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viernes, 20 de agosto de 2010

Día del Catequista 21 de Agosto



Carta del Sr. Arzobispo Mons. Jorge Mario Bergoglio a los Catequistas de la Arquidiócesis de Buenos Aires


Cuando entró en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió
y preguntaban: “¿Quién es éste?”. Y la gente respondía:
“Es Jesús, el profeta de Nazaret en Galilea”.

(Mt 21,10-11)

Querido catequista:

La festividad de San Pío X y la celebración del día del Catequista son una ocasión propicia para hacerte llegar mi sentimiento de gratitud por tu entrega silenciosa y comprometida en el ministerio de la Catequesis.

La Catequesis en la Argentina atraviesa un momento muy especial ya que, como sabrás, en el año 2013 tendrá lugar en Morón el IIIer. Congreso Nacional de Catequesis. Su lema “Anticipar la aurora, construir la esperanza” nos pone en sintonía con aquello que tan hermosamente nos dice Aparecida: “La Iglesia está llamada a repensar profundamente y relanzar con fidelidad y audacia su misión en las nuevas circunstancias…. No puede replegarse frente a quienes sólo ven confusión, peligros y amenazas o de quienes pretender cubrir la variedad y complejidad de situaciones con una capa de ideologismos gastados o de agresiones irresponsables. Se trata de confirmar, renovar y revitalizar la novedad del Evangelio arraigada en nuestra historia, desde un encuentro personal y comunitario con Jesucristo, que suscite discípulos y misioneros…” (DA 11)

Al agradecerte todo lo que hacés por la Catequesis, le pido de corazón al Señor que te rejuvenezca con su gracia, ya que la renovación de la pastoral y de la catequesis no dependerá “de grandes programas y estructuras, sino de hombres y mujeres nuevos que encarnen dicha tradición y novedad, como discípulos de Jesucristo y misioneros de su Reino.” (DA 11)

En nuestra tarea evangelizadora Dios nos pide que acompañemos a un pueblo que camina en la fe. Por eso el Señor nos regala rostros, historias y búsquedas... Y siempre nos hace bien recordar que ese niño, joven o adulto que Dios pone en nuestro camino, no son vasijas que demos llenar de contenidos o personas que debemos conquistar. El Señor ya habita en sus corazones, ya que El siempre nos precede, nos “primerea”.

Nuestra tarea será simplemente ¡y nada menos! ayudar a develar, a explicitar la Presencia de Aquél que ya está y tiene el poder de hacer plena toda vida. Misión hermosa, ministerio de la Palabra que los catequistas realizan ininterrumpidamente desde hace casi dos mil años. Servicio eclesial que reconoce muchas formas y diversos lugares. Por todo esto, ¡gracias y ánimo! Y no dejen de estar al servicio del santo pueblo fiel de Dios…

Un pueblo que necesita de testigos antes que maestros. Hagan que la catequesis sea transversalmente kerygmática, para que el proceso y maduración de la fe tengan la frescura del encuentro con Aquél que, a través de la Iniciación Cristiana, te consolida como discípulo misionero.

Un pueblo del cual ustedes y yo formamos parte y con el cual, gracias al Bautismo, nos reconocemos familia y nos descubrimos hermanados en Jesús y sanados de toda herida de orfandad.

Un pueblo cuya vida transcurre en esta querida ciudad que habitamos, cuyo río muchas veces no supimos cuidar pero nos da identidad de “porteños”. Ciudad de Buenos Aires, autónoma y dependiente al mismo tiempo, con mucho de Corinto en sus luces y en sus sombras.

Un pueblo y una ciudad que tienen fe y se palpa en su diario caminar. Rica en sus numerosos santuarios y en esos altarcitos familiares que, paradójicamente, son más frecuentes en los barrios para algunos mirados simplonamente como marginales o descartables.

Un pueblo y una ciudad necesitados de cercanía, para que “lo macro” y el anonimato no maten la historia mínima que, por ser humana y cristiana, se hace historia y tierra sagrada.

Un pueblo y una ciudad amenazados como nunca por una cultura cada vez más pagana, que se enorgullece de su amnesia y nos pretende imponer a un Dios destilado, trascendente pero dentro de los límites de la inmanencia… siempre a nuestra mano para ser usado como un instrumento más del consumismo que nos agobia.

Un pueblo y una ciudad que te necesitan más que nunca para que en Buenos Aires la trasmisión de la fe siga provocando encuentro y fiesta.

Para que la frescura del niño rezando a la noche y el tesoro de sabiduría de nuestros mayores le den a nuestra ciudad “buenos aires”, aires de trascendencia que provienen del cielo pero hacen habitable la tierra. Porque sin trascendencia, seremos dominados por lo intrascendente. No ha de extrañarnos que, contaminados los aires, también la naturaleza humana se torne biodegradable en nuestra ciudad.

Justamente por esto tu pueblo y tu ciudad te necesitan más que nunca catequista.

Alegre, comprometido, renovado en tu fervor… Haciendo presente ese estilo de Iglesia misionera que sabe de fragilidades -propias y ajenas- y por eso sale, escucha, abraza, acompaña.

¡No te canses de sembrar! Y en este año del Bicentenario, me animo a proponerte que te acerques como peregrino a la Parroquia de Nuestra Señora de la Piedad. Y ante la tumba de la Madre Antula, pedile para vos, para mí y para cada uno de los catequistas de esta bendita ciudad, su grandeza y su fortaleza. Suplicale la gracia de poder acompañar y cuidar la fe de nuestro pueblo fiel como ella lo supo hacer tres siglos atrás, en circunstancias también difíciles como las actuales.

Será una manera de “anticipar la aurora, y construir la esperanza”.

Que Jesús te bendiga y la Virgen Santa te cuide. Afectuosamente.

Buenos Aires, 21 de agosto de 2010

jueves, 20 de agosto de 2009

Catequistas: llamados a decir palabras de Dios


El 21 de Agosto se celebra el día del Catequista y como tal, me preguntaba qué publicar para contribuir de algún modo a la reflexión en un tiempo tan difícil como el que transitamos, en el cual muchas de nuestras palabras ya no expresan algo que nos ayude a crecer como personas y como sociedad.

Por todos los medios de comunicación estamos viendo y escuchando noticieros, programas, entrevistas, que nos desconciertan y nos llenan de incertidumbre y desesperanza.

Ante tanta mentira, simulación, incoherencia, me pregunto como catequista ¿en qué estoy contribuyendo para construir un mundo donde reine la paz, la justicia, la dignidad, el amor y la esperanza?; y llego a la conclusión que más que mis palabras, que nuestras palabras, queridos catequistas, tenemos que ayudar a quienes acuden a nosotros, a interpretar los signos de los tiempos a la luz de la Palabra de Dios.

Encontré esta reflexión del Obispo de Tánger que me pareció adecuada para este día, con ella les deseo...

¡Feliz día del Catequista!

Has sido llamado a decir palabras de Dios

Sabes que Dios te ha hablado en el hijo despreciado de un carpintero, en un rey de burlas crucificado; y has aprendido a reconocer la voz del Señor en los despreciados y escarnecidos.Pero también sabes que has sido llamado a decir palabras de Dios. Eso no es un privilegio para ti sino una responsabilidad, no es una prebenda sino una crucifixión más que cierta.

Porque eres profeta, eres un desarraigado: “Soy pastor y cultivador de higos. El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: Ve y profetiza a mi pueblo de Israel”.

Porque eres profeta, vives a la escucha de Dios: “Voy a escuchar lo que dice el Señor”. Alguien escribió: “Las ideologías no son mutables; pueden imponerse con vigor, pueden conquistar países e idiomas, pero carecen de oído”1.

Me asalta la sospecha de que los llamados a ser profetas del Altísimo nos reducimos una y otra vez al papel de ideólogos de Dios y de la religión, ideólogos carentes de oído, mera apariencia de profetas.

Si escuchas como profeta, como orante, como hijo, descubrirás que “Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos”; que la salvación, la que sólo él puede ofrecer, “está ya cerca de sus fieles”; que “la misericordia y la fidelidad” se han encontrado, y “la justicia y la paz” se han besado.

Si escuchas como profeta, tendrás que hablar de lluvia que baja del cielo y de cosechas que nacen de la tierra. Hablarás de bendiciones recibidas, de elección para el amor, de redención y de perdón, de tesoros de gracia y sabiduría y prudencia, de una herencia con Cristo que sabes iniciada en el amor con que vives, y que verás cumplida en la comunión perfecta que esperas alcanzar.

Si escuchas como profeta, saldrás a los caminos de los hombres sin pan, ni alforja, ni dinero en la faja; saldrás con la palabra del que te envía, con el pan de su vida para repartir, con su autoridad para liberar, con el aceite de su misericordia para curar.

“Dichosos los que viven en tu casa, Señor de los ejércitos, rey y Dios mío”, gorriones y golondrinas que han encontrado un nido al abrigo de tu presencia. Dichosos, Señor, los hombres y mujeres que viven a la escucha de tu palabra. Dichosos, Señor, tus profetas.

Santiago Agrelo, arzobispo de Tánger
Fuente: Periodista Digital/Religión Digital