Vivimos un cambio de época que nos impulsa a redescubrir la vida, el rol de la familia y también a redescubrirnos como personas de este tiempo, testimoniando con nuestros valores,actitudes y creencias, que... ¡otro mundo es posible!
jueves, 31 de octubre de 2013
Redescubrir la Comunión de los Santos como fruto del Bautismo
miércoles, 12 de enero de 2011
Colaboración entre comunidad cristiana y familia

Como cada año con motivo de la festividad del Bautismo del Señor, Benedicto XVI bautizó en este comienzo de 2011, a veintiun niños en la Capilla Sixtina.
Durante la celebración les recordó a los padres y padrinos el significado del Bautismo, que inserta a los que lo solicitan en un intercambio de amor recíproco entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo y fue explicando los gestos, como el lavado del agua a través de los cuales Dios derrama su amor en los bautizados y los inunda de dones insertándolos en la vida misma de Jesús.
El Santo Padre expresó también que al darnos la fe, el Señor nos da lo más precioso de la vida porque la fe es el gran don con el que nos da también la vida eterna.
Con el Bautismo, se recibe como don un sello espiritual indeleble, el "carácter" que marca interiormente para siempre la pertenencia del bautizado al Señor haciéndolos miembros vivos de su Iglesia.
"Al entrar a formar parte del Pueblo de Dios dijo el Papa, para estos niños comienza hoy un camino que deberá ser un camino de santidad y conformación a Jesús, una realidad sembrada en ellos como la semilla de un árbol espléndido, que debe crecer"
Luego será necesaria una adhesión libre y consciente a la vida de fe y de amor. De ahí que luego del Bautismo, los bautizados tienen que recibir una educación en la fe, que incluya las Sagradas Escrituras y las enseñanzas de la Iglesia para que el germen de la fe que reciben junto con el Bautismo, pueda llegar a la plena madurez.
Para ésto, la Iglesia debe hacerse cargo de esa educación, junto a los padres y padrinos acompañándolos en ese camino y colaborando con la familia. Hoy día la institución familiar se ve amenazada por el actual contexto social y debe enfrentarse a muchas dificultades en su misión de educar en la fe.
El Santo Padre puntualizó también que " La disminución de referencias culturales estables y la rápida transformación a la que está sometida continuamente la sociedad, hacen verdaderamente arduo el compromiso educativo. Por eso, es necesario que las parroquias se esfuercen cada vez más en apoyar a las familias, pequeñas Iglesias domésticas, en su tarea de transmisión de la fe".
Más tarde durante el rezo dl Angelus, invitó a los presentes a REDESCUBRIR LA BELLEZA DEL BAUTISMO Y DE PERTENECER A LA FAMILIA DE DIOS haciendo hincapié en que "el Bautismo es el inicio de la vida espiritual, que encuentra su plenitud por medio de la Iglesia. En la hora propicia del Sacramento, mientras la comunidad eclesial reza y confía a Dios a un nuevo hijo, los padres y los padrinos se comprometen a acoger al recién bautizado, sosteniéndolo en la formación y en la educación cristiana. ¡Y ésta es una gran responsabilidad, que se deriva de un gran don! Por eso, deseo alentar a todos los fieles a redescubrir la belleza de estar bautizados y pertenecer a la gran familia de Dios, y a dar gozoso testimonio de su fe, para que ésta genere frutos de bien y de concordia".
Fuente: VIS (Servicio Informativo Vaticano)
Comentario:
Desde este blog "Redescubrir" siempre insisto en la necesidad de la educación en la fe luego del Bautismo, algo que aún no ha calado hondo dentro de la comunidad eclesial ya sea por falta de recursos humanos para realizarla como por resitencia dentro de la misma institución eclesial.
Está muy arraigado un prejuicio institucional por el cual se niega la oportunidad para comenzar el acompañamiento de padres y padrinos sosteniendo que nadie acudirá al llamado y que los recursos serán desplegados sin respuesta por parte de las familias.
Quizá pueda llegar a ser una realidad, posiblemente no exista el hábito de acudir a reuniones o llamados que hace una parroquia para comenzar un camino de crecimiento en la fe de los adultos (padres y padrinos) pero también es cierto que, si bien puede suceder algo así, también existe la posibilidad de que no lo sea, de que los que escuchan el llamado, acudan a él y aunque sean pocos, habrá que intentarlo porque en la Iglesia, muchas acciones y movimientos comenzaron muy lentamente y luego fueron creciendo exponencialmente.
No debemos olvidarnos que nosotros, los catequistas, los clérigos, somos todos instrumentos, el que llama es el Señor, el que hace fructificar la semilla es el Señor y tenemos que tener la humildad de reconocerlo. Pero si nos chocamos con el prejuicio y la negativa de quienes gobiernan una parroquia, no tardaremos en lamentarnos. Ya existe un explícito rechazo a las enseñanzas de la Iglesia, a veces expresadas por los mismos bautizados que prefieren la comodidad de una espiritualidad "a la carta" donde es posible elegir tal o cual precepto, tal o cual enseñanza rechazando otras más comprometidas.
Redescubrir el Bautismo es ponerse en camino de querer entender, comprender, saber y sentir por qué y para qué pertenecemos al Pueblo de Dios que es la Iglesia, más allá de todas las controversias que puedan presentarse como se presentaron en todas las épocas desde que el Cristianismo se erigió como religión.
Dichas controversias salen una y otra vez a la luz y cada vez que surgen en la sociedad temas delicados como homosexualidad, celibato sacerdotal, eutanasia, pena de muerte, etc. aparecen los opinólogos que nunca faltan, a confundir a aquéllos que, siendo bautizados, no han tenido la oportunidad de evaluar situaciones y dar respuestas acordes sumando, a todo razonamiento científico, la Palabra de Dios que no pasará jamás.
Para seguir reflexionando:
"La Palabra De Dios Es Viva Y Eficaz" Hebreos 4:12, 13
La Palabra de Dios no pasa jamás (Mateo 5:17-21)
María Inés Maceratesi
viernes, 19 de marzo de 2010
El cristiano y “su mundo”…
La identidad de la Iglesia de Jesús es la comunidad enviada desde la intimidad de Dios a la intimidad de la historia humana. Entonces no hay Iglesia auténtica sin historia humana y tampoco la autenticidad de ser cristiano se alcanza sin una íntima relación con la historia de hombres y mujeres de cada época…de cada lugar de esta tierra. Historia y geografía de los hombres cuentan en el ser cristiano.
Venimos diciendo que la identidad cristiana se logra siendo discípulo de Jesús y en coherencia con el ser miembro de la Iglesia no será auténtico discípulo de Jesús quién no conoce su mundo…su historia… su lugar… de misión de testigo del Evangelio de Jesús. Así como no hay Iglesia sin Mundo tampoco hay cristiano, de verdad, sin historia en la está inmerso.. De ahí que el poeta Paul Claudel recomendaba a un novel sacerdote “tener en una mano el Evangelio y en la otra el diario” Y nuestro mártir Angelelli en genial axioma pastoral repetir una y otra vez “con un oído en el Evangelio y el otro en el mundo”
En consecuencia, no se puede pensar un cristiano sin referencia esencial al mundo que vive, a su determinada época histórica…Pretender un cristiano sin referencia histórica es hacer de un bautizado un alienado…Es la sal que ha perdido el sabor. Es un bautizado que ha perdido su identidad de “cristiano”. De ahí que la Constitución Gozo y Esperanza urge a cada bautizado el conocimiento de los “signos de los tiempos” y la suma atención que ha de tener a los cambios históricos que los define como “rápidos” “profundos” y “ universales”, tanto a nivel personal como comunitario.
No se puede ser cristiano-hoy- sin tomar conciencia de los progresos de la ciencia moderna, la medicina, la técnica, la economía, la cultura, la comunicación cuyo desarrollo ha sobrepasado las más audaces fantasías de Julio Verne y de los más brillantes futurólogos. No se trata de que la generalidad de los cristianos para serlo tengan que ser estudiosos de tales progresos. Pero desde la niñez y principalmente en la adolescencia y juventud han de ser educados para vivir un mundo de progresos defendidos contra la ambivalencia de dicho progreso. Admirables adelantos técnicos pero no puestos para desarrollar un auténtico humanismo, para fomentar relaciones de sana convivencia humana; por el contrario, usados contra el mismo hombre.
Es maravilloso el progreso técnico de Medios de Comunicación; pero, a su vez el uso abusivo, deshumaniza desde programas que reproducen determinadas actitudes que desmerecen la condición humana, por ejemplo, premiando la astucia más que la bondad, fomentando el éxito no importando los medios; desdibujando, no pocas veces, la frontera entre lo real y lo virtual, fomentando así un absoluto relativismo, que ha engendrado el popular “todo vale”…El bautizado que se quiera lograr como “cristiano” ha de impregnarse en los valores evangélicos para saber discernir con los mismos sentimientos de Jesús lo que ve, oye, escucha y lee.. Ha de ser conciente del tsunami de antivalores promovido por los Medios. Ha de dar un mesurado tiempo a los Medios para dedicar más espacio a la lectura orante de la Palabra de Dios y no caer en la inmadurez de la simple información y hasta en la gravedad de actitudes pecaminosas y deshumanizantes.
Miguel Esteban Hesayne.
1 Vat. II Constitución es “Lumen Gentium” y “La Iglesia en el Mundo Actual”
martes, 16 de marzo de 2010
Bautismo, buscando la identidad cristiana
Así fue desde lo orígenes… Lo primero que hizo Jesús cuando emprendió la misión encomendada por su Padre Celestial, fue convocar gente para hacerlos sus discípulos/as. La Iglesia, naciente en Jerusalén, fue un grupo de discípulos/as del crucificado-resucitado. Recién después de un largo tiempo cuando los discípulos/as del Resucitado aparecieron en Antioquia, los antioqueños judíos y paganos, ante el hecho de hombres y mujeres de todas la edades y no en gran número, pero, con notable estilo de vida muy distinto al resto de la sociedad de esa época, los comenzaron a llamar “cristianus”, Hch.11, 26 es decir, seguidores de un tal Cristo que habían tomado como Maestro de ese nuevo modo de vivir.
El nombre “cristiano” fue un mote (apodo) para muchos despectivo y hasta insultante; para todos los de fuera del grupo de seguidores de Jesús, un modo de señalar una nueva conducta. Para los judíos: escandalosa; para los paganos, alocada (Cfr. 1 Cor. 1,18). Los discípulos/as de Jesús, lo asumieron como lema o divisa, sintiéndose honrados con un nombre que respondía a seguir a Jesús-Resucitado. Tan honrados que muchos y muchas dieron su vida por defender lo que significaba ser cristiano o ser cristiana. Con el transcurso de los siglos, el nombre “cristiano” perdió identidad.
Y la fue perdiendo a medida que los bautizados tomaron otros maestros para su modo de encarar la existencia y el quehacer cotidiano. Así, pueblos y naciones con mayoría de bautizados defendieron y siguen defendiendo ideologías anticristianas tomando el nombre de cristiano. Como es el caso de defender sistemas violadores de los Derechos Humanos, sistemas injustos y siguen llamándose “occidentales y cristianos” por tradición. Es tomar el nombre de cristiano en vano. Pecado semejante a tomar el nombre de Dios en vano.
Es lamentable pero es un hecho que del “occidente cristiano” quedan más monumentos históricos de épocas cristianas que costumbres privadas y públicas que respondan al discipulado del Divino Maestro Jesucristo. Algo así como imponentes castillos que rememoran la época medioeval. Y aunque nos duela más, hemos de sincerarnos sobre nuestras propias estructuras educativas -Universidades y Colegios Católicos- que han contribuido al desprestigio del nombre cristiano en la medida que no han tomado como objetivo central y prioritario educacional formar discípulas y discípulos de Jesús Doctor y Maestro como se autodenominó a si mismo Jesús (Mt.23,8). Es que no pocos se contentan con tener un alumnado numeroso y hasta con prestigio del saber humano y una cierta moralidad, aliciente para padres y madres de familia que más bien buscan contención para sus hijos que conversión a Jesucristo y su Evangelio. Más aún, hemos de preguntarnos si las estructuras actuales de nuestras parroquias son realmente espacios para formar de cada bautizado un discípulo del Resucitado.
El mismo Jesús nos ha dado criterio para un profundo y auténtico discipulado suyo. Por sus frutos los conocerán, ha sentenciado. Y ¿qué decir, entonces, de una masa de bautizados y de millones de fieles católicos participantes en misas dominicales y millones de argentinos viviendo bajo el nivel de una vida humanamente digna, por no decir desnutridos, enfermos sin trabajo ni vivienda?
A la luz de las enseñanzas de Jesús y el testimonio de la Iglesia de los orígenes, la mayoría de estos fieles católicos argentinos no pueden tomar el nombre de cristiano, es decir, considerarse discípulos de Jesús, aunque practicantes y con la más sincera intención.
Todos, pastores y fieles hemos de desaprender qué se entiende por cristiano. Hemos de escuchar la voz del Espíritu del Resucitado que nos llama a una conversión espiritual-pastoral, tal cual nos viene insistiendo en el Documento de Aparecida actualizando la voz del Concilio Vat. II.-
El mensaje del Espíritu es claro y radical. Todos y todo en la Iglesia se ha cambiar si no sirve para lograr un encuentro personal con Jesús Resucitado, convocando discípulos-testigos-misioneros. Y solamente así ser, de verdad, cristianos. Tema que iremos desarrollando.
Miguel Esteban Hesayne – Obispo
mehm@speedy.com.ar
lunes, 9 de noviembre de 2009
Vivir el Bautismo

Hablando de la importancia de este sacramento en la vida de cada cristiano, recordó unas palabras del entonces arzobispo de Milán en 1959: "En el mundo en que vivimos, a menudo se interpone una nube que nos quita la alegría de ver con serenidad el cielo divino... existe la tentación de creer que la fe es un vínculo, una cadena de la que hay que liberarse, algo antiguo y pasado de moda que no sirve... de modo que el ser humano piensa que es suficiente la vida económica y social para dar una respuesta a todas las aspiraciones del corazón humano".
En este contexto, el Papa mencionó las Confesiones de san Agustín, cuando dice que "nuestro corazón no tendrá paz hasta que no descanse en Dios. Sólo si encuentra la luz que le ilumina y le da plenitud de significado, el ser humano es verdaderamente feliz. Esta luz es la fe de Cristo, don que se recibe en el bautismo y que hay que redescubrir constantemente para transmitirlo a los demás".
Benedicto XVI exhortó a no olvidar "el don inmenso recibido el día del Bautismo. En aquel momento Cristo nos unió para siempre a él. Pero nosotros -preguntó-, ¿seguimos unidos a El a través de decisiones coherentes con el Evangelio? ¡No es fácil ser cristianos! Es necesario valor y tenacidad para no conformarse con la mentalidad del mundo, para no dejarse seducir por las tentaciones -a veces potentes- del hedonismo y del consumismo, para afrontar, si es necesario también, incomprensiones e incluso persecuciones. Vivir el bautismo implica permanecer sólidamente unidos a la Iglesia, incluso cuando vemos en su rostro algunas sombras y manchas".
"La Iglesia -concluyó- nos ha regenerado a la vida divina y nos acompaña en todo nuestro camino: ¡amémosla como nuestra verdadera madre! Amémosla y sirvámosla con un amor fiel, que se traduzca en gestos concretos dentro de nuestras comunidades, sin ceder a la tentación del individualismo y del prejuicio, y superando cualquier rivalidad y división. Solo así seremos verdaderos discípulos de Cristo".
Al terminar su visita, el Papa se trasladó al aeropuerto militar de Ghedi y desde allí emprendió el vuelo de regreso a Roma, donde llegó a las 20,15.
Fuente: Oficina de Prensa de la Santa Sede
martes, 7 de julio de 2009
El bautismo de los niños. Luces y sombras

Alocución televisiva de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata en el programa “Claves para un mundo mejor”(Sábado 3 de julio de 2009)
“Hoy quiero hacer un comentario acerca del Sacramento del Bautismo que, como sabemos, es la puerta de todos los sacramentos porque en él recibimos el perdón de los pecados, somos engendrados a la vida divina al recibir la Gracia de ser hijos de Dios y, así nos incorporamos a la gran familia de los hijos de Dios que es la Iglesia”.
“En los orígenes de la Iglesia el Bautismo de adultos era la práctica común, pero sin embargo ya en el Nuevo Testamento, por ejemplo en el Libro de los Hechos de los Apóstoles, se hace mención de la conversión de familias enteras. Se habla de familias enteras que son bautizadas incluyendo seguramente, también a los niños. Ya en el siglo II tenemos testimonios de que la comunidad cristiana bautizaba a los niños; luego ésta se ha ido haciendo la práctica general”.
“El Bautismo de los niños es algo bellísimo porque, en realidad, en ese caso es cuando se manifiesta con mayor plenitud la pura gratuidad de la gracia de la salvación, que nos hace hijos de Dios. El niño recibe esa gracia como un regalo total”.
“En nuestro pueblo se conserva felizmente el sentido del valor del Bautismo; esto es algo espontáneo en la mayor parte de la población argentina. Sin embargo, tendríamos que tomar en cuenta algunas dificultades”.
“Hay que llamar la atención para que el Bautismo no se solicite simplemente como efecto de una especie de arrastre cultural, sino que sea una convicción cierta de que es un regalo de Dios que implica el compromiso de conciencia de los padres para educar cristianamente a sus hijos”.
“Hay otro aspecto que puede ser considerado secundario pero que manifiesta una cierta ambigüedad en este campo: es el de la elección del nombre. Aparece cada vez con mayor frecuencia el caso de chicos a los que sus padres ponen nombres no cristianos. Se han puesto de moda nombres paganos, nombres aborígenes y no entro en el caso de las modas extravagantes. Me refiero sólo a lo religioso: están privando al niño de un patrono celestial y de la posibilidad de celebrar su onomástico”.
“Un remedio parcial de este olvido del valor del nombre consiste en que al inscribir al niño para el bautismo, se invite a los padres a que añaden un nombre cristiano, que sea verdaderamente “su nombre de pila”, como se decía antes. No figurará en el documento de identidad pero sí en su registro de bautismo y será el nombre por el cual ellos se refieran también a un patrono celestial la Santísima Virgen en sus muchas advocaciones o uno de los innumerables santos”.
“Pero hay un problema que considero más grave todavía. Empieza a notarse ahora que algunos padres católicos no sólo difieren el Bautismo de sus hijos sino que lo eluden con el falso argumento de que cuando ellos sean grandes deben decidir si quieren ser cristianos”
“Aquí hay un error muy serio, porque si esos padres son realmente católicos y viven su fe, ¿qué mejor pueden desear para sus hijos que el don inestimable de la gracia divina? Este error, que se registra incluso entre personas cultas, bien formadas, es totalmente contrario a la enseñanza y a la disciplina de la Iglesia. El argumento (que los hijos decidan por su cuenta cuando sean grandes) es muy curioso. Porque esos mismos padres, aparentemente tan respetuosos de la libertad de sus hijos, les imponen toda clase de condicionamientos y determinaciones en otros campos de la educación: eligen para ellos costumbres, gustos, estilos; los hacen simpatizantes de un club de fútbol para que comparta el fanatismo del padre y deciden si debe estudiar alemán o inglés, flauta o patín o dibujo. Les imponen montones de cosas, pero los privan del don de la fe y de la gracia de Dios durante los años decisivos en los que se configura la personalidad”.
“¡Aquí hay una verdadera contradicción! Y esto no es sólo un error sino que me atrevo a decir que es también un pecado, una falta de piedad y de amor para con el hijo al cual dedican tantos cuidados y privan del mayor de los dones: lo privan de Dios”.
Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata
jueves, 27 de noviembre de 2008
Redescubrir la familia como matriz espiritual de la existencia humana
El Huésped, con la "H" mayúscula
La familia es la matriz de todos los significados espirituales de la existencia. Allí se aprenden los contenidos y los "sabores" de conceptos y actitudes espirituales como acogida, escucha, perdón, comunión, bendición, gratitud, don, sacrificio...
Los padres no se preguntan si hace falta enseñar a los hijos a comer o a portarse correctamente. Lo mismo vale con respecto a Dios. La fe es un componente inevitable de los individuos de nuestra especie, como lo es el pensamiento. De esta dimensión nadie en realidad puede prescindir. Quien no cree en Dios cree en alguna otra cosa: en el Amor, en la Justicia, en la Libertad. Los menos evolucionados creen en sí mismos, en el poder o en el dinero. Clases de "fe" también éstas, pero de ínfimo nivel. ¿En qué cosa cree quien no cree? es la pregunta para hacerse.
Los niños y Dios
Los niños, más que cualquier otra cosa, necesitan de cuentos que les expliquen de donde viene el mundo, por qué viven y dónde está ahora el abuelo que falleció hace poco. Quieren saber la razón por la cual llegamos al mundo y cuándo, lamentablemente, debemos dejarlo. Preguntan si Dios es hombre o mujer...Los niños con sus preguntas pueden empujar a los padres más allá de la capacidad de la imaginación, y es irresponsable dejarlos expuestos a cualquier influjo, ya que se los estaría engañando. A Dios se lo debe "respirar", como si fuera alguien de la casa, acogiéndolo como al Huésped con la "H" mayúscula. Su presencia se descubre en la importancia concedida a la interioridad, en los acontecimientos memorables, en el amor mutuo, en la esperanza. Dios no es un "sentimiento religioso vago", sino una Persona presente. Nadie puede llevar a otro donde él no ha estado: los padres no pueden limitarse a "mandar" a los hijos al catecismo. La Iglesia no es una "estación de servicios". Y como el don de la vida viene de Dios a través de los padres, así la fe viene de Dios a través de los padres y la Iglesia. La frase "Mi hijo debe poder decidir más tarde por su cuenta qué religión escoger", está completamente equivocada desde el punto de vista psicológico evolutivo.
El aprendizaje
El aprendizaje religioso se realiza en tres etapas. La primera pasa a través de la observación y la imitación: los niños "escuchan" con los ojos. Un niño que no ve rezar a papá y mamá, no rezará nunca. La religiosidad es adquirida también a través de la enseñanza y el acompañamiento: es la segunda etapa. Los niños tienen el derecho de conocer y comprender la historia de Jesús, sus palabras, la reflexión y la tradición de la comunidad de los creyentes; luego, de ser "iniciados" a una vida "con Dios adentro". La tercera etapa para aprender la religiosidad, pasa a través del robustecimiento, que viene de la aprobación de los demás y de la ratificación social. Este es el papel de la comunidad parroquial. La ratificación social que viene de la oración y de la celebración comunitaria en la Iglesia o también en los grupos, en el oratorio, hace aparecer loable y digno de ser vivido lo que es transmitido por padres y catequistas.
Los ritos
Los niños tienen necesidad de una relación con Dios, no de una "ideología" acerca de Dios. Muchas veces reciben imágenes deformadas, que mueven a la neurosis con respecto a Dios, como por ejemplo el juez que condena, o el policía que castiga, etc. Los verdaderos iconos son diferentes: Creador que hizo a los hombres a su imagen, Padre que se preocupa por sus hijos, Amigo que sufre con el hombre y da significado a la muerte. Pero una fe viva tiene necesidad también de gestos y tradiciones, porque los niños quieren "ver y tocar". He aquí entonces la bendición de los niños. Los padres tienen muchas posibilidades de bendecir a su hijo: cuando sale de casa, antes de que se duerma por la noche, en ocasión del cumpleaños, del onomástico o del aniversario del bautismo. Felices los padres que tienen la costumbre de rezar junto a la cama de su niño, dejando que exprese preocupaciones, sentimientos y deseos. He aquí la lectura de la Biblia: la palabra de la Biblia se refiere al presente y no al pasado, infunde significado a la existencia. He aquí la oración en familia: enseñar a rezar es el don más grande que los padres pueden hacer a los hijos.
Fuente: Boletín Salesiano
miércoles, 10 de septiembre de 2008
Redescubrir por qué y para qué somos cristianos

Y aquí considero conveniente recordar que un encuentro prebautismal con padres y padrinos, adultos pero muy jóvenes algunos, tiene que ser un momento de replanteo y redescubrimiento del propio Bautismo y de la fe que sigue sembrada en cada uno y a la espera de ser renovada.
Lo que sí ha cambiado bastante es el tenor de las respuestas y lo que noto, es que la situación social y política imperantes en este país, el cambio cultural en lo referente a la familia principalmente, y el nivel de educación alcanzado o no, inciden notablemente en la concepción que de la fe y la espiritualidad tienen las personas.
Y decía que se acercan a buscar algo y no a alguien porque de lo contrario, no preguntarían para qué sirve ser cristianos o qué significa ser cristianos. Estimo que la Iglesia se ha desplazado en ciertos momentos o en ciertas ocasiones, de su centro. El centro de la Iglesia no es algo sino alguien: JESUCRISTO. Jesús el Cristo, de ahí el nombre de CRISTIANOS. Y Cristo es el modelo a imitar por las personas y por la Iglesia; Él es el que fundó su Iglesia y le dio el mandato de hacer discípulos en su nombre.
Quisiera poder afirmar que hoy la Iglesia está trabajando para hacer discípulos a los bautizados pero, mientras no se ocupe de la familia como una célula fundante de la misma, será un poco difícil.
Hoy muchos bautizados tenemos que reconocer nuestra ignorancia para transmitir la fe a las futuras generaciones. El mundo cambió y también cambiaron algunas cuestiones que se pensaban inamovibles; la situación cultural y sociopolítica reinante hace que nuestras respuestas a las preguntas de siempre deban ser diferentes y adecuadas a la realidad, sin dejar por eso de estar apoyadas en la verdad.
Por supuesto, volviendo al principio de esta reflexión, que las preguntas serán siempre bienvenidas porque nos ayudan a crecer y madurar en la fe, de ahí que los encuentros prebautismales como tales, tienen que convertirse en verdaderos disparadores para que los adultos sigamos reflexionando, creciendo y, el día de mañana poder acompañar a nuestros hijos y ahijados en la búsqueda de sus propias respuestas de fe ante un mundo que necesita tanto de discípulos misioneros testigos de Aquél que dio la vida por cada uno de nosotros y espera que nosotros seamos capaces de hacer lo mismo.
¿Para qué sirve ser cristiano?
Son hombres como los demás
"Los cristianos no se diferencian ni por el país donde habitan, ni por la lengua que hablan, ni por el modo de vestir. No se aíslan en sus ciudades, ni emplean lenguajes particulares: la misma vida que llevan no tiene nada de extraño.
Su doctrina no nace de disquisiciones de intelectuales ni tampoco siguen, como hacen tantos, un sistema filosófico, fruto del pensamiento humano. Viven en ciudades griegas o extranjeras, según los casos, y se adaptan a las tradiciones locales lo mismo en el vestir que en el comer, y dan testimonio en las cosas de cada día de una forma de vivir que, según el parecer de todos, tiene algo de extraordinario".
Habitan en la tierra, pero son ciudadanos del cielo
"Habitan en la propia patria como extranjeros. Cumplen con lealtad sus deberes ciudadanos, pero son tratados como forasteros. Cualquier tierra extranjera es para ellos su patria y toda patria es tierra extranjera.
Se casan como todos, tienen hijos, pero no abandonan a sus recién nacidos. Tienen en común la mesa, pero no la cama. Están en la carne, pero no viven según la carne. Habitan en la tierra, pero son ciudadanos del cielo.
Obedecen a las leyes del Estado, pero, con su vida, van más allá de la ley. Aman a todos y son perseguidos por todos. No son conocidos, pero todos los condenan. Son matados, pero siguen viviendo. Son pobres, pero hacen ricos a muchos. No tienen nada, pero abundan en todo. Son despreciados, pero en el desprecio encuentran gloria ante Dios. Se ultraja su honor, pero se da testimonio de su justicia.
Están cubiertos de injurias y ellos bendicen. Son maltratados y ellos tratan a todos con amor. Hacen el bien y son castigados como malhechores. Aunque se los castigue, están serenos, como si, en vez de la muerte, recibieran la vida. Son atacados por los judíos como una raza extranjera. Los persiguen los paganos, pero ninguno de los que los odian sabe decir el porqué ".
Están en el mundo como el alma en el cuerpo
Como la carne odia al alma y le hace guerra, sin haber recibido ofensa alguna, solo porque se opone al deleite y gozo de los placeres que hacen daño, así el mundo odia a los cristianos, que no le han causado algún mal, sino porque solamente se han opuesto a una manera de vida cuya esencia es el placer.
Como el alma ama a la carne y a los miembros que la odian, así los cristianos aman a quien los odia. El alma, aun cuando sostiene al cuerpo, está encerrada en él; así los cristianos aun cuando son el sostén del mundo, viven presos en él como en una cárcel. El alma inmortal habita en una tienda mortal: así los cristianos viven como extranjeros en medio de las cosas que se corrompen, en espera de la incorruptibilidad del cielo.
Con la mortificación en el comer y en el beber, se afina el alma y se hace mejor; así también los cristianos, maltratados y perseguidos, aumentan cada día en número. Dios les ha asignado un puesto tan sublime, que no deben abandonarlo de ningún modo" (Sources Chrétiennes, 33 bis, 62-67).
viernes, 29 de agosto de 2008
La identidad de los laicos

La autonomía de lo laico, el anticlericalismo, el culto a la “diosa razón”, el ateísmo imperante en las visiones antropológicas, en definitiva una cultura prescindente de Dios ha ido dando lugar, sin lugar a dudas, a una fuerte crisis cultural, donde la autosuficiencia humana ha demostrado ser incapaz de satisfacer las necesidades más elementales del hombre: el sentido último de su existencia, que, en definitiva, le marca los valores con los que ha de vivir tanto en su vida individual como en su vida social.
No sin dificultades la Iglesia ha sabido reconocer la autonomía de lo secular, pero, sin renunciar a su misión evangelizadora, que la compromete a ordenar los asuntos seculares según el proyecto de Dios.
La primavera que representó para la Iglesia el Concilio Vaticano II dejó en claro que el camino para llevar adelante la misión de transformar las realidades de acuerdo al designio del Creador es el del diálogo con el mundo. Pero también definió con certeza que el protagonismo y la corresponsabilidad de los laicos es irrenunciable para la concreción de la construcción de una sociedad que responda a los valores del Reino.
Hoy somos plenamente conscientes, desde los desafíos señalados por Aparecida, que bautizar cada vez más personas o extender las fronteras de la misión “ad gentes” no es suficiente para lograr la transformación social de la que hablamos. Además de anunciar a Jesucristo es necesario que se adhiera a su persona y a su proyecto de vida. La concreción de una sociedad más justa dependerá exclusivamente de la madurez de cada uno de los bautizados. Un claro acento en la afirmación de la identidad de cada bautizado logrará, por irradiación y no por declamación, reinstalar los valores en crisis.
Esta maduración bautismal es, en definitiva, uno de los grandes desafíos que debemos afrontar en la Iglesia que nos toca vivir. Pero es particularmente el compromiso y la participación de los laicos lo que debe ocuparnos de una manera especial. Hay tres aspectos de esta maduración que considero urgentes de abordar.
Un primer aspecto que deberíamos considerar es la relación entre presbíteros y laicos. En muchos aspectos hemos desarrollado, como pastores, una relación bastante paternalista respecto de los laicos, subestimando en muchas ocasiones la capacidad y el don de Dios que hay en ellos. Consecuentemente se ha desarrollado, por parte de los laicos, una actitud cómoda en la que se termina esperando todo del sacerdote. Deberíamos fortalecer una conciencia de corresponsabilidad y una relación más horizontal y fraterna que nos permita descubrir la complementariedad de los roles.
Muy relacionado a este aspecto hay que considerar el tema de la formación de los laicos. Los laicos son los que tienen que responder cotidianamente a más interrogantes que los curas y la sola catequesis de iniciación es totalmente insuficiente para dar estas respuestas. Deberíamos dejar de pensar que la formación filosófica, bíblica y teológica es solo necesaria para el clero y que el magisterio de la Iglesia tiene un lenguaje críptico para los laicos. Abordar una formación que involucre un proceso espiritual y también intelectual en la base de nuestras parroquias y no solo en institutos especializados es otro desafío que debemos abordar.
Un segundo aspecto que habría que tener en cuenta es la comprensión del concepto “promoción del laicado”. Si bien es cierto que nuestras comunidades eclesiales necesitan cada vez más del compromiso de los laicos en lo que hace a las tareas de animación y evangelización, con frecuencia se cae en una clericalización consensuada de los laicos, y hasta en ocasiones en una suerte de fuga mundi en lo que hace a su espiritualidad. Por otra parte, no pocas veces los sacerdotes nos ponemos a la vanguardia de luchas seculares relegando a los laicos a tareas domésticas de la parroquia y olvidándonos y haciendo olvidar que es a ellos que les compete ser vanguardia en lo que al mundo se refiere. Y no hay que olvidar que nos cuesta o no sabemos acompañar a quienes asumen compromisos ciudadanos.
Finalmente creo que deberíamos abordar seriamente el tema de la iniciación cristiana. Hoy notamos la marcada incidencia de una experiencia religiosa consumista, donde lo sagrado juega entre la oferta y la demanda, y donde el don de Dios no se asume como tarea. Si bien esto facilita la aparición de falsos profetas, garúes y devociones y prácticas religiosas que rayan con lo pagano, no deberíamos dejar de considerar la frivolización de los sacramentos, donde lo sagrado queda sepultado debajo de un sinnúmero de cosas secundarias que alejan del auténtico encuentro con Jesucristo o de cualquier compromiso con la maduración de la fe y en las que quedamos atrapados. Ciertamente que abordar la iniciación cristiana como camino de encuentro con Cristo que invite a su seguimiento y que fortalezca la identidad cristiana de los bautizados es otro de los serios retos que debemos afrontar.
Ciertamente y parafraseando a Juan Pablo II, la evangelización del siglo XXI ha de ser tarea primordial de un laicado maduro, conciente de su identidad y de su misión, y esta ha de ser la tarea en la que como clero debemos dedicar nuestro mejor empeño.
martes, 8 de enero de 2008
Redescubrir la familia a partir del Bautismo, mensaje de Juan Pablo II en 1988
Ese mensaje de Juan Pablo II es para escucharlo con suma atención. Ante tantas dificultades, confusiones y controversias que rodean al Magisterio de la Iglesia Católica, es necesario que hagamos un discernimiento y veamos si, efectivamente lo que se comenta a nuestro alrededor es verdadero.
La Iglesia siempre ha pregonado la riqueza de su pensamiento a través de todos y cuantos la componen, sean éstos clérigos o laicos. No adhiero a un pensamiento único, ni siquiera el que proviene de la institución eclesial, como tampoco adhiero a aquellas opiniones que constantemente tratan de denostar todo cuanto provenga de ámbitos eclesiales. Sí creo en una formación personal y un discernimiento propio que surge de la compenetración en el espíritu de la letra y, ese discernimiento lo provee el Espíritu Santo a través de sus múltiples mediaciones: la Sagrada Escritura, la Teología, la Filosofía, la Antropología y todas las ciencias humanas pero, nuestra tarea consistirá en hacer la síntesis y luego hablar y obrar en consecuencia.
La Iglesia defiende a la familia como el ámbito primero y principal de desarrollo de los seres humanos en toda su dimensión, como ámbito de establecimiento de vínculos y como escuela de valores y de fe. Hasta aquí, no creo que haya ninguna persona que pueda expresar que no está de acuerdo.
Claro está que luego surgen intereses e ideologías que tratan, por todos los medios posibles, especialmente a través de los Medios de Comunicación, de confundir a la gente con teorías e ideas que desdibujen el mensaje que Cristo mismo, a través de su Iglesia, nos quiere transmitir. Ese mensaje, el de Cristo, es un mensaje de esperanza, de salvación, de crecimiento personal y comunitario, de alegría y de paz.
¿Qué persona, pueblo o nación podría encontrar este mensaje como nocivo?. ¿Por qué no entender que cuando la Iglesia habla a través de sus pastores lo hace en primer lugar para los que creen en Jesucristo y por ende para toda la humanidad?. ¿Tan difícil resulta entender un mensaje tan sencillo y tan profundo a la vez?.
Por eso la inclusión de este mensaje de Juan Pablo II me parece muy oportuno a pesar de que fue pronunciado hace veinte años, un pastor que desgastó sus años y su vida en transmitir la verdadera razón de existir del matrimonio y de la familia. Nos lo dice a partir del Bautismo, que es la fuente de la gracia y de los dones para llevar adelante la misión que se nos ha dado en este mundo. No estará de más escucharlo con atención y juzgar por nosotros mismos si vale la pena jugarse por los valores de la familia y por Cristo.
Comentario: María Inés Maceratesi
viernes, 17 de agosto de 2007
El predicador del Papa invita a redescubrir el propio bautismo

¿Es que tal vez Jesús necesitaba, también él, ser bautizado como nosotros? Ciertamente no. Él quiso, con aquel gesto, mostrar que se había hecho uno de nosotros en todo. Sobre todo quería poner término al bautismo de «agua» e inaugurar el «de Espíritu». En el Jordán no fue el agua la que santificó a Jesús, sino Jesús quien santificó el agua. No sólo el agua del Jordán, sino la de todos los baptisterios del mundo.
La fiesta del Bautismo de Jesús es la ocasión anual para reflexionar sobre nuestro bautismo. Una pregunta que frecuentemente la gente se plantea acerca del bautismo es: ¿por qué bautizar a los niños de pequeños? ¿Por qué no esperar a que sean mayores y decidan por sí mismos libremente? Es una cuestión seria, pero puede ocultar un engaño. Al procrear un hijo y darle la vida, ¿es que los padres le piden antes permiso? Convencidos de que la vida es un don inmenso, suponen justamente que el niño un día les estará agradecido por ello. No se pide permiso a una persona cuando se trata de darle un don, y el bautismo es esencialmente esto: el don de la vida dado al hombre por los méritos de Cristo.
Nadie, por lo demás, dice hoy que, por el sencillo hecho de no estar bautizado, uno será condenado e irá al infierno. Los niños fallecidos sin bautismo, así como las personas que han vivido, sin culpa suya, fuera de la Iglesia, pueden salvarse (estas últimas, se entiende, si viven según los dictados de su propia conciencia). Olvidemos la idea del limbo como el lugar sin alegría y sin tristeza en el que acabarían los niños no bautizados. La suerte de los niños no bautizados no es diferente a la de los Santos Inocentes que hemos celebrado justo después de Navidad. El motivo de ello es que Dios es amor y «quiere que todos se salven», ¡y Cristo murió también por ellos!
Para salir al encuentro de esta situación, la Iglesia da mucha importancia actualmente a la llamada «iniciación cristiana de los adultos». Ésta ofrece al joven o al adulto sin bautizar la ocasión de formarse, prepararse y decidir con toda libertad.
jueves, 28 de junio de 2007
Redescubrir el Bautismo

Repasemos el número 39 de la Tertio Millenio Adveniente, allí nos encontramos con la estructura del Bautismo "centrado en Cristo".
La teologia trata de los misterios de la vida íntima de Dios trino. Por las obras nos es revelada la vida íntima de Dios, y en la teologia, la vida íntima de Dios se esclarece dando lugar a la economia de la salvación y la Economía es lo que Dios hace en la creación. Ej: los Sacramentos son parte de la Economía de la Salvación porque realmente producen lo que dicen, o sea, salvan a través de Cristo.
La impronta cristológica nos remite a la Trinidad. En el número 55 de TMA. hay una lógica," desde Cristo y por Cristo en el Espíritu , al Padre", a diferencia del Credo es una lógica que reconoce a Cristo como Salvador y Señor.
La coherencia entre Cristo, el Bautismo y la fe, el redescubrimiento del Bautismo como fundamento de la existencia cristiana y como apertura ecuménica.
En el número 31 de TMA dice que la fe cristiana es palabra y acción intrínsecamente ligadas. La fe se estructura en palabra y sacramento. El acontecimiento del nacimiento de Cristo no puede ser tomado como un recuerdo conceptual sino que hay que hacerlo presente mediante la representación sacramental o anámnesis (hacer presente un acontecimiento del pasado). Hoy es la reactualización de una acción salvífica eficaz para mí, aqui y ahora. Cristo debe ser contemporáneo a cada hombre hoy.
TMA. número 40 proclamó el año 1997 con el lema Jesucristo único Salvador del mundo ayer hoy y siempre. (Hb. Cap. 1 y 5). Cristo, único salvador, único mediador.
Hay corrientes que proponen otras mediaciones pero, no se puede admitir otra mediación aparte de Cristo. Un hombre de recta conciencia puede salvarse sin conocer a Cristo pero se salva por El.
Descubrir a Cristo como Salvador y evangelizador es profundizar el misterio de la encarnación, con María como Madre de Dios por obra del Espíritu Santo.
Hay una necesidad de la fe para la salvación, una coherencia entre el Bautismo, sacramento que nos incorpora a Cristo y el Bautismo que es el sacramento de la Fe.
El Bautismo madura durante toda la vida.
Medios por los cuales descubrimos a Cristo:
- La Escritura
- La Liturgia
- La Catequesis, en su significado de "enseñanza de los apóstoles sobre Cristo y su Salvación"
TMA 41, dice que el Bautismo es el fundamento de la comunión entre todos los cristianos, incluso entre los que todavía no están en comunión con la Iglesia católica. Cristo nos lleva al diálogo interreligioso. Debemos abrirnos al ecumenismo.
El Bautismo es un vínculo sacramental de unidad, une aún a aquellos que tienen una cierta comunión.
LG número 8 afirma que la plenitud de los medios de salvación están en la Iglesia Católica pero en las otras religiones también hay germen de salvación. El Concilio reconoce la Palabra de Dios de los protestantes, el Bautismo, la Eucaristia de los ortodoxos, la devoción a la Virgen, etc.
Redescubrir la importancia del Bautismo como elemento sacramental que nos une a todos los bautizados.
"Yo soy la Vid, vosotros los sarmientos", aquí se pone de manifiesto la imagen del cuerpo con muchos miembros.Todos somos sarmientos de la misma vid.
Participación de los fieles laicos en la Iglesia comunión
Misterio de comunión y misión, eso es la Iglesia, misterio de comunión misionera.
Entre la comunión y la misión están en juego, la dignidad, la participación y la corresponsabilidad.
La dignidad, que nos es dada por el Bautismo, todos somos miembros del Pueblo de Dios por el Bautismo.
Participamos de una Iglesia comunión que tiene la diversidad y la complementariedad. La diferenciación de carismas y ministerios es una riqueza. La pluriformidad enriquece la unidad. Lo diverso no anula la unidad ni viceversa.
Corresponsabilidad: el laico es corresponsable de la misión de la Iglesia, está llamado a un protagonismo activo, agentes primeros de la Nueva Evangelización (ver en LPNE el enfoque pastoral, y en C.L. el enfoque dogmático).
Ver el contenido del Bautismo en el número 10 que dice que el Bautismo nos regenera a la vida de los hijos de Dios, nos une a Jesucristo y a su cuerpo, la Iglesia, nos unge en el Espíritu Santo, nos transforma en templos.
En el número 11 dice que en el Bautismo somos hechos "hijos en el Hijo", nos confiere una identificación mística que se da por la fe y por el amor.
El Bautismo nos incorpora al Ser filial de Jesús, y lo que se dice de Cristo se dice también del cristiano. Somos hechos miembros de la Iglesia y de Cristo por el Bautismo, y esta unidad con Cristo y los hermanos hace el cuerpo de Cristo (número 12). Nos hace "templos", "piedras vivas" de la Iglesia que se va haciendo en el tiempo.
El número 14 habla de nuestra participación en el triple oficio, sacerdotal, profético y real de Cristo y apoya la idea de la identificación con El.
"Somos el cuerpo de Cristo" porque todos hemos sido ungidos por el Espíritu Santo. En ese Espíritu y en ese cuerpo somos Cristos y Cristo, Cabeza y cuerpo y, según San Agustín, Cristo Total.
En el número 15 el Papa insiste en la índole secular, fruto del Bautismo que reviste el apostolado de los laicos. La condición secular obtiene en Cristo, la plenitud de su significado. LG 10, habla del sacerdocio, de los sacrificios espirituales de la vida del laico que consagra el mundo a Cristo.
El laico tiene como vocación la construcción del Reino de Dios en el mundo. Puede consagrar el mundo porque es un consagrado.
El manejo de una familia conlleva prudencia (medios apropiados para fines determinados), constituyendo una sociedad más justa con valores y virtudes, lo hace con caridad y así transforma el mundo y se santifica en forma horizontal (hacia los hermanos) y vertical (hacia la vida eterna).
El hombre de caridad se santifica a través de estas acciones. San León Magno nos dice: "conoce cristiano tu dignidad", y San Agustín dice "alegrémonos y demos gracia, hemos sido hecho Cristo".
La dignidad es fuente de unidad, los cristianos tienen que participar de la vida de la Iglesia en una comunión orgánica que supone complementación. El laico debe aportar a la comunidad eclesial su propia especificidad. La comunión no es fruto de un acuerdo entre partes, es previa a su propia realización. Es desde Cristo que brota la comunión. El cuerpo eclesial es contenido en el cuerpo de Cristo, se da de arriba hacia abajo. La Comunión tiene como fundamento a Cristo y cohesión a los miembros por el Espíritu, si se rompe es porque no dejamos obrar al Espíritu.
La comunión es un don de Cristo y del Espíritu, viene de arriba, genera comunión y es misión.
LG, 2,3 y 4 (ver) unidad Trinitaria. La Trinidad produce la comunión, viene de ella, se conforma en ella y va hacia ella como causa final. Fundamento es: causa. Comunión, fuente y fruto de la misión y ésta es para la comunión.
LPNE número 38 dice que los laicos son los nuevos protagonistas, ésto es, cada uno de los bautizados.Los desafíos del secularismo y la justicia se enfrentan con tres acciones:
- El Bautismo
- La formación permanente
- La opción preferencial por los pobres.
En esta nueva evangelización se redescubre el valor del Bautismo ( ver número 47 y ss). El por qué de la elección de estas tres acciones es:
- por ser muy evangelizadoras
- por alcanzar a mayor número de personas
- porque el Bautismo es el sacramento de incorporación a la Iglesia y afirmación de la identidad católica. Frente al desafío de las sectas, la afirmación de la catolicidad es muy importante.
La importancia del Bautismo hace que no se le pueda negar a nadie. Hay que facilitar las cosas. El Bautismo nos recuerda que somos creatura de Dios, hijos de Dios en el Hijo de Dios, que me da la gracia y la dignidad capaz de amar, de renacer. La fraternidad entre los hombres se basa en la filiación y en la fraternidad en el Hijo y por el Padre. La vida de la gracia y la incorporación a la Iglesia.
Creaturidad, dignidad, gracia, incorporación a la Iglesia, fraternidad, etc, nos la da el Bautismo para comprometernos en la "civilización del amor".
En el número 50 se estaca la importancia de actualizar la memoria del propio bautismo y celebrarlo, porque el Bautismo contiene el germen a desarrollar durante toda la vida.
Sugerencias para seguir profundizando:
Retomar los textos que hablan del Bautismo y el Catecismo de la Iglesia Católica.
Aclaración:
El presente artículo es una elaboración personal de apuntes tomados en una clase dictada en el Curso: "Caminando hacia el Tercer Milenio" realizada en la Facultad de Teología de la UCA
María Inés Maceratesi
Referencias:
Sigla TMA: refiere a la Bula de Convocatoria a festejar la entrada en el año santo 2000 que hiciera Juan Pablo II "Tertio Millennio Adveniente" (Caminando hacia el Tercer Milenio)
Sigla LG: Lumen Gentium, documento del Concilio Vaticano II
Sigla CL: "Christifideles Laici "o "Vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo". Juan Pablo II
Sigla LPNE: "Líneas Pastorales para la Nueva Evangelización" CEA
lunes, 18 de junio de 2007
Salmo del Buen Pastor (23)

El Señor es mi pastor, nada me falta;
en verdes pastos él me hace reposar.
A las aguas de descanso me conduce,
y reconforta mi alma.
Por el camino del bueno me dirige,
por amor de su nombre.
Aunque pase por quebradas oscuras,
no temo ningún mal,
porque tú estás conmigo
con tu vara y tu bastón,
y al verlas voy sin miedo.
La mesa has preparado para mí
frente a mis adversarios,
con aceites perfumas mi cabeza
y rellenas mi copa.
Irán conmigo la dicha y tu favor
mientras dure mi vida.
mi mansión será la casa del Señor
por largos, largos días.
Él es mi pastor; nada me puede faltar. Ante mí está la mesa y la copa de Cristo; mejor que la unción con el santo óleo, he recibido la unción del Espíritu Santo (1 Juan 2,27); espero, no el descanso de la muerte, sino la resurrección junto al Padre.
(Fuente: La Biblia Latinoamericana- Edición 1995- Editorial San Pablo)
Comentario:
Comenzamos cada encuentro prebautismal rezando el salmo del Buen Pastor por varios motivos: en primer lugar parece oportuno no comenzar con una oración conocida y corta recitada como por compromiso sino hacerlo con una oración de la profundidad de un salmo, oraciones que rezaba el mismo Señor y que nosotros también rezamos y meditamos. (Esta oración es recitada por uno de los padres o padrinos/madrinas presentes) Luego de recitada, se realiza una reflexión ¿qué dice? ¿qué nos dice a nosotros hoy y aquí este salmo?
A modo de enseñanza:
Los "Salmos",
Es el Libro más largo de la Biblia. Cuenta con ciento cincuenta capítulos, ciento cincuenta poesías para ser cantadas. Están situados en el centro de la Biblia.
Se llama también "Salterio", dado que éste era el instrumento más usado para cantarlos en comunidad.
Son oraciones hechas por Dios para que las recemos todos y el Libro más usado de la Biblia en los últimos tres mil años por judíos y cristianos de todas denominaciones.
Era el libro de himnos oficial en el Templo y en la Sinagoga y lo sigue siendo actualmente.
El mismo Dios inspiró al salmista los sentimientos y las palabras utilizadas.
Son también las oraciones que rezaban y cantaban Jesús y María, tanto individualmente, como en familia y en comunidad. Recordemos que cuando rezamos un Salmo nos unimos a la sinfonía universal del Pueblo de Dios.
Protagonistas de los Salmos:
Son dos: Dios y el hombre o la mujer.
Dios es el "todo" para el salmista, que está sediento de divinidad. Es el todo en todo y para todos, un Dios accesible, a mano, personal, amigo, que cuida y ayuda, sana, salva, protege y acaricia.
Cada Salmo habla de Cristo y su Iglesia.
El Salmo 23, El Señor es mi pastor,
Es el salmo de fe y eclesiológico por excelencia, elegido a menudo para rezarlo en la celebración de un Bautismo.
El Buen Pastor es el Señor, que nos va acompañando a lo largo del camino de nuestra vida y si es necesario, nos carga en sus brazos pero nunca nos deja solos. ¿Quién de nosotros no ha atravesado quebradas oscuras?...una enfermedad, una falta de trabajo, la muerte de un ser querido, una separación...?.
Ante estas situaciones, cuando nuestras fuerzas humanas claudican, este salmo nos recuerda que Jesús siempre está con nosotros con su vara y su bastón y al verlo, no tenemos nada que temer.
Siempre también, tiene una mesa preparada para nosotros. Cada domingo se nos ofrece como pan y como vino en el altar y recibiéndolo, nos vamos conformando cada vez más a su medida, cada vez nos vamos pareciendo más a Él. Y esa mesa está siempre tendida y esperando por nosotros.
"Con aceites perfumas mi cabeza" dice el salmo, lo cual prefigura el momento de nuestro bautismo, cuando el sacerdote nos signa con el óleo consagrado en cada jueves santo.
Mientras dure nuestra vida habitaremos con Él y en Él y aún después de esta vida, nos estará esperando para recibirnos con alegría y amor como el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas.
sábado, 16 de junio de 2007
La Cultura de la Vida

Benedicto XVI administró el 8 de enero de 2006, el sacramento del Bautismo a diez recién nacidos. Dirigió una espontánea y bellísima homilía en la que nos invita a decir «sí» a la cultura de la vida, «no» a la cultura de la muerte.
Homilía de Su Santidad Benedicto XVI
en la Santa Misa y Administración del Sacramento del Bautismo
Capilla Sixtina, Fiesta del Bautismo del Señor, 8 de enero 2006,
Queridos padres, padrinos y madrinas,
Querido hermanos y hermanas!
¿Qué sucede en el Bautismo? ¿Qué se espera del Bautismo? Vosotros habéis dado una respuesta: esperamos para nuestros niños la vida eterna. Esta es la finalidad del Bautismo. Pero ¿cómo puede realizarse? ¿Cómo puede dar –el Bautismo- la vida eterna? ¿Qué es la vida eterna?
Se podría decir con palabras más sencillas: esperamos para nuestros niños la vida buena; la verdadera vida, la felicidad, aunque el futuro nos sea todavía desconocido. Nosotros no estamos en condiciones de asegurar este don para todo el arco del futuro desconocido y, por eso, nos dirigimos al Señor para obtener de Él este don.
A la pregunta ¿cómo sucederá esto? Podemos dar dos respuestas.
La primera: por el Bautismo cada niño se incorpora a una compañía de amigos que no lo abandonarán nunca ni en la vida ni en la muerte, porque esta compañía de amigos es la familia de Dios, que porta en sí la promesa de la eternidad. Esta compañía de amigos, esta familia de Dios, en la cual ahora el niño se inserta, lo acompañará siempre, también en los días de sufrimiento, en las noches oscuras de la vida; le proporcionará consuelo, fortaleza, luz.
Esta compañía, esta familia le dará palabras de vida eterna. Palabras de luz que responderán a los grandes retos de la vida y le prestará indicaciones justas acerca del sendero a seguir. Esta compañía, absolutamente fiable, no desaparecerá nunca. Ninguno de nosotros sabe lo que sucederá en nuestro planeta o en nuestra Europa dentro de cincuenta, sesenta, setenta años. Pero de una cosa estamos seguros: la familia de Dios estará siempre presente y quien pertenece a esta familia no está nunca solo. Tendrá siempre la amistad de Aquél que es la Vida.
Y así hemos llegado a la segunda respuesta.
Esta familia de Dios, esta compañía de amigos es eterna, porque es comunión con Aquel que ha vencido a la muerte, que tiene en su mano las llaves de la vida. Estar en la compañía, en la familia de Dios significa estar en comunión con Cristo, que es vida y da amor eterno más allá de la muerte. Y si podemos decir que amor y verdad son fuente de vida – y una vida sin amor no es vida- podemos decir también que la compañía con Aquél que es el sacramento de la vida, responderá a vuestra espectativa, a vuestra esperanza. Sí, el Bautismo inserta en la comunión con Cristo y así da vida, la vida. Tenemos así interpretado el primer diálogo que hemos tenido aquí, en el umbral de la Capilla Sixtina.
Ahora, tras la bendición del agua, seguirá un segundo diálogo de gran importancia. El contenido es éste: el Bautismo –como hemos visto – es un don; el don de la vida. Y un don debe ser recibido, debe ser vivido. Un don de amistad implica un «sí» al amigo e implica un «no» a lo que no es compatible con esta amistad, un «no» a cuanto es incompatible con la vida de la familia de Dios, con la vida verdadera en Cristo. Y así, en este segundo diálogo, se pronuncian tres «sí» y tres «no». Se dice «no» y se renuncia a las tentaciones, al pecado, al diablo. Estas [tres] cosas las conocemos bien, pero quizá porque las hemos oido demasiadas veces no nos dicen mucho. Así que debemos profundizar un poco en el contenido de estos «no». ¿A qué cosas decimos «no? Sólo así podremos entender a qué cosas queremos decir «sí».
En la antigua Iglesia estos «no» se resumían en una palabra que para los hombres de aquel tiempo era muy comprensible: se renuncia –así se decía- a las «pompas del diablo», es decir, a las promesas de vida en la abundancia, de aquella vida aparente que parecía venir del mundo pagano, de su libertad, de su modo de vivir según lo que apetecía. Era, por tanto, un «no» a una cultura aparentemente de abundancia de vida, pero que en realidad era una «anticultura» de la muerte. Era el «no» a aquellos espectáculos donde la muerte, la crueldad, la violencia se habían convertido en divertimento. Pensemos en lo que se hacía en el Coliseo, o lo que se hacía aquí al lado, en los jardines de Nerón, donde se prendía fuego a hombres como lámparas vivientes. La crueldad y la violencia habían derivado en una una verdadera perversión de la alegría, del verdadero sentido de la vida. Esta «pompa diaboli», esta «anticultura» de la muerte era una perversión de la alegría, era amor a la mentira, al engaño, al abuso del cuerpo como mercancía, como comercio.
Y si ahora reflexionamos, podemos decir que también en nuestro tiempo es necesario decir un «no» a la cultura ampliamente dominante de la muerte. Una «anticultura» que se manifiesta, por ejemplo, en la droga, en la fuga de la realidad hacia lo ilusorio, hacia una falsa felicidad que se manifiesta en la mentira, en el engaño, en la injusticia, en el desprecio al otro, a la solidaridad, a la responsabilidad por los pobres y por los que sufren; que se manifiesta en una sexualidad convertida en mero divertimento sin responsabilidad, en «cosificación» -por decirlo así- del hombre, al que ya no se considera persona, digno de un amor personal que exige fidelidad, sino que se trata como mercancía, como un mero objeto.
A la promesa de aparente felicidad, a la «pompa» de vida aparente -que en realidad es sólo instrumento de muerte-, a esta «anticultura» decimos «no», para cultivar la cultura de la vida. Por eso, el «sí» cristiano, desde los tiempos antiguos hasta hoy, es un grande «sí» a la vida. Este es nuestro «sí» a Cristo, el «sí» al vencedor de la muerte y el «sí» a la vida en el tiempo y en la eternidad.
Como en este diálogo bautismal el «no» se articula en tres renuncias, también el «sí» se articula en tres adhesiones:
-un «sí» al Dios vivo, esto es, a un Dios creador, a una razón creadora que da sentido al cosmos y a nuestra vida;
-un «sí» a Cristo, esto es, a un Dios que no ha permanecido escondido, sino que tiene un nombre, que tiene una palabra, que tiene cuerpo y sangre; a un Dios concreto que nos da la vida y nos muestra el camino de la vida;
-«sí» a la comunión de la Iglesia en la que Cristo, el Dios vivo, entra en nuestro tiempo, entra en nuestra profesión, entra en la vida de cada día.
Podremos decir también que el rostro de Dios, el contenido de esta cultura de la vida, el contenido de nuestro grande «sí», se expresa en diez Mandamientos, que no son un paquete de prohibiciones, de «no», sino que presentan en realidad una gran visión de vida. Son un «sí» a un Dios que da sentido al vivir (los tres primeros mandamientos); «sí» a la familia (cuarto mandamiento); «sí» a la vida (quinto mandamiento); «sí» al amor responsable (sexto mandamiento); «sí» a la solidaridad, a la responsabilidad social, a la justicia (séptimo mandamiento). Esta es la filosofía de la vida, es la cultura de la vida, que deviene concreta, practicable y bella en la comunión con Cristo, el Dios viviente, que camina con nosotros en compañía de sus amigos, en la gran familia de la Iglesia.
El Bautismo es don de vida. Es un «sí» al reto de vivir verdaderamente la vida, diciendo «no» al ataque de la muerte que se presenta con la máscara de la vida; y es «sí» al gran don de la verdadera vida, que se ha hecho presente en el rostro de Cristo, el cual se da a nosotros en el Bautismo y después en la Eucaristía.
He dicho esto como breve cometario a las palabras que en el diálogo bautismal interpretan cuanto se realiza en este sacramento. Además de las palabras, tenemos los gestos y los símbolos, pero seré muy breve al indicarlos.
El primer gesto lo hemos ya cumplido: es el signo de la cruz, que se nos da como escudo que debe proteger a este niño en su vida; es como un «indicador» para el camino de la vida, porque la cruz es el resumen de la vida de Jesús. Después están los elementos: el agua es símbolo de la vida: el Bautismo es vida nueva en Cristo. El óleo es símbolo de la fuerza, de la salud, de la belleza, porque realmente es hermoso vivir en comunión con Cristo. Después, el vestido blanco, como expresión de la cultura de la belleza, de la cultura de la vida. Y finalmente, la llama de la vela, como expresión de la verdad que resplandece en la oscuridad de la historia y nos indica quiénes somos, de dónde venimos y a dónde debemos ir.
Querido padrinos y madrinas, queridos padres, queridos hermanos, demos gracias en este día al Señor, porque Dios no se esconde dentro de la nube del misterio impenetrable, sino, como ha dicho el Evangelio de hoy, ha abierto el Cielo, se ha manifestado, habla con nosotros y está con nosotros; vive con nosotros y nos guía en nuestra vida. Damos gracias al señor por este don y rogamos por nuestros niños, para que tengan realmente la vida, la verdadera, la vida eterna. Amén.
[Traducción de Arvo Net]
viernes, 15 de junio de 2007
Evaluaciones de encuentros prebautismales varios

Evaluación 1
Grupo numeroso- maduro- participativo- joven- cuestionador
Reunión: amena- programada- desarrollada según pautas
Comenzamos con una oración y poniéndonos en presencia del Espíritu Santo
Al llegar, se iban ubicando en las sillas colocadas en círculos para ocho personas.
Se les distribuyó: el cuento para la reflexión llamado "La fiesta", el versículo de Mateo 20,19, el folleto para llevarse a casa y seguir reflexionando y la carta del Arzobispo con motivo de la Pastoral de niños.
El objetivo se alcanzó plenamente. Respuesta superior a las expectativas.
La evaluación que puedo realizar se basa en la comprobación de que la catequesis la realizaron los concurrentes. Se acercaron al frente un coordinador por cada grupo de ocho personas, dos parejas de padres y dos de padrinos, en total eran más o menos diez personas.
Ellos comunicaron a los presentes las conclusiones del trabajo realizado de una manera profunda y llena de contenido. Todos destacaron como el mayor impedimento para crecer en la fe, la presencia (o ausencia) de una Iglesia que no ofrece facilidades a sus fieles para que puedan acercarse a ella en los momentos que disponen. Compararon la Iglesia Católica con otras de otras confesiones que van al encuentro de los fieles, no espera que lleguen, los buscan.
El cuento les pareció muy motivador y descubrieron que casi ninguna pregunta existencial se la habían respondido desde la fe. Destacaron la necesidad de formarse.
Hubo concenso en cuanto a la dimensión social y natural de la vida y del bautismo, no así en el ámbito de la fe. Se notó confusión. Concluído el encuentro, se acercaron personas a preguntarme como hacer para participar de grupos de reflexión.
La gente joven se nota muy interesada en el compromiso con el mundo, con hechos concretos más que con palabras.
Evaluación 2
Grupo menos numeroso que otras veces.
Se vivió un excelente clima de camaraderia. Según sus propias palabras, se sintieron acogidos, entretenidos, interesados.
Se asombraron de encontrar apertura en las personas que estaban guiando el encuentro. Trabajaron con gran entusiasmo y participaron muchísimo.
Hubo un testimonio muy rico de parte de un papá que se sintió identificado con el cuento y su contenido ya que él se alejó de la Iglesia por los motivos que el mismo refleja. Este señor integra con su esposa, un matrimonio mixto, realizado por la Iglesia católica y la judía y se manifestó muy contento de haber concurrido ya que encontró algo muy diferente a lo que esperaba.
Otro papá contó que su primera hija había sido bautizada en otra Parroquia y que la charla había sido muy aburrida y nada enriquecedora. Nos felicitó por la apertura.
Otros también dijeron que estaban contentos porque no sintieron en ningún momento que estaban frente a alguien que quería "dar clase". Les pedí que, de ahora en adelante, no se refirieran más a la "charla prebautismal"sino al "encuentro" prebautismal.
Evaluación 3
Grupo numeroso, maduro, participativo, joven, cuestionador
Reunión: amena, programada, desarrollada según pautas. Pautas cumplidas.
La catequesis la realizaron los participantes. Actuaron como coordinadores de los grupos, más o menos diez personas que hablaron muy bien a los presentes,con contenido y profundidad.
El aspecto más enunciado como impedimento para crecer en la fe : La Iglesia.Según los participantes, otras confesiones ofrecen más facilidades, van, y no simplemente esperan que lleguen fieles.
Aspecto positivo: los valores, y descubrir que casi ninguna pregunta se la han respondido desde la razón y la fe. Les gustó mucho el cuento "La Fiesta"
En el ámbito natural hay consenso, no así en el ámbito de la fe. Hay todavía confusión.
Se acercaron personas a preguntar como hacer para participar de grupos de reflexión.
Se los notó interesados en el compromiso con el mundo, con actos concretos más que con palabras.
Un joven me preguntó por "la verdad", si había una sola o si cada uno tenía una parte.
Preguntas no respondidas:
Cuales son las diferencias entre bautizados y no bautizados
Que significa ser discípulos y misioneros
Ayuda la fe a responder las preguntas?
Por qué la fiesta: por el mismo motivo que para la comunión, comida, unión, compartir con los que uno quiere
Discípulos: yo, los nuestros
Por qué y para qué: porque quiero darle de lo recibido
Qué enseñar: los mandamientos, el amor a los otros, ayudar
Con que ayudas contamos:los padres, los catequistas, la familia , la comunidad
Evaluación 4
Características del Grupo: semi apático, poco comunicativo
Asistentes: veintiseis personas
No hubo preguntas a responder
Discípulos: todos, hijos, ahijados
Fiesta: Compartir en familia
Por y para qué: para seguir la tradición, comenzar un camino de fe
Qué enseñar: valores, fe, a ser buenas personas
Cómo: con el ejemplo, coherencia, testimonio
Ayudas: fe, colegio, familia, libros, Biblia, Psicología, etc
Evaluación 5
Preguntas sin responder:
Por qué bautizarse
Qué es recibir a Jesús por primera vez
Por qué se necesitan padrinos
Fiesta:
Integración familiar
Discípulos:
Hijos/ahijados, nosotros, todos
Por qué bautizarlos
Inicio y después que puedan elegir
Entrada a la fe
Para qué
Acercarlo a Dios
Qué enseñar
Medios para ejercer la fe
Que la fe se comparte
Religión como una herramienta más
Cómo
Compartiendo
Ayudas
Familia, parroquia, amigos
Síntesis catequística:
Se leyó Mc. 16-15 a 18 Conversión de Pablo
El resumen conclusión, apuntó esta vez a transmitir que el Bautismo es el inicio de la vida de fe, que implica una misión, ir, bautizar y hacer discípulos. Considerar la familia como la iglesia doméstica donde se comparte la fe.
Los padres son para sus hijos, sacerdotes, profetas y reyes. La fiesta se hace para unir a la familia, contribuir a la integración familiar.
Discípulos somos todos los que seguimos al Maestro (Jesús).
¿Después que elijan?...no, fuimos elegidos por Dios para siempre, aunque nosotros nos alejemos Él siempre nos está llamando y espera que volvamos a Él.
Aporte de una mamá: "La fe es un medio y una herramienta de carácter sanador", afirmación que merecería una profunda reflexión y discernimiento para no caer en el simplismo mágico.
Evaluación 6
Grupo difícil, desmotivado, ausente, distraido, excepto unos pocos. Susceptibilidad de un padrino o padre que, al decir yo que el Bautismo se toma a veces con ligereza,se sintió interpelado. Expresó que él sabía muy bien por qué quería bautizar a sus hijos y le pregunté si para él la fe tenía algo que aportar a la vida del trabajo, de la economía, de la política. La respuesta fue que no y me llevó a cambiar la metodologia y explicar la Doctrina Social de la Iglesia, los desafíos del mundo de hoy y que la fe tiene también una dimensión social. Resalté el tema de la misión del bautizado para transformar la realidad humana siendo discípulos y misioneros.
Leí Mt. 28 y Mc. 16 haciendo un paralelo.
Evaluación 7
El miércoles asistieron treinta y seis personas y el jueves cincuenta y cuatro.
Comenzamos como siempre con la lectura del Salmo 23 haciendo la salvedad de que se comienza el encuentro con un Salmo porque son las oraciones con las que también oraba Jesucristo.
El Salmo 23 es el del Buen Pastor y tiene claras alusiones a lo que deberíamos esperar como bautizados y también tiene referencias ("con aceites perfumas mi cabeza") al óleo con que se signa al bautizado.
También la comparación nos lleva a reflexionar a partir de: "una mesa has preparado para mí" lo cual nos permite pensar en la Eucaristía.
Y por último, el mensaje que nos deja de que el Buen Pastor siempre nos acompaña y guía y: "aunque atravesemos por quebradas oscuras no temeremos ningún mal porque con su vara y su cayado nos acompaña".
Luego de ésto se pregunta a los presentes a qué los han invitado y todavía, luego de casi seis años, siguen repitiendo que "a una charla", "a una reunión de padres y padrinos", pero no se les dice lo que es en realidad: un "encuentro" de padres y padrinos. Se les explica por qué están las sillas agrupadas de a ocho, para que se sienten dos parejas de padres y dos de padrinos, en definitiva dos familias que bautizarán a sus hijos/ahijados el mismo día, por lo tanto es bueno que aunque sea se vean las caras y cuando coincidan en la celebración, mínimamente se recuerden mutuamente.(no hay tiempo para mucho más)
La metodología del encuentro ya ha sido explicada largamente pero las conclusiones a las que arriban los asistentes son cada día diferentes y, es asombroso para un catequista descubrir tanta variedad de situaciones según las edades y condiciones sociales de cada familia y de cada persona.
Ayer por ejemplo, algunos no se mostraban muy cómodos con el hecho de tener que hacer un trabajo de reflexión sobre el propio bautismo e inclusive una madre no estaba dispuesta a manifestar en voz alta lo que ella pensaba y/o creía.
Mi posición como animadora del encuentro tiene que tender a respetar la decisión de cada uno pero también a animarlo a la participación; si aún así la respuesta es negativa, dejar que lo sea sin forzar.
Es muy difícil algunas veces que, de ocho personas que conforman un grupo, decidan cuál será el que pueda expresar a todos lo que se discutió en el grupo y las conclusiones a las que arribaron pero, aún así, hay que insistir suavemente y a veces con rasgos de humor para descomprimir esa coraza que puede llamarse timidez, temor al ridículo, nerviosismo, etc.; las personalidades son todas diferentes y así debe ser por lo cual es importante que se sientan cómodos pero a la vez descubran que son los protagonistas del encuentro.
A las preguntas que el cuento y la cita del Evangelio de Mt. 28 que son:
Como adultos que somos: ¿qué preguntas aún no nos hemos respondido?
¿Por qué el Bautismo se celebra con una fiesta familiar?
¿Quiénes son nuestros discípulos?
¿Por qué los bautizamos?
¿Para qué?
¿Qué les tenemos que enseñar?
¿Cómo?
¿Con qué ayudas contamos?
Las respuestas a la primer pregunta :
¿Qué preguntas aún no nos hemos respondido?
Esta es una pregunta capciosa pues todos o la mayoría piensan que son preguntas sobre el Bautismo en sí pero algunos, por suerte, descubren que son las grandes preguntas de toda la vida de la humanidad, las preguntas por el sentido. En el intercambio de respuestas de los diferentes grupos se va dando la transmisión de una catequesis en la que la experiencia de vida de uno va iluminando a otros.
Las respuestas más comunes son las siguientes:
Ninguna
No sabemos si tenemos preguntas, a lo mejor sí pero...
Por qué tenemos que bautizar a nuestros hijos siendo tan chiquitos
Qué pasa si no nos bautizamos
Por qué hay pobreza
Por qué la enfermedad
Por qué la muerte
En realidad son muchas y en el grupo creemos que las iremos respondiendo durante toda la vida
Muchas
Por qué la Iglesia es una Institución cerrada
Por qué se cobran los sacramentos
En realidad es muy poca la gente que trata de ver más profundamente este tema de las preguntas y es asombroso ver como muchas veces los que parecen ser de condición más humilde tienen algunas cosas más claras que otros que llegan llevándose todo por delante, atendiendo llamadas o haciendo llamadas desde el celular, levantándose y yendo y viniendo de aquí para allá.
Captar la atención de los presentes no es tampoco fácil y me doy cuenta cuándo se produce porque se hace un gran silencio y la atención se manifiesta.
Ante la pregunta:
¿Por qué el Bautismo se celebra con una fiesta familiar?
Aquí todo es más homogéneo, las respuestas apuntan a la participación de la alegría en familia y a la entrada en la comunidad eclesial. Se le da mucha importancia a la fiesta en sí, al compartir y preparar todo con mucho amor.
Otra pregunta:
¿Por qué y para qué nos/los bautizamos?
Respuestas:
Para que sea cristiano
Por tradición
Por costumbre
Para que sea hijo de Dios
Para que siga con la fe de los padres
Para darle protección
Para librarlo del pecado original
Etc.
Observación: casi todos tienen claro el por qué pero no el para qué que es justamente el compromiso con los valores del Evangelio a desarrollar en la vida diaria personal y comunitaria.
¿Quiénes son nuestros discípulos?
Respuestas:
Nuestros hijos (la mayoría)
Nuestros hijos y ahijados
Todos, incluidos nosotros
Todos los que no conocen a Cristo
También los de otras confesiones
Algunos, muy esporádicamente dicen que en el momento del encuentro todos somos discípulos unos de otros, incluida la animadora.
¿Qué les tenemos que enseñar y cómo?
Respuestas:
A ser buenas personas
A ser buenos cristianos
Valores humanos (solidaridad, respeto, etc.)
A tener fe
A que por ahora son bautizados cristianamente pero cuando sean grandes podrán optar por otra religión.
A ayudar a los demás
Etc.
Ante el cómo enseñar, las respuestas son:
Con el ejemplo
Con la vida
Con la Palabra de Dios
Con el Evangelio
Con la catequesis
Algunos, muy pocos dicen que la familia toda es escuela de fe.
¿Con qué ayudas contamos?
La mayoría: con la familia, los amigos, los educadores, el colegio
Otros: con los sacerdotes, los catequistas, la Biblia.
Estas son las observaciones que, a lo largo de seis años fui recogiendo de los encuentros prebautismales, con lo cual reconozco que es una ocasión de anuncio o rememoración o anámnesis del propio bautismo y de allí partir para encarar la educación en la fe de los hijos desde y en la familia primero aunque, es totalmente insuficiente porque un encuentro no servirá de mucho a algunas personas y a otras quizá les mueva interiormente como para seguir buscando.
Las conclusiones de los encuentros son todas diferentes de acuerdo a lo expresado por los propios participantes pero el mensaje es el del Evangelio:
"Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos y bautícenlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a hacer todo lo que yo les pido, yo estaré con ustedes siempre" (Mt. 28)
Bautizarse es optar por un estilo de vida evangélico y evangelizador pero, como nadie puede dar de lo que no tiene o hablar de lo que no conoce, puede hacerlo con muy buena intención pero erróneamente.
La misión de los padres y padrinos es acompañar a sus hijos/ahijados en su crecimiento en la fe, la esperanza y la caridad.
Y como dice Don Bosco: "formar buenos cristianos y honrados ciudadanos" porque la fe es la vida, son inseparables como inseparable es la persona, el que cree, vive como cree y actúa de acuerdo a lo que cree en cada lugar donde le toque actuar, en su familia primero y luego en cada situación laboral, cívica, política, educativa.
Conclusión:
Queda mucho por hacer para que el Bautismo, ese sello que nos marca con la impronta del Espíritu Santo, sea el inicio de un camino o itinerario permanente de evangelización de la familia, de la persona que incluye la doctrina pero no la agota sino que se realiza en la vida de cada día.