrenda y el sacrificio de vida, de mi cuerpo de mi trabajo y sufrimientos, junto con el Sacrificio de Jesús.

Papel de la mujer en la espiritualidad familiar y de la vida cotidiana

Dios es familia, decía siempre Juan Pablo II. La familia es también una IGLESIA doméstica, es decir, un misterio de COMUNIÓN. Los SACRAMENTOS de la iglesia doméstica, son el Bautismo que vivimos como vida de Alianza y amistad con Dios por medio del Espíritu Santo. La Comunión de los miembros de la familia, alimentada por la Eucaristía. Y el misterio del sacramento del Matrimonio cristiano, es la comunión de vida y amor de dos que se entregan y reciben mutuamente, sus cuerpos y almas, se cuidan en la salud y la enfermedad, y se perdonan y reconcilian siempre. El calendario de la espiritualidad familiar, abarca los aniversarios, cumpleaños y fiestas de familia, para recordar el paso de Dios por su historia de todos los días. Los duelos, las enfermedades y los sufrimientos son la Semana Santa y la Pascua de la familia. También los padres viven la liturgia doméstica del hogar y la trasmiten a los chicos, cuando junto al beso de las buenas noches, los bendicen trazando la señal de la cruz en su frente. Cuando los lleven a realizar la visita a la iglesia del barrio, para que ésta se vuelva familiar para el chico. Y como los niños a esa edad comienzan a imitar lo que ven hacer a los otros, les enseñan a rezar ante las imágenes o el altar doméstico y hacer un ratito de silencio. Siempre obviamente gestos sencillos, breves. Cuando el niño empieza el jardín de infantes y aparecen los amiguitos, les hablan de Jesús como amigo, y les van enseñando las oraciones a la Viren y los santos.

Mujer, imagen femenina de Dios

Dios ¿es padre?, ¿o es madre? ¿Es varón o mujer? ¿Dios … o diosa? Las dos cosas tienen algo de verdad, pero no son verdad del todo. En realidad en Dios no hay sexo, no es varón ni mujer, pero es el Creador de todos los hombres y mujeres por igual. “Creó al hombre”; “Los hizo, varón y mujer. Y repartió sus dones por igual entre ellos, pero a cada uno le dio algo especial y característico, para que en la comunión de ambos pudieran enriquecer al otro y así viviendo en comunión, el hombre y la mujer re-crean la imagen de Dios Comunión Trinitaria y Amor de Personas. En realidad, la Biblia, está llena de imágenes femeninas y maternales de Dios. También el Nuevo Testamento. Y también de imágenes matrimoniales y nupciales y por supuesto, la Alianza.

Nos cuenta la Biblia que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza. Y el Beato Juan Pablo, añade en su encíclica sobre la familia, que también la familia por ser una comunidad de personas es imagen de Dios, Comunidad de Tres Personas. No sólo eso, sino que también cada miembro de la familia reproduce personalmente, tomado dentro del conjunto familiar, alguno de los rasgos característicos de Dios: la mujer reproduce la ternura del amor de Dios; el hombre, la paternidad y fuerza; los ancianos la sabiduría de Dios; los jóvenes, su creatividad y energía, los niños aquella inocencia sin la cual no podemos entrar en su Reino.

Por supuesto, al decir que la mujer tiene la misión de trasmitir ternura, no significa que la mujer debe ser un ser débil y sometido. Todo lo contrario. La ternura, según San Francisco de Sales es la perfección de la caridad y del amor, que es el primer mandamiento. Ternura, es sinónimo de la “compasión” que experimenta Dios por los hombres, especialmente por los débiles y pecadores, como lo muestra la parábola del buen samaritano. “Con-pasión”, significa sufrir con el otro. Dios es compasivo porque asume el dolor del pobre, del pueblo crucificado y lo redime, no con discursos y enseñanzas teóricas, sino compartiendo su dolor. Ese es el amor de una madre, y en general de la mujer que está llamada a aportar a la sociedad, este rasgo que Dios puso en su naturaleza y que es característico de Él. Una mujer que no se entiende a sí misma un poco como madre, más allá de la maternidad puramente biológica, no entiende su misión de mujer.

Deformaciones de género

Es cierto que por desgracia, durante mucho tiempo se tergiversó la figura de la mujer, desfigurando su imagen mediante una caricatura de ser obediente y sumiso. Muchas veces la cultura de la época pasada, redujo el rol de la madre solamente los quehaceres domésticos y a su papel en el hogar. No hablo de este tipo de rol materno antiguo, sino de la mujer que siempre en todas sus funciones, domésticas, sociales, eclesiales o políticas y culturales, sabe dar ese toque de madre, que sólo ella puede dar, al poder dar vida, hacer crecer, cuidar y dar fe a sus semejantes como lo hace Dios con sus hijos.

¿Igualismo o complementación?

“Cuando el machismo y el feminismo se encuentran, nace el igualismo”, dice una propaganda de cerveza. Como si dijéramos que cuando nos encontramos para tomar una Quilmes, ya no hay diferencias de sexos. El “igualismo”, puede funcionar bien, si se trata de los derechos humanos de las personas. Todos somos iguales, hombres y mujeres y tenemos los mismos derechos. Pero también es cierto, que los sexos tienen características propias de cada uno, que los hacen diferentes, aunque iguales en valor y dignidad. Esas diferencias, justamente son para enriquecer al otro, en el encuentro de los sexos y en el amor. No hablamos solamente del encuentro sexual de tipo genital, sino en el encuentro de personas diferentes, donde cada una mirando a la otra pude decir “yo tengo lo que a vos te hace falta” y “vos tenés lo que yo necesito”. Y así, en primer lugar la amistad entre hombres y mujeres y luego en particular el matrimonio, es un camino de perfeccionamiento y crecimiento en conjunto donde los dos se complementan como personas.

El futuro de la mujer en la Iglesia

Si bien la Iglesia de Cristo seguirá siendo siempre la misma, no sabemos cómo será la Iglesia del futuro, humanamente hablando y desde el punto de vista pastoral e intencional. No sabemos si algún día la mujer llegará a ser sacerdote, o si se admitirán sacerdotes casados. Pero en realidad tampoco importa demasiado. Lo importante es afirmar la importancia del papel de la mujer en la iglesia del futuro, como maestra de espiritualidad cristiana.

En Europa la idea de pueblo cristiano va perdiendo fuerza frente al pluralismo y a otras religiones. El pueblo ya no es la Iglesia, como era en otra época. Tal vez vayan creciendo los movimientos eclesiales y las pequeñas comunidades más fuertes y comprometidas. También entre nosotros se podrá ir dado ese proceso, pero en Latinoamérica donde todavía es fuerte la religiosidad popular, se hace necesaria una nueva evangelización de la cultura. No hablamos sólo de catequesis parroquial. Acá es donde el papel de la mujer puede aparecer con mucha fuerza como trasmisora de fe y maestra de espiritualidad en la comunidad eclesial del futuro tanto en Europa como en Latinoamérica.

Preguntas, para un debate:

1. ¿Qué es lo más importante que puede hacer la mujer para comprometerse en un trabajo de espiritualidad

2. ¿Tiene hoy la mujer en la Iglesia un papel importante, en nombre propio, no sólo como colaboradora o secretaria? ¿Puede llegar a tenerlo?

3. ¿Qué características tiene la mujer, con las que puede enriquecer a los demás y a la Iglesia?