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sábado, 5 de febrero de 2011

¿Miedo a la muerte?


Por
Javier Úbeda Ibáñez

La sociedad actual ha secuestrado la muerte. Podría decirse que hoy se tiene una cierta tendencia a escapar de la conciencia de la muerte. Hace 40 años, los niños veían morir a sus abuelos en casa, hoy los tanatorios han suplido el proceso de duelo y se ha establecido un cierto tabú con este concepto. La gente no se lo plantea, o lo vive con indiferencia. Con esta mentalidad no se valora un hecho de vital importancia, con el que tarde o temprano todos tendremos que enfrentarnos.

La sociedad actual se percibe a sí misma como algo atemporal; las personas cada vez se perciben menos como alguien inmerso en la temporalidad, con un pasado, un presente y un futuro. Mucho menos frecuente es que se plantee el tema de la eternidad del alma. Esta sociedad se limita a vivir el ahora, y por eso prima un tipo de persona vacía y sin proyectos. El hecho de no afrontar el pasar del tiempo catapulta a la persona al hedonismo, al consumismo y al carpe diem. Estas actitudes conducen irremediablemente a considerar la muerte como un tabú, y a poner en marcha mecanismos de huída y evitación ante un hecho que es inevitable.

Cuando a una persona se le anuncia que le quedan apenas unos días de vida, la inicial reacción de pánico les mueve a tratar de escapar de su vida cotidiana y a tratar de modificarla. Esta reacción constituye un indicador de que su vida no era auténtica, no era plena. Se experimenta así el drama de la vida inauténtica: la que se realiza de espaldas a la muerte. La verdadera vida plena y auténtica es aquella en la que se está seguro de que lo que se hace tiene sentido, y, por tanto, no hay que cambiar la manera de proceder ante la desgarradora noticia de la muerte personal. Una vida es auténtica cuando en ella se acoge la propia muerte como una característica más de la condición humana y, por eso, cada día se vive como si fuese el último, procurando sacar lo mejor que cada uno lleva dentro para ponerlo al servicio de los demás.

Cuando una persona dispone de unas convicciones religiosas que le permiten trascender la atemporalidad personal, percibe con cercanía y serenidad el proceso de la muerte. La fe no es algo irracional o extraño; la fe nos aporta un sabio realismo sobre la condición humana. La religión que se encarna, mediante el compromiso, en el interior del hombre nos aporta la solución de no vivir engañados frente al proceso de la muerte. Lo importante es que esas creencias estén bien fundamentadas y arraigadas, es decir, vividas. Si no lo están, es fácil caer en la conducta supersticiosa del horóscopo, el tarot, etc. Ésta es la vana esperanza, alimentada de falsas expectativas irracionales, en que se incurre cuando se niega la relevancia de la fe religiosa.

lunes, 5 de julio de 2010

La falta de compromiso en las mujeres de hoy


Por Valeria Chavez

Pese a que la característica solía adjudicársele al sexo masculino, hoy en día no son pocas las mujeres que viven solas. Una especialista dijo a Infobae.com que "puede esconder un temor la falta de compromiso"
Si bien a las integrantes del sexo femenino se les suele adjudicar la característica de Susanita, en referencia al personaje de Mafalda que soñaba con formar una familia perfecta, hoy, a muchas mujeres les cuesta "formalizar" una relación .

Por sentir que no llega a sus vidas ese hombre que esperan, por creer que los que se les acercan son inmaduros, o bien por preferir la soledad, tras años de vivir en ese estado que tanta comodidad les da, muchas son las mujeres que eligen estar solas.

Infobae.com consultó a la licenciada Elsa E. Álvarez (MN 944), del Instituto de Psicología Argentina (Inepa) para saber qué hay detrás de estas, en apariencia, mujeres independientes.

¿Por qué hay mujeres que adoptan una postura más relacionada con la que se conoce en los hombres? En el sentido de que les cuesta comprometerse...
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Desde siempre se pensó que son los hombres a los que les cuesta comprometerse, pero hoy pareciera que eso está cambiando.
Muchos hombres y mujeres se quejan por lo mismo: la falta de compromiso.

La falta de compromiso en algunos casos, esconde algún temor y en otros forma parte de una elección que cada vez es más marcada.

La sucesión de cambios sociales, entre otros, los que tuvo el rol de la mujer en los últimos tiempos: acceso a la educación superior en forma masiva, la mayor permeabilidad social para acceder a puestos jerárquicos y de mejor remuneración, la mayor flexibilidad de los prejuicios sociales sobre la mujer, no sólo con respecto al trabajo, sino también a su sexualidad, agregado a esto en las grandes ciudades el anonimato, produjeron cambios psicológicos importantes que a su vez repercutieron sobre lo social produciendo como efecto, una forma de conducta muy parecida a la que antes se le adjudicaba solamente a los hombres.

La vieja carrera del matrimonio ya no es tan deseable, las seguridades emocionales y afectivas están muy descalificadas en nuestra cultura , donde se le otorga mucha mayor importancia a lo económico que a lo emocional. La seguridad económica para las mujeres depende cada vez más de sí mismas y menos de los hombres.

¿Son mujeres muy independientes y autosuficientes? ¿O esconden en el fondo algún temor?

Es imposible generalizar ya que las personalidades son muy diferentes unas de otras. Hay personas que son muy independientes y que disfrutan su independencia e incluso la soledad y otras en cambio que utilizan y muestran autosuficiencia pero en realidad esconden su otra polaridad (el opuesto que se oculta, la mayor parte de las veces, porque hacerlo conciente nos avergüenza y/o atemoriza) su desvalimiento, su necesidad de protección, sus temores que pueden ser muy variados que podríamos generalizar como temor a vivir y a la intimidad.

¿Qué pasa cuando la falta de "compromiso" es porque sienten que no comparten un ideal con ningún hombre?

La falta de compromisos en los seres humanos puede deberse a muchas causas. Entre ellas carencia de interés en el otro y entonces se continua en la relación aburridamente hasta que surja un otro en el horizonte que satisfaga aparentemente más sus aspiraciones.

Puede ser que sus temores a vivir plenamente, a tener intimidad o a mostrar sus emociones se los impida.

También sus creencias acerca de cómo deben ser los hombres y las mujeres van formando un ideal o un modelo de persona "para mí" que rígidamente funciona como un filtro que favorece o desfavorece el compromiso. La falta de flexibilidad no permite tomar conciencia que las personas nuevas que conoce, aunque no sean esa persona ideal que existe solamente en su mundo interior, representan una posibilidad de cambio e innovación para sus vidas .

¿Por qué todos, o la gran mayoría de los hombres, para ese tipo de mujeres tan independientes, parecen ser "inmaduros?

Muchas mujeres que se muestran muy independientes necesitan para mantenerse dentro de esa polaridad (independencia/dependencia) hombres dependientes, por lo tanto inmaduros. Esto demuestra y mantiene su creencia de que todos los hombres son inmaduros sin tomar conciencia de que con su especial mirada, filtran y descubren en el universo de hombres sólo aquellos inmaduros que alimentan su creencia y su permanencia en esa polaridad , ya que salir de esta les implicaría enfrentar sus temores y las inseguridades que les podría provocar la "amenaza" de caer en la dependencia.

¿La edad es un factor que juega en contra? (¿a más años "acostumbrada" a vivir sola más cuesta estar en pareja?

Las personas a medida de que pasan los años, aunque quizás en un comienzo les haya sido dificultoso vivir solos, comienzan a disfrutar de los pequeños placeres que otorga vivir sin un otro.

Arreglar o desarreglar a su manera su vivienda, disponer del tiempo libre sin consultar a nadie, escuchar el tipo de música que más le agrada, charlar o chatear largas horas, etc.

El vivir con otro plantea negociaciones y acuerdos que muchas veces después de muchos años de vivir de otra forma constituyen casi un desafío a la tolerancia que en ocasiones es difícil de lograr.

¿Por qué este tipo de mujeres (con carácter y que parecen saber lo que quieren de la vida) son tomadas por el sexo masculino como "insatisfechas"?

Las viejas creencias sociales acerca de que es ser mujer y que es ser hombre han influido mucho en este tipo de pensamiento.

Años atrás se creía y se las visualizaba como masculinas a aquellas mujeres decididas, racionales e independientes y el imaginario social las calificaba como si el tener este tipo de características representara estar insatisfechas en otros aspectos de su vida.

Hoy en día existen aun hombres, que mantienen este tipo de pensamientos que en algún caso pueden ser ciertas pero es importante que estas ideas no se generalicen para no ser transformadas nuevamente en creencias.

¿Cuáles son los signos característicos de este tipo de mujeres que no quiere comprometerse? ¿Elegir mal? ¿Rechazar oportunidades? ¿No permitirse/darse el tiempo para conocer al otro?

La característica de la falta de compromiso es:

• Elegir incorrectamente y generalmente dentro de la misma tipología de personas aunque sean aparentemente diferentes
• Negarse a arriesgarse a conocer otro tipo de personas
• Presentan creencias rígidas e inflexibles
• Actitudes individualistas
• Dificultades para compartir
• Rechazar inmediatamente al otro sin darse tiempo para profundizar más en la relación
• Darle más tiempo y energía a otros aspectos de su vida, familia, trabajo, amigos, etc.

Pese a sus baluartes de independencia, muchas de estas mujeres quieren lograr estabilidad emocional. ¿Pueden lograrlo? ¿Cómo?

En las personas independientes esta presente en forma excesiva una polaridad: la independencia absoluta; por lo tanto el individualismo y la entrega de la totalidad del tiempo a si misma y a sus objetivos de vida.

Esto esconde la otra polaridad que es la dependencia, en la que muchas personas temen caer. Esta representa la imposibilidad de vivir y tomar decisiones sin tener en cuenta al otro, donde el tiempo se comparte absolutamente y no existen las actividades independientes por lo tanto la personalidad de cada uno se diluye formando otra entidad que es los dos.

Estas dos polaridades se expresan muchas veces en las parejas que se muestran como ultra independientes o ultra dependientes, estos dos modelos olvidan lo que podemos denominar el camino del centro y que en los vínculos interpersonales conforma lo que denominamos interdependencia .

En la interdependencia las personas mantienen áreas de sus vidas independientes con actividades independientes y comparten otras con altos grados de intimidad y afectividad.

Por lo tanto, es necesario aprender a transitar los caminos intermedios, para lo cual deben integrarse a sí mismas, aceptar sus debilidades, sus necesidades: de seguridad, de amor, de estabilidad y confrontar sus creencias. Eligiendo cuales son las creencias positivas que las ayudan a lograr sus objetivos y desafiar las que no lo son, animándose en definitiva a la aventura de vivir.

Fuente: Infobae

sábado, 3 de julio de 2010

Los niños no se divorcian


por Beatriz Salzberg

Los niños no se divorcian es el título de un libro escrito por la psicoanalista Beatriz Salzberg, quien nos introduce en el tema de cómo ayudar a los niños en la crisis de un divorcio.

El divorcio es un tema complicado del cual no nos gusta hablar, sin embargo es una realidad que a veces se vuelve ineludible y que puede, si es llevado a cabo de forma madura, ser una solución adecuada, pues permite a los niños crecer en un ambiente menos conflictivo.

El divorcio es una crisis que afecta a todo el grupo familiar, y como en toda crisis, se puede aprender de ella y superarla; sin embargo, vemos con frecuencia cómo las parejas divorciadas continúan peleando durante años porque no pueden concluir lo que llamamos el “divorcio emocional”, siguen “casados” pero con la pelea, detenidos repitiendo situaciones de dolor, ira, fracaso y venganza. Y es que el divorcio emocional comienza mucho antes que el legal.

¿Cómo afecta un divorcio a los hijos?

Hoy por hoy no queda duda de las huellas que el divorcio deja en las experiencias emocionales de un niño o de un adolescente. Hay que entender que la separación de los padres, aunque se lleve a cabo de la forma menos traumática, siempre conlleva dolor, ya que hay una pérdida real de la pareja de padres juntos dentro del hogar; el niño sigue teniendo a sus padres, y esto es central, pero no juntos. A veces pensamos que los niños no se dan cuenta de lo que sucede, y menos si son pequeños, pero esto no es cierto porque la relación en conflicto genera un clima de ansiedad que el niño capta aun cuando los padres deseen disimularla.

En el matrimonio confluyen dos tipos de lazos: los coyugales y los parentales. El divorcio sólo disuelve los primeros, sin embargo, a veces los ex esposos heridos dejan de lado su función de ser padre y se vuelven ajenos al dolor de sus hijos; perdidos en su rabia o su frustración, se olvidan de diferenciar entre el dolor propio y el de los hijos.

El niño, entonces, se encuentra que con la separación, sus padres, estos adultos que deberían ser responsables y con quienes él siempre ha contado, se convierten en seres violentos, explosivos, infantiles e impacientes que lo castigan por algo que no hizo, cayendo a veces en la utilización de los hijos para sus fines personales, perjudicando su futuro y comprometiéndolos tácitamente a cumplir con funciones que no les corresponden, como cuidar de la seguridad física de unos de los cónyuges al que protegen de la violencia del otro; “espiar” a uno contra el otro, cayendo a veces hasta de doble espía; colocarlos de mediador de los problemas económicos; ponerlos a escoger a quién quieren más o a encargarse de sus hermanos pequeños, etc. Toda vez que se le coloca en medio de la batalla, escuchando las descalificaciones, mirando la violencia, se le está maltratando.

Como señala la doctora Salzberg: “Los padres divorciados deberán saber que tienen que elaborar el duelo por el matrimonio muerto y asumir que se terminó —aunque uno no lo haya querido— y superar la posición de víctima o culpable”.


Un hombre y una mujer pueden haber sido incapaces de hacer un buen matrimonio, pero todavía pueden hacer del divorcio una experiencia positiva. Es preferible que los padres estén bien separados a mal unidos.

Lo que más preocupa a un niño cuando se da un divorcio es la pérdida de la protección; también le asusta tener la culpa de lo que sucede, ya que los niños piensan que todo gira en torno a ellos. Durante el divorcio, es común observar en el niño tristeza, desinterés, apatía, temor ante el futuro, al rechazo, miedo, rabia, etc., así como problemas de conductas, dificultades para el buen rendimiento escolar, expulsiones, maltrato a sus compañeros y pesadillas. Emociones y conductas que a veces no son comprendidas por los padres o el colegio, porque no lo relacionan con el divorcio.

No es que el hijo de padres divorciados sea siempre portador de una patología, pero sí depende su futuro de cómo lo ayuden a enfrentarlo. Es importante que el niño pueda expresar lo que siente; enseñarle a expresar la dificultad por la que se está atravesando.

Para hacer las cosas menos difíciles se deben promover fáciles y frecuentes encuentros con el padre que se va, hay que preservar su imagen, sin sobrevalorarlo o denigrarlo. Los encuentros con el padre que se fue es mejor que se den, por lo menos al principio, fuera del contexto de la pareja, ya que ver a los padres juntos remueve la esperanza de que se vayan a volver a unir.

Por ello, debemos ayudar a nuestro hijo a no sentirse culpable ni creer que él es la causa del divorcio, no permitirle entrar a la batalla, ser escuchado como sujeto y no como un objeto a disponer arbitrariamente por uno u otro de los cónyuges, sentir que lo siguen queriendo como antes del divorcio, informarlo sobre lo que está ocurriendo y favorecer la expresión de sus opiniones, temores y angustias.
Los buenos acuerdos permiten un sano desarrollo emocional. Prevenir y tomarse el tiempo para conversar con los hijos evitará tener que curar.

Fuente: Nueva Escuela para Padres

miércoles, 7 de octubre de 2009

Redescubrir la tolerancia como ruta del encuentro



La tolerancia no es una simple e indiferente aceptación de las posturas ajenas,es un camino formado por el encuentro con los demás y el entendimiento real de sus opiniones

La angostura y pobreza de nuestros conceptos a menudo nos impiden ser flexibles en el diálogo y comprender a los demás. Con frecuencia en los debates públicos, por ejemplo, unos acusan de intolerantes a quienes consideran injustificables sus ideas o actitudes. «Tú eres dueño de sostener las ideas que desees, pero no intentes imponerlas a los demás». «Nadie te obliga a cambiar de opinión ni actitud. Pero es demasiado pretender convertir en exigencia pública lo que es una mera convicción o creencia privada».

Frases de este tipo se dicen a menudo como algo consabido e incuestionable. Por si fuera poco, a todo el que muestra entusiasmo al defender una convicción se le reprocha que pretende «imponerla» a otros de forma intolerante.
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jueves, 10 de septiembre de 2009

Los catequistas y la retribución económica.

Cuestión de justicia y no de libre contribución




Cuestión de justicia y no de libre contribución

Estamos transitando tiempos de reacomodación económica, donde los distintos grupos de trabajadores tratan de ajustar cada vez más su situación a los nuevos indicadores económicos. La crisis internacional (y sus efectos en nuestro país sumados a los problemas locales) hace imprescindible activar los mecanismos que permitan a todos vivir dignamente este momento de la historia. En los medios de comunicación y en la conciencia social, se va instalando como uno de los temas prioritarios la cuestión salarial: en Argentina el costo de vida va cambiando y llegar a fin de mes es cada vez más complicado.

En un primer vistazo, puede parecer que esta situación tiene poca relación con la catequesis y con los catequistas, tal vez porque no se ha considerado seriamente el tema de la retribución económica. Nos parece que es tiempo de hacer planteos más serios sobre el asunto...

Aproximándonos al tema

No se trata de una problemática exclusivamente “económica”, sino que se relaciona, por un lado, con una perspectiva pastoral (ya que se pone en juego la calidad del trabajo catequístico), y, por otro, con una cuestión de justicia (en lo referente a la responsabilidad de la comunidad sobre el catequista, ya sea parroquial o escolar).

La remuneración de los catequistas parece ser un tema tapado por algunos supuestos; o, peor, por el olvido de la condición laical de la mayoría de las personas que llevan adelante esta tarea de educar en la fe. Al parecer, no existen muchos documentos que aborden la cuestión específicamente, y los que se refieren a ella de manera indirecta no parecen muy difundidos. Hemos encontrado algunos que mencionan el tema. De ellos utilizaremos, para estas reflexiones, los criterios que nos pueden ofrecer algunas pistas sobre el asunto.

Es importante enmarcar estos planteos en el nuevo contexto social y pastoral. Podemos destacar: un proceso de cambio de época, con grandes transformaciones culturales (Marcelo González), la crisis del sistema catequístico (Emilio Alberich) y la apremiante nueva evangelización (Juan Pablo II, Benedicto XVI) que se propone la comunidad eclesial. Se pueden vislumbrar las nuevas exigencias que la tarea de la catequesis presenta a los varones y a las mujeres que le dedican su tiempo. Algunas exigencias que resultan de ésta: la necesidad de formación continua y de actualización, la permanente reflexión sobre la cultura de los destinatarios, la exigencia de mejor preparación de las propuestas, una espiritualidad más profunda y encarnada, más trabajo de planificación en equipo... En síntesis, mayor eficacia y calidad en la tarea de educar en la fe.

La mayoría de los catequistas son laicos. Y, en este punto, es necesario recordar lo específico de la vocación laical: su presencia en el mundo. Por la mayor toma de conciencia de la importancia de esta vocación (y por la crisis de agentes pastorales consagrados), afloran los movimientos apostólicos laicales y su compromiso eclesial en diversos ministerios y servicios dentro de la Iglesia. “Pero es en el mundo donde el laico encuentra su campo específico de acción. Por el testimonio de su vida, por su palabra oportuna y por su acción concreta, el laico tiene la responsabilidad de ordenar las realidades temporales para ponerlas al servicio de la instauración del Reino de Dios. En el vasto y complicado mundo de las realidades temporales, algunas exigen especial atención de los laicos: la familia, la educación, las comunicaciones sociales. Entre estas realidades temporales no se puede dejar de subrayar con especial énfasis la actividad política...” (Documento de Puebla, 789-791).

Es necesario recordar que los laicos encuentran el sustento económico en la tarea que realizan por su oficio o profesión, y que las actuales condiciones de “flexibilización y precarización laboral”, que el sistema neoliberal ha generado de manera estructural, hacen este propósito (sostenerse materialmente) cada vez más difícil. En este contexto es que creemos más urgente plantear una reflexión acerca de la retribución económica de los catequistas que dedican gran parte de su tiempo (o su tiempo completo) a la catequesis... Pensamos también en aquellos que llevan adelante esa tarea vocacional y profesionalmente: nos referimos también a los docentes catequistas escolares.

La Congregación para la Evangelización de los Pueblos afirmaba en 1993, en la Guía para los Catequistas –haciendo referencia a los catequistas remunerados por la Iglesia, en particular los que tienen una familia a su cargo–, que la cuestión crucial es la proporción entre lo que reciben y las exigencias de la vida. Podríamos plantearlo de otra manera diciendo que hay una desproporción entre lo que se recibe (si es que se recibe algo) y las exigencias de la vida. Esto tiene algunas consecuencias.

A muchos catequistas se les hace imprescindible desempeñar otros trabajos para completar los ingresos y sostener los gastos mínimos de la vida cotidiana, por lo cual destinan poco tiempo a la catequesis, dejándola como actividad secundaria: de esta manera, la tarea suele realizarse con poca preparación, apuro y, a veces, con improvisación. En síntesis, se abandona el objetivo primero de responder a las nuevas exigencias de la situación de crisis catequística y se enfrentan ineficazmente sus desafíos.

Dos imaginarios

Existen muchos imaginarios y exageraciones, entre los cuales señalaremos dos que terminan siendo contraproducentes para la finalidad de la catequesis y no permiten pensar adecuadamente la cuestión económica:


- “La catequesis es un apostolado”. Si bien es cierto que debe haber una motivación vocacional y un impulso apostólico, puede que esta consideración pese como un “deber” que clericalice al laico y pierda de vista las demás exigencias de su vida. No es difícil encontrar personas que, después de sobrellevar mucho tiempo una situación de agotamiento pastoral y por las demandas naturales de las tareas personales, terminen por abandonar la catequesis y “desentenderse” de todo compromiso evangelizador.

- “La catequesis es cuestión de buena voluntad”. Detrás de esta absolutización, puede esconderse cierto espiritualismo que desconoce el carácter educativo de la catequesis y olvida la necesidad de la formación permanente de los catequistas (en las tres dimensiones del ser, el saber y el saber-hacer del catequista). Para este tipo de pensamiento, no es prioritaria la capacitación ni la actualización permanente, de lo cual se sigue la poca importancia dada a la búsqueda de los medios económicos necesarios para llevarlas a cabo. Una posible consecuencia es la de sostener procesos técnicamente inadecuados e ineficaces, que ayudan poco a crear comunidades de fe más maduras y adultas. Con respecto a la necesidad de formación, se afirma en el decreto Ad Gentes que “hay que tener reuniones o cursos en tiempos determinados, en los que los catequistas se renueven en la ciencia y en las artes convenientes para su ministerio y se nutra y robustezca su vida espiritual. Además, hay que procurar a quienes se entregan por entero a esta obra una condición de vida decente y la seguridad social por medio de una justa remuneración” (CONCILIO VATICANO II, Ad gentes, 17). Si bien se expresa principalmente para las “tierras de misión”, es válido considerar esos criterios para otras situaciones. O, mejor, podríamos considerar a toda la Iglesia en estado de misión.

Algunas consecuencias

La catequesis se ve afectada por, entre otras cuestiones, no atender adecuadamente la cuestión económica. Podemos mencionar que:

- Queda comprometido el número y la calidad de los catequistas, ya que no todas las personas que quieren y sienten el llamado a realizar esta tarea pueden abandonar sus trabajos para dedicarse a ella; y las personas más capacitadas prefieren trabajos mejor remunerados.

- Es difícil garantizar el compromiso y la estabilidad de los catequistas, porque resulta necesario desempeñar otros oficios para completar los ingresos. Resulta muy triste ver cómo muchos alumnos de seminarios o profesorados deben dejar sus estudios, debido a las dificultades para costearse los viáticos o responder a otras exigencias personales.

- Hay pocos avances en la formación permanente, porque muchos catequistas no disponen del tiempo o del dinero para participar de seminarios o cursos.

- Se nota una desvalorización del catequista en algunos ámbitos (como el escolar), ya que la consideración del trabajo se aprecia por lo que retribuye y se corre el riesgo de considerar a los catequistas trabajadores de inferior categoría, generando malestar en la tarea y desconociendo el carácter educativo que tiene.

¿Y en la escuela qué?

Es posible distinguir entre la situación de los catequistas parroquiales y los escolares. Algunos piensan que en la escuela está resuelta la cuestión económica de los catequistas, ya que suponen que las regulaciones legales garantizan condiciones laborales justas. Un ejemplo de lo antedicho lo encontramos en un párrafo de la citada Guía para los Catequistas: “Se reconoce unánimemente que la cuestión económica es uno de los obstáculos más serios para poder contar con un número suficiente de catequistas. Ese problema no se plantea, desde luego, con los maestros de religión en las escuelas oficiales, ya que estos reciben el sueldo del Estado” (CONGREGACIÓN PARA LA EVANGELIZACIÓN DE LOS PUEBLOS, Guía para los Catequistas, Roma 1993, 31; el subrayado es nuestro). Podríamos decir que esta afirmación es demasiado general o desconoce las particularidades de algunos países, como es el caso de Argentina. No siempre la legalidad ha garantizado la equidad... En nuestro país, no está generalizada la incorporación de la enseñanza religiosa como espacio programático escolar, por lo cual (en ciertas regiones) la propuesta es extraprogramática, llamándose catequesis. Los docentes extraprogramáticos (catequistas en nuestro caso) han quedado desfasados salarialmente respecto de los profesores de otras materias, ya que se rigen por leyes distintas a sus compañeros y no tienen organizado un frente gremial propio que impulse mejoras y actualizaciones que se correspondan con la actual situación económica y con la tarea que se les confía. Remitimos, por ejemplo, a la Ley 13.047 que rige a los docentes extraprogramáticos en la provincia de Buenos Aires, con una clara desigualdad con el resto de los docentes, aún con los últimos aumentos.

Por otra parte, no faltan casos en que la práctica catequística se confunde o se superpone con tareas pastorales, sin distinguirlas o tenerlas en cuenta al momento de evaluar con justicia la remuneración. Podríamos decir, jugando con las palabras, que se da una parroquialización de la catequesis escolar, ya que se considera no tanto profesional, sino apostólicamente la tarea, con consecuencias en la retribución y en la expectativa que se genera sobre ella.

Además, destacamos el desgaste y el cansancio de los catequistas, la poca disponibilidad de tiempo y de recursos para la actualización/formación, y el peligro de caer en contradicciones entre “el mensaje proclamado” y el “mensaje vivido” en la comunidad educativa: en algunas parecería más preocupante la ortodoxia que la ortopraxis.

¿Y quién se encarga del tema?

En principio, podríamos decir que toda la comunidad, ya que es la que requiere de la catequesis para educar en la fe a sus miembros; y, dentro de ella, las personas a las cuales se les encomienda la misión y la tarea de organizarla, animarla y fortalecerla (obispos, sacerdotes, religiosos, coordinadores laicos, etc.).

En la exhortación apostólica Catechesi tradendae, Juan Pablo II se dirige a los obispos diciéndoles: “Vuestro cometido principal consistirá en suscitar y mantener en vuestras Iglesias una verdadera mística de la catequesis, pero una mística que se encarne en una organización adecuada y eficaz, haciendo uso de las personas, de los medios e instrumentos, así como de los recursos necesarios. Tened la seguridad de que, si funciona bien la catequesis en las Iglesias locales, todo el resto resulta más fácil” (JUAN PABLO II, Catechesi tradendae, 63). Y la Guía para los Catequistas afirma, en relación con los sacerdotes, que “especialmente los párrocos, como educadores en la fe y colaboradores inmediatos del Obispo, tienen un cometido inmediato e insustituible en la promoción del catequista. Si como pastores deben reconocer, promover y coordinar los distintos carismas en el interior de la comunidad, de manera especial deberán seguir a los catequistas que comparten su trabajo de anunciar la Buena Nueva. Han de considerarlos y aceptarlos como personas responsables del ministerio que se les ha confiado y no como meros ejecutores de programas preestablecidos. Promuevan su dinamismo y creatividad y eduquen a las comunidades para que asuman su responsabilidad en la catequesis y acojan a los catequistas, colaboren con ellos y los sostengan económicamente, teniendo en cuenta si tienen a su cargo una familia” (CONGREGACIÓN PARA LA EVANGELIZACIÓN DE LOS PUEBLOS, Guía para los Catequistas, 35). Los planteos son claros.

No conocemos textos que definan con precisión las responsabilidades en las comunidades educativas. El sentido común indica que quienes están a cargo de animar y gestionar la escuela tienen el desafío de dar respuesta a este tema y encontrar caminos de diálogo y reflexión creativa para llegar a propuestas de solución justas.

Unas palabras para terminar (o para empezar a ocuparnos del tema)

Para terminar y a modo de síntesis (pero sin intención de cerrar el tema), nos hacemos eco de algunas propuestas –criterios o acciones concretas– para avanzar juntos.

- La retribución del catequista es una cuestión de justicia y no de libre contribución. Los catequistas, de dedicación plena o parcial, deben ser retribuidos según normas precisas, establecidas a nivel de la diócesis y de la parroquia, teniendo en cuenta los recursos económicos de la Iglesia particular, de la situación personal y familiar del catequista, en el contexto económico general, reservando especial atención a los catequistas enfermos, inválidos y ancianos.

- En el caso de los catequistas escolares, puede ser interesante la creación de espacios de diálogo y reflexión con los responsables de la administración de las instituciones, para encontrar mecanismos de ajuste y equiparación, de acuerdo al contexto económico, en una actitud superadora del marco legal, si es que el caso lo demandara.

- Los presupuestos de las diócesis y de las parroquias deberían destinar a la acción catequística una cuota proporcionada de los ingresos, siguiendo el criterio de dar la prioridad a los gastos de la formación. Es importante que los fieles tomen conciencia y se hagan cargo del mantenimiento de los catequistas, sobre todo cuando se trata del animador de su comunidad local (en el caso de comunidades que no son atendidas regularmente por un sacerdote).

- Sería también interesante remarcar la necesidad de la adecuada formación y actualización de los catequistas, como una cuestión prioritaria, ya que la calidad de las personas que desempeñan tareas pastorales y catequísticas tiene prioridad respecto de las estructuras. Dicho de otra manera, que los presupuestos destinados a la catequesis no se destinen a otros fines ni se reduzcan.

- Se deberían buscar modos de colaboración económica y sostenimiento para los centros de catequistas, favoreciendo el acceso a becas para aquellos catequistas que lo necesiten.

- Al mismo tiempo, será importante promover y multiplicar los catequistas voluntarios, que se comprometan a una cooperación a tiempo limitado (y establecido claramente), con regularidad, pero sin una verdadera remuneración porque tienen ya otro empleo fijo. En este sentido, es necesario educar a la comunidad para considerar la vocación del catequista como un servicio a la Palabra, más que como un empleo de vida, aunque corresponda retribuir a algunos por las razones mencionadas en el artículo.

Terminamos citando al texto inspirador de estas reflexiones, cuando dice: “En resumen, el problema económico exige una solución a partir de la Iglesia local. Todas las otras iniciativas son una buena contribución y han de potenciarse, pero la solución radical hay que buscarla localmente, especialmente con una acertada administración, que respete las prioridades apostólicas, y educando a la comunidad a dar la debida contribución económica.” (CONGREGACIÓN PARA LA EVANGELIZACIÓN DE LOS PUEBLOS, Guía para los catequistas, 31-32).

El tema recién está planteado. Ojalá se pueda profundizar y actuar en consecuencia.

por: Juan Pablo Gasme

Nota:

Los interesados en continuar profundizando sobre este tema pueden ponerse en contacto con el autor de este artículo escribiendo un mail a juanpablogasme@yahoo.com.ar

lunes, 31 de agosto de 2009

El dilema antropológico



Autor: Javier Úbeda Ibáñez

La cuestión antropológica, siempre presente en la historia del pensamiento, constituye hoy un tema de creciente actualidad. ¿Quién es el hombre?, ¿qué es el hombre?: estas preguntas tantas veces formuladas a lo largo de los tiempos siguen siendo interrogantes abiertos y apasionantes, a las cuales se han dado y siguen dándose las respuestas más dispares. No sólo el pensador sino hasta el hombre de la calle siente a menudo la comezón de dar también su propia respuesta, impulsado por sus experiencias personales y el espectáculo que le ofrece la humanidad que le rodea.

¿Quién es el hombre?, ¿qué es el hombre? La respuesta a estos dos grandes interrogantes dista mucho de ser unánime. De ella dependen dos concepciones de la persona humana, que son la resultante a su vez de estas dos primeras y decisivas cuestiones previas: ¿es el hombre un ser espiritual y trascendente o tan sólo temporalidad y materia?; ¿es el hombre un ser creado -criatura- o tan sólo una partícula trivial y anónima del Cosmos?

Las consecuencias de la respuesta son inmensas. Un hombre que sea criatura se hallará necesariamente inserto en la obra de un Creador y en el orden de una Creación. En el origen del hombre-criatura se encontrará una inteligencia y una voluntad. Se trata de un ser que ha sido pensado y querido: pensado por la mente y querido por la voluntad de un Creador. Su existencia, obra del Autor de la vida, tendrá razón y sentido y se dirigirá hacia un fin. El hombre creado sabe, en definitiva, de dónde proviene y hacia dónde va.

Un hombre no creado sería fruto exclusivo del azar. Su existencia constituiría el resultado final de un interminable encadenamiento de casualidades, del cual habría que excluir a priori cualquier ordenación inteligente y voluntaria. Un hombre no creado sería un ser proyectado a la existencia por el antojo caprichoso de un destino ciego. La vida de este hombre carecería de razón y sentido: no sería hijo de nadie, pues nadie le habría concebido ni querido darle vida; procedería de la nada y a la nada se encaminaría, carente de fin. Su muerte -según la desoladora definición de Marx- no será sino una dura victoria de la especie sobre el individuo. Esta es la condición a la que ha de resignarse el hombre que rechaza la condición de criatura.

martes, 30 de junio de 2009

Frases que ayudan a la reflexión diaria



En estos tiempos tan convulsionados que nos toca vivir, a veces es muy bueno reflexionar y relajarse meditando algunas frases o pensamientos llenos de sentido. Agradezco a mi amiga Griselda Fernanda Nuñez que todos los días en su espacio de Facebook publica estas frases que copio a continuación; de algunas conocemos los autores y de otras no pero, igualmente son muy apropiadas para el fin que mencioné al principio.

"Frágil es el recuerdo de los beneficios; tenaz el de las injurias"
Lucio Anneo Séneca

"La astucia puede tener vestidos, pero a la verdad le gusta ir desnuda".... Thomas Fuller

"Si cerráis la puerta a todos los errores, también la verdad se quedará afuera.
Rabindranath Tagore

"La verdad levanta tormentas contra sí, que desparraman su semilla a los cuatro vientos"
Rabindranath Tagore

"Prefiero molestar con la verdad que complacer con adulaciones"
Séneca

" Ningún hombre pierde la libertad sino por su propia debilidad"
Gandhi

"Cuida tus pensamientos porque se volverán palabras; cuida tus palabras porque se volverán actos; cuida tus actos porque se harán costumbre; cuida tu carácter porque formará tu destino y tu destino será tu vida.
Gandhi.

" Es más fácil destruir un átomo que un prejuicio"
Albert Einstein

" Los grandes espiritus siempre han encontrado violenta oposición de parte de los mediocres. Estos últimos no pueden entender cuando un hombre no sucumbe impensadamente a prejuicios hereditarios, sino que, honestamente y con coraje, usa su inteligencia"
Albert Einstein

" Sólo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana,pero no estoy muy seguro de la primera; de la segunda puedes observar cómo nos destruimos sólo por demostrar quien puede más"
Albert Einstein

"Nadie puede hacer el bien en un espacio de su vida, mientras hace daño en otro. La vida es un todo indivisible".
Gandhi

"La bondad o maldad de los actos la determina su fruto"
Dalai Lama

"Hay que desconfiar siete veces del cálculo y setenta del calculador"
Proverbio Hindú

En nuestras relaciones interpersonales exigimos que los demás nos traten con respeto y comprensión, sin embargo, nunca nos detuvimos a pensar si nosotros procuramos actuar bajo esos parámetros de conducta.

El silencio es la capacidad de pensar, sin tener que convencer, ni discutir.La capacidad de volar sin límites y sin esfuerzo.La capacidad de caminar sin distraerte, disfrutando de lo que forma parte del camino.La capacidad de observar con libertad, sin perturbar, ni sentirte perturbado.La capacidad de oír sin tener que escuchar, ni interrumpir.La capacidad de ilusionarte, soñar e imaginar sin crear incomodidad.....

"El bien que hicimos en la vispera, es el que nos trae la felicidad por la mañana"
Proverbio Chino

"La vida es efímera, la sabiduría eterna, el amor en nuestros corazones no tiene límites y el espíritu perdurará para siempre"
Proverbio Hindú

"Antes de juzgar a una persona, camina tres lunas con sus mocasines"
Proverbio Hindú

"Hay tanto de bueno en el peor, y tanto de malo en el mejor que es difícil condenar"

" Un amigo verdadero es alguien que nunca siente la necesidad de venir armado, ni para el ataque ni para la defensa, porque sabe que te hallará con los brazos libres para retribuir el abrazo "
Alef Guimel (Lira Berrueta, poetisa uruguaya)

" Canta si vas en subida, canta si vas en bajada, si te miran las serpientes pueden quedar encantadas "
Alef Guimel ( Lira Berrueta ) poetisa uruguaya

"Nunca en el campo de los conflictos humanos, tantos le debieron tanto, a tan pocos"
Winston Churchill

"Son propiamente pacientes, los que prefieren soportar los males sin haberlos cometido, que cometerlos sin padecerlos"
San Agustín

" Hay derrotas que tienen más dignidad que la victoria"

Jorge Luis Borges

"La falla de nuestra época consiste en que los hombres no quieren ser útiles, sino importantes"
Winston Churchill

"El tiempo que perdiste por tu rosa, hace que tu rosa sea tan importante"
Saint Exupery

¡ No corras, vete despacio, que a donde tienes que llegar es a tí mismo!

Juan Ramón Jiménez

"Valor es lo que se necesita para levantarse y hablar; pero también es lo que se requiere para sentarse y escuchar"
Winston Churchill

"La cortesía es la flor de la humanidad y el que no es suficientemente cortés, no es suficientemente humano”.
Joseph Joubert

"Mientras haya unos ojos que reflejen/ los ojos que los miran; mientras responda el labio suspirando/ al labio que suspira; mientras sentirse puedan en un beso/ dos almas confundidas; mientras exista una mujer hermosa, ¡Habrà poesía!"
Rima IV Gustavo Adolfo Becquer

"Hoy, cuando necesites decir la verdad, ten el valor de abrir tu corazón a la vez que tu boca. Y cuando necesites oír la verdad, ten la fortaleza para abrir tus oídos y cerrar tu boca".
Kabbalah

"Tolera la verdad ajena en la misma medida en que quieres que sea tolerada la tuya".
Eduardo J. Couture

"Tu deber es luchar por el derecho; pero el día en que encuentres en conflicto el derecho con la justicia, lucha por la justicia".
Eduardo J. Couture


"Ten fe en el derecho, como el mejor instrumento para la convivencia humana; en la justicia, como destino normal del derecho; en la paz, como sustitutivo bondadoso de la justicia. Y sobre todo, ten fe en la libertad, sin la cual no hay derecho, ni justicia ni paz. "
Eduardo J. Couture

"La medida del amor es amar sin medida"
San Agustín

"No te detenga, no dejes que que termine el día sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños. No te dejes vencer"
Walt Whitman

domingo, 21 de junio de 2009

Aprendiendo a participar


Si buscamos en el Diccionario la definición de la palabra "participar" encontramos que participar es entrar junto con otros en un asunto o negocio. Compartir la opinión, sentimientos o cualidades de otra persona o cosa...pero también es: "formar parte"

En estos tiempos difíciles en cuanto a lo que se ve en la sociedad, tantas veces mencionado, tantas veces reiterado como es : la ausencia de valores, la desconfianza, el individualismo y otras cosas, me pregunto: ¿por qué en lugar de seguir mencionando estas cuestiones y aumentando así su influencia, no se implementa un proyecto preventivo desde todos los ámbitos de la sociedad que permita revertir la situación?

Me pregunto si la solución está cerca o lejos, me pregunto si seguir machaconamente refiriéndose a estos temas no aumenta su dimensión negativa en los habitantes de una ciudad, pueblo, barrio, consorcio, familia.Me pregunto si hemos perdido la capacidad de participar, de accionar sin confrontar, de decir sin ofender, de tener una visión de águila y no de ave presa en una jaula.

Lo que sí se, es que en mí el discurso y el palabrerío que no se traduce en hechos concretos, limita mis ganas de participar y me paraliza al punto tal de querer encerrarme en mi mundo personal y familiar, el único universo que me contiene y me da esperanza.Alguien podría decirme que esta forma de actuar se condice con el individualismo pero no es así.
Psicológicamente todos necesitamos seguridad, es una de nuestras necesidades básicas pero generalmente, la seguridad a la que se refieren quienes la reclaman a un gobierno o a los candidatos políticos, es aquélla que nos protege contra el delito y la impunidad y contra los ataques a la vida y la propiedad.

No me refiero aquí a este tipo de reclamo sino que me refiero a la seguridad de la persona que necesita sentirse importante para otro, para un grupo o comunidad, que le permite la personalización en medio de otros y con otros; en definitiva me refiero a la necesidad de pertenencia a través de los vínculos. La necesidad de formar parte de...

La seguridad que nace de la confianza y del afecto mutuo, de los valores compartidos y de la necesidad mutua de aceptación en la diferencia. Esa dimensión de la seguridad es la que estimo falta.¿Y quién o quiénes nos permiten experimentarla, nos enseñan e insertan en ese campo de la seguridad?, en primer lugar nuestros referentes en la niñez, padre, madre, hermanos, la familia en su conjunto, como así también los maestros y otros.

Pero el tema es muy complejo porque los referentes de nuestra niñez eran los adultos que nos rodeaban y hoy no es así. porque se ha perdido el respeto por todo y todos y, la gradualidad que nos mostraba la etapa de maduración y credibilidad de las personas en quienes poníamos nuestra confianza y respeto, ha desaparecido.

Hoy la familia humana en general, pasa por una etapa de degradación de las personas; ya no es referente quien sabe más, porque está plagado de opiniones sin fundamentos claros. La traición, la mentira, la calumnia, el lobby, están de moda. Nadie sabe quien es su amigo o enemigo. No sabemos en quién poner nuestro resto de confianza que no queremos ni perder ni desperdiciar.
La desilusión y el desencanto invaden nuestra alma y en medio de todo, allá muy en el fondo de nuestro corazón y conciencia, atisba sin embargo, la luz de la fe en lo que no queremos relegar, perder o bastardear.

Y así seguimos cayendo y levantándonos una y otra vez, creyendo y apoyando causas y personas que nos introducen en nuevos caminos e iniciativas que terminan, la mayoría de las veces, siendo sólo muy buenas intenciones en el mejor de los casos.

Muchas veces oí decir que se necesitan personas que sepan incluir, trabajar en equipo, unirse a lo que ya funciona antes que intentar ser fundadores de nuevas estructuras o instancias de actuación pero, no veo que las palabras coincidan con los hechos porque se siguen despreciando o ignorando instituciones fundadas para fundar otras, a veces con el mismo nombre o denominación, apoyadas por miembros relevantes de la comunidad pero, que se cierran sobre sí mismas sin dar cabida a personas que aporten trabajo e ideas por lo cual terminan, siendo elites privadas.

Hace muchos años que recorro estos caminos, siempre estoy donde se está comenzando a gestar algo y luego se derrumba mi esperanza al encontrarme con más de lo mismo. Lo compruebo en diferentes ámbitos siendo la consecuencia la tentación de huir y abandonar toda participación y toda militancia cívica, política y aún religiosa.

Muchas personas compartimos este sentir y peregrinamos por Asociaciones, Fundaciones, Comisiones y otras muchas "ones" buscando donde aportar lo propio y el resultado es lo que mencionaba anteriormente, la tentación de fundar el propio lugar desde donde irradiar lo que somos, queremos y creemos, desde donde perseguir la utopía y recrear la civilidad.

El ámbito del pensamiento debería expresarse en instituciones transparentes desterrando maniqueísmos, oscurantismos, desconfianzas y recelos para poder caminar hacia un sueño con esperanza en un mundo ya no simplemente humano, sino humanizado, en el cual los valores ciudadanos y, al decir de grandes pensadores, de virtudes ciudadanas basadas en el respeto de la Constitución Nacional y en las creencias que que da persona tenga se puedan expresar.(cfr. libro "Manifiesto ciudadano" del Rabino Sergio Bergman)

No es fácil comprometerse y participar porque a veces, ya vislumbramos que ese compromiso y participación puede llevarnos al martirio. Todo ésto tiene relación la la verdad. ¿Y qué es la verdad?, ¿existe la verdad? ¿o hay verdades varias? ¿o hay tantas verdades como personas?Las preguntas y los ámbitos para trabajarlas y encontrar las posibles respuestas, conforman una metodología de discernimiento personal, familiar, social irreemplazable porque, en la sana discusión sobre la verdad, puede y debe gestarse un estilo de vida, un sentido que nos permita crecer y desarrollarnos como Nación, como comunidad nacional.

Una pregunta que me interpela es: ¿la seguridad se basa simplemente en el control externo?; ¿se basa en el control policial? o por el contrario tiene que darse en un contexto propicio y una decisión personal de aceptar normas y principios válidos universalmente?

Aquí dejo mi reflexión para que sean un aporte a la reflexión compartida.
Texto: María Inés Maceratesi

jueves, 5 de febrero de 2009

Mala comunicación, causa de conflictos en la pareja


La toma de decisiones constituye una de las fuentes de conflicto importantes en la pareja, ya que, para esto, es necesario que se establezca una estructura de poder que puede ser, según los casos, más o menos democrática. De algún modo, marca cuánta consideración se tiene por el otro; quién ejerce el dominio y quién la sumisión. Si se toma la pareja como una unidad, ésta debería ser equilibrada: todas las tareas, decisiones y labores que se realizan deben repartirse en forma equitativa. La pareja no debe hacer de la relación una lucha de poder y control, porque se provoca, así, un círculo de competencia que dificulta la convivencia. Las consecuencias son: el rencor, la envidia, la frustración y la búsqueda de la derrota de ese otro a quien se dice amar.

La mayor parte de las veces el conflicto es causado por una falta de comunicación de parte de uno o de los dos miembros que configuran la pareja. Siempre es importante recordar que una buena comunicación es la base de una relación de pareja satisfactoria. El conflicto aparece cuando esa comunicación es negativa, a la cual se responde, a menudo, con otro mensaje negativo, que conforma una espiral de incomprensión que puede desatar tanto violencia física como verbal.
Se torna imprescindible hacer consciente el modo en que se emite algo que deseamos que el otro recepcione. El cómo lo recibe y el contenido de ese mensaje son fundamentales. La manera en que decimos las cosas adquiere una connotación emocional según cada sexo. Una escucha activa contribuye a una mejor decodificación. Nada más efectivo para destruir una pareja que los mensajes poco claros para que el otro no sepa cómo actuar (“ya sabes lo que tienes que hacer”… “anda, después no digas que no te avise”…).

Cada miembro de la pareja, frente a un problema, reacciona de forma diferente. Unos guardaran silencio, utilizando una comunicación no verbal, otros tienen la necesidad de hablar. Las parejas en conflicto solamente reparan en las conductas negativas del otro y tienden a no ver o a disminuir el valor de las conductas positivas. La famosa imagen de no poder visualizar la parte medio llena del vaso.

Una baja autoestima y autodesvalorización, en uno de los miembros de la pareja, genera, casi siempre, desconfianza y celos, ejerciendo un exceso de control. Se manipula e invade el espacio personal del otro. Surge, de inmediato, un sentimiento de coerción y ahogo del que se desea escapar.

La inseguridad, el miedo o la angustia, ante lo que puede estar haciendo o pensando la pareja, origina ansiedad, depresión y persecuciones, que terminan por destruir la pareja. Cuando una persona no se sostiene a sí misma, busca que el otro la sostenga, que sea su punto de apoyo y, en su afán imperioso de poseerlo, lo transforma en un objeto.

En la pareja, se debe aceptar que la vida es únicamente responsabilidad de cada uno. La felicidad se construye de a dos, y no se debe esperar que el otro haga todo.

Cada uno debe madurar y no pretender que el otro le solucione todos sus problemas o le marque pautas de cómo debe vivir.

Ambos deben consensuar para elegir un espacio vital común que se convierta en “lo nuestro”.

Se debe aprender a pedir. Nada mejor, para iniciar un conflicto, que reclamarle al otro algo que sabe que no va a poder dar. La imagen es “pedir peras al olmo”.

Compartir la economía, definir bien los roles de cada uno dentro de la casa permite sostener lazos de unión y evitar asperezas y roces que ocasionan discusiones violentas.

Cuando ocurre una situación que no resulta de agrado para alguno de los dos, lo más acertado es conversar sobre ella en el momento. Decir lo que hay que decir en el momento que hay que decirlo ayuda a una mejor comunicación.

El cuidado y el trabajo de todos estos aspectos pueden servir de gran ayuda para encontrar un método para superar las dificultades.

Estar atento a las conductas que suscitan descontento y angustia en el otro; sacar la mirada sobre el otro y dirigirla hacia uno, admitiendo lo que cada uno aporta al conflicto. Poder hacer esto es haber conseguido el cincuenta por ciento de la solución.
por Joaquín Rocha Psicólogo especialista en Educación para laComunicación
Fuente: San Pablo on Line

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Navidad: "La fiesta se puede organizar, la alegría no"

¡Hagámonos niños para recibir con alegría al Niño Jesús que está naciendo!


En estos días de Navidad, llenos de adornos y regalos, Benedicto XVI ha dejado un consejo para descubrir su sentido: "La fiesta se puede organizar, la alegría no".

Fue una de las constataciones a las que llegó en el discurso que dirigió el 22 de diciembre a los miembros de la Curia Romana en la tradicional audiencia de intercambio de felicitaciones con motivo del nacimiento del Niño Jesús
"La fiesta es parte integrante de la alegría --afirmó el Santo Padre--. La fiesta se puede organizar, la alegría no".

"Sólo puede ofrecerse como don; y, de hecho, se nos ha dado en abundancia: por eso nos sentimos agradecidos".

Citando a Friedrich Nietzsche, el sucesor de Pedro afirmó: "la habilidad no está en organizar una fiesta, sino en traer a personas capaces de poner alegría".

"Así como Pablo califica la alegría fruto del Espíritu Santo del mismo modo también Juan, en su Evangelio, ha unido íntimamente el Espíritu y la alegría. El Espíritu nos da la alegría. Y es la alegría".

"La alegría es el don en el que todos los demás dones están resumidos -afirmó el obispo de Roma--. Es la expresión de la felicidad, del estar en armonía consigo mismos, algo que sólo puede derivarse de estar en armonía con Dios y con su creación".

"Forma parte de la naturaleza de la alegría el irradiarse, tener que comunicarse", añadió.

La misión de la Iglesia, explicó, "no es más que el impulso por comunicar la alegría que se nos ha dado".

"Que siempre esté viva en nosotros y, después, que se irradie en el mundo en sus tribulaciones: este es mi auspicio para finales de este año", confesó.
Fuente: Zenit.org

sábado, 13 de diciembre de 2008

Adviento, un tiempo para redescubrirnos


La vida cotidiana con su vorágine, casi nunca nos permite parar a pensar, a reflexionar, a hacernos preguntas y tratar de respondérnoslas. Y es habitual que debido al despliegue de actividad, a las corridas para llegar a cualquier parte, los choques con la gente por la calle, la infinidad de preocupaciones propias y también aquéllas de las cuales tenemos que hacernos cargo por diferentes motivos, nos vayan alejando de nuestro centro interior.

Así es que llegada esta época del año, advertimos que el tiempo ha transcurrido muy rápidamente y no hemos tenido ese momento de mirarnos interiormente y escrutarnos para hacer una evaluación personal sobre el camino que estamos recorriendo. Si nos descuidamos más de la cuenta en esa tarea, quizá nos encontremos con una sensación de que somos extraños para nosotros mismos y surjan preguntas y dudas de todo tipo.

El Adviento es para los cristianos un momento especial para redescubrir nuestra vida y en ella reconocer que Jesús está viniendo siempre a nosotros, aún cuando las preocupaciones y las ocupaciones no nos dejen ver y oir lo que tiene para decirnos y mostrarnos, de nosotros mismos y de los demás

Este breve cuestionario puede ayudarnos para tal fin:

1. ¿Qué peso tiene, hoy, en nuestra vida de cristianos - después de tantos siglos y habituados a la historia cotidiana - , la promesa de que la plenitud del Reino de Dios llegará, “como un ladrón en la noche”, por sorpresa, sin que sepamos ni el día ni la hora?

2. ¿Qué sentimientos nos provoca el anuncio o la celebración de la esperanza cristiana, en medio de una cultura y un modo de vida tan realista y de cortas miras como el presente? ¿Vivimos con esperanza? ¿Podríamos compartir los motivos y valorarlos con otros?

3. ¿Miramos y conocemos el mundo a partir de los grupos sociales más débiles e ignorados - mucho más en este momento de crisis económica - o buscamos un punto de vista equidistante, cuando no, sencillamente, descomprometido con la realidad cotidiana?

4. ¿Pensamos y celebramos la palabra de Dios a partir de Jesús, y sus bienaventuranzas, o más bien lo hacemos desde el “maestro espiritual” de nuestro gusto?

5. ¿Habla nuestra boca desde la “relación” con Dios que abunda en nuestro corazón, o habla desde lo que recuerda del catecismo o la enseñanza religiosa reibida de niños?

6. ¿Cómo ayudamos a que crezca el Reino de Dios, hoy, en nuestra vida cotidiana? ¿Podríamos concretarlo en relación a nuestra casa o familia, vecindad y trabajo, iglesia y sociedad, economía y política, cultura y ética, por ejemplo?.

7. ¿En qué momentos y actuaciones tenemos dudas de estar colaborando al crecimiento del Reino, incluso con miedo de estar impidiéndolo? (Lo pensamos como en la pregunta anterior).

viernes, 7 de noviembre de 2008

Qué es el bien común


Estamos transitando una nueva era en la que la globalización nos interpela como personas, como familia, como sociedad y también como Nación, de ahí que sería deseable que comprendiéramos de qué hablamos cuando hablamos de "bien común" a nivel nacional e internacional.

El bien común busca afirmar la dignidad humana, promover el desarrollo humano integral, alcanzar el progreso social y avanzar en dirección a la perfectibilidad de la humanidad.

El bien común se asienta en la defensa y promoción de los derechos humanos.

El bien común afirma el principio de la supremacía de la política sobre la economía en el orden nacional e internacional.

La justicia distributiva y social es un requisito fundamental del bien común.

El bien común consiste en posibilitar a todas y a cada una de las personas los bienes necesarios para alcanzar una calidad de vida plena.

El bien común exige garantizar trabajo, salario justo y condiciones dignas de labor a todas y cada una de las personas, a nivel nacional e internacional.

Trabajar a favor del bien común es un compromiso de todos, pero particularmente de los constructores de la sociedad pluralista.

El bien común exige que desaparezcan las desigualdades irritantes entre las personas y entre los distintos pueblos.

El bien común es una responsabilidad indelegable del Estado en la sociedad democrática.

El bien común entendido como respeto de las exigencias de justicia y solidaridad, es una exigencia insoslayable de los dirigentes de las naciones más desarrolladas en el mundo globalizado.

viernes, 29 de agosto de 2008

Política y Religión

Política y religión: distancia, no separación
por José María Poirier y Alberto Barlocc



¿Qué distancia o separación debe existir entre política y religión? ¿El creyente que actúa en política debe seguir exclusivamente sus principios? ¿Hasta qué punto debe obedecer a esos valores? Responden Jean-Yves Calvez y Antonio M. Baggio.

Claves

- No se pueden transformar en ley los principios morales propios de un grupo religioso.

- Ante el cuestionamiento a ciertas conductas morales, la prioridad la tiene la paz civil que es un bien que siempre debe ser defendido.

- Los derechos humanos son una buena base ética, pues su origen es cristiano.

Mientras muchos se apresuraban hace algunos años a firmar la partida de defunción tanto de la religión como de la política, ambas realidades parecen estar hoy más vivas que antes. Claro que el panorama cada vez más amplio y plural desafía a una permanente búsqueda de espacios de diálogo entre estas dos dimensiones fundamentales de nuestra existencia.

Reproducimos aquí una síntesis del rico debate organizado en Buenos Aires, a fines de julio, por Ciudad nueva y el Movimiento Políticos por la Unidad. En este evento, dos politólogos, el sociólogo Jean-Yves Calvez, jesuita francés, y el filósofo Antonio Maria Baggio, italiano, respondieron las preguntas de quienes firman esta nota.

-A lo largo de la historia, política y religión han tenido encuentros; y en la modernidad, sobre todo desencuentros. Hoy resulta claro que estos dos ámbitos deben reconocer su mutua autonomía. Por otra parte, cuando esa distancia se transforma en divorcio, se verifica el empobrecimiento de ambas. ¿Por qué es necesaria, entonces, la autonomía y por qué es conveniente que no haya un divorcio?

Calvez: Hay que emplear con cuidado palabras tan genéricas, porque en todo caso el problema que más se ha verificado a lo largo de la historia es el de la proximidad y el distanciamiento entre autoridades religiosas y políticas. El problema concreto, en realidad, es el de la separación y la relación entre las autoridades. Hay una relación estrecha entre los valores políticos esenciales y los valores religiosos. La política es un lugar de entrega profunda, ocupa un nivel muy alto en nuestra existencia. Por eso hablo de una cierta trascendencia en lo político. En este sentido se trata de una esfera muy cercana a lo religioso.

El doctor en Letras y Ciencias Humanas Claude Lefort, quien escribió sobre la relación entre democracia y religión, sostiene que en lo político hay una trascendencia, un lugar vacío que no pertenece a nadie y que no debe ser ocupado por nadie. Afirma que no hay democracia sin este nivel de apertura a algo superior. De lo contrario, se organizaría la sociedad de manera puramente positivista, sin poder responder a los deseos profundos de los hombres. Pero hay que establecer una distancia prudente con la autoridad política, ya que dispone de medios de coerción que no pueden ser usados cuando está en juego la conciencia. Las autoridades religiosas no deben aprovechar del poder político para cuestiones de conciencia o de doctrina religiosa.

Baggio: En el origen de la reflexión sobre la vida asociada, encontramos conceptos de naturaleza religiosa. Sobre esta base, las civilizaciones han construido la organización política y civil. En todas hay una cierta analogía entre el universo político y el universo religioso. Por lo tanto, la visión de Dios –que es una cosmovisión que confiere un orden–, influye sobre la política que construye una civilización.

Cuando pensamos políticamente usamos conceptos religiosos secularizados. Esto puede crear una gran distancia, porque a veces la secularización ha insertado modificaciones profundas en ese pasaje de lo religioso a lo secular. Pero la raíz es la misma. Esta relación subsiste en toda el área indoeuropea. Una civilización que ve a Dios como un soberano, como un lejano patrón del universo, ¿cómo se va a organizar? Así como Dios manda en el cielo, el emperador mandará en la tierra. Todos los estudios sobre los antiguos imperios refuerzan esta idea.

El cristianismo irrumpe con un paradigma completamente nuevo –aclaro que estoy sintetizando con trazos gruesos, sin presentar los múltiples matices–. El Dios cristiano en sí mismo comporta una relación entre pares, porque son tres personas distintas en la Trinidad. El concepto de la Trinidad es absolutamente nuevo y no hay categorías preparadas para poder interpretarlo, pues la humanidad todavía no ha desarrollado la idea de una diferencia en la igualdad. Se trata de algo tan grande que ni siquiera los cristianos logran encontrar una aplicación civil de esta revelación, ya que la consecuencia sería una sociedad en la cual las diferencias son igualmente posibles y apreciadas.

-Hoy el legislador se enfrenta a dilemas delicados como el divorcio, el aborto, las uniones homosexuales, las diferentes morales sexuales, etc. Son temas sobre los cuales, desde su creencia, podría tener una determinada postura al respecto. Sin embargo, sucede a veces que la comunidad de la que es representante plantea otra visión. ¿Cómo se resolvería ese conflicto?

Baggio: Hay que evitar que una parte justifique imponer algo al todo. Si esto sucede, estamos en una dictadura. Creo que cuando un grupo religioso considera válido un principio desde el punto de vista civil, para fundamentarlo tiene que usar dos lenguajes. Uno interno, referido a su comunidad, con el cual se fundamenta recurriendo a las palabras de la propia revelación. Pero cuando se está en un parlamento, en el gobierno de la ciudad o en una discusión política, no se puede usar el lenguaje religioso.

Si hay algo bueno en la idea religiosa, tenemos que poder expresarlo en un lenguaje común a toda la sociedad. La fe debe tener una relevancia pública también por los elementos humanos traducibles que contiene. Es decir, hay que encontrar argumentos basados en los derechos que la democracia protege.

Calvez: Estamos frente a una gran cantidad de materias y no es posible resolverlas en pocos minutos; además, casi ninguna de ellas tiene una resolución universal porque, precisamente, son materias de portada política también. Y no existen dos sociedades políticas iguales. El bien común concreto depende de los aspectos históricos, de las características de un pueblo, de la diversidad de las pertenencias religiosas. Y esto hay que tenerlo en cuenta para ofrecer una solución viable en tales cuestiones.

Aunque en una comunidad sean todos buenos católicos, o todos buenos musulmanes, no es razonable para la vida común que las leyes morales se impongan por ley, a través de la coerción. Al respecto, Tomás de Aquino es muy claro. Para él, la paz civil es un valor muy grande. Si imponer una norma moral crea una división civil total, una guerra civil, hacerlo es irresponsable, cualquiera sea mi posición, de mayoría o de minoría.

-En la actualidad aparece el tema de las convivencias civiles, que algunos pretenden equiparar a la familia. Quien sigue la moral católica no comparte la idea de que una mera convivencia, sea o no homosexual, se equipare a una familia. Sin embargo, es jurídicamente relevante que dos personas hayan convivido durante 20, 30, 40 años. Por lo tanto, una cosa es no considerar familia una unión que no lo es y otra cosa es negar efectos jurídicos a algo que constituye una praxis en la vida de la comunidad civil…

Baggio: En un orden democrático es bueno que el gobierno, el poder, ayude a todas las formas de solidaridad civil. Especialmente entre pares, horizontal, porque es muy buena para mejorar la solidaridad entre todos. Si un amigo y yo hemos compartido todo, nos hemos ayudado, hemos hecho sacrificios y hemos convivido haciendo esfuerzos para ayudarnos en la vejez, yo me preocuparía para que este amigo pueda recibir, cuando yo muera, los beneficios que obtuve en vida. Las leyes pueden contemplar esta forma de solidaridad, por ejemplo, prever la reversibilidad de las pensiones. Y no es necesario definir que mi amigo y yo somos una familia, es suficiente que el Código Civil lo permita. Por lo tanto, si la voluntad es realmente ayudar a esta forma de solidaridad, que tiene muchos matices, se puede hacer fácilmente.

Distinto es si se quiere entablar una batalla ideológica y pretender que sea familia una forma de convivencia distinta. Un Estado debe hacer referencia a su propio orden jurídico para definir qué es familia y qué no lo es. Hay Estados que tienen una Constitución que define qué es una familia. Si la comunidad nacional considera que esa definición ya no representa el sentir nacional, debe cambiarse esa Constitución, y aquí se abre un debate cultural.

-¿Cómo se compagina la misión evangelizadora del cristiano con la necesidad de consenso? ¿Pueden estar en contradicción?

Calvez: Creo que distinguir es la solución para casi todos los problemas que nos planteamos en materia de religión y política. Hay que distinguir bien entre mis convicciones, que tienen que ser plenamente libres y que debo poder expresar donde me quieran escuchar, y lo que es el trabajo político parlamentario como legislador. Tengo la responsabilidad de elaborar la mejor ley posible, y eso no necesariamente significa que corresponda en todo a mis convicciones, pero deberá ser la ley mejor posible para la comunidad concreta en la que vivimos. No hay contradicción: son dos puntos de vista distintos.

Gobernar significa combinar, conjugar, entenderse, negociar. No creo que necesariamente el ideal sea recurrir siempre al voto, determinar todo por votación. Un buen presidente de comisión o de una asamblea es un hombre que rara vez apela al voto. Es, en todo caso, un hombre que busca el mayor consenso posible, que luego de haber escuchado a todos, pregunta si hay todavía alguien que no está de acuerdo en absoluto con esa solución, y si hay uno, le da la palabra. Y así, hasta que ya no haya nadie que levanta la mano para oponerse. Es lo que entiendo por consenso.

Por cierto, esa resolución no corresponderá a lo que es mejor para un sujeto particular, pero es la solución política buena, porque lo “mejor” es siempre algo relativo. Refleja la imperfección del hombre, pero se trata de la perfección de lo político. Hay un cierto idealismo absoluto que no respeta la realidad.

-Conviene apuntar siempre a los derechos humanos como punto de referencia…

Calvez: Creo que es fundamental apoyarse en los derechos humanos, cuyo origen es principalmente, aunque no de manera exclusiva, cristiano. Esto lo reconocen también figuras no cristianas. Juan Pablo II decía que los derechos humanos, en cierto sentido, son más importantes que la democracia. No porque la democracia no lo sea, sino porque está incluida de alguna manera en los derechos humanos. Pero, claramente, hay niveles distintos. La vida y la muerte son fundamentales, porque sin ellos no hay nada. Pero yo, más que la vida, propongo siempre la persona. No se ha dicho suficientemente que la Iglesia no defiende la vida de todo ser animado, sino el derecho de la persona a la vida.

Texto y Foto: Revista Ciudad Nueva Digital www.ciudadnueva.org.ar

viernes, 1 de agosto de 2008

Sin espiritualidad no hay evangelización


Vivencia de Dios no es lo mismo que ocupación de las cosas de Dios.
Comunitariamente no hemos captado el cambio de cultura y aún no estamos reaccionando a sus urgencias pastorales.

Sometidos, muchas veces, a párrocos cansados, exhaustos de tantas reuniones o misas. Religiosos y religiosas ocupados en procesos de cambios y refundación. Laicos mareados por problemas cotidianos: “queremos que nuestro párroco participe en todo”, pero eso es imposible, es como si pretendiéramos que una directora de escuela participe de todas las reuniones de docentes de áreas, de padres, de personal, de ministerio, de entidades públicas. ¡No sería directora... no sería vida!

Así nuestros pastores muchas veces sumidos en el activismo, mareados por tantas exigencias, no encuentran un tiempo necesario para la pausa y la oración. Para aquello que es justamente lo más importante, alimentar la espiritualidad.

Contemplar y dar a conocer lo contemplado sostenía Santo Domingo [1]. ¿Cuánto de ello aún podemos dar nosotros, cristianos del siglo XXI? Entre tanto bullicio: ¿será posible que experimentemos al menos la necesidad de Dios? ¿Hasta qué punto lo que transmitimos o lo que transmiten muchos fieles de la Iglesia nace de la verdadera reflexión, o de la meditación personal?

Seguro que no queremos lograr adeptos. Ya no estamos en épocas para decir bautizamos 100 chicos, comulgaron 350, hubo 20 casamientos, se confirmaron 250. Ahora ya no cuentan los números, cuenta quiénes somos y si vivimos de acuerdo a lo que predicamos.

Tal vez esta cultura no está buscando alguna religión para creer y realizar ritos sino un sentido para vivir. No hacemos nada grandioso cambiando de religión a la gente si no los ayudamos a encontrar un verdadero sentido de su vida. No se gana más prestigio por llenar iglesias o expedientes matrimoniales. No se trata de vivir sólo sacramentizando a todos sino vivir como sacramento primero: la vida.

Se trata de transmitir una experiencia, una verdadera e intensa unidad de espíritu y mente. Una experiencia que es la del discípulo con el maestro. La evangelización que se presenta como mera experiencia sensible de folletitos devocionales, de tareas exclusivamente sociales o esas asambleas de puro sentimentalismo no es otra cosa que pan para hoy y hambre para mañana. Tampoco es respuesta creíble el sacramentalismo, “misa diaria hasta que tenga algo más importante que hacer”, o como se dice ahora “los preparo a los chicos para que tomen la primera y última comunión”. Bienvenida y funeral de los signos con los que la Iglesia hace presente a Cristo.

¿Qué quiere decir hoy ser discípulos y misioneros de Cristo? Hablar de discipulado y del seguimiento en la misión tendrá que ver seguramente con hacer una experiencia de cercanía a Jesús y de profundidad espiritual.

Tal vez terminó el tiempo de los agentes pastorales sobrecargados de actividades parroquiales cubriendo, en muchos casos, el puesto de sacristán hasta la animación musical de la misa dominical y entregar las mercaderías de Cáritas en la puerta de la Iglesia.

Un evangelizador que se ha convertido en el chico de los mandados del párroco o en el fusible que encaja casi perfectamente en todas las funciones de la capilla, no puede evangelizar y tampoco evangelizarse.

Casi ninguna empresa es capaz de quemar y secar los recursos humanos como lo hacemos dentro de la Iglesia.

En nuestra Iglesia permanecen por años aquellos laicos o sacerdotes que se sienten dueños de todo, y escandalizan echando gente, malgastando bienes o deteriorándolos y cediendo poquísimo de su persona a la espiritualidad y a mostrar, al menos, un poco el rostro de Cristo. A veces no se les dice nada para no ocasionar más escándalo pero ante la desidia y descontrol son más ateos y mártires los que se generan. La Iglesia es cuerpo, es cierto, y todas sus partes son importantes, pero un servicio de control sanitario no vendría mal.

Volviendo a la Espiritualidad, la Iglesia necesita de personas espirituales para seguir creciendo y evangelizando. Es triste como se adoptan expresiones de moda para llenar lo que está vacío. Así como se puso en muchas capillas y parroquias la famosa expresión de “Aparecida”: Discípulos y misioneros de Cristo.

La reforma de la Iglesia en muchos templos tiene que ver solamente con hacerla más divertida, saludando gente por micrófono o cantando canciones de moda con pequeñas reformas de la letra. Son débiles, son reformas externas pero no transforman la sustancia, son sólo accidentes.

Para evangelizar en serio nos falta mucho aún, no podemos hacer presente a Cristo sino vivimos y actuamos tal como lo afirma Evangelii nuntiandi: "Evangelizar constituye la dicha y la vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda" (n. 14).

Ser verdaderos discípulos quiere decir caminar junto a Él, escucharlo, amarlo, imitarlo. Ser misioneros será sentirse enviados por Él, por la comunidad con un mensaje claro: Soy de Cristo y precisamente de Él quiero hablarte. En la evangelización se requiere probar el producto antes de venderlo, como cuando se vende un perfume, y en este caso el perfume es Cristo.

[1] Primero contemplar, y después enseñar. O sea: antes dedicar mucho tiempo y muchos esfuerzos a estudiar y meditar las enseñanzas de Jesucristo y de su Iglesia, y después sí dedicarse a predicar con todo el entusiasmo posible. http://www.ewtn.com/

por German Diaz
Religioso. Lic. En Comunicación Social