jueves, 3 de octubre de 2013

Misión de la mujer en la Iglesia como animadora de espiritualidad

Autor: Juan Carlos Meinvielle

El mundo de la espiritualidad y la mujer:

Ya hace mucho tiempo, el escritor francés André Malraux, decía que el siglo XXI sería el siglo de la mística y Karl Ranher decía que el cristiano del siglo XXI, sería un místico o no sería cristiano, porque el mundo tendría hoy tantas ocasiones de vivir como ateo, que sólo un místico puede superarlas. Pero ¿Qué es ser místico? No son visiones, ni estados crepusculares, ni falsos misticismos de meditaciones o estados de trance que nos aparten de la realidad y sean una evasión de los verdaderos problemas. Sobre todo de la familia. La espiritualidad verdadera es vivir una profunda experiencia de Dios. El cristiano espiritual, es el que cultiva el diálogo con Dios y con los hombres, y sus problemas y se compromete con su testimonio. ¿Y cómo podemos vivir el diálogo cristiano en familia y la espiritualidad familiar?

No hay duda, que la espiritualidad es una tarea que se adapta bien al espíritu femenino. Sin entrar en el tema de las comparaciones entre mujeres y hombres, ni decir quién es más o quien es menos, hay que admitir que por su sensibilidad y percepción propia de la realidad, la mujer está muy bien dotada para esta misión. Su ubicación en lo cotidiano, en el mundo y la historia, en lo corpóreo y al mismo tiempo en la interioridad, en lo afectivo, en el arte, en la creatividad y la inteligencia emocional, la dotan de grandes cualidades para vivir y testimoniar la vida espiritual. Por ejemplo, una teóloga de la UCA, que comenta la obra del famoso Von Balthasar, dice que “el ser de lo femenino ocupa un lugar eminente en la configuración del diálogo interdisciplinario entre teología y vida”.

Carismas de estilo laical:

Por otra parte, es muy interesante darse cuenta de que este ámbito, no atañe exclusivamente al ministerio ordenado, sino que puede ser un “estilo laical” plenamente eclesial y femenino. Los pastores, no son los únicos que pueden hablar de todos los temas en la iglesia. A ellos les compete gobernar y discernir y vigilar los carismas particulares, pero hoy una verdadera teología de los carismas como enseña San Pablo, que en la medida que se profundice, va a ser de gran provecho para el desarrollo de la vida eclesial y seguramente nos revelará aspectos muy importantes de la misión y el papel de la mujer como animadora de espiritualidad en las comunidades eclesiales. Hoy la voz de la mujer debe oírse cada vez con más fuerza en la Iglesia. Es cierto que hoy, ya hay mujeres teólogas, que son formadoras de pensamiento cristiano. Hay catequistas, o trasmisoras de fe. La mujer es madre, trasmisora de vida y humanismo. Es maestra o formadora de cultura y de valores. Pero seguramente, sin ser profetas, podemos decir que cada vez más, será animadora de espiritualidad, no sólo para las mujeres sino para toda la Iglesia.

Misión de la mujer en la espiritualidad, mirada historia:

Si miramos la historia, nos encontramos enseguida con una mujer, María, que recibió el primer anuncio del Emmanuel, el Dios con nosotros y lo hizo carne en sí misma. Así entró ella en la historia de la salvación. Encontramos después a otra mujer, María Magdalena, que fue la primera enviada a anunciar a Jesús resucitado a toda la Iglesia, incluidos los Apóstoles. Más aun, recordemos entre otras a Santa Catalina de Siena, cuyos pasos fueron seguidos por Papas y Cardenales. Teresa de Ávila, dirigió una reforma impresionante en la Iglesia. Teresita abrió caminos de espiritualidad para todos. En la edad media y durante la conquista española de América, mientras los misioneros y las universidades expandían la evangelización en Europa y el nuevo mundo, las mujeres madres, plasmaban el humanismo cristiano en la familia y la inculturación de la fe en la España mora y judía, y en los pueblos originarios de Latinoamérica.

Nuevos movimientos de espiritualidad:

Si miramos la sociedad de hoy vemos muchas mujeres que participan en los nuevos movimientos de espiritualidad. Por cierto estos movimientos tienen cosas valiosas y otras que deben ser evangelizadas y discernidas. Recordamos las palabras del Papa cuando era prefecto de la Doctrina de la fe, sobre “los métodos orientales en la oración cristiana”. También hay aspectos de la nueva era, que son incompatibles con nuestra fe. Es importante estudiar cual el atractivo que ejerce esta espiritualidad y las causas del rechazo a la Iglesia y lo institucional. Hay mujeres cristianas que son instructoras de yoga o de zen y hay quienes dirigen grupos de oración cristiana con estos métodos. Son experiencias que pueden ser apreciadas y valoradas después de discernirlas convenientemente, no tienen por qué ser esfuerzos aislados y pueden ser integradas a la Comunidad. Aquí se puede descubrir el papel de la mujer laica, instaurando un diálogo de confianza y aprecio dentro de la comunidad.

Afinidad de la mujer con ciertos aspectos de la espiritualidad actual

La interioridad es una de las mayores búsquedas de los movimientos espiritualistas contemporáneos. Se utilizan para lograr la paz y armonía interior, la respiración, la concentración, la relajación y el silencio. Se busca lograr un nuevo concepto de salud y de armonía ecológica. Sin menospreciar esas prácticas, como ya dijimos, la espiritualidad cristiana no puede dejar de ser interior y espiritualidad, pero también religiosa y comunitaria. La espiritualidad actual es fuertemente individualista y evita lo religioso, lo trascendente y la tradición y magisterio eclesial.

Rasgos de una espiritualidad cristiana actual:

Tiene que ser una espiritualidad del corazón, que integre en la unidad de la persona, el cuerpo y el alma y el espíritu. Que cuide las emociones y busque liberarse de sentimientos de culpabilidad, de obsesiones y escrúpulos, de miedos y, sobre todo el miedo a Dios, al juicio y lo trascedente. La espiritualidad cristiana da verdadera importancia a la libertad de la persona como sujeto moral, a la formación de la conciencia y del juicio y la toma de decisiones morales, no tiene una concepción deformada del pecado y la conversión. Entiende lo que es la reconciliación y el perdón. Se funda plenamente en el amor a Dios y al prójimo, sin legalismos y moralismos rígidos e intransigentes y discriminatorios. Busca la justicia social y la reciprocidad de las conciencias, preocupándose por el bien del prójimo y la paz y la no-violencia en todo aspecto, social, doméstica, familiar, juvenil y política y la sanación del perdón de las ofensas y heridas de la vida. Una espiritualidad cristiana actual auténtica, deberá ser la espiritualidad de la acción y de la vida cotidiana. Juntamente con ella corre el tema de la liturgia de la vida diaria. El culto de la vida cotidiana y el sacerdocio bautismal del laico. Los actos del culto son el sacrificio y la ofrenda. Ofrecer todo lo que hago en mi vida cotidiana, y hacerlo lo mejor que pueda para gloria de Dios, es el acto de culto de mi Misa personal. La adoración de Dios en mi vida diaria es la ofrenda y el sacrificio de vida, de mi cuerpo de mi trabajo y sufrimientos, junto con el Sacrificio de Jesús.

Papel de la mujer en la espiritualidad familiar y de la vida cotidiana

Dios es familia, decía siempre Juan Pablo II. La familia es también una IGLESIA doméstica, es decir, un misterio de COMUNIÓN. Los SACRAMENTOS de la iglesia doméstica, son el Bautismo que vivimos como vida de Alianza y amistad con Dios por medio del Espíritu Santo. La Comunión de los miembros de la familia, alimentada por la Eucaristía. Y el misterio del sacramento del Matrimonio cristiano, es la comunión de vida y amor de dos que se entregan y reciben mutuamente, sus cuerpos y almas, se cuidan en la salud y la enfermedad, y se perdonan y reconcilian siempre. El calendario de la espiritualidad familiar, abarca los aniversarios, cumpleaños y fiestas de familia, para recordar el paso de Dios por su historia de todos los días. Los duelos, las enfermedades y los sufrimientos son la Semana Santa y la Pascua de la familia. También los padres viven la liturgia doméstica del hogar y la trasmiten a los chicos, cuando junto al beso de las buenas noches, los bendicen trazando la señal de la cruz en su frente. Cuando los lleven a realizar la visita a la iglesia del barrio, para que ésta se vuelva familiar para el chico. Y como los niños a esa edad comienzan a imitar lo que ven hacer a los otros, les enseñan a rezar ante las imágenes o el altar doméstico y hacer un ratito de silencio. Siempre obviamente gestos sencillos, breves. Cuando el niño empieza el jardín de infantes y aparecen los amiguitos, les hablan de Jesús como amigo, y les van enseñando las oraciones a la Viren y los santos.

Mujer, imagen femenina de Dios

Dios ¿es padre?, ¿o es madre? ¿Es varón o mujer? ¿Dios … o diosa? Las dos cosas tienen algo de verdad, pero no son verdad del todo. En realidad en Dios no hay sexo, no es varón ni mujer, pero es el Creador de todos los hombres y mujeres por igual. “Creó al hombre”; “Los hizo, varón y mujer. Y repartió sus dones por igual entre ellos, pero a cada uno le dio algo especial y característico, para que en la comunión de ambos pudieran enriquecer al otro y así viviendo en comunión, el hombre y la mujer re-crean la imagen de Dios Comunión Trinitaria y Amor de Personas. En realidad, la Biblia, está llena de imágenes femeninas y maternales de Dios. También el Nuevo Testamento. Y también de imágenes matrimoniales y nupciales y por supuesto, la Alianza.

Nos cuenta la Biblia que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza. Y el Beato Juan Pablo, añade en su encíclica sobre la familia, que también la familia por ser una comunidad de personas es imagen de Dios, Comunidad de Tres Personas. No sólo eso, sino que también cada miembro de la familia reproduce personalmente, tomado dentro del conjunto familiar, alguno de los rasgos característicos de Dios: la mujer reproduce la ternura del amor de Dios; el hombre, la paternidad y fuerza; los ancianos la sabiduría de Dios; los jóvenes, su creatividad y energía, los niños aquella inocencia sin la cual no podemos entrar en su Reino.

Por supuesto, al decir que la mujer tiene la misión de trasmitir ternura, no significa que la mujer debe ser un ser débil y sometido. Todo lo contrario. La ternura, según San Francisco de Sales es la perfección de la caridad y del amor, que es el primer mandamiento. Ternura, es sinónimo de la “compasión” que experimenta Dios por los hombres, especialmente por los débiles y pecadores, como lo muestra la parábola del buen samaritano. “Con-pasión”, significa sufrir con el otro. Dios es compasivo porque asume el dolor del pobre, del pueblo crucificado y lo redime, no con discursos y enseñanzas teóricas, sino compartiendo su dolor. Ese es el amor de una madre, y en general de la mujer que está llamada a aportar a la sociedad, este rasgo que Dios puso en su naturaleza y que es característico de Él. Una mujer que no se entiende a sí misma un poco como madre, más allá de la maternidad puramente biológica, no entiende su misión de mujer.

Deformaciones de género

Es cierto que por desgracia, durante mucho tiempo se tergiversó la figura de la mujer, desfigurando su imagen mediante una caricatura de ser obediente y sumiso. Muchas veces la cultura de la época pasada, redujo el rol de la madre solamente los quehaceres domésticos y a su papel en el hogar. No hablo de este tipo de rol materno antiguo, sino de la mujer que siempre en todas sus funciones, domésticas, sociales, eclesiales o políticas y culturales, sabe dar ese toque de madre, que sólo ella puede dar, al poder dar vida, hacer crecer, cuidar y dar fe a sus semejantes como lo hace Dios con sus hijos.

¿Igualismo o complementación?

“Cuando el machismo y el feminismo se encuentran, nace el igualismo”, dice una propaganda de cerveza. Como si dijéramos que cuando nos encontramos para tomar una Quilmes, ya no hay diferencias de sexos. El “igualismo”, puede funcionar bien, si se trata de los derechos humanos de las personas. Todos somos iguales, hombres y mujeres y tenemos los mismos derechos. Pero también es cierto, que los sexos tienen características propias de cada uno, que los hacen diferentes, aunque iguales en valor y dignidad. Esas diferencias, justamente son para enriquecer al otro, en el encuentro de los sexos y en el amor. No hablamos solamente del encuentro sexual de tipo genital, sino en el encuentro de personas diferentes, donde cada una mirando a la otra pude decir “yo tengo lo que a vos te hace falta” y “vos tenés lo que yo necesito”. Y así, en primer lugar la amistad entre hombres y mujeres y luego en particular el matrimonio, es un camino de perfeccionamiento y crecimiento en conjunto donde los dos se complementan como personas.

El futuro de la mujer en la Iglesia

Si bien la Iglesia de Cristo seguirá siendo siempre la misma, no sabemos cómo será la Iglesia del futuro, humanamente hablando y desde el punto de vista pastoral e intencional. No sabemos si algún día la mujer llegará a ser sacerdote, o si se admitirán sacerdotes casados. Pero en realidad tampoco importa demasiado. Lo importante es afirmar la importancia del papel de la mujer en la iglesia del futuro, como maestra de espiritualidad cristiana.

En Europa la idea de pueblo cristiano va perdiendo fuerza frente al pluralismo y a otras religiones. El pueblo ya no es la Iglesia, como era en otra época. Tal vez vayan creciendo los movimientos eclesiales y las pequeñas comunidades más fuertes y comprometidas. También entre nosotros se podrá ir dado ese proceso, pero en Latinoamérica donde todavía es fuerte la religiosidad popular, se hace necesaria una nueva evangelización de la cultura. No hablamos sólo de catequesis parroquial. Acá es donde el papel de la mujer puede aparecer con mucha fuerza como trasmisora de fe y maestra de espiritualidad en la comunidad eclesial del futuro tanto en Europa como en Latinoamérica.

Preguntas, para un debate:

1. ¿Qué es lo más importante que puede hacer la mujer para comprometerse en un trabajo de espiritualidad

2. ¿Tiene hoy la mujer en la Iglesia un papel importante, en nombre propio, no sólo como colaboradora o secretaria? ¿Puede llegar a tenerlo?

3. ¿Qué características tiene la mujer, con las que puede enriquecer a los demás y a la Iglesia?

El Papa dialoga con Scalfari sobre la fe


El fundador del periódico "Repubblica" había publicado dos cartas sobre la encíclica "Lumen Fidei". Bergoglio le ha respondido
Andrea Tornielli
Ciudad del Vaticano

«Estimadísimo Doctor Scalfari...». Así empieza la inédita y excepcional carta que el Pontífice ha enviado al fundador del periódico italiano "Repubblica"

Este último en dos ocasiones se había dirigido directamente a Francisco para plantearle algunas preguntas sobre la fe, sobre Jesús, sobre el perdón de los pecados de los que no creen, sobre las diferencias entre el cristianismo y las demás religiones, a partir de la encíclica "Lumen Fidei". Bergoglio decidió responderle con una larga carta personal, hoy publicada por el periódico en primera plana.

El Papa recuerda que el diálogo «sincero y riguroso» con los que no creen es uno de los objetivos de la encíclica comenzada por Ratzinger y acabada por su sucesor. Un diálogo «necesario y precioso» que, explica el Papa, no es «un accesorio secundario de la existencia del creyente: es, en cambio, una expresión íntima e indispensable».

Justamente en la encíclica se lee que «la verdad de un amor no se impone con la violencia, no aplasta a la persona. Naciendo del amor puede llegar al corazón, al centro personal de cada hombre. Se ve claro así que la fe no es intransigente, sino que crece en la convivencia que respeta al otro. El creyente no es arrogante; al contrario, la verdad le hace humilde, sabiendo que, más que poseerla él, es ella la que le abraza y le posee. En lugar de hacernos intolerantes, la seguridad de la fe nos pone en camino y hace posible el testimonio y el diálogo con todos».

Francisco explicó a Scalfari que «sin la Iglesia, "créame", no habría podido encontrar a Jesús, aún con la consciencia de aquel inmenso don que "la fe ha custodiado en los frágiles vasos de arcilla de nuestra humanidad"». Y es justamente a partir de esta «personal experiencia de fe vivida en la Iglesia que me encuentro a gusto escuchando sus preguntas y tratando, junto a usted, las vías a lo largo de las que tal vez podamos comenzar a caminar juntos por un trecho».

El Papa insistió en la importancia de la historicidad de los Evangelios y de la divinidad de Jesús, que se manifiesta en el Calvario. Justamente sobre la Cruz, explica el Papa «¡Jesús se muestra, paradójicamente, como el Hijo de Dios! Hijo de un Dios que es  amor y que quiere, con todo su ser, que el hombre, cada hombre, se descubra y viva también como su verdadero hijo. Esto, para la fe cristiana, certifica el hecho de que Jesús resucitó: no para traer el triunfo sobre quien le ha rechazado, sino para demostrar que el amor de Dios es más fuerte que la muerte, el perdón de Dios es más fuerte que cualquier pecado y que vale la pena dar la propia vida, hasta el fondo, para testimoniar este inmenso don».

«La fe cristiana cree esto: que Jesús es el Hijo de Dios que ha venido a dar su vida para abrir a todos», y la encarnación «es el eje de la salvación. Porque la encarnación, es decir el hecho de que el Hijo de Dios haya venido a nuestra carne y haya compartido alegrías y dolores, victorias y derrotas de nuestra existencia, hasta el grito en la cruz, viviendo cada cosa en el amor y en la fidelidad al "Abba", es el testimonio del increíble amor que Dios tiene por cada hombre, el valor inestimable que le reconoce. Cada uno de nosotros, por elllo, ha sido llamado a hacer suya la mirada y la elección de amor de Jesús, a entrar en su forma de ser, de pensar y de actuar».

Un pasaje de la carta está dedicado a los judíos: «Lo  que puedo decir, con el apóstol Pablo, es que nunca ha disminuido la fidelidad de Dios hacia la alianza estrechada con Israel y que, a través de las terribles pruebas de estos siglos, los judíos han conservado su fe en Dios. Y nunca estaremos suficientemente agracedidos para con ellos, como Iglesia, pero también como humanidad».

Con respecto a la pregunta de Scalfari sobre si el Dios de los cristianos perdona a los que no creen y a los que no buscan la fe, el Papa dice: «la cuestión para los que no creen en Dios radica en el obedecer la propia consciencia. El pecado, incluso para los que no tienen fe, existe cuando se va en contra de la consciencia. Escuchar y obedecerla significa, de hecho, decidir frente a lo que se percibe como bien o como mal. Y sobre esta decisión se juega la bondad o la maldad de nuestras acciones».

Y sobre la idea de que «no existe nada absoluto y por lo tanto tampoco ninguna verdad absoluta, sino una serie de verdades relativas y subjetivas», Francisco responde: «Para empezar, yo no hablaría, ni siquiera para los que creen, de verdad absoluta, en el sentido de que lo absoluto es lo que no está vinculado, es decir lo que es anterior a cualquier relación. Entonces, la verdad según la fe cristiana es el amor de Dios por nosotros en Jesús. Cristo. Así pues, ¡la verdad es una relación! Tan es así que cada uno de nosotros acoge la verdad y la expresa a partir de sí, de su historia y cultura, de la situación en la que vive, etc. Esto no significa que la verdad sea variable y subjetiva, todo lo contrario. Significa que la verdad se da a nosotros siempre y solamente como un camino y una vida».

«En otras palabras -continúa el Papa-, la verdad, al ser en definitiva un todo con el amor, exige la humildad y la apertura para ser buscada, acogida y expresada. Por lo que hay que entender bien los términos y, tal vez, para salir de los callejones de una contraposición… absoluta, replantear profundamente la cuestión».

Para concluir, Francisco, después de haber definido sus palabras como una «respuesta tentativa y provisional, pero sincera y con confianza», en la que invitó a «recorrer un trecho del camino juntos», concluyó garantizando a Scalfari que «la Iglesia, créame, a pesar de todas las lentitudes, las infidelidades, los errores y los pecados que puede haber cometido y puede todavía cometer en los que la componen, no tiene otro sentido ni fin si no el de vivir y ofrecer testimoniar a Jesús».

domingo, 4 de agosto de 2013

Día del Párroco 4 de Agosto de 2013



Hoy se celebra en toda la Argentina el Día del Párroco en honor al Santo Patrono de los sacerdotes: San Juan María Vianney que dijo:

"Hay muchos cristianos que no saben por qué están en el mundo.-¿Por qué Dios mío, me has puesto en el mundo?-Para salvarte.-y ¿por qué quieres salvarme?-Porque te amo.
iQue bello y grande es conocer, amar y servir a Dios! Es lo único que tenemos que hacer en el mundo. Todo lo demás es tiempo perdido


Los que misionamos en la Iglesia puertas adentro y puertas afuera, necesitamos mucho de ellos porque son la luz que nos guía en el camino, son los que nos animan a salir y dar razones de la fe que profesamos. Un párroco es el que está al servicio de toda la Iglesia en una Parroquia, una porción de la Diócesis confiada a su cuidado y tiene que ser testimonio de la luz de Cristo en el barrio, en la ciudad y en todo ambiente que le toque frecuentar.

Es muy importante darse cuenta de la calidad de Iglesia que tenemos a través de la obra que realizan los distintos párrocos en sus parroquias y es muy fácil advertir que cuando una Parroquia tiene una nutrida actividad pastoral es porque hay un párroco que la conduce y anima a los diferentes grupos o asociaciones parroquiales, a realizar una misión pastoral que se traduce en actividades puntuales: catequesis, acción social, espiritualidad, atención a personas en situaciones especiales y muchas otras que cada parroquia deberá crear atendiendo a las necesidades de las personas que la frecuentan.

Un ejemplo de conducción nos está hoy dando nuestro Papa Francisco, algo que sostuvo insistente y perseverantemente durante los años que lo tuvimos en nuestro país como sacerdote, obispo y cardenal primado de la Argentina. Quizá solamente los que sabían de su labor pastoral porque estaban cerca o porque él mismo se presentaba en las parroquias a visitarlas y ver cómo estaban funcionando, eran conscientes de que siempre llamó a la humildad a los sacerdotes y más aún a los que tenían una misión especial como por ejemplo ser párrocos. Hoy lo sigue haciendo, sigue llamando a salir de la parroquia, a ir a la periferia, a ocuparse y acompañar a los más necesitados pero no todos están abiertos a esa llamada, son muchos los que se abroquelan y se quedan encerrados encerrando así al Espíritu Santo, poniéndole un cerrojo y dando a entender que los únicos que están haciendo lo correcto son los que se cobijan dentro de las cuatro paredes de un templo.

¡Cuánto tenemos que agradecer a esos párrocos que salen de su parroquia y confían el cuidado y atención de la misma a alguna otra persona para ellos dedicarse a lo importante!. ¡Cuántas son las ocasiones en las que personas se acercan a la parroquia en busca de una ayuda desesperada y deben esperar a que sea la hora de atención de secretaría!. Qué diferencia hay entonces con el trabajo de un encargado de edificio o portero que cumple su horario y si se rompe un caño en horario de descanso habrá que esperar su vuelta al trabajo o acudir al administrador.

En realidad hoy necesitamos párrocos dispuestos a estar presentes y abiertos a los cambios, y considerar que pueden tener personas encargadas de reemplazarlo o ayudarlo cuando no pueda encargarse personalmente de algunas cuestiones. Los cristianos debemos aprender que la tarea principal de un párroco es ser pastor, ser sacerdote, ser cura y un cura se dedica principalmente a curar el alma de quienes le piden una ayuda espiritual porque atraviesan momentos de crisis, no es ocuparse del edificio parroquial para que esté impecable sino proveer de los recursos humanos y materiales para que la porción de pueblo de Dios que le ha sido confiada, pueda ser atendida en sus necesidades espirituales y materiales si fuera necesario pero por sobre todas las cosas es una persona llamada por Dios a ser "el Buen Pastor" entre sus ovejas, conociéndolas y yendo a buscar siempre a la que se ha perdido. Un párroco que no conoce a sus ovejas o que las expulsa del corral debería al menos llamarse a meditar si está realizando su misión como el Señor se la encarga, si está haciendo discípulos misioneros o simplemente obedientes ejecutores de órdenes por él dadas.

Gracias a Dios hoy vemos muchos párrocos con "olor a oveja"como pidió el Santo Padre y cada vez serán más porque ese estilo de vida es el que nos propone el Evangelio, pastores saliendo al encuentro de las ovejas en las orillas de los caminos y buscando a los más alejados para anunciarles que Jesús los ama y quiere compartir su vida.

Gracias por todos aquéllos pastores que conocí, conozco y conoceré que responden a este modo de relacionarse con la gente, que caminan los barrios y se meten en todos los lugares para averiguar personalmente qué está sucediendo especialmente con los niños y los ancianos, los dos extremos de la vida que necesitan más atención. 

Y por último una anécdota personal: hace unos diez años, una amiga mía tenía un geriátrico que yo nunca había visitado pero un sábado me llamó muy emocionada diciéndome que me acercara porque iba a ir Mons. Bergoglio (hoy el Papa Francisco) a recorrer los geriátricos de la Vicaría Flores. Allá fui y los ancianos lo esperaron con su mejor sonrisa y su mejor indumentaria. Qué alegría demostraron cuando se hizo presente y los saludó uno por uno con enorme humildad y con mucho cariño! pero a la vez noté que miraba todo el entorno con mucha atención, el estado de la casa, quienes eran los encargados, en fin...la casa era bastante humilde y quizá no contaba con todo el confort pero el corazón de sus encargados era muy grande y atendían a cada anciano con mucho amor. Seguramente, nunca lo supe, habrá hecho su evaluación pero sí se que cuando se retiró, a pesar de ser muy breve la visita, los ancianos destilaban alegría por la visita de su pastor. 

Que Dios bendiga hoy a cada párroco que es testigo del Evangelio en su situación particular y se entrega por completo al servicio del mismo ayudándonos a correr el velo que nubla nuestra conciencia para que podamos ver y oir la voz de Dios. Ojalá a la hora de tratar con quienes acudan a él recuerde que muchos no leerán otro Evangelio más que lo que les muestre con su propia vida.

María Inés Maceratesi
Catequista-Agente de Pastoral Familiar y Social-Comunicadora

martes, 30 de julio de 2013

“¿Quién soy yo para juzgar a un gay?”, dijo el Papa Francisco.



Comentario a partir de la nota publicada en Diario Clarín:

La frase expresada por el Papa dio lugar a infinidad de interpretaciones que no hacen más que confundir y mezclar todo...pedófilos con gays y otras situaciones varias... con todo respeto, quizá sería la hora de que muchas personas, especialmente los que profesan la fe cristiana, tomaran la iniciativa de formarse para emitir opiniones. 
Lo que muchas personas expresan esperando un cambio radical en la postura de la Iglesia sobre algunos temas no es sencillo de resolver. El amor todo lo puede, Dios nos perdona a todos y a pesar nuestro pero ninguna institución se edifica sin un mínimo ordenamiento. 

Quienes somos bautizados tenemos la enorme responsabilidad de conocer nuestra pertenencia. Somos de Cristo y la Iglesia es el Cuerpo de Cristo no es sólo una institución puramente humana, es humana y divina. Si fuera puramente humana sería una ONG como dice el Papa pero no lo es, tiene sus leyes y desde el Papa para abajo todos crecemos y nos desarrollamos con sus enseñanzas instituidas por Cristo y lo seguimos a Él que es el Buen Pastor.

Pongamos por ejemplo nuestra pertenencia a alguna institución para graficar mejor la situación: cuando uno se anota en una escuela o una universidad, no puede cambiar el reglamento a su antojo porque cada uno tendría una situación particular por la cual querría que se cambiara, con la Iglesia pasa lo mismo, no es la Iglesia la que tiene que cambiar, somos nosostros los que tenemos que cambiar. ¿Acaso no nos levantamos como una furia cuando nos enteramos que querían modificar la Constitución Nacional? ¿no estamos convencidos de que está bien que haya división de poderes y que sean independientes de la voluntad individual de algunos? ¿Y por qué queremos que la Iglesia, que tiene sus dogmas y su doctrina las cambie al antojo de un grupo o de persona alguna? 
Generalmente y por suerte cada vez menos, muchas personas no conocen porqué y para qué las tiene. La Iglesia no discrimina, no reniega de los homosexuales, ni expulsa a los divorciados, al contrario, todos tenemos un lugar en ella. Pero si no nos sentimos acogidos entonces ¿deberíamos irnos...?...¿deberíamos hacer que cambie sus fundamentos? ¿o lo correcto sería aceptar que hay situaciones personales que nos hacen sentirnos afuera?. 

No más discusiones, estamos adentro sea cual fuere nuestra situación personal, sintámonos incluidos, sintámonos amados por Dios que es familia y a una familia bien constituída en el amor ¿acaso se le ocurriría expulsar a alguno de sus miembros por ser gay o divorciado?.

Las Bienaventuranzas y Mateo 25 son el camino a recorrer nos dijo el Papa. Ojalá seamos capaces de meditar éso y entonces descubrir lo que es ser un cristiano católico adulto y maduro ya que muchos nos hemos quedado en una fe infantil.

Espero se interprete bien este mensaje, lo emito con todo respeto y tratando de cuidar el lenguaje, sin ánimo de adoctrinar, sin ánimo de excluir, pero sí tratando de mostrar la Iglesia que yo amo, firme y suave a la vez, amorosa, tierna y fuerte como una madre, que me acompaña a través de quien la conduce, que no es el Papa, no son los Obispos, no son los sacerdotes ni los religiosos/as, no son los laicos a quienes nos gusta catalogar de "comprometidos" o "no comprometidos", "practicantes" o "no practicantes"...es nada más ni nada menos que el ESPÍRITU SANTO, que es comunidad de los creyentes y derrama sobre la Iglesia sus dones y carismas. 

Tres cosas son importantes: la fe, la esperanza y la caridad, lo demás es secundario y no merece que el Pueblo de Dios se divida discutiendo lo que forma parte del misterio de Dios, tratemos de encontrarnos con Jesús y dejémonos interpelar por Él que nos dará el discernimiento.

María Inés Maceratesi
Foto: Diario Clarín

domingo, 28 de julio de 2013

Discurso del Santo Padre en el encuentro con el Comité de Coordinación del Celam (Río de Janeiro, 28 de Julio 2013)



1. Introducción


Agradezco al Señor esta oportunidad de poder hablar con ustedes, hermanos Obispos, responsables del CELAM en el cuatrienio 2011-2015. Hace 57 años que el CELAM sirve a las 22 Conferencias Episcopales de América Latina y El Caribe, colaborando solidaria y subsidiariamente para promover, impulsar y dinamizar la colegialidad episcopal y la comunión entre las Iglesias de esta Región y sus Pastores.

Como Ustedes, también yo soy testigo del fuerte impulso del Espíritu en la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y El Caribe en Aparecida, en mayo de 2007, que sigue animando los trabajos del CELAM para la anhelada renovación de las iglesias particulares. Esta renovación, en buena parte de ellas, se encuentra ya en marcha. Quisiera centrar esta conversación en el patrimonio heredado de aquel encuentro fraterno y que todos hemos bautizado como Misión Continental.

2. Características peculiares de Aparecida

Existen cuatro características que son propias de la V Conferencia. Son como cuatro columnas del desarrollo de Aparecida y que le dan su originalidad.

1) Inicio sin documento

Medellín, Puebla y Santo Domingo comenzaron sus trabajos con un camino recorrido de preparación que culminó en una especie de Instrumentum laboris, con el cual se desarrolló la discusión, reflexión y aprobación del documento final. En cambio, Aparecida promovió la participación de las Iglesias particulares como camino de preparación que culminó en un documento de síntesis. Este documento, si bien fue referencia durante la Quinta Conferencia General, no se asumió como documento de partida. El trabajo inicial consistió en poner en común las preocupaciones de los Pastores ante el cambio de época y la necesidad de recuperar la vida discipular y misionera con la que Cristo fundó la Iglesia.

2) Ambiente de oración con el Pueblo de Dios

Es importante recordar el ambiente de oración generado por el diario compartir la Eucaristía y otros momentos litúrgicos, donde siempre fuimos acompañados por el Pueblo de Dios. Por otro lado, puesto que los trabajos tenían lugar en el subsuelo del Santuario, la "música funcional" que los acompañaba fueron los cánticos y oraciones de los fieles.

3) Documento que se prolonga en compromiso, con la Misión Continental

En este contexto de oración y vivencia de fe surgió el deseo de un nuevo Pentecostés para la Iglesia y el compromiso de la Misión Continental. Aparecida no termina con un Documento sino que se prolonga en la Misión Continental.

4) La presencia de Nuestra Señora, Madre de América

Es la primera Conferencia del Episcopado Latinoamericano y El Caribe que se realiza en un Santuario mariano.

3. Dimensiones de la Misión Continental

La Misión Continental se proyecta en dos dimensiones: programática y paradigmática. La misión programática, como su nombre lo indica, consiste en la realización de actos de índole misionera. La misión paradigmática, en cambio, implica poner en clave misionera la actividad habitual de las Iglesias particulares. Evidentemente aquí se da, como consecuencia, toda una dinámica de reforma de las estructuras eclesiales. El "cambio de estructuras" (de caducas a nuevas) no es fruto de un estudio de organización de la planta funcional eclesiástica, de lo cual resultaría una reorganización estática, sino que es consecuencia de la dinámica de la misión. Lo que hace caer las estructuras caducas, lo que lleva a cambiar los corazones de los cristianos, es precisamente la misionariedad. De aquí la importancia de la misión paradigmática.

La Misión Continental, sea programática, sea paradigmática, exige generar la conciencia de una Iglesia que se organiza para servir a todos los bautizados y hombres de buena voluntad. El discípulo de Cristo no es una persona aislada en una espiritualidad intimista, sino una persona en comunidad, para darse a los demás. Misión Continental, por tanto, implica pertenencia eclesial.

Un planteo como éste, que comienza por el discipulado misionero e implica comprender la identidad del cristiano como pertenencia eclesial, pide que nos explicitemos cuáles son los desafíos vigentes de la misionariedad discipular. Señalaré solamente dos: la renovación interna de la Iglesia y el diálogo con el mundo actual.


Renovación interna de la Iglesia


Aparecida ha propuesto como necesaria la Conversión Pastoral. Esta conversión implica creer en la Buena Nueva, creer en Jesucristo portador del Reino de Dios, en su irrupción en el mundo, en su presencia victoriosa sobre el mal; creer en la asistencia y conducción del Espíritu Santo; creer en la Iglesia, Cuerpo de Cristo y prolongadora del dinamismo de la Encarnación.

En este sentido, es necesario que, como Pastores, nos planteemos interrogantes que hacen a la marcha de las Iglesias que presidimos. Estas preguntas sirven de guía para examinar el estado de las diócesis en la asunción del espíritu de Aparecida y son preguntas que conviene nos hagamos frecuentemente como examen de conciencia.

    1. ¿Procuramos que nuestro trabajo y el de nuestros Presbíteros sea más pastoral que administrativo? ¿Quién es el principal beneficiario de la labor eclesial, la Iglesia como organización o el Pueblo de Dios en su totalidad?

    2. ¿Superamos la tentación de atender de manera reactiva los complejos problemas que surgen? ¿Creamos un hábito pro-activo? ¿Promovemos espacios y ocasiones para manifestar la misericordia de Dios? ¿Somos conscientes de la responsabilidad de replantear las actitudes pastorales y el funcionamiento de las estructuras eclesiales, buscando el bien de los fieles y de la sociedad?

    3. En la práctica, ¿hacemos partícipes de la Misión a los fieles laicos? ¿Ofrecemos la Palabra de Dios y los Sacramentos con la clara conciencia y convicción de que el Espíritu se manifiesta en ellos?

    4. ¿Es un criterio habitual el discernimiento pastoral, sirviéndonos de los Consejos Diocesanos? Estos Consejos y los Parroquiales de Pastoral y de Asuntos Económicos ¿son espacios reales para la participación laical en la consulta, organización y planificación pastoral? El buen funcionamiento de los Consejos es determinante. Creo que estamos muy atrasados en esto.

    5. Los Pastores, Obispos y Presbíteros, ¿tenemos conciencia y convicción de la misión de los fieles y les damos la libertad para que vayan discerniendo, conforme a su proceso de discípulos, la misión que el Señor les confía? ¿Los apoyamos y acompañamos, superando cualquier tentación de manipulación o sometimiento indebido? ¿Estamos siempre abiertos para dejarnos interpelar en la búsqueda del bien de la Iglesia y su Misión en el mundo?

    6. Los agentes de pastoral y los fieles en general ¿se sienten parte de la Iglesia, se identifican con ella y la acercan a los bautizados distantes y alejados?

Como se puede apreciar aquí están en juego actitudes. La Conversión Pastoral atañe principalmente a las actitudes y a una reforma de vida. Un cambio de actitudes necesariamente es dinámico: "entra en proceso" y sólo se lo puede contener acompañándolo y discerniendo. Es importante tener siempre presente que la brújula, para no perderse en este camino, es la de la identidad católica concebida como pertenencia eclesial.

Diálogo con el mundo actual


Hace bien recordar las palabras del Concilio Vaticano II: Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo (cf. GS, 1). Aquí reside el fundamento del diálogo con el mundo actual.

La respuesta a las preguntas existenciales del hombre de hoy, especialmente de las nuevas generaciones, atendiendo a su lenguaje, entraña un cambio fecundo que hay que recorrer con la ayuda del Evangelio, del Magisterio, y de la Doctrina Social de la Iglesia. Los escenarios y areópagos son de lo más variado. Por ejemplo, en una misma ciudad, existen varios imaginarios colectivos que conforman "diversas ciudades". Si nos mantenemos solamente en los parámetros de "la cultura de siempre", en el fondo una cultura de base rural, el resultado terminará anulando la fuerza del Espíritu Santo. Dios está en todas partes: hay que saber descubrirlo para poder anunciarlo en el idioma de esa cultura; y cada realidad, cada idioma, tiene un ritmo diverso.

4. Algunas tentaciones contra el discipulado misionero


La opción por la misionariedad del discípulo será tentada. Es importante saber por dónde va el mal espíritu para ayudarnos en el discernimiento. No se trata de salir a cazar demonios, sino simplemente de lucidez y astucia evangélica. Menciono sólo algunas actitudes que configuran una Iglesia "tentada". Se trata de conocer ciertas propuestas actuales que pueden mimetizarse en la dinámica del discipulado misionero y detener, hasta hacer fracasar, el proceso de Conversión Pastoral.

1. La ideologización del mensaje evangélico. Es una tentación que se dio en la Iglesia desde el principio: buscar una hermenéutica de interpretación evangélica fuera del mismo mensaje del Evangelio y fuera de la Iglesia. Un ejemplo: Aparecida, en un momento, sufrió esta tentación bajo la forma de asepsia. Se utilizó, y está bien, el método de "ver, juzgar, actuar" (cf. n. 19). La tentación estaría en optar por un "ver" totalmente aséptico, un "ver" neutro, lo cual es inviable. Siempre el ver está afectado por la mirada. No existe una hermenéutica aséptica. La pregunta era, entonces: ¿con qué mirada vamos a ver la realidad? Aparecida respondió: Con mirada de discípulo. Así se entienden los números 20 al 32. Hay otras maneras de ideologización del mensaje y, actualmente, aparecen en Latinoamérica y El Caribe propuestas de esta índole. Menciono sólo algunas:

        a) El reduccionismo socializante. Es la ideologización más fácil de descubrir. En algunos momentos fue muy fuerte. Se trata de una pretensión interpretativa en base a una hermenéutica según las ciencias sociales. Abarca los campos más variados, desde el liberalismo de mercado hasta la categorización marxista.

        b) La ideologización psicológica. Se trata de una hermenéutica elitista que, en definitiva, reduce el "encuentro con Jesucristo" y su ulterior desarrollo a una dinámica de autoconocimiento. Suele darse principalmente en cursos de espiritualidad, retiros espirituales, etc. Termina por resultar una postura inmanente autorreferencial. No sabe de trascendencia y, por tanto, de misionariedad.

        c) La propuesta gnóstica. Bastante ligada a la tentación anterior. Suele darse en grupos de élites con una propuesta de espiritualidad superior, bastante desencarnada, que termina por desembarcar en posturas pastorales de "quaestiones disputatae". Fue la primera desviación de la comunidad primitiva y reaparece, a lo largo de la historia de la Iglesia, en ediciones corregidas y renovadas. Vulgarmente se los denomina "católicos ilustrados" (por ser actualmente herederos de la Ilustración).

        d) La propuesta pelagiana. Aparece fundamentalmente bajo la forma de restauracionismo. Ante los males de la Iglesia se busca una solución sólo en la disciplina, en la restauración de conductas y formas superadas que, incluso culturalmente, no tienen capacidad significativa. En América Latina suele darse en pequeños grupos, en algunas nuevas Congregaciones Religiosas, en tendencias a la "seguridad" doctrinal o disciplinaria. Fundamentalmente es estática, si bien puede prometerse una dinámica hacia adentro: involuciona. Busca "recuperar" el pasado perdido.

2. El funcionalismo. Su acción en la Iglesia es paralizante. Más que con la ruta se entusiasma con la "hoja de ruta". La concepción funcionalista no tolera el misterio, va a la eficacia. Reduce la realidad de la Iglesia a la estructura de una ONG. Lo que vale es el resultado constatable y las estadísticas. De aquí se va a todas las modalidades empresariales de Iglesia. Constituye una suerte de "teología de la prosperidad" en lo organizativo de la pastoral.

3. El clericalismo es también una tentación muy actual en Latinoamérica. Curiosamente, en la mayoría de los casos, se trata de una complicidad pecadora: el cura clericaliza y el laico le pide por favor que lo clericalice, porque en el fondo le resulta más cómodo. El fenómeno del clericalismo explica, en gran parte, la falta de adultez y de cristiana libertad en buena parte del laicado latinoamericano. O no crece (la mayoría), o se acurruca en cobertizos de ideologizaciones como las ya vistas, o en pertenencias parciales y limitadas. Existe en nuestras tierras una forma de libertad laical a través de experiencias de pueblo: el católico como pueblo. Aquí se ve una mayor autonomía, sana en general, y que se expresa fundamentalmente en la piedad popular. El capítulo de Aparecida sobre piedad popular describe con profundidad esta dimensión. La propuesta de los grupos bíblicos, de las comunidades eclesiales de base y de los Consejos pastorales va en la línea de superación del clericalismo y de un crecimiento de la responsabilidad laical.

Podríamos seguir describiendo algunas otras tentaciones contra el discipulado misionero, pero creo que éstas son las más importantes y de más fuerza en este momento de América Latina y El Caribe.

5. Algunas pautas eclesiológicas


1. El discipulado-misionero que Aparecida propuso a las Iglesias de América Latina y El Caribe es el camino que Dios quiere para este "hoy". Toda proyección utópica (hacia el futuro) o restauracionista (hacia el pasado) no es del buen espíritu. Dios es real y se manifiesta en el "hoy". Hacia el pasado su presencia se nos da como "memoria" de la gesta de salvación sea en su pueblo sea en cada uno de nosotros; hacia el futuro se nos da como "promesa" y esperanza. En el pasado Dios estuvo y dejó su huella: la memoria nos ayuda a encontrarlo; en el futuro sólo es promesa… y no está en los mil y un "futuribles". El "hoy" es lo más parecido a la eternidad; más aún: el "hoy" es chispa de eternidad. En el "hoy" se juega la vida eterna.

El discipulado misionero es vocación: llamado e invitación. Se da en un "hoy" pero "en tensión". No existe el discipulado misionero estático. El discípulo misionero no puede poseerse a sí mismo, su inmanencia está en tensión hacia la trascendencia del discipulado y hacia la trascendencia de la misión. No admite la autorreferencialidad: o se refiere a Jesucristo o se refiere al pueblo a quien se debe anunciar. Sujeto que se trasciende. Sujeto proyectado hacia el encuentro: el encuentro con el Maestro (que nos unge discípulos) y el encuentro con los hombres que esperan el anuncio.

Por eso, me gusta decir que la posición del discípulo misionero no es una posición de centro sino de periferias: vive tensionado hacia las periferias… incluso las de la eternidad en el encuentro con Jesucristo. En el anuncio evangélico, hablar de "periferias existenciales" des-centra, y habitualmente tenemos miedo a salir del centro. El discípulo-misionero es un des-centrado: el centro es Jesucristo, que convoca y envía. El discípulo es enviado a las periferias existenciales.

2. La Iglesia es institución pero cuando se erige en "centro" se funcionaliza y poco a poco se transforma en una ONG. Entonces, la Iglesia pretende tener luz propia y deja de ser ese "misterium lunae" del que nos hablaban los Santos Padres. Se vuelve cada vez más autorreferencial y se debilita su necesidad de ser misionera. De "Institución" se transforma en "Obra". Deja de ser Esposa para terminar siendo Administradora; de Servidora se transforma en "Controladora". Aparecida quiere una Iglesia Esposa, Madre, Servidora, facilitadora de la fe y no controladora de la fe.

3. En Aparecida se dan de manera relevante dos categorías pastorales que surgen de la misma originalidad del Evangelio y también pueden servirnos de pauta para evaluar el modo como vivimos eclesialmente el discipulado misionero: la cercanía y el encuentro. Ninguna de las dos es nueva, sino que conforman la manera cómo se reveló Dios en la historia. Es el "Dios cercano" a su pueblo, cercanía que llega al máximo al encarnarse. Es el Dios que sale al encuentro de su pueblo. Existen en América Latina y El Caribe pastorales "lejanas", pastorales disciplinarias que privilegian los principios, las conductas, los procedimientos organizativos… por supuesto sin cercanía, sin ternura, sin caricia. Se ignora la "revolución de la ternura" que provocó la encarnación del Verbo. Hay pastorales planteadas con tal dosis de distancia que son incapaces de lograr el encuentro: encuentro con Jesucristo, encuentro con los hermanos. Este tipo de pastorales a lo más pueden prometer una dimensión de proselitismo pero nunca llegan a lograr ni inserción eclesial ni pertenencia eclesial. La cercanía crea comunión y pertenencia, da lugar al encuentro. La cercanía toma forma de diálogo y crea una cultura del encuentro. Una piedra de toque para calibrar la cercanía y la capacidad de encuentro de una pastoral es la homilía. ¿Qué tal son nuestras homilías? ¿Nos acercan al ejemplo de nuestro Señor, que "hablaba como quien tiene autoridad" o son meramente preceptivas, lejanas, abstractas?

4. Quien conduce la pastoral, la Misión Continental (sea programática como paradigmática), es el Obispo. El Obispo debe conducir, que no es lo mismo que mandonear. Además de señalar las grandes figuras del episcopado latinoamericano que todos conocemos quisiera añadir aquí algunas líneas sobre el perfil del Obispo que ya dije a los Nuncios en la reunión que tuvimos en Roma. Los Obispos han de ser Pastores, cercanos a la gente, padres y hermanos, con mucha mansedumbre; pacientes y misericordiosos. Hombres que amen la pobreza, sea la pobreza interior como libertad ante el Señor, sea la pobreza exterior como simplicidad y austeridad de vida. Hombres que no tengan "psicología de príncipes". Hombres que no sean ambiciosos y que sean esposos de una Iglesia sin estar a la expectativa de otra. Hombres capaces de estar velando sobre el rebaño que les ha sido confiado y cuidando todo aquello que lo mantiene unido: vigilar sobre su pueblo con atención sobre los eventuales peligros que lo amenacen, pero sobre todo para cuidar la esperanza: que haya sol y luz en los corazones. Hombres capaces de sostener con amor y paciencia los pasos de Dios en su pueblo. Y el sitio del Obispo para estar con su pueblo es triple: o delante para indicar el camino, o en medio para mantenerlo unido y neutralizar los desbandes, o detrás para evitar que alguno se quede rezagado, pero también, y fundamentalmente, porque el rebaño mismo también tiene su olfato para encontrar nuevos caminos.

No quisiera abundar en más detalles sobre la persona del Obispo, sino simplemente añadir, incluyéndome en esta afirmación, que estamos un poquito retrasados en lo que a Conversión Pastoral se refiere. Conviene que nos ayudemos un poco más a dar los pasos que el Señor quiere para nosotros en este "hoy" de América Latina y El Caribe. Y sería bueno comenzar por aquí.

Les agradezco la paciencia de escucharme. Perdonen el desorden de la charla y, por favor, les pido que tomemos en serio nuestra vocación de servidores del santo pueblo fiel de Dios, porque en esto se ejercita y se muestra la autoridad: en la capacidad de servicio. Muchas gracias.


Fuente: Oficina de Prensa del Vaticano



lunes, 22 de julio de 2013

Clonación y células madre. Un artículo especial para agentes pastorales y educadores en general.

 Por Juan Carlos Meinvielle, sdb


Las células madre

No es necesario ni conveniente, que el catequista se dedique a dar largas explicaciones científicas sobre cuestiones de anatomía. En cambio, sí, es necesario, que tenga ideas claras sintéticamente, sobre las cuestiones esenciales y se dedique a dar razones de nuestra fe, anunciar el Evangelio de la vida y responder a la “lógica de la muerte”. Hay que explicar la doctrina con argumentos claros, responder adecuadamente a las objeciones de los secularistas sin polémicas ni condenas y sin acudir al consabido “esto lo prohíbe la Iglesia”.

Vamos a referirnos a estas cuestiones, evitando explicaciones difíciles, y reflexionando sobre hechos de la vida cotidiana. Todos, alguna vez, nos hemos hecho alguna herida. ¿Y cómo no hemos curado? Prácticamente solos, es decir las heridas cicatrizan, sin problemas. Lo que pasa es que las células se reproducen, se dividen, se diferencian y se multiplican. Hay células madre, que se llaman “células estaminales”, que pueden dar origen a otras y hasta a una cadena de células, que se van multiplicando asombrosamente y podrían no sólo curar heridas, sino regenerar tejidos, órganos y hasta miembros, si las pudiéramos utilizar adecuadamente.

Esto es lo que la ciencia ha estado estudiando últimamente. Cómo cultivar células madre y tejidos celulares, es decir un conjunto de células madre, que puedan dar origen a un corazón, o a un hígado, que sirva para trasplantar a un paciente, utilizando las células de su mismo cuerpo. Hace poco leímos que en Japón, curaron la ceguera de un hombre, regenerando los tejidos dañados de sus ojos, con células madre sacadas de la boca del mismo paciente. Las células se adaptaron perfectamente y comenzaron a reproducirse y el ojo quedó sano. Esas son las maravillas de la naturaleza y del cuerpo humano creado por Dios. Pero ciertamente, hay células madre “adultas”, que van envejeciendo como todo el cuerpo y hay otras “recién nacidas”, los embriones humanos, que tendrían más ventajas y f a c i l i d a d e s que las células adultas. Con éstas ha experimentado preferentemente la ciencia y aseguran un éxito mayor en las experiencias. Pero hay un problema -y aquí es donde entra la ética- ¿qué es un embrión?
Hay células madre, que se llaman “células estaminales”, que pueden dar origen a otras y hasta a una cadena de células.

Fecundación, cigotos y embriones

Cuando nace un ser humano, un cuerpo comienza a formarse en la panza de la mamá, cuando dos células, un espermatozoide y un óvulo, se unen y se fusionan. Un espermatozoide masculino penetra en el óvulo femenino y se fusiona con el núcleo. Esto se llama “fecundación”. A partir de allí comienza un maravillo proceso que durará a lo largo de toda la vida del nuevo ser humano y sólo cesará con su muerte. Las células comienzan a dividirse, a diferenciarse a reproducirse. Primero son dos, luego cuatro, después ocho. Éste nuevo ser, tiene ya una vida propia. No es una parte del cuerpo de la mamá, sino que proviene de los gametos de ambos padres, pero tiene vida propia. A esta vida tenemos que llamarla “vida humana”, porque seguirá esta actividad de acuerdo a un “código genético”, hasta el final de la vida. Las células se dividen y se diferencian. Unas se van convirtiendo en sangre. Otras en carne o en huesos.
En algunos casos puede formarse un nuevo cuerpo, y tendremos entonces gemelos de un mismo óvulo.

Entre los siete y los catorce días, el cigoto o huevo fecundado, que contiene los cromosomas o “semillas” que determinan su sexo y servirán después para la fecundación, sigue desplazándose a través de la trompa, donde el óvulo fue fecundado, y llega al útero y allí se produce la implantación. El óvulo fecundado se fija en la pared del útero, donde encontrará estrógenos, alimento, tejidos, vitaminas etc., que le servirán para seguir creciendo, hasta que nazca el bebé. A partir de ese momento lo comenzamos a llamar “embrión”, porque es un hombre en estado embrionario. Pero pensándolo bien ¿no era también un ser humano, el cigoto desde el momento en que el óvulo fue fecundado y comenzaron a reproducirse las células? ¿No tenía ya un código genético que dirigía la formación de su cuerpo? Algunos médicos dicen que antes de la implantación el cigoto no puede llamarse “persona”, porque no llegará nunca a nacer si no queda implantado. También es posible que aparezcan dos gemelos, por lo cual el cigoto no es todavía “una persona”. Todo esto no está en discusión y es totalmente cierto. Pero lo que no es justo, es llamar al huevo “pre-embrión”, como si no tuviera todavía vida humana y pudiera ser destruido, abortado, utilizado para quitarle las células madre para experimentar con ellas, o simplemente considerarlas “material de descarte genético”, que hasta se podría destinar para fabricar cosméticos.

Los cristianos sostenemos que el embrión es persona desde el primer momento de la fecundación.
Los cristianos sostenemos que el embrión es persona desde el primer momento de la fecundación, o por lo memos debemos afirmar que desde el primer momento hay ya vida humana y que destruirla es faltar al quinto mandamiento.

Terapia genética

La utilización de embriones con fines terapéuticos, es entonces un hecho inmoral, porque se trata de destruir una vida humana. Es prácticamente un aborto. Pero los fines terapéuticos perseguidos son en sí mismos buenos. Lo que es malo es la experimentación o la utilización de la vida humana como medio para conseguir otro fin que no es la curación de la misma persona con la que se trabaja. Por tanto la utilización de células madre adultas no es mala y sería un avance extraordinario para la ciencia poder perfeccionar esta técnica.

Se podrían hacer trasplantes o curar órganos y miembros del cuerpo humano, con células de la misma persona. También se pueden utilizar células de otra persona, que no sean los embriones. Por ejemplo en algunos lugares se guardan los cordones umbilicales, que tienen también células madre jóvenes.

De dónde no se puede sacar embriones
La mayor cantidad de embriones vivos y genéticamente vitales los proporcionan hoy las técnicas de reproducción asistida. Cuando se produce una fecundación artificial, “in vitro”, obtenemos un embrión con las mimas características que el que fue fecundado en forma natural. Pero cuando una pareja quiere tener un bebé por fecundación asistida, no es posible trabajar sólo con un embrión. Los embriones fecundados suelen ser muy débiles y tienen sólo un 20% de probabilidad de llegar al embarazo. Quiere decir que en los procesos de fecundación asistida, el 80% de los embriones fecundados artificialmente, está destinado a morir.

Normalmente utilizan de 10 a 15 embriones. Provocan en la mamá una “estimulación ovárica” y obtienen varios óvulos maduros, que fecundan en probeta. Luego eligen de tres a cinco de los que están en mejores condiciones y los demás los congelan para ir usándolos alternativamente en caso de necesidad. Cuando la operación se lleva a término con éxito, ¿qué pasa con los embriones congelados? ¿Se podrían guardar para volver a embarazar a la mamá en el futuro? ¿O se podría buscar alguna mujer voluntaria, que haga de madre substituta y adopte los embriones? Es todo muy difícil. Pero muchas veces surge la tentación de utilizar los embriones para experimentación o utilizar sus células madre para lograr cadenas de células estaminales. O simplemente destruirlos, cuando pasa el tiempo y pierden vitalidad. Todos saben que en estas operaciones, se está jugando con la vida humana, pero no parece tan grave como “matar”.

Parece lógico en estos casos obrar así y no se advierte que estamos quebrantando el quinto mandamiento. Hay cosas que provocan muerte, pero que parecen “lógicas”. Estamos viviendo una “lógica de la muerte”.

¿Y qué es la clonación de un ser humano?

Según algunos hay dos tipos de clonación: la clonación “reproductiva” y la clonación “terapéu tica”. Con la reproductiva, se trata de “activar” (ya que no se puede llamar “fecundar”) un óvulo artificialmente y no por vía sexual. No se juntan un óvulo y un espermatozoide, sino que se le quita al óvulo el núcleo (información genética materna) y se lo sustituye inyectando en él, una célula no reproductiva de la misma mujer. Con esto el óvulo queda fecundado y se obtiene un embrión que, implantado en el útero de una mujer, seguirá el mismo proceso que uno común hasta dar a luz un ser humano, que llamaremos “clon”, porque (sea hombre o mujer) es genéticamente igual a su reproductora. El “clon”, por tanto, no es propiamente un descendiente del progenitor, sino una fotocopia del mismo. Fue reproducido en forma asexual, sin unión de gametos y sin fecundación.

En cambio, la clonación “terapéutica, -dicenes distinta. Sería el proceso de hacer copias de un fragmento específico de ADN, generalmente de un gen. Cuando los genetistas hablan de clonación, no se refieren al proceso de hacer copias idénticas de todo un organismo.

Las células madre son células capaces de dar lugar a cada uno de los más de 200 tipos de células del organismo. Están presentes en la primeras fases del desarrollo embrionario, pero también pueden conseguirse de células adultas, mediante la clonación terapéutica. Para ello, se toma un óvulo, se saca la información genética, se inserta en su lugar la de una célula del donante -del enfermo- y se activa el huevo para que se desarrolle como si hubiera sido fecundado. Seis días después, el embrión contendrá células madre con el potencial de convertirse en cualquier parte del organismo.

Como estas células tienen el mismo genoma que el donante, después de convertirse en el tejido deseado, se podrían trasplantar al enfermo sin miedo al rechazo Lo que estamos diciendo es que en ambos casos, tanto en la clonación reproductiva como en la terapéutica, el proceso comienza siendo el mismo: se trata de “fecundar” un óvulo mediante “transferencia nuclear”, como hemos visto, y en un caso dejarlo crecer hasta que el “clon” nazca o en el otro, quitarle antes de las dos semanas, las células madre y después destruirlo, con lo que estamos de nuevo en el tema de la “células madre embrionarias, que hemos visto antes.

¿Qué se puede pensar éticamente de la clonación, en cualquiera de los dos casos?

El “clon”, en el caso de llegar a nacer, sería el producto de un donante que no es propiamente su progenitor. No tendría padre ni madre, porque el “clon” no es propiamente hijo de la persona que donó la célula que lo hará genéticamente igual a ella, sino su réplica, un “otro yo genético”.

¿Con qué intenciones se hace la clonación reproductiva? Si es para mejorar la especie, o mantener en el tiempo la personalidad de algún genio o persona importante, estaríamos ante una manipulación de la persona y discriminación muy grave, o un caso de racismo. Si se trata de la clonación terapéutica, sería como utilizar bebés humanos, para obtener piezas de recambio y después eliminarlos. El “clon” es un bebé fabricado y no engendrado en una familia, por padre y madre. Y lo más grave sigue siendo la gran cantidad de embriones desperdiciados en cada experiencia. Por ejemplo, para la oveja “Dolly”, fue necesario “desperdiciar” centenares de embriones. Más aún, el elevado riesgo de transmisión de enfermedades o malformaciones que implicaría esta técnica añade nuevas razones para su prohibición ética.

Hay cosas que provocan muerte, pero que parecen “lógicas”. Estamos viviendo una “lógica de la muerte”.
Debe quedar muy en claro, que no se debe experimentar con seres humanos, en beneficio de terceros o para el progreso de la ciencia. Es éticamente inmoral. Son lícitas, en cambio, las experiencias que se hagan, en caso de necesidad, para salvarles la vida evitando los riesgos innecesarios.

No es justo tampoco, llamar “preembrión” a un ser que está en iguales condiciones que todos los otros, de llegar a ser una persona, y eso sólo para poder disponer de él con tranquilidad.

.+© 2004 Inspectoría Salesiana Nuestra Señora del Rosario

Bioética: ¿qué cuestiones aborda)

Las cuestiones de bioética necesitan hoy ser debidamente abordadas. Existe innumerable bibliografía al respecto a la que podemos consultar en caso de estar interesados en ellas pero, no todas son accesibles al común de la gente porque sus contenidos son, o bien muy académicos o por el contrario, son abordadas con una enorme irresponsabilidad. Este video de la Dra. Lugo (1), una experta en el tema, nos puede servir de introducción a todos para familiarizarnos con esta temática tan actual y repito,no siempre abordada, especialmente desde los medios de comunicación, con la seriedad que merecen. Este video forma parte de otros que iremos publicando periódicamente.