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martes, 7 de febrero de 2012

Misión de la mujer en la Iglesia como animadora de espiritualidad


Autor: Juan Carlos Meinvielle

El mundo de la espiritualidad y la mujer:

Ya hace mucho tiempo, el escritor francés André Malraux, decía que el siglo XXI sería el siglo de la mística y Karl Ranher decía que el cristiano del siglo XXI, sería un místico o no sería cristiano, porque el mundo tendría hoy tantas ocasiones de vivir como ateo, que sólo un místico puede superarlas. Pero ¿Qué es ser místico? No son visiones, ni estados crepusculares, ni falsos misticismos de meditaciones o estados de trance que nos aparten de la realidad y sean una evasión de los verdaderos problemas. Sobre todo de la familia. La espiritualidad verdadera es vivir una profunda experiencia de Dios. El cristiano espiritual, es el que cultiva el diálogo con Dios y con los hombres, y sus problemas y se compromete con su testimonio. ¿Y cómo podemos vivir el diálogo cristiano en familia y la espiritualidad familiar?

No hay duda, que la espiritualidad es una tarea que se adapta bien al espíritu femenino. Sin entrar en el tema de las comparaciones entre mujeres y hombres, ni decir quién es más o quien es menos, hay que admitir que por su sensibilidad y percepción propia de la realidad, la mujer está muy bien dotada para esta misión. Su ubicación en lo cotidiano, en el mundo y la historia, en lo corpóreo y al mismo tiempo en la interioridad, en lo afectivo, en el arte, en la creatividad y la inteligencia emocional, la dotan de grandes cualidades para vivir y testimoniar la vida espiritual. Por ejemplo, una teóloga de la UCA, que comenta la obra del famoso Von Balthasar, dice que “el ser de lo femenino ocupa un lugar eminente en la configuración del diálogo interdisciplinario entre teología y vida”.

Carismas de estilo laical:

Por otra parte, es muy interesante darse cuenta de que este ámbito, no atañe exclusivamente al ministerio ordenado, sino que puede ser un “estilo laical” plenamente eclesial y femenino. Los pastores, no son los únicos que pueden hablar de todos los temas en la iglesia. A ellos les compete gobernar y discernir y vigilar los carismas particulares, pero hoy una verdadera teología de los carismas como enseña San Pablo, que en la medida que se profundice, va a ser de gran provecho para el desarrollo de la vida eclesial y seguramente nos revelará aspectos muy importantes de la misión y el papel de la mujer como animadora de espiritualidad en las comunidades eclesiales. Hoy la voz de la mujer debe oírse cada vez con más fuerza en la Iglesia. Es cierto que hoy, ya hay mujeres teólogas, que son formadoras de pensamiento cristiano. Hay catequistas, o trasmisoras de fe. La mujer es madre, trasmisora de vida y humanismo. Es maestra o formadora de cultura y de valores. Pero seguramente, sin ser profetas, podemos decir que cada vez más, será animadora de espiritualidad, no sólo para las mujeres sino para toda la Iglesia.

Misión de la mujer en la espiritualidad, mirada historia:

Si miramos la historia, nos encontramos enseguida con una mujer, María, que recibió el primer anuncio del Emmanuel, el Dios con nosotros y lo hizo carne en sí misma. Así entró ella en la historia de la salvación. Encontramos después a otra mujer, María Magdalena, que fue la primera enviada a anunciar a Jesús resucitado a toda la Iglesia, incluidos los Apóstoles. Más aun, recordemos entre otras a Santa Catalina de Siena, cuyos pasos fueron seguidos por Papas y Cardenales. Teresa de Ávila, dirigió una reforma impresionante en la Iglesia. Teresita abrió caminos de espiritualidad para todos. En la edad media y durante la conquista española de América, mientras los misioneros y las universidades expandían la evangelización en Europa y el nuevo mundo, las mujeres madres, plasmaban el humanismo cristiano en la familia y la inculturación de la fe en la España mora y judía, y en los pueblos originarios de Latinoamérica.

Nuevos movimientos de espiritualidad:

Si miramos la sociedad de hoy vemos muchas mujeres que participan en los nuevos movimientos de espiritualidad. Por cierto estos movimientos tienen cosas valiosas y otras que deben ser evangelizadas y discernidas. Recordamos las palabras del Papa cuando era prefecto de la Doctrina de la fe, sobre “los métodos orientales en la oración cristiana”. También hay aspectos de la nueva era, que son incompatibles con nuestra fe. Es importante estudiar cual el atractivo que ejerce esta espiritualidad y las causas del rechazo a la Iglesia y lo institucional. Hay mujeres cristianas que son instructoras de yoga o de zen y hay quienes dirigen grupos de oración cristiana con estos métodos. Son experiencias que pueden ser apreciadas y valoradas después de discernirlas convenientemente, no tienen por qué ser esfuerzos aislados y pueden ser integradas a la Comunidad. Aquí se puede descubrir el papel de la mujer laica, instaurando un diálogo de confianza y aprecio dentro de la comunidad.

Afinidad de la mujer con ciertos aspectos de la espiritualidad actual

La interioridad es una de las mayores búsquedas de los movimientos espiritualistas contemporáneos. Se utilizan para lograr la paz y armonía interior, la respiración, la concentración, la relajación y el silencio. Se busca lograr un nuevo concepto de salud y de armonía ecológica. Sin menospreciar esas prácticas, como ya dijimos, la espiritualidad cristiana no puede dejar de ser interior y espiritualidad, pero también religiosa y comunitaria. La espiritualidad actual es fuertemente individualista y evita lo religioso, lo trascendente y la tradición y magisterio eclesial.

Rasgos de una espiritualidad cristiana actual:

Tiene que ser una espiritualidad del corazón, que integre en la unidad de la persona, el cuerpo y el alma y el espíritu. Que cuide las emociones y busque liberarse de sentimientos de culpabilidad, de obsesiones y escrúpulos, de miedos y, sobre todo el miedo a Dios, al juicio y lo trascedente. La espiritualidad cristiana da verdadera importancia a la libertad de la persona como sujeto moral, a la formación de la conciencia y del juicio y la toma de decisiones morales, no tiene una concepción deformada del pecado y la conversión. Entiende lo que es la reconciliación y el perdón. Se funda plenamente en el amor a Dios y al prójimo, sin legalismos y moralismos rígidos e intransigentes y discriminatorios. Busca la justicia social y la reciprocidad de las conciencias, preocupándose por el bien del prójimo y la paz y la no-violencia en todo aspecto, social, doméstica, familiar, juvenil y política y la sanación del perdón de las ofensas y heridas de la vida. Una espiritualidad cristiana actual auténtica, deberá ser la espiritualidad de la acción y de la vida cotidiana. Juntamente con ella corre el tema de la liturgia de la vida diaria. El culto de la vida cotidiana y el sacerdocio bautismal del laico. Los actos del culto son el sacrificio y la ofrenda. Ofrecer todo lo que hago en mi vida cotidiana, y hacerlo lo mejor que pueda para gloria de Dios, es el acto de culto de mi Misa personal. La adoración de Dios en mi vida diaria es la ofrenda y el sacrificio de vida, de mi cuerpo de mi trabajo y sufrimientos, junto con el Sacrificio de Jesús.

Papel de la mujer en la espiritualidad familiar y de la vida cotidiana

Dios es familia, decía siempre Juan Pablo II. La familia es también una IGLESIA doméstica, es decir, un misterio de COMUNIÓN. Los SACRAMENTOS de la iglesia doméstica, son el Bautismo que vivimos como vida de Alianza y amistad con Dios por medio del Espíritu Santo. La Comunión de los miembros de la familia, alimentada por la Eucaristía. Y el misterio del sacramento del Matrimonio cristiano, es la comunión de vida y amor de dos que se entregan y reciben mutuamente, sus cuerpos y almas, se cuidan en la salud y la enfermedad, y se perdonan y reconcilian siempre. El calendario de la espiritualidad familiar, abarca los aniversarios, cumpleaños y fiestas de familia, para recordar el paso de Dios por su historia de todos los días. Los duelos, las enfermedades y los sufrimientos son la Semana Santa y la Pascua de la familia. También los padres viven la liturgia doméstica del hogar y la trasmiten a los chicos, cuando junto al beso de las buenas noches, los bendicen trazando la señal de la cruz en su frente. Cuando los lleven a realizar la visita a la iglesia del barrio, para que ésta se vuelva familiar para el chico. Y como los niños a esa edad comienzan a imitar lo que ven hacer a los otros, les enseñan a rezar ante las imágenes o el altar doméstico y hacer un ratito de silencio. Siempre obviamente gestos sencillos, breves. Cuando el niño empieza el jardín de infantes y aparecen los amiguitos, les hablan de Jesús como amigo, y les van enseñando las oraciones a la Viren y los santos.

Mujer, imagen femenina de Dios

Dios ¿es padre?, ¿o es madre? ¿Es varón o mujer? ¿Dios … o diosa? Las dos cosas tienen algo de verdad, pero no son verdad del todo. En realidad en Dios no hay sexo, no es varón ni mujer, pero es el Creador de todos los hombres y mujeres por igual. “Creó al hombre”; “Los hizo, varón y mujer. Y repartió sus dones por igual entre ellos, pero a cada uno le dio algo especial y característico, para que en la comunión de ambos pudieran enriquecer al otro y así viviendo en comunión, el hombre y la mujer re-crean la imagen de Dios Comunión Trinitaria y Amor de Personas. En realidad, la Biblia, está llena de imágenes femeninas y maternales de Dios. También el Nuevo Testamento. Y también de imágenes matrimoniales y nupciales y por supuesto, la Alianza.

Nos cuenta la Biblia que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza. Y el Beato Juan Pablo, añade en su encíclica sobre la familia, que también la familia por ser una comunidad de personas es imagen de Dios, Comunidad de Tres Personas. No sólo eso, sino que también cada miembro de la familia reproduce personalmente, tomado dentro del conjunto familiar, alguno de los rasgos característicos de Dios: la mujer reproduce la ternura del amor de Dios; el hombre, la paternidad y fuerza; los ancianos la sabiduría de Dios; los jóvenes, su creatividad y energía, los niños aquella inocencia sin la cual no podemos entrar en su Reino.

Por supuesto, al decir que la mujer tiene la misión de trasmitir ternura, no significa que la mujer debe ser un ser débil y sometido. Todo lo contrario. La ternura, según San Francisco de Sales es la perfección de la caridad y del amor, que es el primer mandamiento. Ternura, es sinónimo de la “compasión” que experimenta Dios por los hombres, especialmente por los débiles y pecadores, como lo muestra la parábola del buen samaritano. “Con-pasión”, significa sufrir con el otro. Dios es compasivo porque asume el dolor del pobre, del pueblo crucificado y lo redime, no con discursos y enseñanzas teóricas, sino compartiendo su dolor. Ese es el amor de una madre, y en general de la mujer que está llamada a aportar a la sociedad, este rasgo que Dios puso en su naturaleza y que es característico de Él. Una mujer que no se entiende a sí misma un poco como madre, más allá de la maternidad puramente biológica, no entiende su misión de mujer.

Deformaciones de género

Es cierto que por desgracia, durante mucho tiempo se tergiversó la figura de la mujer, desfigurando su imagen mediante una caricatura de ser obediente y sumiso. Muchas veces la cultura de la época pasada, redujo el rol de la madre solamente los quehaceres domésticos y a su papel en el hogar. No hablo de este tipo de rol materno antiguo, sino de la mujer que siempre en todas sus funciones, domésticas, sociales, eclesiales o políticas y culturales, sabe dar ese toque de madre, que sólo ella puede dar, al poder dar vida, hacer crecer, cuidar y dar fe a sus semejantes como lo hace Dios con sus hijos.

¿Igualismo o complementación?

“Cuando el machismo y el feminismo se encuentran, nace el igualismo”, dice una propaganda de cerveza. Como si dijéramos que cuando nos encontramos para tomar una Quilmes, ya no hay diferencias de sexos. El “igualismo”, puede funcionar bien, si se trata de los derechos humanos de las personas. Todos somos iguales, hombres y mujeres y tenemos los mismos derechos. Pero también es cierto, que los sexos tienen características propias de cada uno, que los hacen diferentes, aunque iguales en valor y dignidad. Esas diferencias, justamente son para enriquecer al otro, en el encuentro de los sexos y en el amor. No hablamos solamente del encuentro sexual de tipo genital, sino en el encuentro de personas diferentes, donde cada una mirando a la otra pude decir “yo tengo lo que a vos te hace falta” y “vos tenés lo que yo necesito”. Y así, en primer lugar la amistad entre hombres y mujeres y luego en particular el matrimonio, es un camino de perfeccionamiento y crecimiento en conjunto donde los dos se complementan como personas.

El futuro de la mujer en la Iglesia

Si bien la Iglesia de Cristo seguirá siendo siempre la misma, no sabemos cómo será la Iglesia del futuro, humanamente hablando y desde el punto de vista pastoral e intencional. No sabemos si algún día la mujer llegará a ser sacerdote, o si se admitirán sacerdotes casados. Pero en realidad tampoco importa demasiado. Lo importante es afirmar la importancia del papel de la mujer en la iglesia del futuro, como maestra de espiritualidad cristiana.

En Europa la idea de pueblo cristiano va perdiendo fuerza frente al pluralismo y a otras religiones. El pueblo ya no es la Iglesia, como era en otra época. Tal vez vayan creciendo los movimientos eclesiales y las pequeñas comunidades más fuertes y comprometidas. También entre nosotros se podrá ir dado ese proceso, pero en Latinoamérica donde todavía es fuerte la religiosidad popular, se hace necesaria una nueva evangelización de la cultura. No hablamos sólo de catequesis parroquial. Acá es donde el papel de la mujer puede aparecer con mucha fuerza como trasmisora de fe y maestra de espiritualidad en la comunidad eclesial del futuro tanto en Europa como en Latinoamérica.

Preguntas, para un debate:

1. ¿Qué es lo más importante que puede hacer la mujer para comprometerse en un trabajo de espiritualidad

2. ¿Tiene hoy la mujer en la Iglesia un papel importante, en nombre propio, no sólo como colaboradora o secretaria? ¿Puede llegar a tenerlo?

3. ¿Qué características tiene la mujer, con las que puede enriquecer a los demás y a la Iglesia?

viernes, 3 de octubre de 2008

Catequistas: los puntos débiles en su espiritualidad


Desde los catorce hasta los dieciocho años fui catequista de iniciación. Luego nunca dejé de ser catequista. También cuando era párroco, yo mismo daba catequesis a los niños y jóvenes más “difíciles”, que podían obstaculizar la tarea normal de los catequistas. Más allá de lo cuestionable de esa opción, creo que refleja que no quería privarme del gozo de la catequesis. Ahora prefiero ejercer este ministerio en la predicación, respetando el carisma de los laicos catequistas.

Desde esta experiencia personal, más que desde mi función de teólogo, quisiera plantearles una cuestión que siempre me ha preocupado y donde me parece que todavía tenemos que crecer mucho.

Lamentablemente, cuando se habla de la espiritualidad del catequista suele decirse lo mismo que podría afirmarse de un sacerdote, una religiosa o un monje. Porque se sostiene que la espiritualidad del catequista está integrada por la oración personal, la lectura de la Biblia, la Eucaristía, y suele agregarse la Liturgia de las Horas. De este modo no se habla de una espiritualidad específica del catequista, ni siquiera de una espiritualidad, sino sólo de algunos medios de espiritualidad.

Espiritualidad de la actividad catequística

La espiritualidad que caracteriza a un catequista, como cualquier otra espiritualidad cristiana, está marcada por las notas propias de su misión. No se trata de espacios de espiritualidad vividos al margen de esa misión, como si uno hiciera un paréntesis íntimo para dedicarse a Dios y la tarea catequística no fuera “espiritual”.

Quizás la confusión provenga de lo que llamamos “espiritual”, que no es lo inmaterial, lo escondido, lo oculto, la pura intimidad. Si leemos bien la Biblia podemos advertir que “espiritual” es el impulso del Espíritu Santo que nos mueve al amor. Ese impulso de amor se vive tanto en la soledad como en el encuentro con el hermano, tanto en el recogimiento como en la actividad.

Por eso, cuando el catequista tiene un momento de contemplación en la oración, eso que contempla permanece en su corazón cuando va a dar catequesis, y lo vive en la misma actividad catequística. Es más, eso que se contempla en la oración se hace más maduro cuando se pasa a la acción; se enriquece, se expresa, se aplica, se profundiza, se proyecta y crece en el ejercicio de su ministerio catequístico.

Como consecuencia, cuando el catequista termina un encuentro catequístico y vuelve a tener un momento de recogimiento, ese encuentro solitario con Dios es más rico que el anterior, porque ahora está cargado con la riqueza que le ha dado la vida, y más concretamente, el encuentro catequístico que ha vivido.

La espiritualidad es el dinamismo del amor que el Espíritu infunde en nuestros corazones e impregna toda nuestra vida. Pero ese dinamismo del amor está marcado, enriquecido, adornado, embellecido por unas notas distintivas que le vienen de la misión que uno debe realizar, de la tarea concreta que debe desempeñar para el bien de los demás. Por eso no ama de la misma manera un catequista que un monje o que un predicador itinerante.

¿Cuáles son entonces las características propias de una espiritualidad catequística, es decir, de la actividad catequística con su mística propia?

1. Una imagen de Jesús

En primer lugar digamos que la misma imagen de Jesús que tiene un catequista está marcada por su misión catequística. El Jesús que se destaca en su oración y en su meditación es el Jesús maestro, el Jesús catequista, el que distribuye el pan de su Palabra y siembra su vida en los corazones; el que se detenía a catequizar a la samaritana, a Nicodemo, a Zaqueo.

Por eso, cuando el catequista contempla a Jesús en la oración, cuando lo adora y dialoga con él, en esa misma oración se siente impulsado a ser catequista como Jesús, allí mismo brota el deseo del encuentro catequístico. No es que va a la oración a sacar fuerzas para “soportar” un encuentro catequístico, o a descansar en el Señor después de haberse esforzado mucho en la catequesis. Si así fuera, su vida espiritual estaría al margen de su misión. En la oración personal le brota el deseo (como un fuego que no se puede apagar) de comenzar el encuentro catequístico, y al terminar el encuentro vuelve a encontrarse con el divino Maestro para agradecerle que ha podido ser instrumento suyo para llegar a los demás con su Palabra.

2. Palabra para dar

Ciertamente la Palabra ocupa un lugar central en la espiritualidad catequística, pero esa centralidad de la Palabra en su espiritualidad se vive tanto en la oración personal como en el encuentro catequístico. Al trasmitir la Palabra a los catequizandos la está gozando, la está escuchando él mismo, se está dejando tocar y está agradeciendo el don de la Palabra, expresándole su amor y vivenciándola.

Es cierto que su relación con la Palabra en el encuentro catequístico será más rica y gozosa si previamente la ha contemplado en la oración solitaria, si la ha rumiado serenamente en su intimidad y la ha aplicado a su propia vida en una prolongada meditación. Pero también es cierto que la oración del catequista con la Palabra no debe ser intimista. Cuando está orando con la Palabra, allí mismo debe brotar el interés por preguntarse qué quiere decir Dios a sus catequizandos con esa Palabra. El amor a Dios siempre se convierte inmediatamente en un impulso de amor al prójimo, y por eso la contemplación de Dios siempre tiende a convertirse en una inclinación hacia el prójimo. Por eso mismo, en su encuentro con la Palabra, el catequista siente el impulso de incorporar a los catequizandos en su meditación orante.

Por consiguiente, lo normal debería ser que el catequista use para su meditación personal el mismo texto bíblico que deberá transmitir a sus catequizandos, y no otro texto que le llevaría a desarrollar una oración personal paralela a su actividad y sin relación directa con ella.

Esto hace que el catequista, en su relación con la Palabra, sea muy sincero, muy abierto, muy sensible. Porque cuando hay algo de esa Palabra que no comprende, que no le dice nada, que no lo motiva, en lugar de escapar de estas dificultades escondiéndose en una abstracción o en una explicación fácil y rápida, el catequista reacciona pensando en sus catequizandos: “Si esta Palabra no me dice nada ¿cómo voy a motivarlos a ellos para que la reciban sinceramente”? “Si yo me rebelo frente a esta Palabra ¿cómo los ayudaré a ellos a comprender y aceptar su sentido para sus vidas?” Y entonces comienza a implorar la ayuda de la Gracia, y hace un nuevo esfuerzo personal por dejarse hablar por la Palabra, por dejarse tocar y movilizar personalmente.

3. Ellos en mí. Juntos en Jesús

En esta misma línea, la intercesión ocupa un lugar y una fuerza muy particular en la oración personal del catequista y en su encuentro con la Eucaristía. Es cierto que esto vale para todos los cristianos; pero en la intercesión del catequista no está presente genéricamente el mundo entero, sino que predominan unos pocos rostros, los de sus catequizandos, con sus historias muy concretas y personalísimas.

Y cuando va a Misa y se acerca a comulgar, no vive un encuentro con Cristo meramente intimista. Al mismo tiempo que dirige intensos actos de amor a Jesús, no puede evitar incorporar a sus catequizandos en ese encuentro, le brota espontáneamente la actitud de entregarlos al Señor, de pedirle por sus necesidades, de ofrecer su comunión por ellos, de ofrecerse como instrumento para que esa vida de la Gracia llegue a ellos. Si la Eucaristía es fuente y cumbre de la vida de la Iglesia, también es fuente y cumbre de la actividad catequística.

4. Pastor, padre y madre

Una clave para entender la espiritualidad propia del sacerdote es la “caridad pastoral”. Pero en realidad deberíamos decir lo mismo de la espiritualidad del catequista, que también es “pastor”de sus catequizandos, aunque de distinta manera. El sacerdote es pastor desde sus funciones específicas e indelegables, que son celebrar la Eucaristía e impartir la absolución sacramental. Es decir, en cuanto es instrumento de la donación de la Gracia santificante, que se derrama sobre todo en esos Sacramentos. De esa manera él da vida a las ovejas y las cura. Pero también lo hace el catequista desde el ministerio de la Palabra: lleva a sus catequizandos a los verdes prados y a las fuentes del agua sobrenatural que restaura (Sal 23, 2-3), y así los cura (Ez 34, 4.16).

Por eso mismo, el catequista ejerce la función de padre y madre para con sus catequizandos. El Concilio nos enseñó que toda la comunidad es madre “a través de la caridad, la oración, el ejemplo y las obras de penitencia” (PO 6). Pero cada uno ejerce esa maternidad de la comunidad de un modo más directo con los que le han sido encomendados particularmente. Por eso el catequista es de una manera especial padre y madre de sus catequizandos (1 Tes 2, 7-8.11-12); gesta para Dios y acompaña en el camino a sus hijos espirituales.

Y en cuanto a la cercanía y el conocimiento íntimo que el pastor tiene de sus ovejas (Jn 10, 14), el catequista es más pastor y más padre-madre que el sacerdote, porque su trato es ciertamente más frecuente y más cercano.

Pero la espiritualidad del catequista implica la convicción profunda de ser instrumento y reflejo de Cristo, en quien los catequizandos deben encontrar a su Pastor, y donde deben encontrar el amor firme y orientador de un padre y la ternura de una madre. Por eso el afecto del catequista es sincero y cálido, pero al mismo tiempo desprendido y oblativo, porque en primer lugar le interesa el bien de los catequizandos y su encuentro con Cristo. Por eso Jesús dijo a Pedro: “Apacienta mis ovejas” (Jn 21, 17). La catequesis no existe en primer lugar para que los catequizandos se hagan amigos del catequista y guarden de él un buen recuerdo, sino para que, a través de él, encuentren vida, fortaleza y alegría en el Señor. Allí está el gozo más profundo de la fecundidad del catequista.Y su sano orgullo no será decir que los catequizandos nunca se han olvidado de él, sino que viven el Evangelio y se dejan guiar por el Espíritu: “Ustedes son mi carta, escrita en sus corazones… no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo” (2 Cor 3, 2-3).

Invitación

Creo que estas son las notas principales de la espiritualidad de la catequesis y del catequista, una espiritualidad totalizante, que se vive tanto en la intimidad como en la acción, tanto en el silencio como en la palabra, tanto en la soledad como en el encuentro catequístico.

La espiritualidad del catequista es un modo específico de amar, y por lo tanto su propia manera de ser “espiritual”. Quisiera que estas breves páginas sean un estímulo para que, juntos, sigamos reflexionando sobre la espiritualidad de la actividad catequística.

Ciertamente habría que incorporar aquí algunas consideraciones sobre María en la función materna del catequista, o sobre la integración de cada uno en la comunidad fraterna de catequistas, y otros aspectos muy ricos que pueden completar lo que acabo de exponer. Los invito a seguir aportando para el bien de todos.

Víctor Manuel Fernández
Fuente: ISCA www.isca.org.ar
Foto: UCA

jueves, 21 de agosto de 2008

Día del catequista: redescubrir la misión de anunciar la Vida

En el Día del Catequista, una reflexión para renovar nuestra misión.


El Señor Yavé me ha concedido
el poder hablar como su discípulo.
Y ha puesto en mi boca las palabras
para fortalecer al que está aburrido.
A la mañana él despierta mi mente
y lo escucho como lo hacen los discípulos.

El Señor Yavé me ha abierto los oídos
y yo no me resistí ni me eché atrás.

(iSAÍAS 50, 4-5)

Desde Aparecida, la misión es una tarea prioritaria que se plantea en el marco de la Redemptoris Missio, que proponía escuchar al Espíritu para ver qué nos pide el Señor para América Latina. Y especialmente para los catequistas, quienes tendríamos que preguntarnos ¿qué nos está pidiendo hoy a nosotros catequistas el Espíritu Santo?.

En primer lugar, tendríamos que considerar que hay una palabra en el Documento de Aparecida, que se menciona seiscientas treinta y una veces; esa palabra es: VIDA.
Los catequistas de este tiempo, lo son para comunicar vida; catequistas que reconozcan que hoy a la gente le interesa vivir bien y que hay algo bueno en éso porque quiere decir que detrás hay un Dios que ama la vida y quiere nuestra felicidad.


En Timoteo 6,7 leemos que Dios ama nuestra felicidad y goza con ella porque es un Padre bueno al que le gusta ver a su hijo feliz. Reconocer la mirada de un padre que goza conmigo y desde allí anunciar a un Señor que quiere ser fuente de alegría en medio de todo.


Tenemos razones para ser alegres y a veces, tenemos mucho miedo a la felicidad. Tenemos que mostrar a un Jesús que vino para que tengamos vida en abundancia y si lo hemos aceptado, dejaremos que nos transforme con la vida plena de su resurrección.

Los cristianos tenemos que creer que existe la vida antes de la muerte y orar, meditar la Palabra, reconocer a Jesús en la celebración eucarística y rescatar la alegría de comer juntos, de trabajar y aprender, del contacto con la naturaleza, del entusiasmo de tener un proyecto comunitario.

Unir fe, dignidad y promoción humana pero aún más unir amistad con Cristo y la felicidad de vivir que eso implica para que, cuando llegan los momentos de dolor, con Él le encontremos sentido porque Él nos enseña a vivir.

El catequista tiene que ser un cántaro de agua fresca donde los demás vayan a refrescarse

No están para cumplir leyes sino para cumplir una misión en la cual dando, se recibe. Esa ley es: que nadie vive si no comunica vida y, cuanto menos se comunica, más se achica.

Hoy el gran riesgo que tenemos es la búsqueda de la privacidad, que nadie se meta en nuestra vida, que nadie nos pida nada, ni nos exija nada; que siempre estemos rodeados de gente linda y agradable. Esta idea de la vida es una tentación que todos tenemos y es propia de la posmodernidad.

El desafío será salir de la conciencia aislada y lanzarnos con valentía a la misión.
La misión es: comunicar la vida, al modo de los apóstoles cuando en Pentecostés salieron a misionar y comunicar lo que habían visto y oído.

Redemptoris Missio en los puntos 34 y 40 dice que la misión de la Iglesia es llevar a Jesús a donde no lo conocen y, en el punto 86 que la misión es la tarea prioritaria de todos y cada uno.

Por eso será sano iniciar procesos constantes de renovación misionera, abandonando estructuras caducas que no respondan a la necesidades de hoy. No podemos quedarnos a la espera pasiva en nuestros templos sino hacer un voto de ponernos en manos del Padre para que Él nos lleve por donde quiera.

La dimensión misionera que propone Aparecida es la misión ad gentes pero, no tenemos que malinterpretar y pensar que una propuesta de misión así nos envía a irnos lejos. Entonces ¿cómo interpretarlo?. El modo de la misión se propone tratando de llegar al que no conoce a Jesucristo o vive lejos de Él. No es una cuestión geográfica, es en cambio, conversar con una persona que tiene problemas y hablarle de Jesús con humildad y amor.

¿Qué es la renovación de la catequesis?

Para renovar la catequesis tenemos que lograr que deje de se extática y pase a ser kerygmática.
Qué significa extática:

Extática: viene de éxtasis. El éxtasis es una situación que nos sume dentro de nosotros mismos y nos aísla dejándonos perplejos. El cambio se dará saliendo de uno mismo, no quedándose encerrado en el propio mundo sino realizando un movimiento hacia las periferias.

Una periferia la conforman los pobres, que no se sienten acompañados porque no estamos con ellos sino que hacemos un discurso sobre ellos. Otra periferia la encontramos en cada parroquia y familia abandonada. Estamos llamados a ir hacia allí. Entonces:

1º: Salir, acercarse a los que la están pasando mal. Se necesitan catequistas abiertos a lo social que reconozcan estas situaciones

2º: Una renovación kerygmática, que implica reformar la catequesis para que toda ella esté impregnada por el primer anuncio, en cualquier tema a tratar. No hay ningún catecismo impregnado por esa renovación pero lo podemos hacer nosotros, olvidando dogmas y leyes, cada uno debe mostrar lo que Dios hizo en su vida por el encuentro con Cristo.

Otro tema a considerar es el del discipulado.

Si Jesús dejó de ser mi centro, no podré renovar mi catequesis ni aceptar, acoger y recibir la vida. Si Dios no me da la vida desaparezco, por eso es necesario seguir, escuchar, oir al Maestro, éso es ser discípulo.

Y ser discípulo no es solamente orar sino también contemplar, es escuchar que el Maestro nos dice: andá, yo te envío. No hay misión si no hay discipulado.

María Inés Maceratesi

Fuente: Apuntes propios tomados de la ponencia del Padre Víctor Fernández en el EAC (Encuentro Arquidiocesano de Catequesis- Marzo 2008)

domingo, 23 de diciembre de 2007

Discípulos misioneros

Este video sintetiza las principales pautas que sugiere la V Conferencia de Aparecida para ser discípulos y misioneros en la vida y en la sociedad en la que nos toca vivir.


domingo, 24 de junio de 2007

Hacia una pedagogía del encuentro


En toda comunidad, cualquiera que sea el nivel, hay que hacer lo posible por potenciar y fortalecer las relaciones que se establecen entre sus miembros. Al abrigo de la comunicación interpersonal germinan las ideas y enseñanzas que, de otro modo, resultarían infecundas.

Un grupo que no se compromete en la construcción de una sólida red relacional pone en peligro el desarrollo de sus miembros. Y es que la comunidad, lejos de anular la identidad personal, la robustece.

Si no sucede así es que nos hallamos en una realidad distinta: colectivismo, yuxtaposición de individualidades, etc.

Y estos conceptos se aplican en cualquier ámbito que reúna a las personas en grupos o equipos, tanto sea en el ámbito del trabajo como en una comunidad de catequistas.

A continuación podemos encontrar los "estilos de animador" que generalmente adoptamos, los cuales no son roles fijos y perdurables sino que, una misma persona, podrá ir adoptando características diferentes según las necesidades del grupo.

ESTILOS DE ANIMADOR O CORDINADOR DE UN GRUPO


1- EL DEMOCRÁTICO.


También se denomina participativo, cooperativo o centrado en el grupo.
El grupo participativo o democrático es aquél cuyos miembros sienten que lo importante es el mismo grupo.

Es aquél en el que quien manda es el grupo y el animador, no intenta ser otra cosa que la conciencia del mismo grupo, invitando a cada miembro a decidirse, a participar, a expresarse.

Anima al grupo a ser fiel a sí mismo.
El símbolo geométrico es la circunferencia: sillas en círculo (todos iguales, todos en el mismo plano). En cambio, el símbolo geométrico del estilo autoritario y del paternalista sería el del estrado de un profesor, y en el plano inferior los pupitres de los alumnos.



Lo que importa, por tanto, no son las relaciones con el animador, sino las relaciones de todos con todos. El animador democrático no se siente satisfecho por sentirse él querido, aceptado, respetado, sino que se preocupa porque todos se acepten mutuamente, se respeten y se quieran.

Como Jesús, que no se sentía feliz porque todos sus discípulos estuvieran entusiasmados con Él; les urgía aceptarse entre ellos, si es que querían ser en verdad sus discípulos.

Es más: el verdadero animador democrático, distribuye el liderazgo. Urge a que todos compartan la animación según las cualidades y capacidades de cada uno. Uno es animador en la dimensión festiva del grupo, otro en la artística, otro en las relaciones sociales, otro en lo deportivo, sin necesidad de que sea el animador el que haya coordinado todas las actividades.

Y en algunos casos de gran madurez, la animación se hace rotativamente. Y ello resulta enormemente eficaz, como se ha comprobado.

El animador democrático sabe colocarse muy en segundo plano. Se niega a ser Don Preciso.

Convierte al grupo en el protagonista de su propia vida.

Es, ante todo y sobre todo, un estimulador y un coordinador. Un provocador de la participación y la corresponsabilidad.

Incita a los pasivos a participar. Prefiere lograr la integración buscando la opinión de todos antes de condicionarles con la suya.

Anima, valorando las intervenciones y la participación de los miembros.

Crea un clima de respeto y libertad para que nadie se sienta retraído a la hora de participar. Hace de agente de circulación poniendo el semáforo en rojo para los habladores y en verde para los cohibidos y comedidos.

Es un poco como el presidente del parlamento: está para hacer funcionar la democracia.

Él no resuelve nada. Él no decide nada. Hace guardar las leyes del juego que los mismos parlamentarios se han dado.

El animador democrático procura la igualdad de oportunidades.
Que todos puedan realizar alguna tarea, una responsabilidad bien concreta, porque todos la necesitamos para sentirnos valorados y para madurar a través de la acción.


OTROS TIPOS DE ANIMADORES POSITIVOS.

MODERADOR:
El animador tiene que ser provocador del diálogo, con la madurez necesaria para entender que el trabajo se hace compartiendo. Es el que hace que todos entren en juego y participen.

COMUNICADOR:
Está en disposición de aportar su experiencia y de valorar a los demás compañeros. Está al servicio de las relaciones de grupo. Es servidor de la unidad del grupo. Reclama y exige para todos el poder expresarse libremente.

COMPROMETEDOR:
Su trabajo debe llevar a los miembros a querer comprometerse, pero no por sentirse obligados o presionados, sino porque se sienten sujetos y protagonistas. Sabe despertar en cada uno las ganas de servir y de desarrollar todas sus habilidades en bien de la comunidad.

ESTIMULADOR:
Hace honor a su nombre, da ánimo y estimula. Procura comprometer a todos en la programación, realización y evaluación de los objetivos y tareas comunitarias.


CREATIVO:

Estimula la creatividad de todos poniéndolos en estado de búsqueda. Tiene la claridad para encontrar las respuestas y alternativas a las situaciones que se le presentan a la comunidad.

2- PATERNALISTA:

El animador paternalista es un dictador “camuflado”, pero blando y generalmente querido por los miembros del grupo, o sea que impone su autoridad desde el afecto “porque les quiero... tienen que obedecerme...”, ahí esta quizá su mayor peligro.




Generalmente es un entusiasta del grupo de sus ideales, o es una persona abierta y cordial.

Unas veces será ciertamente el espíritu posesivo, el deseo de estar en el lugar privilegiado. Pero otras muchas es su amor al grupo lo que le insta a mantener esa actitud.

Invoca con frecuencia el amor al grupo para imponer sus criterios y proyectos: “lo pide por el grupo”... “si aman al grupo...”

Hay que tener siempre un agudo sentido crítico frente a este tipo de animador para convertirlo en un miembro más, en forma alguna imprescindible.

Hay que exigirle enérgicamente el derecho de decidir, el de voz y voto, pero de verdad. El grupo, antes que nada, es una relación entre iguales, entre hermanos mayores y no un conjunto de niños a las órdenes de un papá.

3- EL PERMISIVO O LIBERAL.
Es el opuesto al animador autoritario o paternalista. Este tipo de “animador” lo es solo de nombre ya que no guía la barca y cada remero rema hacia donde le viene en gana, la barca da vueltas alrededor de sí misma.

El diálogo es tormentoso, se impone el que más grita, hay quienes se acaparan la palabra y quienes no pueden estrenarla. No se llega a ninguna conclusión real; todo se resuelve cómodamente a base de votaciones sin reflexionar decisiones, sin buscar consenso.

El animador es traído y llevado por los más astutos, que no quieren dar la cara y le ponen como pantalla por ello. Sus grandes cualidades son su inseguridad y la falta de confianza en sí mismo dándole miedo el equivocarse a la hora de actuar.
Quiere complacer a todos y dar la razón a todos y dándole miedo al conflicto termina dándole la razón al más fuerte.

4-AUTORITARIO.

No es propiamente un “animador” sino el dueño del grupo. Identifica al grupo consigo mismo. “Ordena y manda” tiene el poder supremo y el control del grupo. El grupo está centrado en el animador y éste no está propiamente en el grupo, sino por encima de él.

Hay distintos estilos y grados de autoritarismo:
El intolerable.
El superlativo.
El tolerable o blando.

El “animador dictatorial” puede manipular a los miembros del grupo mediante el premio o el castigo, mediante la alabanza o la humillación, mediante el privilegio o la marginación, el aprecio o el desdén.



Pero en tanto las personas se sientan condicionadas y faltas de libertad, el grupo no será grupo, ya que el enriquecimiento mutuo será imposible porque no hay aporte de los miembros.

El animador autoritario marca el rumbo del grupo, señala objetivos, distribuye las tareas, sólo él tiene iniciativas y desaprueba la de los demás o le pone su propio cuño.

RESUMEN: EL JEFE Y EL LÍDER

El jefe maneja, el líder guía.
El jefe depende de su autoridad, el líder de la buena voluntad.
El jefe inspira miedo, el líder entusiasmo.
El jefe dice “estén aquí a la hora”, el líder llega ahí antes de tiempo.
El jefe sabe a quién echarle la culpa, el líder ayuda a solucionar los problemas.
El jefe sabe cómo se realizan las cosas, el líder enseña cómo se hacen.
El jefe hace del trabajo una pesadilla, el líder hace de la labor una diversión.
El jefe dice: “vayan", el líder dice: “vamos”.El jefe dice “yo”, el líder dice “nosotros”.

lunes, 18 de junio de 2007

Perfil de un animador pastoral



El animador pastoral es un catequista…capaz de entender el tiempo de desarrollo de un encuentro como un espacio privilegiado de comunicación y acercamiento, y de valorarlo como una posibilidad de desarrollo humano y de trasnmisión de valores.

Es alguien que se implica personalmente, pone en juego toda su persona implicándose de forma responsable y coherente. No es tan importante que sea un buen técnico o un trasnmisor de acciones que consigan efectos automáticos, sino que lo indispensable es su propia identidad, su ser, su manera de vivir.

Es necesario que aporte al grupo su ser y su hacer. Su ser supone vivir de acuerdo con unos ideales, exige fidelidad a unos compromisos concretos consigo mismo y con el grupo.

No educa sólo por lo que dice sino por lo que es, por medio de sus actitudes básicas. Obra en nombre de su ser persona y de la persona del otro.

Su respuesta debe ser libre e interior, ofreciendo una presentación de valores y de fe con la identificación y el acercamiento de las palabras, los gestos y el servicio.
Desde su autoconocimiento, porque es necesario partir del conocimiento de uno mismo, de las propias posibilidades y limitaciones.

No puede ser un extraño para sí mismo y debe mostrarse como una caja abierta donde acoger a los demás. Debe aceptar sus propios errores y su incapacidad para responder a todas las preguntas. Sólo así podrá, de forma sucesiva, aceptar a los demás y ser un discípulo y misionero.

En la construcción de una Iglesia, una sociedad y un hombre y una mujer nuevos…proyectándose hacia un ideal de hombre y mujer que signifique un horizonte de exigencia, crecimiento y maduración personal biológica, psíquica, espiritual y social.

El animador/a se presenta como un modelo y proyecta una imagen de comportamiento y de manera de actuar que no es neutra. Es un mediador que se construye fomentando procesos liberadores en la historia de cada uno constituyéndose en un medio capaz de llevar adelante unas opciones personales. Ha encontrado el sentido de la vida en su forma de pensar y de sentir.

Se ha descubierto como una persona libre que vive en consecuencia con esta serie de opciones tomadas.

Ha descubierto que su papel en la historia no es ser un sujeto pasivo sino un agente activo y comprometido con la realidad.

Desea llevar a cabo la trasnformación de dicha realidad que conoce, acepta y comprende.

Concibe la educación en la fe como un medio para construir un hombre y una mujer íntegros, capaces de vivir con autonomía y ser dueños de sus propias ilusiones. Capaces de tomar sus propias decisiones orientadas según el Evangelio.

Sabe que vale la pena comprender la vida desde la razón y desde la fe y convierte su tiempo en un "Kairós" liberador para él y para los demás.

Está dispuesto a poner sus cualidades al servicio de los demás y, especialmente, de aquellos que más lo necesiten.

Quiere crecer como persona haciendo de su vida una respuesta a esa llamada de Dios que le invita a ser una persona plena.Para ser animador pastoral, siendo un educador, hay que ser, previamente, uno mismo. Por ello, la tarea principal que tiene pendiente es preguntarse por sí mismo y su relación con Dios. Sólo así la acción de un animador responderá a las convicciones profundas de cada uno.

Perfil del animador/a

1.- Autenticidad

2.- Apertura a los demás, estima, acogida, acercamiento. Se muentra como un amigo en quien poder confiar. No presiona a nadie y se interesa por las personas.

3.- Responsabilidad ante su compromiso y ante los objetivos y las normas de su actuación concreta. Sabe aceptar las consecuencias de sus actos.

4.- Creatividad, imaginación, originalidad. Se adapta a las circunstancias y a las necesidades del grupo y de las personas en cada momento. Va cambiando las actividades y los recursos pedagógicos que utiliza se van adaptando a la realidad de cada grupo.

5.- Optimismo, alegría, ilusión. Es una persona positiva que comprende la vida desde todos sus aspectos buenos. Es capaz de leer las potencialidades escondidas en los demás. Es risueño, tiene sueños e ilusiones de futuro, que son esperanza y horizonte. Ayuda a construir habilidades y despierta las posibilidades que cada uno tiene como predisposiciones.

6.- Disponibilidad, entrega, servicio. Sabe que el protagonista de la acción pastoral es el Espíritu Santo y todas las acciones deben orientarse según el Evangelio. Interviene desde la humildad y la gratuidad de quien no espera reconociemiento por su labor. Tiene capacidad para el trabajo y es constante en su actuación para que ésta sea significativa.

7.- Dinamismo y decisión. Muestra interés por las personas desde una posición dinámica que mueve y motiva. Es capaz de tomar decisiones y tener criterios claros de priorización.

8.- Realismo y espíritu crítico. Analiza la realidad que le envuelve y es capaz de preocuparse y acercarse a los problemas que detecta. Desde la objetividad se une a otras personas para buscar soluciones.

9.- Comprensión, sensibilidad, empatía. Se pone del lado del otro para ver las cosas desde su ángulo porque tiene el deseo profundo de comprender mejor.

10.- Comunicación y expresión. Es capaz de trasnmitir aquello que sabe y que siente, y lo trasnmite de forma pedagógica y didáctica para llegar a los educandos de forma natural y despertar en ellos la fe que tienen adormecida y le den entrada en su vida a Jesús el Buen Pastor.

11.- Permisividad. Es permisivo aunque tiene autoridad, entendida fuera de la estructura que lo envuelve. Una autoridad moral que nace del contacto y del acercamiento, es innata e interior en la persona.

12.- Capacidad organizativa y de trabajo en equipo. Es consciente de lo importante que es planificar y programar las actividades para que éstas se llenen de sentido y respondan a unos objetivos concretos que parten de las necesidades de las personas. Comprende que su tarea de líder debe llevarse a cabo junto a un equipo.

13.- Justicia. Considera a todas las personas iguales, con las mismas ortunidades, eligiendo el lugar desde donde mejor puede intervenir. No tiene prejuicios ni preferencias, mostrándose tolerante antre la diversidad de caracteres, valores, actitudes y maneras personales de pensar y actuar.

Rasgos negativos que se deben evitar

1.- Falta de identidad personal.

2.- Inhibición ante los problemas. No tiene que esconderse de las situaciones problemáticas que se desarrollan a su alrededor.

3.- Dependencia de los demás. No es aconsejable ser la sombra de nadie, ni esperar que los demás tomen decisiones por uno mismo. Tampoco depender de las actividades que se conocen y evitar el cambio y la innovación por miedo a no tener respuestas a cuestiones que ello plantee.

4.- Pesimismo, antipatía y mal genio. No se debe ceder ante el fatalismo de pensar que los problemas no tienen solución. No debe mostrarse lejano, enfadado o distante.

5.- Orgullo y prepotencia. No debe utilizar su posición como arma para conseguir resultados concretos. No debe creerse más importante que los demás.

6.- Crítica y autoritarismo. No se debe tener miedo, ni refugiarse bajo el mando de la autoridad. No es bueno tener estereotipos ni clasificar a las personas. Debe evitar criticar, juzgar o enfrentarse a los educadores.

7.- Ser interesado. No puede esperar gratificaciones, agradecimientos, ni recompensas por su labor.
8.- Proteccionismo. No debe tener sentimientos paternalistas que todo lo permitan. No debe moverle ni la compasión ni la lástima. No tiene que evitar que las personas se cuantas veces sea necesario, para que puedan aprender de sus propios errores.

9.- Obsesión por el trabajo. No debe tener una tarea sin control, ni dedicar más horas de las necesarias a la planificación de las actividades.

El servicio de la animación significa un compromiso por parte de la persona que lo vive. Se tiene que poder confiar en el líder y en su palabra. Es por eso que los líderes deben tener unos derechos y unos deberes que guíen su actuación y le den un sentido pleno y coherente.

Algunos de éstos podrían ser los siguientes:

Deberes:-

-Cumplir su compromiso y ser fiel a su grupo, es decir, profundamente responsable.

- Estar al servicio del grupo y de sus miembros, a los que debe facilitar la autonomía.

- Tener en cuenta los objetivos del grupo.

- Saber replantearse a sí mismo desde una perspectiva dinámica.

- Debe desarrollar un espíritu de búsqueda, de imaginación.

- Ser responsable sin caer en la manipulación, buscar el equilibrio.

- Es preferible que trabaje en equipo para evitar la soledad.

- Debe compromenterse a hacer bien su labor.

Derechos:-

- Al error y al fracaso.
- A las convicciones personales y a la vida privada.
- A la participación y a la determinación de los objetivos y medios.
- Al reposo, al descanso.
- A la formación contínua.
- Al repartimiento de las responsabilidades y de las funciones.
- A la libertad de expresión y de pensamiento.

Qué tipo de animadores líderes hay?

El oportunista. Sólo se implica en actuaciones que pueden favorecer su prestigio o su imagen.
El indeciso. No sabe qué es lo que quiere y se deja llevar por las circunstancias y el momento.
El profesor. Es un sabelotodo. Se sirve de su función para ir dando lecciones a todo el mundo.
El rígido. Sólo actúa con el consentimiento y la aprobación de la autoridad competente.
El ocasional. Practica provisionalmente la animación mientras espera encontrar trabajos más favorables.
El técnico. Busca eficacia mediante la metodología.
El manipulador. Utiliza su posición para lograr que todos los demás piensen como él.
El estético. Actúa porque le gusta que le observen y le escuchen sólo a él.
El desanimado. Tiene buena voluntad pero se desanima con mucha facilidad.
El idealista. No analiza las personas y sus características, lucha por cambiar el mundo desde sueños imposibles y utopías irrealizables.
El compensador. Busca el cariño y la compañía de los otros. Necesita sentirse válido para esconder su complejo de inferioridad.
El superlíder. Todo lo hace bien, núnca se equivoca y lleva razón en todo. Nadie le puede enseñar nada.
El ausente. Parece que no esté, núnca da su opinión a cerca de nada. Siempre está en otras cosas.
El colega. Se pone siempre a favor de los demás para caer bien sin mirar si llevan razón o no . Les permite cualquier cosa por evitar enfados y enfrentamientos.
El infantil. Participa de las actividades como si fuera un niño. Las prepara a su antojo y preferencia.

Funciones del animador

Respeto al grupo

1.-Promover la cohesión del grupo

No tener preferencias entre las personas del grupo
Facilitar la interacción para que todos se sientan iguales
No ser ni superactivo ni pasivo, deja que el grupo se organice por sí mismo según sus propias preferencias
Expresar sus sentimientos, pensamientos y opiniones respecto al grupo
Estar atento a la integración de las personas en el grupo
Promover la tolerancia y la aceptación de todos los miembros
Favorecer un clima de confianza donde intercambiar pensamientos y sentimientos

Es muy importante que dentro del grupo el líder tenga un papel dinamizador. No puede ser uno más, sino que debe tener una posición específica para favorecer el buen funcionamiento del grupo. Debe procurar que todos los miembros se sientan acogidos, respetados y queridos por igual. Él no debe llevar la iniciativa ni encaminar al grupo a su antojo, sino que debe procurar que sean los mismos miembros quienes decidan el tipo de grupo que quieren.

Es por esta razón que el animador debe conocer dinámicas de grupo y juegos, así como tener recursos para trabajar en cada momento aquello que la situación del grupo necesite. Debe ser un orientador que forme parte del grupo pero desde una distancia que le permita llevar a cabo su tarea.

2.- Respecto a las personas

Escuchar atento a todos, interesándose por lo que tengan que decir: No imponer su punto de vista. Apoyar al otro respetando sus pensamientos, sentimientos y opiniones
Comprender al otro, aunque eso no significa estar de acuerdo con él.
No hacer valoraciones subjetivas ni dar órdenes
Dar apoyo e integrar a quien no hable
Guiar y orientar dando perspectivas claras e invitando a examinarse uno mismo para descubrir defectos y cualidades
Hacer ver la necesidad de mejorarse como persona
Procurar que el otro se sienta amado
Liberar a la persona, mostrándole todas las posibilidades que tiene para escoger, descubriéndole nuevos caminos

El animador/a pastoral es un facilitador que trabaja con las personas y para las personas. Debe tener muy claro que él acompaña y que en este acompañar, tiene la función de optimizar procesos de crecimiento y de maduración personal. Las personas deben ir descubriendo su propio camino y necesitan la mano amiga de alguien que le guíe desde la experiencia, la coherencia y el amor. El animador/a tiene una tarea importante de apoyo a la persona que está creciendo y debe despertar en él/ella todo lo bello que tiene dentro y que Dios le dio junto con el don de la vida.

¿Qué es un Taller?


Por: María Inés Maceratesi


Un taller consiste en la reunión de un grupo de personas que desarrollan funciones o papeles comunes o similares, para estudiar y analizar problemas y producir soluciones de conjunto.

El taller combina actividades tales como trabajo de grupo, sesiones generales, elaboración y presentación de actas e informes, organización y ejecución de trabajos en comisiones, investigaciones y preparación de documentos.

Entre las ventajas del taller se encuentran las de desarrollar el juicio y la habilidad mental para comprender procesos, determinar causas y escoger soluciones prácticas.

Estimula el trabajo cooperativo, prepara para el trabajo en grupo y ejercita la actividad creadora y la iniciativa.

Exige trabajar con grupos pequeños, aunque conlleva a ser manejado por uno o dos líderes, por lo cual se debe manejar con propiedad técnica y poseer conocimientos adecuados sobre la materia a tratar.

El taller se basa principalmente en la actividad constructiva del participante.
Es un modo de organizar la actividad que favorece la participación y propicia que se comparta en el grupo lo aprendido individualmente, estimulando las relaciones horizontales en el seno del mismo.

El papel que desempeña el docente consiste en orientar el proceso, asesorar, facilitar información y recursos, etc., a los sujetos activo, principales protagonistas de su propio aprendizaje.

El taller es un modo de organizar la actividad que favorece la iniciativa de los participantes para buscar soluciones a los interrogantes planteados en los aprendizajes propuestos, estimulando el desarrollo de su creatividad.

Es un modo de organizar la actividad que propicia la aplicación de los conocimientos ya adquiridos con anterioridad a situaciones nuevas de aprendizaje.

El taller requiere de un espacio que permita la movilidad de los participantes para que puedan trabajar con facilidad, y donde los recursos de uso común estén bien organizados.

También requiere una distribución de tiempos que evite sesiones demasiado cortas que apenas den la oportunidad de desplegar y recoger el material necesario para su uso.