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miércoles, 8 de abril de 2015

Redescubrir el rol de la mujer en la Iglesia a partir de la Iglesia Doméstica.



Ya se cumplieron dos años de que el Papa Francisco está conduciendo este tiempo de la Iglesia. Recuerdo que Juan Pablo II decía que el siglo veintiuno sería espiritual o no sería y me puse a pensar cuántas acciones renovadoras está realizando el actual Papa en ese sentido, resaltando el valor de una espiritualidad encarnada en la vida diaria, especialmente en lo concerniente al matrimonio y la familia, asunto sobre el cual esperamos ávidamente el resultado del próximo Sínodo a realizarse en Roma del 5 al 19 del próximo mes de octubre de 2015.

Entre los asuntos pastorales que preocupan al Papa Francisco, ocupa un lugar importante el rol y la participación de la mujer en la Iglesia . Circulan numerosas teorías de cómo debería ser esa participación pero, la más preocupante a mi entender, es la que procura establecer una igualdad de roles entre hombres y mujeres que, al menos en principio, iría en una dirección errónea.

¿Por qué errónea se preguntarán algunos? ¿Acaso no es saludable buscar la igualdad entre hombres y mujeres? ¿Acaso la Iglesia no debería admitir que la participación en la pastoral fuera igual tanto para hombres como para mujeres?

Es algo que da para pensar y mucho porque hoy, todo lo que sea la búsqueda de igualdad, el asunto de la ideología de género, el tema de los derechos humanos, ha dejado lugar a la pura especulación y, cuando quienes se ocupan de dilucidar nuevas situaciones como serían los teólogos por ejemplo, a veces en lugar de aclarar, confunden.

Lo primero que tenemos que entender los cristianos es que Dios creó a la humanidad, creó al hombre y creó a la mujer y les asignó una misión, reproducirse para reproducir la humanidad. No pensó al hombre solo ni a la mujer sola, pensó en una pareja humana tal como en la naturaleza hay parejas de animales ¿para qué? para que las especies no se extingan.


Dios pensó la humanidad y puso en el centro a la familia porque ésta es una comunidad de vida, sin familia no hay generación de vida ni individuos de reemplazo de generación en generación. Y para plasmarlo se necesita tanto al hombre como a la mujer. Simplemente una referencia para ubicar el rol de la mujer en la Iglesia que no es otro que el mismo que desarrolla en la vida familiar y social, ser un canal que aporta lo que el hombre no posee. Ambos somos necesarios, tanto el hombre como la mujer. Luego se resolverán las cuestiones de modo de participación en la Iglesia pero, como mujer que participó y participa de la vida eclesial, no me parece justo que se esté tildando desde ciertos sectores parroquiales al Papa Francisco como "machista" porque quienes tildan de "machistas" son las mujeres "feministas" y las oposiciones no son buenas, los "ismos" como machismo o feminismo no deberían ser categorías con las cuales evaluar ciertas cuestiones; de hecho solamente lo hacen quienes se sienten afectados por situaciones pasadas o presentes en las que se los ha discriminado, rebajado, ignorado. Pero no es el caso del Papa Francisco que, cuando era el Arzobispo de Buenos Aires y Cardenal Jorge Mario Bergoglio, tenía un tratamiento equitativo que iba mucho más allá del sexo masculino o femenino.

Lo que sucede hoy es que la ideología de género ha invadido toda actividad humana pero consiste en un concepto puramente político que no debería alcanzar ni a la familia ni a la Iglesia porque se limita a un sector de la población femenina y/o masculina que valora mucho más la individualidad de la persona que la complementariedad pensada por Dios para el ser humano. No rebaja a la mujer realizar de manera diferentes tareas que los hombres realizan de otro modo, no tiene que igualarse la mujer y dejar su femineidad de lado para hacerse valer porque tanto el hombre como la mujer tienen una distinción propia que los caracteriza, una delicadeza femenina que no anula la firmeza de carácter que imprime a sus actos y en el caso del varón,  una fortaleza masculina que nos hace sentir protegidas y amparadas. La verdad que sería muy aburrido que nos igualáramos tanto y en todo que no pudiéramos tener la oportunidad de descubrir uno en el otro lo que nos complementa.

Por más que se apele a buscar igualarnos, nunca lo lograremos porque estaríamos anulando lo que Dios dispuso, lo demás son cuestiones menores, no me hace más servidora de la Iglesia estar arriba de un altar exhibiendo un pedacito de poder, me hace más servidora de Jesús y de mi prójimo, estar en el lugar que me necesite la comunidad pero el primer lugar, la primera iglesia que necesita de mi colaboración es la Iglesia doméstica, mi familia. No tengo por qué pelear para subir a los codazos desplazando a otros, tengo que tener la humilad de María que no se hizo grande por el reconocimiento de sus pares sino por ser Madre y actuar como tal, con amor y paciencia y sobre todo reconociendo su ser MUJER .

Como mujer quiero tener la posibilidad de integrar una Iglesia comunidad de discípulos misioneros que se comprometa a dar a cada uno el lugar que le corresponde sin que nadie se sienta discriminado por sexo, edad o formación porque hay un lugar para todos en esa gran familia creada por Dios mismo.

María Inés Maceratesi

Preguntas para la reflexión:

¿Por qué la familia es la Iglesia Doméstica?
¿Qué entendemos por Iglesia? ¿Es el lugar a dónde vamos a rezar o a realizar una acción pastoral?; ¿Tenemos que preguntar qué es la Iglesia o quién es Iglesia?
¿Es necesario que la mujer luche por un lugar en la Iglesia que supuestamente no le otorgan los clérigos?
La Iglesia es una comunidad y la familia es una comunidad. ¿Qué es lo que une ambas comunidades?



viernes, 21 de febrero de 2014

La familia ya es un punto central del pontificado del Papa Francisco




Una amplia actividad se ha desplegado en la segunda mitad de febrero en el Vaticano, con el sello muy personal del Papa Francisco. Por una parte, el Papa quiere fortalecer la participación y la colegialidad como se ha visto en la convocatoria para los días 20 y 21 de febrero del Consistorio no público de cardenales de todo el mundo, a quienes ha pedido sus opiniones sobre el tema de la familia, y que servirá de base para el estudio del próximo Sínodo Extraordinario sobre la Familia a celebrar en octubre. El día 22 se celebrará en el Vaticano otro Consistorio público para la creación de 16 nuevos cardenales.
              
El padre Lombardi, portavoz de la Santa Sede, manifestó que no hay que esperar conclusiones concretas del Consistorio. La ponencia del mismo ha sido escrita por el cardenal alemán, Walter Kasper, presidente emérito del Pontificio Consejo para la Unidad entre los Cristianos. El documento es reservado porque es un documento de estudio. El padre Lombardi, ha dicho que el texto de esta ponencia está en “gran sintonía” con lo que ha dicho el Papa Francisco.

Las opiniones recogidas en este Consistorio no público, más los resultados y estudios sobre la encuesta que envió el Papa a todos los obispos y fieles, serán la documentación base para el Sínodo de este año. Como es sabido, el año próximo se celebrará otro Sínodo, de carácter ordinario, para seguir tratando el tema de la familia, que como se ve es un tema central del actual Papa, igual que la reforma de la Curia Romana y la práctica de la austeridad y amor a los pobres de todos los creyentes.
              
Han asistido al Consistorio no público 150 cardenales de todo el mundo, que no son todos, pues no han podido asistir por impedimentos de salud, edad u otras circunstancias unos 30 cardenales, casi todos ellos mayores de 80 años. El neo-cardenal Loris Capovilla, que fue el secretario personal de Juan XXIII, excusó su ausencia al Consistorio público del día 22, dado que a sus 92 años tiene poca movilidad.  El Papa ha anunciado que los tres presidentes del próximo Sínodo serán los cardenales de París y de Manila, y el arzobispo brasileño de Aparecida
              
Por otro lado, el Papa Francisco se ha reunido con los cardenales del G-8 que estudian la reforma de la Curia Romana, y que han aprobado constituir un organismo análogo a una congregación o dicasterio sobre las Finanzas del Vaticano.
              
¿Qué puede aportar hoy la doctrina de la Iglesia en el tema de la familia y el matrimonio? Es evidente que las circunstancias en las que una familia se mueve en la sociedad actual poco o nada tienen que ver con una familia de hace 50 u 80 años.  Según el padre Lombardi, los cardenales analizaron el «gran compromiso de lograr conjugar de la mejor forma posible el tema de la fidelidad al mandato de Cristo», al de la misericordia y al de la atención «pastoral a las personas y a las diferentes situaciones», así como valorar que “la dimensión jurídica y la pastoral no están en contradicción”.

Sin embargo, en este Consistorio no fueron tratados los temas de la contracepción ni el de las parejas del mismo sexo. Como decía Benedicto XVI sobre el matrimonio es necesario conjugar el laxismo con el rigorismo, y esto se hace en el “sacramento de la penitencia, que podría ser la senda para dar cabida a las situaciones difíciles”. Se trata de profundizar los textos de la Revelación, del antiguo y del nuevo Testamento, y en especial la Carta de San Pablo a los Efesios, según ha  informado el portavoz padre Lombardi.
                 
En unas declaraciones del cardenal Kasper al diario La Stampa, este afirma que su documento es en realidad una suma de propuestas que deben resolverse en el Sínodo, pues no hay que llevar al Sínodo el trabajo hecho por él y los cardenales que asisten al Consistorio. Sin embargo,  hay que tener en cuenta situaciones muy problemáticas y difíciles que pasan algunos matrimonios.

Redescubrir la belleza del matrimonio
              
El Papa Francisco ha dicho que es necesario redescubrir  la “belleza del matrimonio y de la familia”, la cual es “la célula básica de la sociedad humana”, pues la verdad se acepta mejor a través de la belleza. O sea  estudiar “lo que hay de bello, auténtico y bueno” en la familia, sin ignorar sus dificultades, fatigas y sufrimientos, “sin caer en casuísticas que rebajarían el nivel de nuestro trabajo”. “Hoy la familia es despreciada, maltratada”, y por lo tanto hay que destacar “lo bello” en ella, pues el Creador “ha bendecido desde el principio al hombre y a la mujer para que fueran fecundos y se multiplicaran sobre la tierra”.

Eutanasia: “La salud no es una garantía de felicidad”

El jueves 20 de febrero el Papa envió un mensaje a la Pontificia Academia para la Vida, que estudia en asamblea plenaria la defensa de la vida en el “envejecimiento y discapacidad”. El Papa defendió de nuevo las bases antropológicas en las que se asienta el hombre, y ha dicho: “la salud es sin duda un valor importante, pero no determina el valor de la persona. La salud no es una garantía de felicidad: esta, de hecho, puede abundar en personas con problemas de salud.  Por lo tanto la falta de salud y la discapacidad no son una buena razón para excluir, o peor aún, para quitar de en medio una persona”. Y añadió que el mayor sufrimiento de las personas mayores no es su salud, ni la discapacidad, ni el debilitamiento del cuerpo, “sino el abandono, la exclusión y la privación de amor”. El Papa, que en ningún momento habla de eutanasia ni de aborto sino del valor de la vida, afirma que “en nuestra sociedad existe la tiranía de una lógica económica que excluye y a veces mata, y de las que muchas personas son víctimas hoy, comenzando por las personas mayores “.

Precisamente es en el seno familiar donde más se valora “la vida de las personas, incluso en la vejez, en la discapacidad, en la enfermedad grave o incluso  cuando se está apagando”. Es “necesario escuchar” cada que se quiera leer el signo de los tiempos a los jóvenes y a los ancianos”. La familia enseña a no caer en el individualismo y a “equilibrar el yo con el nosotros”. El “Evangelio de la Vida”, como la llama el Papa Francisco, es un trabajo “a menudo cansado porque implica a ir contra corriente, pero es siempre precioso”, donde se vive realmente la solidaridad. En la familia se aprende a no caer en la discriminación de las vidas humanas por la pérdida de la salud.     

Fuente: Aleteia
Un artículo de Salvador Aragonés

lunes, 16 de julio de 2012

La providencia educativa de la familia



Exposición de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en la XII Sesión Plenaria de la Pontificia Academia de Santo Tomás de Aquino (Roma, 1º de julio de 2012)


El beato Juan Pablo II ha dejado a la Iglesia un amplísimo magisterio sobre la realidad humana y cristiana de la familia, y ha ofrecido al mundo con sus enseñanzas sobre el particular un testimonio verdaderamente profético. En esta comunicación quiero dedicar mi atención a un capítulo del corpus doctrinal sobre la familia: la educación de los hijos, que el pontífice presenta, en diversos documentos, como un derecho, un deber, una tarea, una misión que tiene sus raíces en la vocación primordial de los esposos a participar en la obra creadora de Dios.

Al caso específico de la educación de los hijos por parte de sus padres se aplica la concepción cristiana de la educación, que reconoce valiosos antecedentes en el humanismo clásico. Por educación se entiende la formación integral del ser humano, varón o mujer, el desarrollo pleno de su personalidad que, de acuerdo a la vocación del hombre a vivir en la verdad y en el amor, implica la realización personal en el orden moral y religioso.

El derecho-deber educativo de los padres se sigue naturalmente de la función generativa. Es ésta una afirmación constante de la tradición eclesial, formulada con toda exactitud por Santo Tomás desde sus escritos de juventud hasta la elaboración definitiva de la Suma Teológica. Hablando, por ejemplo, en el comentario a las Sentencias del carácter natural del matrimonio, afirma que la naturaleza tiende no sólo a la generación de los hijos, sino también a su crianza y educación hasta la madurez perfecta que corresponde al ser humano, que es la formación en la virtud [1] . Indica también el Aquinate que la tarea de la educación de los hijos, que es una exigencia de la ley natural, requiere la vida común de los esposos, la permanencia de la unión matrimonial y una colaboración total del padre y la madre para cumplir ese empeño: tota communicatio operum[2] . Asimismo, se destaca la duración del proceso educativo, que se extiende per longum tempus[3] .

En la Suma Teológica la afirmación de que el padre es principio de la generación y el ser de los hijos, como también de su educación y enseñanza[4], es un punto de referencia para valorar el servicio que prestan aquellas personas que han sido revestidas de dignidad para enseñar o gobernar, y a quienes se les debe el reconocimiento que rinde la virtud de la observancia. Por otra parte, al padre carnal se le atribuye la razón de principio; a él le cabe particulariter, por participación, mientras que universaliter se encuentra en Dios[5]. Una distinción es digna de ser notada: Santo Tomás apropia la crianza del hijo al cuidado de la madre; al padre le cabe especialmente la instrucción, la defensa y la promoción integral del niño en el bien. Pero ambas funciones, la del padre y la de la madre, son requeridas como complementarias para asegurar la educación[6]. Distinción que se apoya, obviamente, en la naturaleza, y que puede ser actualizada y propuesta en otros contextos culturales, psicológicos y pedagógicos.

En la exhortación apostólica Familiaris consortio, Juan Pablo II reconoce como un verdadero ministerio la misión educativa que los padres de familia reciben con el sacramento del matrimonio. En los parágrafos 38 y 39 utiliza el término por lo menos cinco veces, calificándolo como ministerio educativo y también ministerio de la Iglesia al servicio de la edificación de sus miembros. A este propósito, el pontífice cita un bello texto de la Suma contra los Gentiles en el que el Aquinate compara esa misión de los padres cristianos con el ministerio sacerdotal. Esta cita es muy significativa y puede verse como signo de la inspiración tomasiana del tema en el magisterio papal. El texto dice: Algunos propagan y conservan la vida espiritual mediante un ministerio exclusivamente espiritual; a esta función corresponde el sacramento del orden. Otros lo hacen mediante un ministerio que es a la vez corporal y espiritual, y esto se realiza por el sacramento del matrimonio, en el que el varón y la mujer se unen para engendrar la prole y educarla en el culto de Dios[7].

Existe una continuidad entre generación y educación, siempre por referencia a la naturaleza del matrimonio y la familia como obra de Dios. Esta continuidad revela el carácter singular del proceso educativo, en el cual se verifica en profundidad la recíproca comunión de las personas. En la Carta a las familias Gratissimam sane, Juan Pablo II enseña: el educador es una persona que “engendra” en sentido espiritual. En esta perspectiva la educación puede ser considerada un apostolado verdadero y propio; es una comunicación vital, que no sólo establece una relación profunda entre educador y educando, sino que les hace participar a ambos en la verdad y el amor, meta final a la que el hombre es llamado por Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. En ese mismo contexto se dice que la educación es una elargitio, una extensión de humanidad del padre y la madre al hijo[8]. Los padres participan del poder creador de Dios y lo imitan al engendrar a los hijos; son propagadores de la vida, como dice Santo Tomás. Conservan la vida que han engendrado y la continúan engendrando ulteriormente en sentido espiritual mediante la educación, tarea que participa de la providencia divina que gobierna al mundo: el hijo necesita por mucho tiempo del gobierno del padre, observa el Aquinate[9]. Son educadores porque son padres; en la raíz de este deber que es también un derecho, se encuentra el amor paterno y materno, por cuyo ejercicio los esposos hacen pleno y perfecto su servicio a la vida, colaboran en la obra de la creación y en la edificación de la Iglesia. El amor de los padres, recuerda Juan Pablo II, es la fuente y el alma de la acción educativa, y por consiguiente, la norma que la inspira[10]; este amor paterno y materno debe tratar de asemejarse en algo al amor de Dios, que infunde y crea la bondad en las cosas[11]. Si al dar la vida –enseña también el pontífice– los padres participan en la obra creadora de Dios, mediante la educación ellos se asocian a su pedagogía, que es a la vez paternal y materna; así, por medio de Cristo esa tarea educativa se inserta en la dimensión salvífica de la pedagogía divina[12].

Detengámonos ahora en el aspecto jurídico de la misión educativa de la familia; jurídico en el sentido del derecho natural. Juan Pablo II lo presenta inseparablemente como derecho y deber, y lo califica de esencial, original y primario, insustituible e inalienable. Es esencial por su relación con la transmisión de la vida; original y primario respecto al de otros agentes de la educación; insustituible e inalienable porque no puede ser delegado totalmente o usurpado por otros[13]. El pontífice reivindicó en numerosas intervenciones suyas este derecho, y lo hizo especialmente con ocasión de sus viajes apostólicos y en sus discursos ante las autoridades culturales y políticas, lo defendió frente a los regímenes de corte totalitario y recordó su carácter de derecho democrático en el caso de sociedades en las que el relativismo y el laicismo podía hacer peligrar el efectivo ejercicio del mismo. En la mayor parte de sus mensajes sobre el particular, se trata del derecho que asiste a las familias católicas de asegurar para sus hijos una formación escolar conforme a la fe y a la visión cristiana del mundo. Así lo hizo, por ejemplo, en el discurso a la UNESCO el 2 de junio de 1980: Permítaseme reivindicar en este lugar –decía en esa ocasión– para las familias católicas el derecho que toda familia tiene de educar a sus hijos en las escuelas que correspondan a su propia visión del mundo, y en particular el estricto derecho de los padres creyentes a no ver en sus hijos en las escuelas sometidas a programas inspirados por el ateísmo. Ese es, en efecto, uno de los derechos fundamentales del hombre y de la familia. Hacía entonces referencia, como lo hizo en otras oportunidades, al artículo 26 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

En la articulación del derecho de los padres con la competencia de otras instancias educativas corresponde aplicar el principio de subsidiariedad. Hay que decir que, en general, la escuela tiene una función subsidiaria; su función es cooperar situándose en el espíritu mismo que anima a los padres. El principio vale especialmente para algunos aspectos más delicados de una formación integral, como es la educación sexual[14].La ayuda –se afirma– deberá ser proporcionada a las insuficiencias de las familias. La subsidiariedad implica que cualquier otro colaborador en el proceso educativo debe actuar en nombre de los padres, con su consentimiento y, en cierto modo, por encargo suyo[15]. Las insuficiencias posibles de las familias pueden detectarse, en algunos contextos culturales y religiosos, como incapacidad más o menos relativa, de ejercer con lucidez y libertad el derecho que les asiste por falta de la madurez humana y cristiana que requiere su altísima misión. En esos casos, el papel subsidiario que a la Iglesia le corresponde desempeñar es extender a los padres de los alumnos la acción educativa de la escuela católica o de las diversas estructuras pastorales, que pueden desarrollar durante los años curriculares un servicio de carácter misional; se asocian de este modo la pastoral educativa y la pastoral familiar.

En el magisterio de Juan Pablo II se registra la insistencia en la libertad de elección de los padres respecto a la orientación de la enseñanza que reciben sus hijos. Este derecho es enunciado en términos amplios: es el derecho de transmitir a sus hijos los valores en que creen, especialmente la religión, en escuelas apropiadas para ello, pero el pontífice se refiere, en concreto, a las familias católicas. Una nota de particular relieve es puesta en varias intervenciones de los años 1984 a 1988: que esa posibilidad de escoger no pese económicamente sobre los hogares. Las fórmulas adoptadas en estos pronunciamientos son prácticamente idénticas: no debe comportar esfuerzos económicos demasiado costosos[16], sin soportar por ello cargas económicas adicionales[17], sin indebidos pesos económicos[18], sin tener que soportar cargas inaceptables[19] . Esta reiterada afirmación contiene un mensaje dirigido a las autoridades públicas. El Estado puede favorecer de diversas maneras el ejercicio de ese derecho de los padres de familia: creando escuelas destinadas especialmente a alumnos católicos, brindando aportes financieros para sostener las escuelas de propiedad y gestión eclesial, ofreciendo enseñanza religiosa curricular en las escuelas estatales. En muchos países, la organización monopólica estatal de la instrucción pública y la tradición laicista han tornado problemático y accidentado este servicio de subsidiariedad, que desaparece totalmente en las regiones y períodos en los que se ha impuesto el ateísmo de Estado, o cuando se niega la libertad religiosa.

Juan Pablo II expone una enseñanza tradicional de la Iglesia cuando reivindica el derecho de los padres católicos de transmitir a sus hijos los valores en que creen sirviéndose de las estructuras educativas puestas a disposición por el Estado[20]. La escuela pública –precisamente por estar abierta a todos– debe ofrecer la garantía de que no se pondrá en peligro la fe de los hijos de las familias católicas, y de que la formación integral de los mismos estará asegurada mediante una adecuada enseñanza religiosa[21]. El derecho de los padres resultaría violado en medida notable si faltase, en el contexto del itinerario formativo, la enseñanza de la religión y, con ello, el conocimiento de las respuestas que da la fe a las preguntas de fondo que el hombre, especialmente en la juventud, inevitablemente se plantea[22].

La escuela pública –entiéndase: la estatal– no debe poner en peligro la fe de los alumnos católicos. Esa garantía es violada sistemáticamente por el Estado cuando impone contenidos curriculares contrarios a la fe y a la visión cristiana del hombre y del mundo. Se trata de un desliz frecuente, que se verifica de manera más o menos manifiesta según los casos, en un contexto cultural en el que impera el escepticismo acerca de la verdad y el relativismo moral. Es ésta una característica de las sociedades liberales posmodernas que tiene sus raíces en una teoría constructivista del conocimiento. De hecho, el constructivismo se ha extendido, desde la gnoseología, a la psicología y a la pedagogía, e impregna en general las ciencias sociales. De acuerdo a este planteo, el conocimiento es un proceso de elaboración de esquemas sobre la realidad, modelos de aproximación a ella variados y cambiantes, todos igualmente válidos; no hay verdades objetivas sino interpretaciones provisorias y en pugna; tampoco existe una naturaleza de la persona y de sus actos, todo es producción del hombre, que se construye a sí mismo. Si no hay creación, no hay Creador. No es necesaria una profesión o proclamación oficial de ateísmo. Al relativismo gnoseológico le sigue un relativismo ético; se niega que existan valores objetivos y universales fundados en el ser y en la naturaleza humana.

Esta ideología, que se introduce en las aulas de las escuelas estatales a través de los diseños curriculares, suele ser justificada en nombre del pluralismo y la tolerancia propios de un régimen democrático. Al respecto, vale la advertencia de Juan Pablo II: una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto[23] ; en nombre de la democracia se impone un pensamiento único contrario a la verdad del hombre y a la fe cristiana. Lo peor ocurre cuando el Estado, que hace un aporte económico al sostenimiento de la escuela católica, pretende imponer en ella contenidos y orientaciones de enseñanza que contradicen las convicciones de los padres de familia y ponen en riesgo la libertad de la Iglesia en la transmisión de la verdad.

Las enseñanzas de Juan Pablo II reivindicando el derecho de los padres católicos a proporcionar a sus hijos una educación integral iluminada por la fe mantienen una permanente actualidad; son tan oportunas en los años que corren como cuando fueron impartidas a la Iglesia y a la sociedad entonces contemporánea y sus instituciones. Esas enseñanzas hunden sus raíces en la gran tradición de la Iglesia, de la cual constituyen un autorizado desarrollo y una necesaria aplicación; a inspirarlas contribuye también la fuente tomasiana.

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata

Notas
[1] IV Sent. d. 26 a 1 c.
[2] IV Sent. d. 31 q. 1 a. 2 ad 1um
[3] IV Sent. d. 33 q. 1 a 3 a. 1c.
[4] I-II q. 100 a. 5 ad 4um
[5] II-II, q. 102, a. 1c.
[6] II-II, q. 154, a. 2c.
[7] C G IV, 58: Sunt enim quidam propagatores et conservatores spiritualis vitae secundum spirituale ministerium tantum, ad quod pertinet ordinis sacramentum; et secundum corporalem et spiritualem simul, quod fit per sacramentum matrimonii, quo vir et mulier conveniunt ad prolem generandam et educandam ad cultum divinum.
[8] Carta Gratissimam sane, 16. Enchiridion Vaticanum 14, pág. 157-167.
[9] CG. III, 123: … filius diuturna patris gubernatione indiget.
[10] Cf. Exhortación apostólica Familiaris consortio, 36. Enchiridion Vaticanum 7, pág. 1477.
[11] Suma Teológica I q. 20, a. 2c.
[12] Gratissimam sane, 16. Ed. cit. pág. 161.
[13] Cf. Familiaris consortio, 36, ib.
[14] Cf. íd. n. 37. También: Discurso al Pontificio Consejo para la Familia, 27 de mayo de 1983.
[15] Discurso a la Confederación italiana de ex–alumnos de la escuela católica, 26 de febrero de 1994.
[16] Discurso a los colegios católicos de Roma y el Lacio, 8 de marzo de 1986.
[17] Homilía pronunciada en Puerto Rico, 12 de octubre de 1984.
[18] Discurso a los educadores en Terranova (Canadá), 12 de septiembre de 1984.
[19] Discurso en la Universidad de Montevideo, 7 de mayo de 1988.
[20] Discurso a la Conferencia Episcopal Italiana, 26 de febrero de 1986.
[21] Cf. discurso a la Curia Romana, 28 de junio de 1984. Cf. también Homilía en Puerto Rico, 12 de octubre del mismo año.
[22] Discurso a la Conferencia Episcopal Italiana, 26 de febrero de 1986.
[23] Enc. Centesimus annus, 46. Enchiridion Vaticanum 13, pág. 149.

domingo, 29 de abril de 2012

Si el deber de fidelidad matrimonial no tiene valor social, ni legal, ningún otro valor originado en la convivencia lo tiene



Por Liliana Angela Matozzo

La preparación matrimonial debiera incluir mínimos conocimientos legislativos sobre el matrimonio, la procreación y la educación de los hijos.

Obviamente, que cuando el adulterio dejó de ser un delito penal, todo se vino abajo. Si el deber de fidelidad entre cónyuges no es exigido legalmente y penado su incumplimiento, ya no quedan más deberes para lo que se origina en el matrimonio (hijos). Es más penado librar un cheque sin fondos, violar la affectio societatis, que la affectio maritatis.

Los mismos jueces de familia se matan de risa al oír hablar de adulterio e insisten a las ex esposas durante las audiencias en no proseguir con divorcios contradictorios, “porque les aseguran bajo presión que es mejor conciliar, porque las culpas generalmente se reparten, o bien podrían caer sobre ellas mismas”.

Entonces, ya nada importa: si no es fiel, si no pasa alimentos, si golpea a sus hijos, si los usa como botín de guerra, si los trae cuando le da la gana en el día de visita: TODO VALE.

Si se quieren asumir las responsabilidades del matrimonio, hay que hacerlo con todas, no con una parte nada más. El deber de alimentos, asistencia, cohabitación, débito conyugal, debe estar sustentado en el deber de fidelidad, y nuevamente punir penalmente el adulterio. El que se quiera ir con otra u otro, debe ser honesto, plantearlo y pedir el divorcio.

No se debe engañar a un cónyuge. A partir de allí, los hijos verán a sus padres con más respeto, porque se responsabilizan por lo que hacen. De este modo, TODO VALE. Y ven que el cónyuge adúltero es casi un ídolo social, sobre todo si la cambia por un modelo nuevo.El que no quiera responsabilidades que no se case.Ahora, le podemos decir a alguien “que no tenga hijos”, sin ser totalitarios, de acuerdo con las leyes de salud reproductiva.

Debemos exigir legalmente que se arbitren medios para cumplir con el deber de asistencia, educación, alimentos, etc.

Y el beneficio debe ser extensivo a quien tiene los hijos bajo su custodia.
No se puede martirizar al que tiene la tenencia con 3 trabajos, no dormir, no ocuparse de sí mismo, y premiar al abandónico con días de visita “de joda” sin ninguna obligación, ni siquiera la de cumplir con la cuota alimentaria que realmente necesitan sus hijos.

Siento espanto cuando oigo algún juez o jueza dirigirse al incumplidor y preguntarle “sin que se vaya a ofender”, ¿cuánto puede pagar?, teniendo a la vista el sueldo de 10.000$ del tipo y su traje de marca, rolex, etc.
Peor, si la madre reclama, la miran enojados y le dicen “cállese, estamos negociando la cuota”.

¿De qué negociación hablan?

Los alimentos son una obligación legal, con base en derechos humanos fundamentales y en el interés superior del niño, no una negociación.
Y allí va todo. O sea, las obligaciones más “light”, son las de la familia.
Por ello, aparecen grupos alternativos que captan a la gente: ej, sectas, bandas, templos de artes marciales, grupos de boy scouts, hermandades, cofradías, etc.. Allí hay reglas firmes, deberes firmes y castigos terribles para quienes no los cumplen. Los chicos a veces prefieren eso, en vez de la desarticulada familia en donde todo se mueve en una ciénaga de diaria devaluación.

Las relaciones de familia, se han convertido en las relaciones más impunes y menos valiosas para la ley y la justicia. ¿Y para la sociedad?
¿Tiene relevancia la familia como protagonista de la vida política, social, laboral, etc…? ¿O constituye un estorbo a planes de dominación? Un hombre solo, sin familia, es más fácil de dominar que toda una familia.

¿Qué hijos pueden salir de todo esto?

Si no se apuntala el matrimonio, si no se revaloriza la paternidad/maternidad, es difícil que los derechos de los niños, de los ancianos, de las mujeres embarazadas, de los enfermos y discapacitados, dejen de ser una declamación con la que muchos políticos se llenan la boca.

¡Destruyendo a la familia, se condena a la sociedad a un suicidio colectivo!


(*)Abogada, Doctora en Ciencias Jurídicas
Fuente: Parlamentario.com

jueves, 1 de diciembre de 2011

Aborto y Ley Natural



Me acuerdo que cuando el Papa Pablo VI, recién subido mandó su primera encíclica a la Iglesia en tiempos del Concilio, dijo que quería que su mensaje de nueva evangelización llegara a todos: los de adentro y los de afuera y también a los más lejanos. Yo quisiera más bien comenzar un diálogo no tanto con los de adentro de la iglesia que ya tienen muchas formas de conocer su pensamiento sino con los de la vereda de enfrente y con los más lejanos, cuyo horizonte es el mundo de la cultura y de los intereses de hoy.

Era de prever que pasada la movida del año electoral se iba a venir el tema del aborto y otros por el estilo. Por su parte los obispos ya iniciaron la campaña contra el aborto, insistiendo en que el feto es persona, aborto es matar la vida y asesinar. Está bien. Pero uno se pregunta ¿Por qué los obispos dan normas sobre estos temas, dado que algunos pueden pensar que son normas religiosas o que son sólo para los católicos? Además: ¿los obispos tienen autoridad para hablar a los no-católicos’? Y pensándolo bien ¿Qué autoridad tienen para dar a cualquiera normas, en temas que son de vida sexual, familiar o de bioética?

Por supuesto todos saben que el aborto es una muerte y que la muerte es mala. En realidad ni las abortistas más fanáticas quieren matar. Pero lo que quieren es libertad para decidir sobe su propio cuerpo y su propia vida. Y no vale decirles que en realidad, aquí se trata del cuerpo y la vida de otro. Quieren ser autónomos en sus decisiones privadas y que nadie se meta, ni el gobierno, ni la ley, ni la iglesia. Otros hablan de la necesidad del supuesto aborto terapéutico en caso de peligro para la salud de la madre, o de malformaciones genéticas, o del hijo no deseado, o bien cuando se trata de una violación a una menor o a una persona insana. Incluso para algunos el feto no es más que un conjunto de células, o cosas por el estilo.

Y a decir verdad: ¿La iglesia tiene derecho o autoridad para meterse a dar normas? ¿Y si da normas, las dan en nombre de la religión? ¿Son para los cristianos o son para todos?

Consciente de estos problemas el Magisterio usa el debatido concepto de “ley natural”, que trataremos de explicar.

Pero ¿qué es el Magisterio?

La iglesia es experta en humanismo y puede enseñar a los hombres cómo vivir mejor y ser felices y evitar el mal. No son realmente normas o mandamientos, menos todavía normas religiosas. En realidad tiene que enseñar que esos mandamientos están en nosotros mismos, por eso los llama: “LEY NATURAL”. Es cierto que lamentablemente, algunos hombres de la iglesia, parecen a veces muy autoritarios y dan la impresión de que se están peleando contra el mundo entero y que quieren prohibir todo. El Evangelio no es así.

¿Qué quiere decir la iglesia cuando habla de ley natural?

Es un lenguaje anticuado, y no muy comprensible para la gente de hoy. Sería más fácil hablar de derechos humanos y de valores morales fundamentales. Lo que dice está bien, pero perdemos mucho tiempo en cuestiones de términos filosóficos. ¿De qué se hablaba?

Podríamos comenzar diciendo que hay dos grandes leyes: la ley eterna, que es aquella con la que Dios gobierna toda la creación. Los astros, los animales, las plantas y todo el mundo, siguen sus propias leyes, a la que están sometidos en forma total. Los animales por ejemplo están determinados por sus instintos y no pueden obrar de otra forma. Los preceptos de la ley eterna, son inmutables y están determinados por la misma naturaleza creada por Dios.

Pero al hombre Dios lo creó libre e inteligente. Sus decisiones y obras proceden del libre albedrío. El hombre que es racional y libre y toma sus propias decisiones, es decir que obedece la voluntad de Dios, pero con libertad, porque Dios los hizo así, a su imagen y semejanza. Esta es la ley natural, que es la participación de la ley eterna en la creatura racional.

No quiere decir que el hombre pueda hacer todo lo que se le ocurra, sino que tiene que realizar el bien y evitar el mal, pero tiene que decidirlo él. Que hay que hacer el bien y evitar el mal, es algo universal que conocen y acepan todos. Ese podemos decir que es realmente el precepto fundamental de la ley natural del hombre, infundida por Dios en su razón y en su conciencia. Pero atención, que si bien todos los hombres saben que hay que hacer el bien y evitar el mal en general, determinar qué cosas son buenas y cuales son malas, es otro problema. Ahí, no todos están de acuerdo. Puede haber muchas diferencias culturales e históricas.

En ese punto oscuro y conflictivo del hombre es donde interviene la conciencia del hombre y también la enseñanza o magisterio de la familia, de las iglesias, de los líderes espirituales, de la sociedad. Es el campo de los valores morales. Hay valores que son bastante claros y universales, como “defender la vida, la verdad, la justicia, evitar el robo y la mentira, buscar el bien común y defender la familia y dar culto a un ser superior”. Serian los “diez mandamientos, o también los derechos humanos fundamentales”. Estos valores provienen del precepto fundamental de la ley natural: “hay que hacer el bien y evitar el mal”.

Pero también hay un campo mucho más alejado de los valores morales fundamentales y del principio fundamental del bien y del mal, que es el campo de las decisiones cotidianas. Aquí hay no pocos conflictos y dudas. A veces nos preguntamos: esto ¿será bueno?, ¿Será malo? ¿Y ahora qué hago? No hay ninguna ley que pueda contemplar todos los casos particulares. Entonces o caés en el autoritarismo rígido de los preceptos y normas positivas o madurás como persona, como Dios te quiso, usando tu recta razón y tu discernimiento. Dios te dio la conciencia, que es la Voz de Dios en el corazón. La conciencia es el “primer Vicario de Cristo” y el “fiel intérprete del orden natural creado por Dios”.

Hay que tomar decisiones que no son siempre las que el Magisterio de la Iglesia propone, porque a veces, hay choques de valores y hay que tolerar un mal menor para evitar un mal mayor. Cada uno conoce las circunstancias de la situación en la que vive: “Yo soy yo y mis circunstancias”. Esto no significa que las normas cambien según la situación o la conveniencia, no existe una “moral de la situación”, donde uno hace lo que más le conviene o lo que le resulta más útil. Todos debemos tender a hacer el bien, lo mejor posible, pero en el hombre hay un camino gradual y muchos otros conflictos insalvables, en los que no cambia la ley, pero sí nuestros límites y finitud, como dice el Mismo Santo Tomás.

En síntesis, el tema de la ley natural, enseña que existe un precepto fundamental el de hacer el bien y evitar el mal. Luego viene un primer grupo de normas y valores, que son también los derechos humanos fundamentales: defender la vida, la verdad, la familia, respetar la sexualidad y el matrimonio. Entre esos está la prohibición del aborto. Estos preceptos y valores, son universales, no dependen de una religión determinada, sino que son plenamente humanos y universales. No cambian nunca y su validez no proviene de normas heterónomas, sino que están en la misma naturaleza del hombre. Son la participación de la ley eterna en la naturaleza racional el hombre, que se aplica a sí mismo sus preceptos. Estos últimos, aún en los casos más conflictivos, no cambian ni pierden su validez, aunque cada uno deba discernir la mejor forma de aplicarlos, no porque sean difíciles de cumplir, sino por los conflictos morales objetivos en que vive.

Para terminar convendría reflexionar sobre el Sermón de la Montaña y cómo Jesús enseña a superar la enseñanza rígida y meramente externa de la justicia de los fariseos. No basta “no matar ni robar” (precepto fundamental del bien y el mal que ya fue dado a los antiguos). Hay que discernir, entre la cultura de la violencia, la falta de perdón y de verdad, las ocasiones de pecado, la codicia y tender a la reconciliación, al perdón a la justica y la civilización del amor. La moral farisaica se basa en la falsedad de aquellos que condenan el mal por sus apariencias, pero por dentro se hacen solidarios con el pecado del mundo y la mentira social. El Evangelio enseña a defender siempre la vida, los derechos humanos, la solidaridad y la verdad, a dar la cara y poner la otra mejilla, a dar el doble. Defender al pobre, al inocente, al marginado y al más inválido y desamparado de todos, que es el niño en gestación.

Les auguro que esto nos ayude a reflexionar sobre nuestros problemas teniendo en cuenta que Dios ya puso todas las soluciones aunque san difíciles, dentro de nuestro propio corazón.

Juan Carlos Meinvielle

viernes, 23 de septiembre de 2011

Proclamar el valor de la vida y de la familia

El arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Jorge Mario Bergoglio, convocó a todos los agentes de pastoral familiar que trabajan en la ciudad al 1er.Encuentro de Coordinación de la Pastoral Familiar, que se realizará el fin de semana del 24 y el 25 de septiembre en la iglesia Santa Catalina de Siena (San Martín 705, Buenos Aires).

Con el lema “Para que trabajando juntos y coordinados nuestras familias tengan Vida”, el encuentro busca articular y organizar las distintas propuestas que se vienen desarrollando en el ámbito de la ciudad de Buenos Aires para acompañar y hacer crecer la vida en familia.

El encuentro, que será abierto a todas las diócesis de la región Buenos Aires, se iniciará a las 8.30 con una misa de apertura, que presidirá el cardenal Bergoglio, y continuará con una reflexión del obispo auxiliar de Buenos Aires, monseñor Eduardo García.

Durante las dos jornadas, habrá intervenciones de especialistas sobre prevención y atención de crisis de crecimiento, fragilidad de los vínculos, abordaje en situaciones de crisis, acuerdos y consenso de criterios, entre otras cuestiones.

El cierre del encuentro será el domingo, a las 12, con la misa presidida por monseñor Luis Fernández, obispo auxiliar y vicario de la zona Flores.

En la invitación, la pastoral familiar señala: “Esta arquidiócesis de Buenos Aires celebra y proclama el valor de la vida y de la familia. Quiera Dios que todos los bautizados renovemos nuestra dedicación a alentar y servir a la vida y familia cristiana”.

“Este encuentro será un espacio valioso que alentará a descubrir la riqueza de una pastoral orgánica recreando y fortaleciendo a tantas personas comprometidas en la vida de la Iglesia arquidiocesana. Allí valoraremos juntos las distintas propuestas que nos ayuden en el camino que tenemos que hacer para llegar y hacernos cercanos a otros hermanos que quieren ser y vivir en familia”, expresó el cardenal Bergoglio en la convocatoria.

Más información: teléfono (011) 5238-6040 o correo electrónico info@familiabuenosaires.org

jueves, 9 de junio de 2011

Algunas reflexiones sobre la revista “Educación sexual integral"


A continuación se transcriben textualmente las reflexiones difundidas por el Instituto para el Matrimonio y la Familia de la Universidad Católica Argentina acerca de la Revista editada por el Ministerio de Educación de la Nación. Leer nota completa



sábado, 16 de abril de 2011

Presentación de la Colección "Familia escuela de humanidad"



Quienes esten interesados en asistir, pueden retirar
invitaciones impresas, que habilitan el ingreso libre a la Feria en:

INSTITUTO para el MATRIMONIO y la FAMILIA
Alicia Moreau de Justo 1400 - 4º ofic. 426
TE: 4338-0827

lunes, 14 de marzo de 2011

La ira nuestra de cada día



Por María Inés Maceratesi

Cómo erradicar la ira que se va enquistando en nuestro ser es una de las preocupaciones que nos asaltan día a día. No podemos dominarnos y nos levantamos a la mañana con las facciones crispadas por haber dormido contracturados y quizá con la radio encendida para evadirnos un poco del estrés generado durante el día.

Lamentablemente no nos damos cuenta pero de esa forma nuestra mente sigue captando más motivos que nos aumentan el grado de crispación. Esta ira que está presente en la mayoria de los seres humanos va deteriorando las relaciones en la familia, al punto tal que comienza a generarse un círculo vicioso que provoca que, ante el menor estímulo alguien estalle.

La cosa comienza con el paulatino aumento del tono de voz y sigue con una superposición de voces que hace que nadie escuche a nadie, todos hablan a la vez y sin entender lo que quiere decirle el otro.

Es difícil salir de una situación como la descripta porque nadie es capaz de generar un espacio de silencio para que sobrevenga la calma. Se deterioran las relaciones familiares y se diluyen las ganas de pasar tiempo juntos porque cada tiempo compartido no sirve, no posee la calidad que debería tener para que sea un verdadero compartir.

El compartir tiene ciertas características pero sobre todo está signado por el amor, el amor que todo lo puede, hasta hacernos callar ante la ira de otro para no generar aún más rebeldía y enojo.

Saber callar a tiempo no es mostrar inferioridad de condiciones, es simplemente tratar de evitar un mal mayor. De todos modos la tentación de responder al ojo por ojo y diente por diente está presente en cada uno de nosotros y quizá no podemos ponerle un freno; todo dependerá de nuestra decisión y de nuestra templanza.

A veces en una familia conviene más aplazar el tratamiento de una cuestión hasta que se de el momento adecuado en el que cada miembro de la misma esté dispuesto a dialogar poniendo en práctica todos los elementos que componen un diálogo: apertura al tú, escucha atenta, correcta interpretación de los mensajes que recibimos de la otra persona, fijarse si todos entendemos lo mismo ante la pronunciación de un determinado vocablo para que no se genere una mala interpretación, estar dispuestos a esperar el momento oportuno para emitir nuestra opinión y algunos componentes más.

Pero vale la pena ejercitarse para el diálogo porque de ello depende la armonía, no sólo familiar sino social, dado que todo lo que sucede adentro de la familia, termina repercutiendo afuera, y en estos tiempos que corren la ira es la enemiga número uno del diálogo y todo cuanto hagamos para dominarla redundará en beneficio de todos y de cada uno.

sábado, 5 de febrero de 2011

Perspectiva de familia- Declaración de Buenos Aires

En la línea ideológica del constructivismo ateo surgió, hace décadas, la destructiva “perspectiva de género” que reemplaza la realidad biológica del sexo por el “género” una construcción social histórica cambiante. Esa nueva mirada o “perspectiva” afecta de un modo particular la noción de persona, sexualidad y familia. En ella se fundan leyes como la que en nuestro país legalizó el seudo matrimonio homosexual.

Por eso, parlamentarios de distintos países reunidos en Acción Mundial de Parlamentarios y Gobernantes por la Vida y la Familia, entidad presidida durante sus primeros cuatro años de vida por la senadora argentina Liliana Negre de Alonso, desde ayer presidente honoraria de la entidad, se comprometieron, entre otras cosas, a abogar para que se instaure la “Perspectiva de Familia” en las políticas públicas y en la sociedad, y a denunciar las ayudas al desarrollo y la cooperación condicionadas a la imposición de la “ideología de género”.

El grupo parlamentario que desde ayer preside el diputado español Miguel Ángel Pintado Barbanoj, realizó durante los días 3 y 4 de febrero su III Encuentro Internacional en el Senado argentino con la presencia, entre otros, de legisladores de Italia, Paraguay, España, Brasil, Portugal, El Salvador, Uruguay y México.

Al término del Encuentro los parlamentarios presentes aprobaron por unanimidad la “Declaración de Buenos Aires” que transcribimos completa a continuación:

DECLARACIÓN de BUENOS AIRES

“La Familia y la Vida en la ideología de género”

La constatación de la imposición creciente de la ideología de género en la mayor parte del mundo y sus nocivos efectos en la integridad de la familia y el matrimonio natural; la multiplicación y exaltación del individualismo; la intromisión del Estado en la familia y en los ámbitos íntimos de la vida personal; la pérdida del sentido de lo natural; la injerencia en la soberanía de las naciones; y la separación entre ley y verdad, nos interpelan a:

DECLARAR el firme compromiso de Acción Mundial de Parlamentarios y Gobernantes por la Vida y la Familia, a fin de que:

- Se promueva el derecho a la vida humana desde su concepción, como fundamento esencial de la vida en democracia.

- Se adopte el Enfoque o Perspectiva de Familia como base del ordenamiento jurídico de los Estados.

- Se fomente la promoción y estabilidad del matrimonio, así como el derecho de la familia a ser protegida por la sociedad y el Estado, removiendo las trabas y obstáculos que a diario debe afrontar.

- Se proteja el derecho preferente de los padres a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos, como proclama la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

- Se facilite ejercer el derecho a la maternidad, muy especialmente en aquellos lugares donde las madres se encuentra con grandes obstáculos, así como en aquellas sociedades que poseen tasas de fecundidad por debajo de la indispensable reposición generacional.

- Se exija que las ayudas al desarrollo y la cooperación se produzcan con absoluto respeto a la soberanía de los países receptores.

- Se hará público cuando las ayudas al desarrollo y la cooperación se condicionen imponiendo políticas anti familia o ideología de género.

- Se dará conocimiento de las organizaciones y connacionales que reciban dinero foráneo para impulsar cambios en nuestras normas legales, fomentando acciones contra la vida y la familia.

En todo caso, abogamos porque se instaure el Enfoque o Perspectiva de Familia en las políticas públicas y en la sociedad.

Fuente: Notivida

jueves, 13 de enero de 2011

La caída del padre en la sociedad de los vínculos rotos



¿La muerte de los límites?
por Dario Dejesús
Psicólogo

Hay una ruptura entre el padre y los hijos, es el origen de la decadencia cultural, de una caída que marca nuestra relación con el medio ambiente, con el otro y perpetúa el derrumbe de las instituciones en una crueldad enfermiza. Qué lleva a inventar un padre, desde los hijos, para instrumentar un incapaz que pueda reconciliarse con la cultura. Es ahí en donde Homero, el personaje de Los Simpson, nos dice todo sobre la cultura. No es papá, es sólo Homero, “casi un par”.

Destruir una ley es destruir un poder para que se distribuya otro tipo de saber. El circo de la puesta en escena de un agrupamiento sin fraternidad. El discurso de una aldea global.

El universo de imágenes profana cualquier tipo de deidad paterna estableciendo una posición desde lo netamente imaginario. Por eso, es coherente vivenciar una sociedad del espectáculo y una sociedad voyerista. Se descarna la ley del padre para que sea una ley totalmente inmaterial, sólo imagen, desde los referentes de la transitoriedad. Personajes que nos personifican y representan una posibilidad. Figuras de barro que se desacreditan y denigran la viabilidad de un adulto emocionalmente maduro.

La identificación permite la internalización de la prohibición. ¿Con quién se identifica el niño, el adolescente del siglo 21?

La sociedad provee de ideales que sirven de punto de referencia para una identidad social que propulsa al individuo a una función social. Con este proceso de crisis en la subjetividad, podemos entender por qué la sociedad está produciendo jóvenes sin responsabilidad, apáticos o violentos. Una modalidad corrosiva de recrear sujetos enajenados, extranjeros de su propio espíritu. Extraños a sí mismos.

El cambio es el mejor aliado en esta sociedad sin sustancias que puedan posibilitar la necesidad de la discontinuidad como razón para una argumentación del resentido. No sólo aparece el sinsentido como valor: hay tantos programas de televisión que hablan de banalidades que son importantes. Nos está colonizando la economía de la pobreza de mensajes. La elocuencia ha desaparecido, y lo chabacano se derrama en todos los medios de difusión masiva.

El hijo se transforma en el responsable de ser hijo. ¿Qué futuro padre será este hijo? Más allá de que se constituya una sociedad incestuosa, con nada prohibitivo que pueda atravesarlo, ante la ausencia de una ley que asuma la autoridad de mayor jerarquía, se funde todo en una política de igualdad.

Junto con la no aceptación de la ley, se produce la caída de cualquier autoridad. No pueden existir certezas, convicciones ni estructuras. La muerte del padre, la imposibilidad de la ley, la no internalización de la ley. La imposibilidad de los límites.

Como cristianos, debemos hacer una reflexión acción, posicionarnos con otra postura frente a la vida. Debemos navegar, como padres, en el océano de la disconformidad que pueden manifestar nuestros hijos, porque nosotros sí queremos ser sus padres; y sabemos que un no a tiempo es saludable.

Soportarnos nosotros mismos en el lugar de padres, lo suficientemente padres, lo necesariamente padres. No compinches, ni amigos. Diferentes, pero cercanos. Amigables. No hay reglas fijas para todas las familias, pero la clave radica en encontrar el punto intermedio entre autoritarismo y permisividad.

Cuando los padres ceden continuamente ante los hijos, éstos no suelen interiorizar el significado de frustración y desconocen cómo enfrentarse a los problemas. Por el contrario, cuando se imponen demasiadas reglas, se corre el riesgo de que los hijos crezcan inseguros y con una personalidad dependiente.

Asimismo, en el dilema de cruce de épocas, nos encontramos con adultos que siguen siendo los hijos obedientes al antiguo autoritarismo de sus padres, que los ha llevado, como disyuntiva no resuelta, a ser padres permisivos, porque no han elaborado su proceso de independencia y siguen cautivos de su padre autoritario.

Por ello, ha de evitarse tanto una conformidad excesiva, como priorizar una relación basada en conductas extremadamente correctivas. Porque nosotros elegimos traerlos a este mundo y que sean parte de un futuro en donde puedan crecer como ciudadanos nobles y al servicio de un Bien Mayor. Porque nosotros no queremos que sean idiotas útiles, que sólo ingieran sin metabolizar los mensajes. Que no se sientan satisfechos con la miseria que pretenden trasmitir como educación. La deformación del sentido, el descreimiento de las instituciones, la destrucción de lo religioso. Queremos que nuestros hijos apuesten a una trascendencia. A valores superiores que la trivialidad.

Bienvenidos al heroico desafío de ser padres en el siglo 21. Pido a Dios que nos ilumine para honrar, con verdadera autoridad, el maravilloso rol de ser padres.

Fuente: San Pablo
Comentario y opinión
Buenísimo artículo que sintetiza lo que nos está pasando a nivel familiar y social. Ya Jaime Barylko había abordado el tema en su libro "El miedo a los hijos" en el que describe esta situación en la que están inmersos muchos padres. Recuerdo que hace poco tiempo asistí a un Congreso Latinoamericano sobre Familia y uno de los expositores destacó que el mayor escollo que hoy tenemos en la mayoría de las sociedades -especialmente las latinoamericanas - es la ausencia del rol paterno, ya ni siquiera se hablaba de padre y madre sino que se asumía que la madre era la que tenía todo el protagonismo y responsabilidad en la educación de sus hijos y, en muchos casos, la que facilitaba que los límites se desdibujaran. Se planteaba que la solución -al menos parcial- pasaba por un ordenamiento de roles y una distribución de permisos y no permisos distribuida y acordada previamente por ambos progenitores. Si queremos volver a tener una sociedad sana y adulta habrá que comenzar por admitir que el padre es muy importante y cumple funciones educativas que no puede suplir la madre. Pero en un mundo donde la igualdad de los sexos se toma ligeramente sin medir las consecuencias que acarrea, se hace un poco difícil la propuesta. En una realidad como la que hoy nos quieren imponer de que la sexualidad se construye, muy poco importante será quien cumple un rol definido. Pero que los niños necesitan un padre hombre y una madre mujer, que me disculpen los que no opinan igual, pero yo no dudo que así debe ser para crecer en salud.
María Inés Maceratesi

lunes, 3 de enero de 2011

"Dinkys", una tendencia mundial en aumento


Las parejas sin hijos ya son mayoría en Capital y tienen más dinero para gastar
La familia tipo, formada por los padres y dos hijos, ya son parte de la historia en las viviendas de la Capital, donde son mayoría los hogares integrados por dos personas sin hijos. La tendencia, que se replica en países desarrollados, ha dado vida a los llamados “dinkys” (“double income, no kids”), una fuerza de consumo clave en mercados como el turismo, electrónica de consumo y salidas. Los especialistas dudan en llamar “familias” a este tipo de uniones.

Dinkys. Fedra y Ariel optaron por renunciar a la maternidad/paternidad. Su entorno les cuestiona que tratan a su gato como un hijo.

Ella vivía en Córdoba; él, en Capital Federal. Ella es de Géminis; él, Virgo. A ella le gustaban los gatos, él prefería los perros. El viajó, por trabajo, a la capital de cuarteto y después, para visitarla como novia durante un año. Ellos son Fedra y Ariel y hace diez años que viven juntos en Buenos Aires. Ahora, comparten el mismo lugar de trabajo, un gato que tienen como mascota y la decisión de no tener hijos. Y son dinks (double income, no kids, doble ingreso, sin hijos).

Esta elección de postergar la maternidad/paternidad y hasta renunciar a ellas, es habitual en países como China, Canadá, Japón, España e Italia. En los Estados Unidos, según la American Demographics Magazine, este año será al menos 31 millones las parejas que elijan no tener hijos. En la Argentina esta opción es cada vez más frecuente en parejas y matrimonios.

Según datos de la Encuesta Anual de Hogares de 2009 de la Dirección General de Estadísticas y Censos de la Ciudad de Buenos Aires, los hogares porteños compuestos por dos integrantes representan el 30, 8 por ciento, el mayor porcentaje de cantidad de habitantes por hogar. Myriam Mitrece de Ialorenzi, asesora técnica del Instituto para el Matrimonio y la Familia de Universidad Católica Argentina (UCA), explica que estas parejas sin hijos representan “un nuevo segmento de consumidores, de entre 25 y 35 años, con un trabajo bien remunerado y un perfil económico medio-alto. Aspiran a crecer profesionalmente, viajar y mantener cierto estatus social.”

“Somos dinks naturales” bromean Fedra y Ariel, ambos de 36 años.

A la expresión inglesa, usada en textos sociológicos desde los 80, se la encuentra también con una ‘ye’ final, que representa la expresión “yet” (aún). Es el caso de Fernanda (30) y Emmanuel (25) que esperan comprarse su propia casa y que ésta sea más grande que la que viven actualmente y así, estar más cómodos ellos y el futuro bebé.

Mabel Bianco, médica y presidenta de la Fundación para el Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM), considera esta decisión “una opción válida y respetable en el marco de los derechos sexuales y reproductivos” y aclara que estas parejas pueden ser casados o convivientes sin casarse, hasta pueden ser del mismo sexo.

Freda comenta: “La sociedad nos hace sentir un poco raros. Nos miran mal. Sé que el mandato que uno tiene es el de la maternidad o descendencia, pero también pido que me entiendan a mí, que esta es mi decisión y que no afecta a nadie”, agrega.

Sus respectivas familias piensan que es una elección momentánea y que con los años la van a modificar. “Nosotros nos complementamos mucho y no surge esa necesidad de un hijo. Estamos bien así como estamos y queremos seguir así” afirma Fedra.

También, que se les cuestiona que tienen un gato como mascota porque buscan reemplazar a un hijo. Fedra aclara “ Quizás la gente te lo dice porque quiere que hagamos un click, pero no existe esa comparación. No sé cómo es tener un hijo y no sé si hago lo mismo con Demos”, el gato. Ariel acota: “Es una responsabilidad distinta”.

Beatriz Goldberg, especialista en crisis individuales, explica que los dinkys se comunican y funcionan mejor que otras parejas, “porque no hay ninguna otra persona que haga ruido entre ellos y en muchos casos hasta trabajan juntos”. Esta psicóloga puntualiza que este tipo de parejas, al no tener el proyecto de tener hijos, le agregan otros condimentos, ya sean materiales o de compañía, para que su relación no se disuelva. “Ese dinero que muchos lo destina para pañales los dinkys lo usan para viajes, tecnologías y salidas con otras parejas”, dice Goldberg.

“Nosotros no hacemos nada que no haga el resto”, cuenta Ariel. Fedra, reflexiona: “Creemos que rompería la armonía que tenemos y, como pareja, hace que no se busque”.

Ellos trabajan en una consultora de imagen y ella, después de su jornada, utiliza su tiempo para ir al gimnasio o simplemente se queda en su casa mirando televisión. “Es esa independencia ya formada de años y pensar en alguien como un hijo que entra a tu vida, es mucha responsabilidad”, reconoce Fedra.

La psicóloga Golberg también detalla que hay muchas parejas que, tras perder un hijo, se les hizo difícil concebir otro y después decidieron ser dinky.

Edad biológica. “¡Fedra, ya tenés 36!”, le dicen a ella. El rabino de la comunidad Bet Hilel, Felipe Yafel, explica que “es doloroso cuando una mujer quiere tener hijos, pero pospone tanto su decisión que después tiene dificultades para concebir. Después no puede y ahí se frustra”. También la psicoanalista Silvia Ons opina que “en lo más profundo subyace la idea de que es posible atravesar los límites del cuerpo por la confianza dada en la ciencia y es el reloj biológico el que recuerda, a veces ya tarde, de las imposibilidades”.

Por eso, la psicóloga Goldberg recomienda que toda mujer, según sus tiempos biológicos, revea su decisión de ser madre. “Lo importante es que ella esté convencida para que después no haya reproches”, dice.

Al respecto el rabino Yafel agrega que la naturaleza da un tiempo para tener un hijo: ser madre y ejercer la maternidad mientras ellos van creciendo. “Es cuestión de edad.”

Debate. ¿Una pareja sin hijos es una familia? Para el sacerdote católico Walter Fattor, se puede hablar de familia “e incluso, nadie niega que no lo sea”, pero “se trata de una familia ‘empobrecida’”.

El pastor David Juan Cirigliano, de la Iglesia Río de la Plata, se pregunta: “¿Qué quedaría, entonces, para las personas estériles?”.

“La activa vida sexual dentro de la pareja es totalmente independiente de si procreamos o no,” agrega.

Alejandro Piscitelli, profesor de sociología de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) dice que no llegan a ser familia por la intencionalidad que hay detrás, ya que terminan siendo una convivencia interesada e instrumental y se pierde la esencia diacrónica que debe tener una familia.

El pastor Cirigliano concluye: “Estamos lejos de sostener el ideal de la procreación como única razón de la relación conyugal. Desarrollarse en lo laboral o profesional no va en desmedro de desarrollarse como padre o madre”.

Sólo para enamorados

Estas decisiones de postergar la maternidad también tienen su influencia en el sector turístico. Rancho Paradise es un complejo de cabañas Child Free que surgió en 2003 a partir de la propia experiencia de uno de sus propietarios, Andy Bernadzki, que al salir con su novia no encontraba un lugar para estar los dos tranquilos, en un clima íntimo y relajado. Andy explica a PERFIL que este predio de 13.000 m2 se ubica en la localidad de Nono en la provincia de Córdoba. “La mayoría de nuestro público, por el momento es argentino, con una creciente demanda de turistas extranjeros” cuenta Bernadzki. Las edades de quienes visitan este complejos varían desde parejas que decidieron no tener chicos, hasta matrimonios con hijos grandes que quieren reencontrarse como pareja. “En nuestro país no conozco un complejo de cabañas, ni hoteles, con las características de Rancho Paradise, reconoce Bernadzki y agrega: “Tengo entendido que en el Caribe está empezando a haber hoteles para mayores de 18 años con ambientación romántica, apuntados a parejas”.


Por Silvina Márquez

Fuente: Perfil

En 2011 redescubramos el pensamiento de Juan Pablo II sobre la familia


En mil novecientos noventa y siete participé del Congreso Teológico Pastoral "La Familia: don y compromiso, esperanza de la humanidad" en Río de Janeiro, Brasil.

Allí pude recoger el pensamiento y la reflexión de muchos que expusieron sus ideas respecto del tema. Estas reflexiones no han perdido vigencia, es más, se han profundizado muchas situaciones y cuestiones relativas a la familia.

Muchos lectores tendrán la oportunidad de redescubrir a uno de los Papas que más nos habló y aconsejó respecto de la familia y su valor para la sociedad y para la Iglesia.

Todo atentado contra la vida y la familia es un atentado contra la humanidad y su futuro.


DISCURSO de Juan Pablo II A los obispos del CELAM y al Congreso teológico-pastoral, día 3 de octubre de 1997

Venerables hermanos en el episcopado; queridos congresistas:

1. Siento una gran alegría al reunirme con las familias que participaron, en representación de varias naciones, en este Congreso teológico-pastoral celebrado con vistas al II Encuentro mundial de las familias. Os saludo a vosotros, venerables hermanos en el episcopado de Brasil, de América Latina y del mundo entero, y saludo igualmente a las familias presentes y a todas aquellas a las que representan.

A la vez que pido al Todopoderoso abundantes gracias de sabiduría y fortaleza, que sirvan de estímulo para reafirmar con fe el lema: "La familia: don y compromiso, esperanza de la humanidad", quisiera reflexionar con vosotros sobre varios aspectos y exigencias del trabajo apostólico y pastoral con las familias que debéis realizar.

Algunas de las consideraciones, que os propongo de modo particular a vosotros los obispos, maestros de la fe y pastores de la grey llamados a infundir un renovado dinamismo a la pastoral familiar, ya han sido objeto de atento estudio en el Congreso teológico-pastoral.

Agradezco al cardenal Alfonso López Trujillo, presidente del Consejo pontificio para la familia, el saludo que me ha dirigido e invito a los participantes delegados de las Conferencias episcopales, los movimientos, las asociaciones y los grupos, procedentes de todo el mundo, a profundizar y difundir con entusiasmo los frutos de este trabajo, emprendido con plena fidelidad al Magisterio de la Iglesia.

El proyecto original de Dios Padre

2. El hombre es el camino de la Iglesia. Y la familia es la expresión primordial de este camino. Como escribí en la Carta a las familias, "el misterio divino de la encarnación del Verbo está (...) en estrecha relación con la familia humana. No sólo con una, la de Nazaret, sino, de alguna manera, con cada familia, análogamente a cuanto el concilio Vaticano II afirma del Hijo de Dios, que en la Encarnación "se ha unido, en cierto modo, con todo hombre" (Gaudium et spes, 22). Siguiendo a Cristo, "que vino" al mundo "para servir" (Mt 20, 28), la Iglesia considera el servicio a la familia humana una de sus tareas esenciales.

En este sentido, tanto el hombre como la familia constituyen "el camino de la Iglesia"" (Gratissimam sane, 2).

Así pues, el Evangelio ilumina la dignidad del hombre y redime todo lo que puede empobrecer la visión del hombre y de su verdad. Es en Cristo donde el hombre percibe la grandeza de su llamada como imagen e hijo de Dios; es en él donde se manifiesta en todo su esplendor el proyecto original de Dios Padre sobre el hombre; y es en Cristo donde ese proyecto alcanzará su plena realización. Asimismo, es en Cristo donde esta primera y privilegiada expresión de la sociedad humana, que es la familia, encuentra la luz y la plena capacidad de realización, de acuerdo con los planes de amor del Padre.

"Si Cristo "manifiesta plenamente el hombre al propio hombre", lo hace empezando por la familia en la que eligió nacer y crecer" (ib.). Cristo, lumen gentium, luz de los pueblos, ilumina los caminos de los hombres; e ilumina, sobre todo, la íntima comunión de vida y amor de los cónyuges, que en la vida de los hombres y de los pueblos es la encrucijada necesaria donde Dios siempre les sale a su encuentro.
Este es el sentido sagrado del matrimonio, presente de alguna manera en todas las culturas, a pesar de las sombras debidas al pecado original, y que adquiere una grandeza y un valor eminentes con la Revelación: "De la misma manera que Dios en otro tiempo salió al encuentro de su pueblo con una alianza de amor y fidelidad, ahora el Salvador de los hombres y Esposo de la Iglesia, mediante el sacramento del matrimonio, sale al encuentro de los esposos cristianos. Permanece, además, con ellos para que, como él mismo amó a la Iglesia y se entregó por ella, así también los cónyuges, con su mutua entrega, se amen con perpetua fidelidad" (Gaudium et spes, 48).

La gran batalla de la dignidad del hombre

3. La familia no es para el hombre una estructura accesoria y extrínseca, que impida su desarrollo y su dinámica interior. "El hombre es, por su íntima naturaleza, un ser social y no puede vivir ni desplegar sus cualidades sin relacionarse con los demás" (ib., 12). La familia, lejos de ser un obstáculo para el desarrollo y el crecimiento de la persona, es el ámbito privilegiado para hacer crecer todas las potencialidades personales y sociales que el hombre lleva inscritas en su ser.
La familia, fundada en el amor y vivificada por él, es el lugar en donde cada persona está llamada a experimentar, hacer propio y participar en el amor sin el cual el hombre no podría existir y toda su vida carecería de sentido (cf. Redemptoris missio, 10; Familiaris consortio, 18).

Las tinieblas que hoy afectan a la misma concepción del hombre atacan en primer lugar y directamente la realidad y las expresiones que le son connaturales. La persona y la familia corren parejas en la estima y en el reconocimiento de su dignidad, así como en los ataques y en los intentos de disgregación. La grandeza y la sabiduría de Dios se manifiestan en sus obras. Con todo, parece que hoy los enemigos de Dios, más que atacar de frente al Autor de la creación, prefieren herirlo en sus obras. El hombre es el culmen, la cima de sus criaturas visibles. "Gloria enim Dei, vivens homo; vita autem hominis, visio Dei" (San Ireneo, Adv. haer. IV, 20, 7).

Entre las verdades ofuscadas en el corazón del hombre, a causa de la creciente secularización y del hedonismo dominante, se ven especialmente afectadas todas las que se relacionan con la familia. En torno a la familia y a la vida se libra hoy la batalla fundamental de la dignidad del hombre. En primer lugar, la comunión conyugal no es reconocida ni respetada en sus elementos de igualdad en la dignidad de los esposos, y de necesaria diversidad y complementariedad sexual. La misma fidelidad conyugal y el respeto a la vida, en todas las fases de su existencia, se ven subvertidos por una cultura que no admite la trascendencia del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios. Cuando las fuerzas disgregadoras del mal logran separar el matrimonio de su misión con respecto a la vida humana, atentan contra la humanidad, privándola de una de las garantías esenciales de su futuro.

Urgencia y prioridad de la pastoral familiar

4. El Papa ha querido venir a Río de Janeiro para saludaros con los brazos abiertos, como el Cristo Redentor que domina esta ciudad maravillosa desde la cima del Corcovado. Y ha venido para confirmaros en la fe, para sostener vuestro esfuerzo por testimoniar los valores evangélicos. Así pues, ante los problemas centrales de la persona y de su vocación, la actividad pastoral de la Iglesia no puede responder con una acción sectorial de su apostolado.

Es necesario emprender una acción pastoral en la que las verdades centrales de la fe irradien su fuerza evangelizadora en los diversos sectores de la existencia, especialmente en los relativos a la familia. Se trata de una tarea prioritaria, fundada en "la certeza de que la evangelización, en el futuro, depende en gran parte de la Iglesia doméstica" (Familiaris consortio, 65). Es preciso despertar y presentar un frente común, inspirado y apoyado en las verdades centrales de la Revelación, que tenga como interlocutor a la persona y como agente a la familia.

Por eso, los pastores deben tomar cada vez mayor conciencia de que la pastoral familiar exige agentes con una esmerada preparación y, además, estructuras ágiles y adecuadas en las Conferencias episcopales y en las diócesis, que sirvan como centros dinámicos de evangelización, de diálogo y de acciones organizadas conjuntamente, con proyectos bien elaborados y planes pastorales.

Al mismo tiempo, deseo apoyar todo esfuerzo encaminado a promover estructuras organizativas adecuadas, tanto en el ámbito nacional como en el internacional, que asuman la tarea de entablar un diálogo constructivo con las instancias políticas, de las que depende en buena medida el destino de la familia y de su misión al servicio de la vida. Encontrar los caminos oportunos para seguir proponiendo con eficacia al mundo los valores fundamentales del plan de Dios, significa comprometerse en la defensa del futuro de la humanidad.

Una nueva evangelización

5. Además de iluminar y reforzar la presencia de la Iglesia como levadura, luz y sal de la tierra, para que no se descomponga la vida de los hombres, es necesario dar prioridad a programas de pastoral que promuevan la formación de hogares plenamente cristianos, y acrecienten en los esposos la generosidad de encarnar en sus propias vidas las verdades que la Iglesia propone para la familia humana.

La concepción cristiana del matrimonio y de la familia no modifica la realidad creatural, sino que eleva aquellos componentes esenciales de la sociedad conyugal: comunión de los esposos que generan nuevas vidas, las educan e integran en la sociedad, y comunión de las personas como vínculo firme entre los miembros de la familia.

6. Hoy, en este Centro de congresos Río Centro, invoco sobre vosotros, cardenales, arzobispos y obispos, representantes de las diversas Conferencias episcopales del mundo entero, y sobre los delegados del Congreso teológico-pastoral y sus familias, la luz y el calor del Espíritu Santo. A él se dirige la Iglesia, para que infunda en todos su presencia santificadora y renueve en la Esposa de Cristo "el celo misionero a fin de que todos lleguen a conocer a Cristo, verdadero Hijo de Dios y verdadero Hijo del hombre" (cf. Oración para el primer año de preparación al gran jubileo del año 2000).

Mañana celebraremos en el estadio de Maracaná el Acto de testimonio, junto con todos vosotros que habéis traído aquí la inmensa riqueza, las preocupaciones y las esperanzas de vuestras Iglesias y vuestros pueblos, y que servirá de marco para la eucaristía del domingo, en la explanada de Flamengo, durante la cual viviremos, a la luz de la fe, el misterio del Pan vivo que bajó del cielo, el maná de las familias que van en peregrinación hacia Dios.

Hago votos para que, por la mediación de la santísima Virgen María, los frutos de este encuentro hallen corazones bien dispuestos a acoger las luces del Altísimo, con renovado celo misionero, de cara a una nueva evangelización de la familia y de toda la sociedad humana. Que el Espíritu del Padre y del Hijo, que es también el Espíritu-Amor, nos conceda a todos la bendición y la gracia que deseo transmitir a los hijos e hijas de la Iglesia y a toda la familia humana.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Más educación menos delincuencia

Bernardo Kliksberg

“Hay una correlación estadística absoluta entre más educación y menos delincuencia. Cuanta más escolaridad y trabajo decente haya, menor será el nivel de inseguridad en la sociedad Leer más

jueves, 16 de septiembre de 2010

El juego en el niño


Una necesidad y un derecho a la vida
por Joaquín Rocha
Psicólogo especialista en Educación para la Comunicación

El juego constituye, en los niños, una actividad vital. Sin jugar, las personas dejan espacios y tiempos, en sus infancias, que nunca podrán llenar, con la posibilidad cierta de construir personalidades inestables y neuróticas. El desarrollo histórico social de los hombres y las mujeres está íntimamente ligado al juego.

El niño que crece en un entorno lúdico, de juegos y juguetes: adquiere una mayor capacidad para el aprendizaje y, en consecuencia, un mejor desarrollo evolutivo; asienta la base de las destrezas que desplegará y aplicará posteriormente en la vida adulta; aprende a conocer y comprender el mundo que lo rodea y la forma en que puede interactuar con él.

En el juego, se involucra todo, cuerpo, mente, afecto y emociones. Así, el niño puede mostrar lo que mantiene oculto, hacer activo lo que, a veces, sufre pasivamente. Poner de manifiesto tanto lo placentero como lo doloroso.

Dentro de las posibilidades de la familia, compartir sus juegos es una manera de obtener información de cómo enfrenta diferentes situaciones de vida. El no jugar de un niño nos pone sobre la pista de que algo está sucediendo, ya que no se puede concebir una infancia sin juego.

Todos los niños tienen derecho a jugar, y los adultos deben posibilitarle el ejercicio de ese derecho. En la elección de sus primeros juguetes y en el juego con sus hijos, los padres ya están educándolos, transmitiéndoles valores éticos, morales y estéticos.

“Si se desea conocer a los niños −su mundo consciente e inconsciente−, es necesario comprender sus juegos; observando éstos descubrimos sus adquisiciones evolutivas, sus inquietudes, sus miedos, aquellas necesidades y deseos que no pueden expresar con palabras y que encuentran salida a través del juego” (Psicología: Ayuda a las personas). Freud, en Más allá del principio del placer, sostuvo que el juego le sirve al niño para repetir las experiencias que lo impresionaron, logrando, así, una "necesaria" descarga energética, que le permita regresar al estado de equilibrio psíquico.

Cada tipo de juego es una oportunidad de aprendizaje para los niños. Desde bebé, el sacudir, golpear, por ejemplo, un sonajero, entiende que una acción provoca una reacción, en este caso, un sonido o que el objeto se mueva.

A medida que va creciendo, al manipular juguetes, desarrolla habilidades motoras finas y mejora la coordinación ojo-mano.

El juego dramático o teatral, disfrazarse de superhéroe, o de mamá o papá, ofrece a los niños el progreso en aptitudes lingüísticas como así también la oportunidad de ser creativos y de interactuar con otros niños. El jugar implica tanto un momento de recreación, como un tiempo y un espacio de socialización.

El juego entraña un gran poder socializante, porque ayuda a respetar reglas para aprender a compartir, mantener una convivencia pacífica y cuidar su ambiente.

El juego espontáneo y libre favorece la maduración y el pensamiento creativo. Todos los niños son creativos. Pueden expresar aquello que ven, sienten, oyen y piensan; la autoexpresión puede orientar al niño a encontrar su propio estilo único.

¿Qué es jugar para el niño/niña? Es ser y hacer. Ser en cuanto a expresarse, a vivir experiencias placenteras volcando, en ellas, sus estados emocionales, carencias, frustraciones. Es el lenguaje propio del niño/a con el que se relaciona con su medio y facilita la formación del colectivo infantil.

Hacer en cuanto a las acciones que se realizan durante el juego sin un fin específico, para vincularse, para explorar, para manipular infundiendo significado e intencionalidad a la actividad lúdica.

Es conocer el ambiente e integrarse en la realidad circundante. Es expresar y compartir, es decir en acciones y, luego, verbalizando lo interno. Es participar en intereses comunes promoviendo la interacción con los otros. El juego proporciona placer, felicidad al niño/a, consolidando un mundo diferente del de la realidad objetiva, tomando elementos de ésta, pero transformándolos.

A través del juego, el niño/a se prepara para la vida futura, al alcanzar metas, siente satisfacción, descarga energías y consigue alivio a sus frustraciones” (Lic. Lucía Retamal Castro, Edufuturo.com).

La mayoría de los niños, en la actualidad, acceden rápidamente a una "cultura de los medios digitales", a las “bondades” alucinatorias de los juegos en el ciberespacio. Ameritan un serio debate los efectos que ocasiona su práctica entre las familias y profesionales, dado que, de hecho, no podemos hablar de juego según la manera clásica en que lo estamos tratando.

Es imprescindible que los padres sean conscientes de la importancia del juego en la vida del niño y no lo vean sólo como una actividad recreativa, sino como una impronta de aprendizaje natural.

El temor a la inseguridad no debe ser una razón para que los niños no jueguen. El Estado deberá generar espacios adecuados y propicios para jugar, sin olvidar que el hogar es el primer lugar de actividad lúdica.

El hombre sólo es verdaderamente humano cuando juega (F. Schiller).

Fuente: San Pablo on Line